Felicidad canalla
filosofia.net/piezas/felicidadcanalla.htm
1. La felicidad canalla debe entenderse en el marco de la concepción del monismo materialista neutro (Modelo IX). A ella corresponden diferentes versiones, y en general se caracteriza porque los distintos componentes dualistas en los que se basa tienden a ser interpretados en virtud del correlacionismo. Según esta concepción, la felicidad no habría que entenderla mediante principios separados y contrapuestos como puedan ser los pares Espíritu/Materia o Naturaleza/Cultura, pues felicidad e infelicidad estarían recíprocamente correlacionados, por lo que de alguna manera el dualismo inherente a esta concepción siempre estaría pulsando, como ocurre en determinados movimientos ecologistas que correlacionan, en el ejercicio, Infelicidad y Felicidad.
2. Pues bien, entre las numerosas versiones del monismo materialista neutro, cabe mencionar muy destacadamente la «concepción canalla de la felicidad» (también «práctica de la felicidad canalla»). Pero existen otras versiones del monismo materialista neutro representadas por diferentes escuelas y corrientes a lo largo de la historia del pensamiento occidental que no se reducen a la concepción canalla del hedonismo.
El término «canalla» que se incluye en el sintagma «concepción canalla de la felicidad» no debe interpretarse en el sentido de una descalificación. Antes, al contrario, la intención es antropológica pues el concepto pretende ser clasificatorio y extrae su terminología del español «canalla», a su vez procedente del latino «canis», a través del italiano «canaglia». La concepción canalla de la felicidad parte del supuesto según el cual, dado que nada es esperable de una vida futura, concebida desde determinadas concepciones que pedían la felicidad eviterna, lo más razonable es aprovechar el tiempo que vivimos en la Tierra para procurar el mejor disfrute y gozo posible. Consecuentemente, hablamos de una concepción canalla porque «es propia de cánidos humanos, es decir, de gentes que viven de los frutos que se crían en los cercados que los hombres cultivan según sus propias normas (sus “culturas”), pero manteniéndose a distancia de ellos» (Gustavo Bueno, El mito de la felicidad, pág. 277). Esta actitud puede modularse de modos contrapuestos: o bien siguiendo el método de los cínicos que tomaban lo necesario y despreciaban lo demás; o bien actuando como verdaderos carroñeros insaciables disfrutando de los bienes apetecibles y seleccionados.
La concepción canalla de la felicidad parte de las grandes concepciones de Aristóteles, Plotino, Santo Tomás o Spinoza, ya fenecidas y caducadas, recuperando los componentes formales (subjetivos) de goce, deleite y placer y rechazando los transubjetivos de orden cósmico o teológico. Ahora bien, dado que la concepción canalla de la felicidad rechaza explorar otras vías que nada tuvieran que ver con la felicidad, renunciando efectivamente a la eternidad, sigue presa de la idea de felicidad eviterna. Y en este sentido se desvela cómo el razonamiento canalla adolece de inconsecuencia lógica: ¿cómo es posible admitir que no hay felicidad eterna y a la vez suponer que es posible vivir la felicidad en la Tierra? Encontramos desde bastante temprano manifestaciones de la concepción canalla de la felicidad. Así, por ejemplo, en el hedonismo cirenaico, en el Carpe Diem, el que el propio Luis Buñuel ejerce en el filme Viridiana..., pero también en el medieval Gaudeamus Igitur que hoy entonan tantos Erasmus, («Solo queremos para nuestros hijos la máxima felicidad y que disfruten de la vida -dirían los jóvenes padres de familia de la era neokitsch-»). La concepción mundana canalla de la felicidad ha sido reformulada por Kant en el terreno académico procurándole así una dignificación. En efecto, Kant nos ha proporcionado una idea de felicidad heredada de la felicidad canalla que había florecido con la Ilustración. De manera que la concepción kantiana de la felicidad es la versión académica de la felicidad canalla (mundana). Y ello mediante una operación consistente en segregar de la felicidad toda virtud, porque así invertía la relación de la felicidad objetiva y subjetiva concediendo a la felicidad subjetiva el estatuto de ley universal de la Humanidad.
3. Sin embargo la extensión de la concepción del monismo materialista neutro, a pesar de su propagación a través de escuelas, corrientes y tecnologías no se reduce exclusivamente a los parámetros de la concepción canalla de la felicidad. Así, por ejemplo, el epicureísmo no se puede identificar con la concepción canalla de la felicidad sin perjuicio de sus afinidades. La concepción epicúrea de la felicidad se extendió durante el siglo de la Ilustración en Francia (siglo XVIII) de manera entretejida con la concepción canalla, lo que explica que haya sido en el contexto de la Ilustración cuando se acuñaron los nombres de «felicianos» y «felicitarios» para designar a los individuos sujetos a la felicidad canalla.
Marcelino Javier Suárez Ardura
→ Principio de felicidad, Concepciones de la felicidad
→ Gustavo Bueno, El mito de la felicidad, Ediciones B, Barcelona 2005, 391 págs.
→ Gustavo Bueno, Teorías, doctrinas y concepciones de la felicidad, Tesela número 88.