• La Suma
Teológica está
dividida en tres partes. En su estructura argumentativa sigue
el método común en la Edad Media
consistente en dividir la
exposición en artículos. En , cada
uno de ellos se aportan argumentos diversos, unos a favor y otros en
contra,
relacionados con el tema que da título al artículo. El título se
expresa
siempre en forma interrogativa. Dentro de cada artículo se exponen, en
primer
lugar, las objeciones, es decir,
los
argumentos opuestos a la postura
que
defiende el autor. Los argumentos favorables
a esta postura figuran a continuación, siendo encabezados por
la expresión "En cambio ...".
Viene luego
la respuesta de Santo Tomás al tema del artículo, que comienza siempre
con la
expresión "Solución. Hay que decir ...".
Esta puede considerarse como el núcleo central del artículo y en ella
se
expresa la doctrina del autor. La última parte la constituye la Respuesta a las objeciones presentadas
antes.
Aquí se consideran uno a uno los argumentos contrarios presentados al
principio. No se trata, generalmente, de una negación absoluta de tales
argumentos, sino, más bien, de un intento de delimitar la parte de
verdad que
puedan contener.
• La Metafísica, también llamada "Ciencia Primera" y "Filosofía
Primera", consta de dos partes fundamentales: la Ontología,
que
estudia el ente en cuanto ente, y la Teología Natural, que estudia,
desde la
razón humana, a Dios como causa primera de todos los entes. En este
último
ámbito es en donde hay que situar el texto de Santo "Tomás y es en él,
también,
en donde su pensamiento resulta más original y profundo.
• El
propósito de la Teología Natural es hacer comprensible a la razón
humana
aquello que ha sido conocido mediante la revelación divina y que el
hombre
acepta mediante la fe.
• La
expresión "distinción de personas" hace referencia al dogma según el
cual en Dios hay tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Así, pues,
como quiera que el objetivo principal de esta doctrina sagrada es
llevar al
conocimiento de Dios, y no sólo como ser, sino también como
principio y fin de las cosas, especialmente de las criaturas racionales
según ha
quedado demostrado (q.1. a.7), en nuestro intento de exponer dicha
doctrina
trataremos lo siguiente: primero, de Dios; segundo, de la marcha del
hombre
hacia Dios; tercero, de Cristo, el cual, como hombre, es el camino en
nuestra
marcha hacia Dios.
La
reflexión sobre
Dios abarca tres partes. En la primera trataremos lo que es propio v de
la
esencia divina; en la segunda, lo que pertenece a la distinción de
personas; en la tercera, lo que se refiere a las criaturas en cuanto
que
proceden de Él.
Con
respecto
a la esencia divina, sin duda habrá que tratar lo siguiente: primero, la
existencia de Dios; segundo, cómo es o, mejor, cómo no es; tercero, de su
obrar,
o sea, su ciencia, su voluntad, su poder.
Lo
primero
plantea y exige respuesta a tres problemas:
1.
¿Es o no
es evidente Dios por sí mismo?
2.
¿Es o no
es demostrable?
3.
¿Existe o
no existe Dios?
• Los
tres temas que acaba de enunciar Santo Tomás como objeto de su
investigación
van a ser estudiados a continuación y dan título a los tres artículos
que
siguen.
• El primer tema que se plantea es el
de sí la existencia de
Dios es evidente o no. La
tesis de Santo Tomás será la de que
no es evidente, por
lo que tendrá que plantearse luego si se
podrá demostrar o no.
• Las tres
objeciones que se presentan y que
serán, por tanto, favorables a la postura de que la existencia de Dios
es
evidente, son las siguientes.
1. La existencia de Dios es
evidente y este
conocimiento está en el hombre de una forma natural.
Se denomina principio
a
aquello de lo cual procede alguna cosa, sea de la forma que sea esa
procedencia. Hay principios reales, como,
por ejemplo, la causa de algún efecto, y
principios lógicos, como es el caso de los antecedentes
respecto de los
consecuentes en un razonamiento. Dentro de estos principios lógicos hay
unos,
llamados primeros principios, que
son
verdades evidentes de suyo y que no se pueden demostrar. Ejemplo de
ello es el
principio de no contradicción.
• San Juan Damasceno (de
Damasco) [674-749] fue un
teólogo y filósofo que se opuso a varias herejías, especialmente con su
obra La fuente del conocimiento.
Objeciones
por las que parece que Dios es evidente por sí mismo:
1.
Se dice que son evidentes por sí
mismas aquellas cosas cuyo conocimiento nos es connatural, por ejemplo,
los
primeros principios. Pero, como dice el Damasceno al inicio de su
libro, el conocimiento de que Dios existe
está
impreso en todos por naturaleza. Por lo tanto, Dios es
evidente por sí
mismo.
• La segunda objeción dice
que "Dios
existe" es evidente por sí mismo. Y esto porque lo evidente es aquello
que
se comprende con sólo conocer sus términos. Si sabemos lo que quiere
decir
"Dios", esto es, si sabemos lo que quiere decir su definición,
conoceremos que su existencia está contenida
en esa definición.
• Por "término" se
entiende cada uno de los
miembros de una premisa dentro de un silogismo. Un término será, pues,
el
sujeto y otro, el predicado.
• "El
Filósofo" es uno de los apelativos que se usaron, sobre todo
en la
Edad Media, para referirse a Aristóteles. También se le designaba como "El primer maestro", "El príncipe
de los filósofos" o "El
maestro de los que saben ".
2.
Más aún. Se dice que son evidentes
por sí mismas aquellas cosas que, al decir su nombre, inmediatamente
son
identificadas. Esto, el Filósofo en / Poster
lo atribuye a los primeros principios de demostración. Por
ejemplo, una vez
sabido lo que es todo y lo que es parte, inmediatamente se sabe que el
todo es
mayor que su parte. Por eso, una vez comprendido lo que significa este
nombre, Dios, inmediatamente se
concluye que
Dios existe. Si con este nombre se da a entender lo más inmenso que se
puede
comprender, más inmenso es lo que se da en la realidad y en el
entendimiento
que lo que se da sólo en el entendimiento. Como quiera que, comprendido
lo que
significa este nombre, Dios, inmediatamente
está en el entendimiento, habrá que concluir que también está en la
realidad.
Por lo tanto, Dios es evidente por sí mismo.
• A la
evidencia de la existencia de Dios se llega también partiendo de la
identificación que hace San Juan entre Dios y la verdad. Que la verdad
existe
se demuestra por reducción al absurdo.
3.
Todavía más. Que existe la verdad es
evidente por sí mismo, puesto que quien niega que la verdad existe está
diciendo que la verdad existe; pues si la verdad no existe, es
verdadero que la
verdad existe. Pero para que algo sea verdadero, es necesario que
exista la
verdad. Dios es la misma verdad. Jn 14,6:
Yo soy el camino, la verdad y la vida. Por lo tanto, que
Dios existe es
evidente por sí mismo.
• La última objeción es de signo
contrario a las anteriores.
Por eso comienza diciendo "En cambio
...". En este caso se aduce, basándose de nuevo en
Aristóteles, que no
se puede concebir lo contrario de algo que se considera evidente. Si
alguien ha
llegado a pensar que Dios no existe, es que entonces no será ésta una
verdad
evidente.
En
cambio, nadie puede pensar lo contrario de lo que es
evidente por sí mismo,
tal como consta en el Filósofo, IVMetaphys.
y / Poster., cuando
trata los
primeros principios de la demostración. Sin embargo, pensar lo
contrario de
que Dios existe, sí puede hacerse, según aquello del Sal
52,1: Dice el necio en su interior: Dios no existe. Por lo
tanto, que Dios existe no es evidente por sí mismo.
• Se analizan ahora algunos elementos
de esas objeciones,
comenzando por la distinción entre diversos tipos de
evidencia. La
expresión "evidencia inmediata", que aparece en el título del
artículo, equivale a "evidente en sí misma".
- Una
proposición puede ser:
a) evidente
en sí misma, pero no con respecto a nosotros.
b) evidente
en sí misma y también para nosotros.
Una proposición es evidente
en sí misma si el predicado está contenido en el sujeto.
(Posteriormente,
Kant definirá de forma análoga los juicios analíticos). Si nosotros conocemos el contenido del
sujeto y del predicado de una proposición
en la que el predicado está incluido en el sujeto, está será evidente
en sí
misma y también para nosotros, puesto
que captamos esa evidencia. Pero si
nosotros no conocemos el contenido de uno de esos términos,
o de los dos,
entonces la proposición seguirá siendo evidente en sí misma,
pero no para nosotros.
• En el
texto se afirma que la proposición "Dios existe" es evidente en sí
misma, ya que en la misma esencia de Dios está incluida su existencia.
Sin
embargo, no es evidente para nosotros, pues el hombre, como ser finito
que es,
no conoce el auténtico contenido de la esencia de Dios.
• Si
para nosotros la existencia de Dios no es evidente, tendremos que
intentar
demostrarla partiendo de cosas que nos resulten conocidas.
• Boecio [480-524],
cuyo nombre completo era Ancius
Manlius Tbrquatus Severinus Boetius, fue un filósofo ecléctico que
intentó
conciliar el platonismo con el aristotelismo dentro del pensamiento
cristiano.
Su principal obra fue Sobre la
conciliación de la filosofía.
Solución.
Hay que decir. La evidencia de algo puede ser de dos modos.
Uno, en sí
misma y no para nosotros; otro, en sí misma y para nosotros. Así, una
proposición es evidente por sí misma cuando el predicado está incluido
en el
concepto del sujeto, como el hombre es
animal, ya que el predicado animal
está
incluido en el concepto de hombre. De este modo, si todos conocieran en
qué
consiste el predicado y en qué consiste el sujeto, la proposición sería
evidente para todos. Esto es lo que sucede con los primeros principios
de la
demostración, pues sus términos como ser-no ser, todo-parte, y otros
parecidos,
son tan comunes que nadie los ignora.
Por
el contrario, si algunos no conocen
en qué consiste el predicado y en qué el sujeto, la proposición será
evidente
en sí misma, pero no lo será para los que desconocen en qué consiste el
predicado y en qué el sujeto de la proposición. Así ocurre, como dice
Boecio,
que hay conceptos del espíritu comunes para todos y evidentes por sí
mismos que
sólo comprenden los sabios, por ejemplo, lo
incorpóreo no ocupa lugar.
Por
consiguiente, digo: La proposición Dios
existe, en cuanto tal, es evidente
por sí misma, ya que Dios sujeto y predicado son lo mismo, pues Dios es
su
mismo ser, como veremos (q.3 a.4). Pero, puesto que no sabemos en qué
consiste
Dios, para nosotros no es evidente, sino que necesitamos demostrarlo a
través
de aquello que es más evidente para nosotros y menos por su
naturaleza, esto
es, por los efectos.
• Aparecen
ahora las respuestas que aporta Santo Tomás a las dificultades
planteadas.
Sobre
la primera, el autor opina que tenemos algún confuso conocimiento de
que Dios
existe, entendiendo por Dios aquello que está en la propia naturaleza
del
hombre como su felicidad. Pero esto no significa realmente que
conozcamos a
Dios, puesto que, de hecho, cada cual entiende por felicidad una cosa
distinta.
Respuesta
a las objeciones:
viene
no es
saber que Pedro viene aunque sea Pedro el que viene. De hecho, muchos ^
piensan
que el bien perfecto del hombre, que es la bienaventuranza, consiste en
la riqueza;
otros, lo colocan en el placer; otros, en cualquier cosa. ,
• No
está claro ni que la palabra "Dios" signifique lo mismo para todos ni
que, aun en el caso de que todos tuvieran en la mente el mismo
significado,
aquello a lo que se refiere tal palabra exista en la realidad, además
de en la
mente. Sólo se podría admitir la existencia de Dios si admitiésemos que
entre
lo real hay algo superior a todo aquello que se puede pensar. Pero esto
no lo
admiten tampoco todos.
2.
A
la segunda hay que decir: Es probable que quien oiga la
palabra Dios no entienda que con
ella se expresa
lo más inmenso que se pueda pensar, pues de hecho algunos creyeron que
Dios era
cuerpo. No obstante, aun suponiendo que alguien entienda el significado
de lo
que con la palabra Dios se dice,
sin
embargo no se sigue que entienda que lo que significa este nombre se dé
en la
realidad, sino tan sólo en la comprehensión del entendimiento. Tampoco
se
puede deducir que exista en la realidad, a no ser que se presuponga que
en la
realidad hay algo mayor que lo que puede pensarse. Y esto no es
aceptado por
los que sostienen que Dios no existe.
• Una cosa es que exista la verdad y
otra que para nosotros exista la
verdad suprema.
En consecuencia, no parece que la existencia de Dios constituya una
verdad de
evidencia inmediata para nosotros.
3.
A
la tercera hay que decir Que la verdad en general existe, es
evidente por
sí mismo; pero que exista la verdad absoluta, esto no es evidente para
nosotros.
• Si la existencia de Dios no es
evidente, habrá que
intentar demostrarla. La posibilidad de esta demostración es
lo que se
plantea ahora Santo Tomás.
• Expone
el autor las dificultades con que puede encontrarse la demostración de
la existencia
de Dios. La primera la aportan los que piensan que la fe se contrapone
a la
demostración. Si ésta nos permite ver con claridad aquello que
demostramos, la
fe nos remite precisamente a lo que no vemos.
Objeciones
por las que parece que Dios no es demostrable:
1.
La existencia de Dios es artículo de
fe. Pero los contenidos de fe no son demostrables, puesto que la
demostración
convierte algo en evidente, en cambio la fe trata lo no evidente, como
dice el
Apóstol en Heb. 2,1. Por lo tanto,
la
existencia de Dios no es demostrable.
• Si
demostramos algo, lo que hacemos es descubrir la naturaleza de ese
algo. Pero
de Dios no podemos saber lo que es.
2.
Más aún. La base de la demostración
está en lo que es. Pero de Dios no
podemos saber qué es, sino sólo qué no es, como dice el Damasceno. Por
lo tanto, no podemos demostrar la existencia de Dios.
• La
tercera dificultad se basa en la desproporción existente entre Dios,
causa
infinita de , todos los seres, y éstos, sus efectos, que son finitos.
Si
partiendo de un efecto finito no podemos llegar a una causa infinita,
entonces
no podremos demostrar la existencia de Dios.
3.
Todavía más. Si se
demostrase la existencia de Dios, no sería más que a partir de sus efectos.
Pero sus efectos no son proporcionales a Él, en cuanto que los efectos son
finitos y Él es infinito: y lo finito no
es proporcional a lo infinito. Como
quiera, pues, que la causa no puede demostrarse a partir de los efectos
que no
le son proporcionales, parece que la existencia de Dios no puede ser
demostrada.
• La
última dificultad se fundamenta en la afirmación de San Juan de que lo
invisible de Dios se puede conocer a través de lo que ha sido hecho.
Pero esto
no sería posible si, antes de conocer lo invisible de Dios, no se
hubiese
demostrado su existencia. Si no fuera así, podríamos estar atribuyendo
unas
cualidades a un ser inventado o imaginado, del cual no estuviéramos
seguros de
que existe.
En
cambio está lo que dice el Apóstol en
Rom. 1,20: Lo invisible de Dios se hace
comprensible y visible por lo creado. Pero esto no sería
posible a no ser
que por lo creado pudiera ser demostrada la existencia de Dios, ya que
lo
primero que hay que saber de una cosa es si existe.
• Distingue
Santo Tomás dos tipos de demostraciones:
a) Las
que parten de lo que, de una forma absoluta, se considera una causa y
es considerada
como algo evidente en sí mismo, llegando hasta su efecto.
b) Las que parten del efecto y
obtienen lo que para nosotros es
su causa.
Es este
segundo tipo el que posibilita la demostración de la existencia de Dios
partiendo de sus efectos conocidos por nosotros.
Solución.
Hay que decir: Toda demostración es doble. Una, por la
causa, que es absolutamente
previa a cualquier cosa. Se la llama a causa
de. Otra, por el efecto, que es lo primero con lo que nos
encontramos; pues
el efecto se nos presenta como más evidente que la causa, y por el
efecto
llegamos a conocer la causa. Se la llama porque.
Por cualquier efecto puede ser demostrada su causa (siempre
que los efectos
de la causa se nos presenten como más evidentes): porque, como quiera
que los
efectos dependen de la causa, dado el efecto, necesariamente antes se
ha dado la
causa. De donde se deduce que la existencia de Dios, aun cuando en sí
misma no
se nos presenta como evidente, en cambio sí es demostrable por los
efectos con
que nos encontramos.
• Las
respuestas que aporta Santo Tomás a las objeciones anteriores son las
que
siguen. Aclaremos antes algunos conceptos usados por el autor que
entran dentro
del campo de las relaciones entre la fe y la razón.
Por artículos
de fe entiende
Santo Tomás aquellas verdades teológicas, es decir, que han sido
reveladas por
Dios al hombre y que el filósofo debe aceptar. Los preámbulos
o prolegómenos para
la fe son verdades, a la vez teológicas y filosóficas, esto es, que
deben ser
aceptadas mediante la fe y, también, pueden ser comprendidas
racionalmente.
• Según esto, la postura tomista es
que la existencia de
Dios no es un artículo de fe, sino un preámbulo, que,
por
consiguiente, puede ser conocido por la razón natural. Esto muestra,
según el
autor, que la fe da por sentado que es posible el conocimiento racional
de la
existencia de Dios, de la misma manera que lo perfecto implica que
previamente
haya algo que pueda llegar a ser perfecto.
• No
obstante, se admite la posibilidad de que alguien no sea capaz de
conocer
racionalmente que existe Dios. En este caso podrá aceptarlo mediante
la fe,
puesto que a ello puede accederse por los dos caminos.
Respuesta
a las objeciones: 1. A la primera hay que
decir. La
existencia de Dios y otras verdades que de Él pueden ser conocidas por
la sola
razón natural, tal como dice v Rom. 1,19,
no son artículos de fe, sino preámbulos a tales artículos.
Pues la fe
presupone el conocimiento natural, como la gracia presupone la
naturaleza y la
perfección lo perfectible. Sin embargo, nada impide que lo que en sí
mismo es
demostrable y comprensible, sea tenido como creíble por quien no llega
a
comprender la demostración.
• Causa es
aquello
de lo que procede un efecto. La segunda vía, como se verá más
adelante,
demuestra que es necesario que exista una causa primera. Esta causa
primera no
sabemos todavía «lo que es», pero
todos la llaman «Dios».
• Para
poder llevar a cabo una demostración de la existencia de una causa a
partir de
un efecto es necesario definir la causa haciendo referencia al efecto.
Es
decir, que si, partiendo de la observación de seres buenos, queremos
demostrar
la existencia de un ser, que es su causa, infinitamente bueno, debemos
hacer
referencia en su definición a la bondad. Sería imposible, en caso
contrario,
poder llegar a la definición.
• Pero añade el autor que no podemos
tomar como base, como
punto de partida, lo que esa causa sea, porque
para que algo sea, tiene que existir, y aún no sabemos si esa causa
existe o
no. El punto de partida tiene que ser meramente gramatical, semántico:
el
significado de esas palabras, sin presuponer que se corresponden con
algo
existente.
• En la
cuestión 13 probará que lo que le atribuimos a Dios se basa en los
efectos que
observamos. Es por eso por lo que podemos tomar como base el
significado del
término Dios para demostrar su existencia.
• El
problema de la desproporción existente entre los efectos finitos que
conocemos
y su causa infinita nos impide llegar a un conocimiento completo de
ésta
partiendo de aquéllos. Pero esto no es obstáculo para que, partiendo de
los
efectos de Dios, podamos llegar a conocer la existencia de su causa,
aunque no
podamos obtener un conocimiento exhaustivo de ella.
• Plantea ahora Santo Tomás la
cuestión de si existe o no
existe Dios y lo hace partiendo desde su creencia
en que Dios existe. Lo que va a intentar hacer es
justificar
racionalmente esa creencia a través de argumentos metafísicos.
• Si una botella está absolutamente
llena de aceite de oliva, no parece que pueda hablarse de que
en su
interior haya algo de vacío. Esto es lo que ocurre entre Dios y el mal.
Si por
Dios entendemos el bien absoluto, no parece que pueda hablarse de que
el mal
exista. Y, sin embargo, el mal existe de hecho, lo
cual parece dar a
entender que no puede existir Dios. Esta constituye la primera objeción.
Objeciones
por las que parece que Dios no existe:
1.
Si uno de los contrarios es infinito,
el otro queda totalmente anulado. Esto es lo que sucede con el nombre
de Dios al darle el significado de
bien
absoluto. Pues si existiese Dios, no existiría ningún mal. Pero el mal
se da en
el mundo. Por lo tanto, Dios no existe.
• La segunda objeción consiste en que
Dios no tiene por qué
existir, puesto que no es necesario. Las cosas
naturales son fruto de
la naturaleza y lo que es artificial ha sido producido por la razón y
por la
voluntad del hombre. No hay que añadir otra causa más. *'
2.
Más aún. Lo que
encuentra su razón de ser en pocos principios,
no se busca en muchos. Parece que todo
lo que existe en el mundo, y supuesto que Dios no existe, encuentra su
razón de ser
en otros principios; pues lo que es natural encuentra su principio en
la
naturaleza; lo que es intencionado lo encuentra en la razón y en la
voluntad humanas. Así, pues, no hay necesidad alguna de acudir a
la existencia de Dios.
• El argumento de la otra parte se
basa en la expresión
bíblica según la cual Dios dice de sí mismo «Yo
existo» (en otras traducciones, «Yo
soy el que soy»). Las interpretaciones de tan peculiar
expresión son
abundantes. San Anselmo, por ejemplo, la interpretó como la afirmación
de la
identidad consigo mismo, característica de la esencia. En Santo Tomás,
por el
contrario, significa más bien una afirmación de existencia sin
restricciones.
En
cambio está lo que se dice en Éxodo
3,14 de la persona de Dios: Yo
existo.
• Se
adentra ahora Santo Tomás en la solución a la pregunta ¿existe Dios?
mediante
la exposición de sus célebres cinco vías. Creemos convenientes algunas
consideraciones generales antes de entrar en su estudio.
• De ninguna de las cinco vías
concluye Santo Tomás que Dios
exista. A lo que llega en cada una es a la
necesidad de que exista algo y
añade luego que a ese algo lo llamamos Dios. Lo
que hace así
es identificar su conclusión filosófica con lo que la fe dice sobre
Dios. Y
este paso no es estrictamente filosófico, sino de fe.
• Recordemos
que no se trata de comprobar con estos argumentos lo que previamente ya
se
cree, sino de aportar una justificación basada en la razón.
• Las cinco vías pueden clasificarse
en estáticas y dinámicas.
Las vías
estáticas son
la tercera y la cuarta. Ambas parten de la limitación de los seres,
bien sea en
su aspecto temporal —la tercera—, bien en sus perfecciones —la cuarta.
Las vías
dinámicas son
la primera, la segunda y la quinta. Cada una de ellas abarca uno de los
tres
puntos de vista desde los que puede considerarse todo aquello que se
mueve: el
del propio móvil —la primera—, el del que mueve —la segunda— y el del
fin al
que tiende aquello que se mueve —la quinta.
La estructura
general de
las vías consta de los siguientes pasos, aunque no todos se den siempre
de
forma explícita:
- Un punto de partida, en el que se
constata un hecho de experiencia.
- La aplicación a ese hecho del principio de causalidad eficiente: el
hecho ha sido causado.
- Es imposible
proceder al infinito en una serie de causas actual y
esencialmente subordinadas:
es necesario llegar a una primera causa.
- Se da
esa primera causa y la llamamos Dios. Luego Dios existe.
• La primera vía fue ya utilizada por
Aristóteles en un
contexto cosmológico. En ella se parte de la constatación de que en
este mundo
hay cosas que se mueven. Por movimiento hay que
entender aquí, como lo
hacía Aristóteles, el paso del ente en potencia, en
tanto que está en
potencia, a acto.
Por potencia
se
debe entender la potencia pasiva, esto
es, la capacidad de ser movido, y no la capacidad de mover a otro, que
sería la
potencia activa.
• En el segundo paso se afirma que todo
lo que se mueve
es movido por otro. Lo que se mueve debe estar en potencia y
lo que mueve
debe estar en acto. No es posible que una misma cosa esté a la vez en
potencia
y en acto, ni que se mueva a sí misma.
Si lo que mueve a otro es, a
su vez, movido, lo
tendrá que ser por un tercero y, así sucesivamente. No se
puede seguir
indefinidamente porque no se llegaría al primero que mueve.
Este es el
tercer paso.
En el cuarto momento se llega a la necesidad
de un primer
motor que mueva, pero que no sea movido por nadie. A este
primer motor lo
llamamos Dios.
Solución.
Hay que decir. La existencia de Dios puede ser probada de
cinco maneras
distintas. La primera y más clara es la que se deduce del movimiento.
Pues es
cierto, y lo perciben los sentidos, que en este mundo hay movimiento. Y
todo lo
que se mueve es movido por otro. De hecho, nada se mueve a no ser que,
en cuanto
potencia, esté orientado a aquello por lo que se mueve. Por su parte,
quien
mueve está en acto. Pues mover no es más que pasar de la potencia al
acto. La
potencia no puede pasar a acto más que por quien está en acto. Ejemplo:
el
fuego, en acto caliente, hace que la madera, en potencia caliente,
pase a
caliente en acto. De este modo la mueve y cambia. Pero no es posible
que una
cosa sea lo mismo simultáneamente en potencia y en acto; sólo lo puede
ser
respecto a algo distinto. Ejemplo: lo que es caliente en acto, no puede
ser al
mismo tiempo caliente en potencia, pero sí puede ser en potencia frío.
Igualmente,
es imposible que algo mueva y sea movido al mismo tiempo, o que se
mueva a sí
mismo. Todo lo que se mueva necesita ser movido por otro. Pero si lo
que mueve
se mueve, necesita ser movido por otro, y éste por otro. Este proceder
no se
puede llevar indefinidamente, porque no se llegaría al primero que
mueve, y así
no habría motor alguno, pues los motores intermedios no mueven más que
por ser
movidos por el primer motor. Ejemplo: un bastón no mueve nada si no es
movido
por la mano. Por lo tanto, es necesario llegar a aquel primer motor al
que
nadie mueve. En éste, todos reconocen a Dios.
• La segunda vía se
basa en la causalidad
eficiente. Ahora no se consideran las causas del movimiento,
sino las
causas en general. El punto de partida es que en el mundo
nos encontramos
unas causas eficientes subordinadas a otras: cualquier
cosa es efecto de
otra cosa que la ha producido.
• En el segundo paso se dice que no
es posible que algo
se cause a sí mismo, pues sería anterior —en tanto que
causa— a sí mismo
—en tanto que efecto—, lo cual es imposible. Esto cabe interpretarlo
como que
lo que se causa es un cambio sustancial, en cuyo caso, para causarse a
sí
mismo, tendría que existir antes de causarse; o como que se trata de un
cambio
accidental, y todo lo que cambia o se mueve es cambiado o movido por
otro.
• En el tercer paso se expresa que no
se puede proceder
al infinito porque la relación entre las causas no es
accidental, sino
esencial. La primera causa da cuenta de la segunda, y ésta de la
siguiente. Si
suprimimos la primera causa, nos quedamos sin todas las demás.
• La conclusión es, como era de
esperar, que es necesario
admitir una primera causa eficiente, a la que
todos llaman Dios.
2)
La
segunda es la que se deduce de la causa eficiente. Pues nos encontramos
que en
el mundo sensible hay un orden de causas eficientes. Sin embargo, no
encontramos, ni es posible, que algo sea causa eficiente de sí mismo,
pues sería anterior a sí mismo, cosa imposible. En
las causas
eficientes no es posible proceder indefinidamente porque en todas las
causas
eficientes hay orden: la primera es causa de la intermedia; y ésta, sea
una o múltiple, lo es de la última. Puesto que, si se
quita la causa,
desaparece el efecto, si en el orden de las causas eficientes no
existiera la
primera, no se daría tampoco ni la última ni la intermedia. Si en
las causas
eficientes llevásemos hasta el infinito este
proceder, no existiría la
primera causa eficiente; en consecuencia, no habría efecto último ni
causa intermedia; y esto es absolutamente falso. Por lo tanto, es
necesario
admitir una causa eficiente primera. Todos la llaman Dios.
• La tercera es
una de las vías estáticas y se apoya
en la limitación temporal. El punto de partida es
la constatación de que
las cosas están en continuo devenir. Unas cosas se
producen y, por
tanto, tienen posibilidad de existir; otras se destruyen y, así, pueden
no
existir. Esto significa que las cosas no son necesarias, sino contingentes.
• Lo que es necesario
no necesita de ninguna causa
para existir: existe por sí mismo. En cambio, lo contingente no tiene
en sí
mismo la razón de su existir, de tal manera que si únicamente hubiera
seres
contingentes, en realidad podría no haber nada. Para que lo que pueda
ser sea,
es necesario que antes algo sea y que lo haga ser. Es
menester, por
tanto, que exista un ser necesario.
• Este ser necesario puede que tenga
esa necesidad de
forma relativa o absoluta. Si
fuera relativa, como es el caso de
las cosas creadas que son inmutables, pero contingentes, no tendría en
sí mismo
la razón de su necesidad. Pero no podemos remontarnos hasta
el infinito con
una serie de seres necesarios relativamente. Por tanto, debe
existir un ser
que tenga en sí la razón de su necesidad, esto es, un ser cuya
necesidad
sea absoluta.
• Como
conclusión, debe existir un ser absolutamente necesario, al que todos
llaman
Dios.
3)
La
tercera es la que se deduce a partir de lo posible y de lo necesario. Y
dice:
Encontramos que las cosas pueden existir o no existir, pues pueden ser
producidas o destruidas, y consecuentemente es posible que existan o
que no
existan. Es imposible que las cosas sometidas a tal posibilidad existan
siempre, pues lo que lleva en sí mismo la posibilidad de no existir, en un
tiempo no existió. Si, pues, todas las cosas
llevan en sí mismas la posibilidad de no
existir, hubo un tiempo en que nada existió. Pero si esto es verdad,
tampoco ahora existiría nada, puesto que lo que no existe no
empieza a existir más que por algo que ya existe.
Si, pues, nada existía, es
imposible que algo empezara a existir; en consecuencia, nada existiría; y esto
es absolutamente falso. Luego no todos los seres son sólo
posibilidad, sino que es preciso algún ser necesario. Todo ser necesario encuentra
su necesidad en otro, o no la tiene. Por otra parte, no es posible que
en los
seres necesarios se busque la causa de su necesidad llevando este
proceder
indefinidamente, como quedó probado al tratar las causas eficientes (núm. 2).
Por lo tanto, es preciso admitir algo que sea absolutamente necesario,
cuya
causa de su necesidad no esté en otro, sino que él sea causa de la necesidad
de
los demás. Todos le dicen Dios.
• La cuarta vía, también
estática, parte de la observación
de los grados de perfección que hay en los seres.
Las perfecciones
pueden clasificarse en dos grupos:
- Las perfecciones
trascendentales, que son aquellas que se pueden
atribuir a todos los
seres. Por ejemplo, la bondad, la unidad, etc.
- Las perfecciones
no
trascendentales, que no se pueden decir de todos los seres,
como, por
ejemplo, la vida o entender.
Santo Tomás considera en
esta vía las perfecciones
trascendentales, que son las que admiten grados. En efecto,
se puede decir
de un hombre que es más o menos bueno, pero no que está más o menos
vivo.
• De
los seres, por tanto, se puede decir que son más o menos buenos, pero
el grado
de bondad será, en principio, limitado, Esa perfección limitada no
puede
pertenecer a la esencia del ser en el que se encuentra esa perfección
limitada,
por lo que debe haber sido comunicada por otro ser.
• No se puede proceder al
infinito con seres que
tengan limitadas sus perfecciones. Deberá existir un ser que tenga en
su
esencia todas las perfecciones y que, por tanto, no se las haya
comunicado
ningún otro. Este será el máximo en la escala de grados.
• Tendrá
que existir un ser que tenga las máximas perfecciones, lo cual equivale
a que
sea *> un ser supremo. A este ser lo llamamos Dios.
4)
La cuarta se deduce de la jerarquía
de valores que encontramos en las cosas. Pues nos encontramos que la
bondad, la
veracidad, la nobleza y otros valores se dan en las cosas, en unas
cosas más y
en otras menos. Pero este más y
este menos se dice de las cosas en
cuanto que
se aproximan más o menos
a lo máximo. Así,
"caliente" se dice de aquello que se aproxima más al máximo calor.
Hay algo, portante, que es muy veraz, muy bueno, muy noble; y, en
consecuencia,
es el máximo ser; pues las cosas que son sumamente verdaderas, son
seres
máximos, como se dice en // Metaphys. Como
quiera que en cualquier género, lo máximo se convierte en causa de lo
que pertenece
a tal género -así el fuego, que es el máximo calor, es causa de todos
los
calores, como se explica en el libro-, del mismo modo hay algo que en
todos los
seres es causa de su existir, de su bondad, de cualquier otra
perfección. Le
llamamos Dios.
• La quinta vía se basa en el ordenamiento
de las cosas. Se
constata que hay ciertas cosas que, sin tener conocimiento, tienden
regularmente
hacia un fin, pero no por azar, sino intencionadamente.
• Esta tendencia hacia un fin
requiere de alguien que lo
dirija hacia él. De aquí Santo Tomás deduce inmediatamente
que existe un
ser inteligente que dirige todas las cosas hacia un fin. Parece
que falta
aquí el tercer paso, pero puede considerarse de la siguiente
manera; si es
necesario un ser inteligente que dirija a otro hacia un fin, ese ser
inteligente podría identificarse con su propio acto de entender, en
cuyo caso
sería Dios; en caso contrario, sería dirigido por otro ser. Es aquí en
donde no
podemos proceder al infinito, debiendo llegar a un ser inteligente cuya
esencia
es su propio acto de entender, que dirige todas las cosas y al que
llamamos
Dios.
5)
La quinta
se deduce a partir del ordenamiento de las cosas. Pues vemos que hay
cosas que
no tienen conocimiento, como son los cuerpos naturales, y que obran por
su fin.
Esto se puede comprobar observando cómo siempre o a menudo obran igual para
conseguir lo mejor. De donde se deduce que, para alcanzar su objetivo,
no obran
al azar, sino intencionadamente. Las cosas que no tienen conocimiento
no
tienden al fin sin ser dirigidas por alguien con conocimiento e
inteligencia,
como la flecha por el arquero. Por lo tanto, hay alguien inteligente
por el
que todas las cosas son dirigidas al fin. Le llamamos Dios.
• Para la respuesta a la primera
objeción recurre el autor a
San Agustín, para el que el mal es
permitido para obtener de él
algún bien.
Respuesta
a las objeciones. 1.A Ia primera hay que decir Escribe
Agustín en el Enchiridio: Dios, por ser el
bien sumo, de
ninguna manera permitiría que hubiera algún tipo de mal en sus obras, a
no ser
que, por ser omnipotente y bueno, del mal sacara un bien. Esto
pertenece a
la infinita bondad de Dios, que puede permitir el mal para sacar de él
un bien.
• Sobre
la no necesidad de Dios en lo que respecta a las cosas naturales, Santo
Tomás
recuerda que Dios es la causa primera de todo lo que hace la
naturaleza. El
mismo argumento es aplicado a las realizaciones humanas.
A
la segunda hay que decir. Como la naturaleza obra por un
determinado fin a
partir de la dirección de alguien superior, es necesario que las obras
de la
naturaleza también se reduzcan a Dios como su primera causa. De la
misma manera
también, lo hecho a propósito es necesario reducirlo a alguna causa
superior
que no sea la razón y voluntad humanas; puesto que éstas son mudables y
perfectibles. Es preciso que todo lo sometido a cambio y posibilidad
sea
reducido a algún primer principio inmutable y absolutamente necesario,
tal
como ha sido demostrado, (sol.)
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