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El principio de felicidad


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1. En el conjunto de la literatura de la felicidad, actúa, en funciones de principio arquitectónico, diríamos, de fundamento interno, inherente a sus propias líneas de construcción, bien de forma positiva, ya de manera negativa, un principio al que cabría denominar «principio de felicidad». El mito de la felicidad se apoya completamente en este principio. A pesar de que el principio de felicidad opera desde las propias líneas de construcción de las diferentes concepciones felicitarias no ha sido nunca identificado bajo este rótulo. Acogeremos bajo el nombre de «principio de felicidad» al supuesto fundamento en virtud del cual se organizan las distintas clases de literatura felicitaria. Con esta identificación y acuñación, cubrimos el trámite obligado de «re-flexión» sobre su condición y función «arquitectónica» de principio.

2. Es posible distinguir dos formulaciones del principio de felicidad. Cabría hablar de una primera formulación, débil, del principio de felicidad. El «Principio de felicidad» puede entenderse, en este sentido, como una abreviatura del «Principio débil de felicidad». Pero discriminaremos también el principio fuerte de felicidad, al que designamos con el rótulo de «supuesto de felicidad». Consecuentemente, «Principio débil de felicidad» y «supuesto de felicidad» se entenderán como las dos formulaciones del principio de felicidad. Tanto el principio de felicidad como el supuesto de felicidad tienen varias versiones. El ejemplo canónico del principio de felicidad lo encontramos en la formulación que Séneca realizó en su De vita beata: «Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felizmente». Paralelamente, el supuesto de felicidad en su versión canónica aparece formulado en Fichte, en Die Anweisung zum seligen Leben, de 1806, acaso en la frase «La vida es ella misma felicidad» y cuya versión extensional puede ser formulada con la siguiente sentencia: «Todos los hombres son felices».

Como ya hemos observado, ni el principio débil ni el principio fuerte de felicidad han sido identificados reflexivamente en cuanto que formulaciones del principio de felicidad. Tanto es así que ni siquiera Nietzsche habría reparado en la existencia de tal principio. Así mismo, y a pesar de que el supuesto de felicidad está presente con mucha frecuencia en la literatura teológica católica sobre la felicidad (en su línea tomista) o en la misma Declaración de la independencia de los Estados Unidos de América de 1776, tampoco ha dado lugar a una operación de reflexión sobre el mismo. En nuestros días, el «principio de felicidad» se ha hecho presente a través de la Genética --bajo el supuesto (absurdo) según el cual los seres humanos estarían programados genéticamente para ser felices--, de la Sociología y la Psicología social.

3. El principio de felicidad, tanto en la formulación débil como en la formulación fuerte («supuesto de felicidad»), es de suma importancia para acometer una clasificación de la literatura de la felicidad. Importancia que reside en el hecho de que el «principio de felicidad» permite entender la relación existente entre la «felicidad» y el «hombre». En efecto, ya se considere al hombre en tanto que inmerso, ya en cuanto que exento, en el campo zoológico, el principio de felicidad nos pone ante las cuestiones relativas a la felicidad, el «destino de los hombres» y su puesto en la «jerarquía del universo». Consiguientemente, toda concepción de la felicidad involucra de alguna manera el principio de felicidad, análogamente a como en la Mecánica funge el Principio de la inercia. Se entiende, entonces, que solo aquella literatura de la felicidad que asume el principio de felicidad será capaz de ofrecer una Teoría general de la felicidad o una Doctrina general de la felicidad.

Y, sin embargo, hay que decir que el principio de felicidad es un principio que no pasa de la mera hipótesis, en realidad un mito oscuro y confuso. Diríamos que carece de un contenido definible, por lo que se colige que la literatura de la felicidad nada puede enseñarnos. La tarea filosófica de reflexión sobre la felicidad residiría entonces en intentar clasificar las distintas posibilidades de organización del campo de la felicidad dando cuenta críticamente de su naturaleza borrosa y de su dialéctica.

Marcelino Javier Suárez Ardura

Felicidad canalla

→ Gustavo Bueno, El mito de la felicidad, Ediciones B, Barcelona 2005, 391 págs.