Origen y contexto sociopolítico de la modernidad: Las monarquías absolutas y el Antiguo Régimen

El comienzo de la filosofía moderna suele situarse en el siglo XVII, con la obra de Descartes (1596-1650). Con él se abrió paso y se afirmó definitivamente la autonomía de la razón. El idealismo de Hegel (1770-1831), por su parte, suele ser considerado el último gran sistema filosófico de la Modernidad.

Puede decirse, por tanto, que la filosofía moderna se desarrolló a lo largo de los siglos XVII y XVIII, hasta la Revolución Francesa, y sus consecuencias, no solo políticas, sino también culturales y filosóficas, se dejaron sentir en las décadas siguientes.

Desarrollo y grandes temas de la filosofía moderna

La Modernidad trajo consigo una nueva manera de ver el mundo vinculada con el desarrollo de la ciencia, desde Galileo hasta Newton, y también una nueva manera de interpretar las aspiraciones del ser humano asociada, muy especialmente, a las exigencias ético-políticas de la Ilustración.

La filosofía moderna ha de estudiarse y entenderse teniendo en cuenta estas dos perspectivas. En general, puede decirse que el pensamiento moderno se caracteriza por la afirmación radical de la autonomía de la razón, que no se considera ya sometida a ninguna instancia ajena, sea esta la tradición, o la fe religiosa, o cualquier forma de autoridad exterior a ella misma.

De este modo, la razón se constituye en principio supremo desde el cual se fundamenta el conocimiento del universo y se pretende responder a las cuestiones esenciales acerca del ser humano, de la sociedad y de la historia. Esto explica que el pensamiento moderno se presente abiertamente como un análisis de la razón no meramente en su función teórica (conocimiento del universo), sino también en su función práctica (ordenación racional de la vida y de la sociedad

Como hemos señalado, el período que nos proponemos estudiar en este bloque temático se extiende sustancialmente a lo largo de los siglos XVII y XVIII.

Este período se corresponde, desde el punto de vista político, con la consolidación y la vigencia de las monarquías absolutas, y con la fermentación del proceso revolucionario que culminó, al final ya del siglo XVIII, con las revoluciones liberales y burguesas: la revolución americana significó la independencia de los Estados Unidos de América; la Revolución Francesa, con su célebre Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, se desencadenó poco después, en los últimos años del siglo XVIII.

1.1 Las monarquías absolutas y el Antiguo Régimen

1.1.1 De la monarquía autoritaria a la monarquía absoluta

La creación y la consolidación de los Estados modernos, a partir ya del período renacentista (siglo XVI), tuvo lugar a través de las monarquías nacionales. Todo este proceso se llevó a cabo mediante la acumulación del poder en manos del monarca, lo que supuso una centralización política cada vez mayor en los Estados.

Esta acumulación y centralización del poder se vio favorecida por diversos factores de carácter político (como los conflictos internacionales y las necesidades consiguientes de la guerra) y también de carácter económico (la necesidad de proteger la economía nacional, así como de adquirir y consolidar posiciones en el comercio internacional, en las rutas del Atlántico y del Pacífico).

En el proceso que llevó a la consolidación de las monarquías absolutas, pueden distinguirse dos momentos sucesivos:

1) En el primero, caracterizado como monarquía autoritaria, los monarcas respetaban aún las estructuras e instituciones políticas heredadas. Un modelo representativo de este momento lo encontramos en la política interna iniciada en España por los Reyes Católicos y desarrollada después por Carlos V y Felipe II.

2) En el segundo, caracterizado ya como monarquía absoluta, los monarcas suprimieron las instituciones políticas anteriores. El resultado final fue la eliminación de cualquier foco de poder que no fuese el del propio monarca. El modelo más característico es el francés, representado por Luis XIV («Rey Sol») y su corte de Versalles.

1.1.2 El Antiguo Régimen

La expresión «Antiguo Régimen» suele utilizarse para calificar la organización sociopolítica correspondiente al período de las monarquías absolutas. Se trata de una organización estamental en la cual se distinguen tres estamentos o grupos sociales: la nobleza, el clero y el estamento popular.

La nobleza y el clero mantenían notables privilegios de carácter feudal, procedentes de la Edad Media: son estamentos privilegiados que no pagan impuestos al Estado y que viven de las rentas. El «tercer estado» (no privilegiado), que es el estamento popular, está compuesto por el resto de la población, mayoritariamente agraria, la cual soporta impuestos y cargas de todo tipo, y sufre muy especialmente las crisis económicas. Además de los campesinos, pertenecen a este estamento los obreros, los profesionales y la burguesía.

El poder económico de la burguesía venía creciendo y continuó creciendo con el desarrollo del capitalismo. Su poder económico fue cada vez mayor y favoreció los procesos revolucionarios, en los que reclamaba un protagonismo político que no tenía en el Antiguo Régimen.

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Navarro Cordón, Juan Manuel y Pardo, José Luis. Historia de la Filosofía, Madrid, Anaya, 2009
 
  
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