Origen y contexto sociopolítico de la modernidad: Las exigencias de la burguesía y las revoluciones

1.2 Las exigencias de la burguesía y las revoluciones

1.2.1 La crítica al Antiguo Régimen. La Ilustración

El absolutismo político generó su propio pensamiento político (o, si se prefiere, su propia ideología) expresado en la teoría de la monarquía absoluta de derecho divino. De acuerdo con esta doctrina, el poder del monarca procede directamente de Dios (origen divino del poder real). La conclusión de esta tesis era, obviamente, que el poder real es absoluto e ilimitado, y que el monarca responde de su gobierno solamente ante Dios, y no ante instancia humana alguna.

El teórico más conocido de esta concepción fue el filósofo y teólogo católico Bossuet (1627-1704), autor, entre otras obras, de una titulada Política extraída de las palabras mismas de la Sagrada Escritura.

El debate sobre el origen del poder se había producido ya con anterioridad, a finales de la Edad Media y durante el período renacentista. Aparentemente no se trata, por tanto, de algo nuevo. Sin embargo, el contexto sociopolítico de la Edad Media tardía y del Renacimiento era muy distinto del correspondiente a la Modernidad: entonces se trataba del enfrentamiento entre el papa y el emperador, enfrentamiento que se mantuvo como conflicto entre los poderes del papa y de los soberanos nacionales.

En el siglo XVIII, la situación era, sin embargo, muy distinta: el poder absoluto del monarca era cuestionado desde la propia sociedad, bajo la presión popular, y particularmente por la burguesía y por los profesionales que veían en el Antiguo Régimen un sistema injusto e inadecuado.

Desde el punto de vista teórico, la crítica del absolutismo fue llevada a cabo por los pensadores de la Ilustración. La Ilustración constituye el movimiento cultural y filosófico más característico del siglo XVIII.

Más adelante nos ocuparemos ampliamente de ella y de los temas filosóficos que desarrolló (véase el apartado dedicado a «La Ilustración», en el epígrafe tercero de esta unidad). Sin embargo, conviene recordar ahora dos circunstancias fundamentales desde el punto de vista sociopolítico:

1) La Ilustración proclamaba y defendía un conjunto de valores y derechos fundamentales, como la libertad económica y el derecho de propiedad; la libertad de expresión; la igualdad política, y los derechos a una justicia equitativa y a la educación.

2) Estos derechos se correspondían con las demandas sociales y, muy particularmente, con las demandas de la burguesía.

1.2.2 Las transformaciones políticas

Las ideas y la propaganda política de los ilustrados llegaron a prender en algunos monarcas absolutos, que se propusieron gobernar de acuerdo con los principios de la Ilustración. Como consecuencia de ello surgió el despotismo ilustrado.

Monarcas ilustrados hubo en distintos países de Europa, desde Rusia y Suecia hasta Portugal y España (Carlos III). Esta solución no dejaba, sin embargo, de ser históricamente precaria e, incluso, contradictoria, como pone de manifiesto la expresión misma de «despotismo ilustrado». En efecto, la idea de despotismo contradice la idea de ilustración.

Antes y entre tanto, en Inglaterra se había producido una importante transformación política, gracias a las revoluciones de 1642 y 1688, cuyo resultado fue un sistema parlamentario que comportaba el control de la acción del rey por el Parlamento y la división de poderes. Este modelo político llegó a ser considerado un sistema digno de ser imitado, particularmente por el modo en que se separaban y se distribuían en él los distintos poderes del Estado.

La primera de las revoluciones tuvo lugar con la independencia de los Estados Unidos de América, en cuya declaración de independencia (1776) se recogen los principios del liberalismo político. Años más tarde, durante la última década del siglo XVIII, se produjo la Revolución Francesa, acontecimiento decisivo, ya que con ella se destruyó definitivamente el Antiguo Régimen, incorporándose programáticamente los principios políticos de la Ilustración.

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Navarro Cordón, Juan Manuel y Pardo, José Luis. Historia de la Filosofía, Madrid, Anaya, 2009
 
  
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