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Sínolon


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1. El término sínolon (del adjetivo griego σύνολος, -ος, -ον del cual procede el sustantivo τὸ σύνολον) con significado de “entero”, “todo junto”, “total”, “conjunto”, “compuesto” es poco frecuente en la literatura clásica. Con Aristóteles adquiere un sentido específico filosófico como “compuesto de materia y forma” que designa a la sustancia concreta. En el mismo sentido, los comentarios de Alejandro de Afrodisia lo identifican con la sustancia primera, compuesta de materia y forma. La Escolástica lo traduce por compositum, y Santo Tomás lo extiende al ser humano, compuesto de cuerpo y alma

Cuando en la Metafísica (1029 a 5) Aristóteles se está refiriendo a la estatua de bronce y dice que llama materia al bronce y forma a la figura visible, sínolon (τὸ σύνολον) lo encontramos traducido bien como “conjunto total” (en latín, statuam totum) (Valentín García Yebra en la edición trilingüe de Gredos, 1982), o bien como “compuesto de ambas” (en la traducción de Tomás Calvo Martínez, Gredos, 1994). En otros pasajes en los que aparece sínolon, por ejemplo en Metafísica (1037 a 30), cuando dice Aristóteles que la concavidad es la forma de la cual junto con la nariz (materia) resulta la nariz roma, σύνολος es traducido por García Yebra como “unión” (en latín, materia tota dicitur substancia), y por Calvo Martínez como “entidad compuesta”.

En el primer caso (Met., 1029 a 5) sínolon podría interpretarse como “todo”, aunque con un matiz peculiar, porque la forma, aunque sea accidental, no es una parte de la estatua como puedan serlo las partes del bronce. Pero en el segundo pasaje (Met., 1037 a 30) el compuesto sustancial hilemórfico designado por sínolon, presenta a la materia como materia prima (no segunda) y la forma es sustancial (no accidental). Materia y forma, aun siendo principios constitutivos, ya no son partes en sentido holótico, por tanto, sínolon no puede traducirse por “todo”. La sustancia hilemórfica es un “compuesto”, no una suma total, y en este sentido sínolon no es un “todo”.

2. En el Materialismo Filosófico, sínolon es una generalización del compuesto sustancial hilemórfico de Aristóteles que designa al límite al que tiende una totalidad en la que la interdependencia de las partes alcanza un grado tal que la distinción entre ellas llega a excluir toda posibilidad de disociación. El sínolon es una idea límite; el límite al que tiende la idea de totalidad.

Gustavo Bueno interpreta el sínolon aristotélico como un tipo sui generis de unidad que, aunque sea un compuesto, no puede decirse que tenga partes. Una unidad de un compuesto (por su génesis, o en el ordo cognoscendi) que excluye las partes (por estructura, o en el ordo essendi); exclusión que no podría quedar recogida manteniendo el término “todo” en la traducción, aunque sea modificándolo como “todo concreto”. Desde este punto de vista, tampoco sería correcto decir que las sustancias hilemórficas están compuestas de partes porque ni la materia prima, ni la forma sustancial son propiamente partes de la sustancia. No son partes porque no son ni disociables, ni separables; estas operaciones serían imposibles sin que materia y forma se destruyesen mutuamente. La indisociabilidad característica de los dos compuestos de la materia aristotélica alcanza su grado más alto en las sustancias de los astros, puesto que éstos no tienen potencia de transformarse en otras sustancias.

Este modelo sustancial de sínolon aristotélico no es el único modelo de la Idea. Hay otros ejemplos de sínolon que el propio Bueno analiza con más detalle, como el Dios trinitario, en tanto no puede considerarse como unidad de simplicidad, pero tampoco como un todo; el concepto de “todo potencial” de Santo Tomás (Summa Th., Iq77 a1a1); las mónadas leibnicianas; la Idea de alma que para San Agustín era imagen de la Trinidad; las “formas eucarísticas” y, en general, las “estructuras metafinitas” cuyas partes, al interpenetrarse las unas en las otras, dejan de ser propiamente partes disociables, para convertirse en momentos de un sínolon sui generis. Aunque todos estos ejemplos son modelos metafísicos de sínolon, caben otros modelos no exentos, ni sustanciales, ni ingénitos, ni imperecederos, sino insertos en procesos reales, brotando de ellos y terminándose en ellos, pero sin por ello dejar de desempeñar su papel “sinolótico”.

En efecto, no sólo hay estructuras sinolóticas metafísicas, Bueno también ofrece ejemplos de otras unidades que en el campo de la física guardarían ciertas similitudes con el modelo de sínolon. En este sentido, son del mayor interés sus observaciones sobre las ecuaciones de Hamilton en su aplicación a la física matemática, en tanto una función hamiltoniana define una unidad estructural que guarda ciertas analogías con la estructura de sínolón. También la que hace sobre el átomo de Bohr, que a su juicio, se ajustaría mejor a un sínolon que a un todo. Y los “agujeros negros de Kerr”, resultantes de un cuerpo en rotación que colapsara gravitatoriamente y que constituyeran un estado estacionario le sugieren, de nuevo, la estructura de unidad sinolótica.

En todos estos ejemplos, la Idea de sínolon vendría a ser una estructura lógico dialéctica (noetológica), una estructura del pensamiento similar a la que corresponde al “concepto clase de un solo elemento”, o bien al concepto “clase vacía”, o incluso al concepto de “punto” o “instante” (en tanto estos conceptos implican un proceso de rectificación dialéctica en términos positivos previamente dados). En este sentido el término sínolon es también unidad, finita o infinita, que comprende conceptualmente al menos, en su génesis, una pluralidad de contenidos (momentos, constituyentes) pero que, en su estructura, no tienen razón de partes (ni actuales, ni virtuales, ni potenciales). El sínolon vendría a ser modelo de una unidad cuyos constituyentes dejan de tener razón formal de partes.

3. La Idea de sínolon que Gustavo Bueno reconstruye sirve, dentro del Materialismo Filosófico, como fundamento ontológico para entidades reales que no tienen “estructura holótica”. Si bien “la materia o realidad conformada holóticamente es corpórea” (postulado de corporeidad), esto no significa que todos los entes reales han de ser necesariamente una totalidad extensa y en este sentido el sínolon se nos ofrece como modelo de entidades cuya unidad no se ajusta a las categorías holóticas.

El alcance ontológico de la existencia de estas unidades sinolóticas con las que estructuramos importantes regiones del mundo fenoménico radica en dar cuenta de que la conformación holótica de la realidad no es trascendental, puesto que, al menos, está “limitada” por estas conformaciones que tienen estructura de sínolon.

Carmen Baños

→ Gustavo Bueno, Teoría del cierre categorial, tomo 2, Pentalfa, Oviedo, 1993 (pp. 514-527).