Clasificación de los procesos de anamórfosis
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1. En general, estamos ante un proceso de anamórfosis cuando no se dan las condiciones para hablar de una emergencia positiva, pero tampoco sea posible cerrar el círculo del análisis por reducción. En efecto, si en un proceso de transformación determinado, descartada la metodología de la emergencia, el método de la reducción ve impracticable el retorno progressivo, a fin de recubrir completamente y sin residuo el círculo, tendremos que acudir a las metodologías de la anamórfosis. Las metodologías anamórficas son por lo tanto metodologías apagógicas.
2. De lo que acabamos de decir se deduce el hecho según el cual toda anamórfosis exige la aplicación en la línea del regressus de las metodologías reductivas: A será reductible a A’, A’ a A’’, A’’ a A’’’; pero cuando el retorno de A’’’ a A no sea practicable tendremos que hablar de anamórfosis. Un ejemplo evidente lo podemos obtener cuando la estructura de un organismo se reduce a sus partes anatómicas, estas a sus tejidos, los tejidos a las células y estas a sus moléculas, átomos y estructuras subatómicas –vía del regressus–. Sin embargo, el retorno de las estructuras subatómicas al organismo –vía del progressus– resulta impracticable quedando la vía de retorno de la reducción cortada. Diremos lo mismo cuando se tiende a reducir –en el regressus– las vías de comunicación humana (sendas, caminos, &c.) a determinadas estructuras etológicas como sendas y rutas de los animales, caminos de las hormigas –muchas veces entendidos como caminos químicos–. Pero de las estructuras etológicas, de las sendas químicas de las hormigas, es impracticable el progressus a las calzadas romanas o a las rutas oceánicas de los españoles pues estas ya suponen una complejidad normativa-institucional que exige la reconstrucción en términos de anamórfosis. Finalmente, la anamórfosis supone siempre una desestructuración o descomposición de las estructuras básicas para refundirlas y permitir el progressus reconstructivo.
2. En todo proceso de anamórfosis es necesario tener en cuenta y distinguir el terminus a quo del terminus ad quem. Partiendo de esta distinción es posible establecer los criterios de una clasificación de las anamórfosis. Si tenemos en cuenta el terminus ad quem de la estructura resultante cabría hablar de dos tipos de anamórfosis: anamórfosis diaméricas o reconstructivas y anamórfosis metaméricas, constructivas o configurantes. Cuando, en cambio, tenemos en cuenta el terminus a quo de la anamórfosis habrá que hablar de dos grados o niveles, es decir, dos clases de anamórfosis: anamórfosis determinada o categorial y anamórfosis indeterminada o absoluta.
2.1. Hablamos de anamórfosis diaméricas para referirnos a aquellas anamórfosis según las cuales el término resultante de la misma ya estaba prefigurado en el entorno de las configuraciones de los términos a quo. Así, la transformación del polígono regular inscrito en la circunferencia puede ser considerada desde la perspectiva de una anamórfosis reconstructiva. En efecto, la multiplicación de los lados del polígono y la refundición de estos como puntos de la curva de la circunferencia presupone dada de antemano la configuración «circunferencia».
2.2. Entendemos por anamórfosis metaméricas aquellas transformaciones (anamórficas) en las que el término resultante de las mismas no está prefigurado en el entorno de las configuraciones de los términos a quo. Un ejemplo de anamórfosis metamérica, constructiva o configurantes cabe verlo en la transformación de la serie de los números ordinales en el transfinito W.
2.3. Utilizamos la expresión anamórfosis determinada o categorial para referirnos a aquellas anamórfosis en las que los procesos de desestructuración o descomposición se mantienen en el ámbito categorial. El hexágono regular –en el regressus– se reduce a seis triángulos equiláteros cuyos vértices convergen en el centro. Pero el retorno, constitutivo del progressus, sin embargo, no puede consistir en volver a adosar esos triángulos por sus lados porque de aquí no resultaría más que un agregado de triángulos pero no la figura continua del hexágono. A todas luces, el retorno parece imposible, por lo que es mucho más ajustado hablar de anamórfosis. Numerosos casos de anamórfosis categorial podrán interpretarse desde la figura dialéctica de la metábasis.
2.4. Cuando las causas o razones de la desestructuración y la subsiguiente reestructuración ya no puedan se referidas a un ámbito categorial, porque este, de alguna manera, acaba siendo desbordado, hablaremos de anamórfosis indeterminada o absoluta. En estos casos, tales causas o razones habrán de situarse en la cercanía la materia ontológico general (M): «Cuando las estructuras básicas dadas en el regressus de una reducción imperfecta no permitan una desestructuración ulterior, la anamórfosis no podrá acogerse a categorías positivas y tendrá que apelar a la materia ontológico general, en su función de instancia crítica del sustancialismo que suele ir asociado a las “estructuras básicas primordiales” (las de la física subatómica, hadrones, leptones)» (Gustavo Bueno, Teoría de cierre categorial, 5, Pentalfa, Oviedo 1992, pág. 171).
3. La metodología de la anamórfosis tiene una gran aplicación en los distintos campos científicos como los la Física, la Biología o incluso en las Ciencias Sociales, ofreciendo interesantes planteamientos para el análisis de los procesos de las transformaciones. En este sentido, hay que tener en cuenta que el círculo formado por la reducción y la subsecuente anamórfosis no cierra de un modo tan firme como en la reducción estricta o en la emergencia, por lo que cabe reconocer que la de la anamórfosis en determinadas situaciones tiene más de construcción filosófica que de construcción categorial
Marcelino Javier Suárez Ardura
→ Gnoseología - Ontología - Cierre categorial - Diamórfosis - Anamórfosis - Emergencia/reducción -
→ Gustavo Bueno, «El cierre categorial aplicado a las ciencias físico-químicas», en Actas. I Congreso de teoría y metodología de las ciencias, Pentalfa, Oviedo 1982, págs. 101-164.
→ Gustavo Bueno, Teoría de cierre categorial 5, Pentalfa, Oviedo 1992, 259 págs.