Movimientos filosóficos cristianos

La llamada filosofía cristiana es el resultado de un largo proceso de formación. Hay una época inicial entre los siglos II y v de nuestra era, con diversas etapas. Hasta comienzos del siglo II los cristianos contaban con una serie de escritos de carácter interno, destinados a los fieles, conocidos con el nombre de Nuevo Testamento. La finalidad de estos escritos era, primeramente, la de dar un mayor conocimiento de la figura de Cristo o de los apóstoles y, posteriormente, la de exponer o aclarar diversas cuestiones doctrinales. Para su redacción se emplean tanto terminologías como géneros literarios usados por las diversas escuelas filosóficas: epístolas, he­chos, etc.

A partir del siglo II se constata un cambio en la literatura cristiana, por influjo de las nuevas condiciones históricas: surgen las «apologías», defensas del cristianismo, como consecuencia de las persecuciones y de los enfrentamientos ideológicos. Posteriormente, la necesidad de exponer la doctrina cristiana que sigue al reconoci­miento del cristianismo, dará lugar a la producción de una extensa literatura de escritos doctrinales, que se conoce con el nombre de «patrística». Su duración es larga: llevará prácticamente hasta el siglo vIII, en que se inicia la filosofía medieval. Es importante tener en cuenta que algunos de estos autores eran filósofos antes de su conversión al cristianismo.

Apologistas

Los Apologistas (siglo II d. de C.) escriben defensas del cristianismo, frente a los ataques que sufren los cristianos. Esta labor se llevó a cabo tanto en griego como en latín, por lo que se distingue entre apologistas griegos y latinos. La diferencia esencial entre unos y otros está en la lengua empleada en sus escritos, pues su temática es la misma. Se puede decir que los apologistas griegos son anteriores a los latinos, ya que la lengua latina no cobra fuerza como lengua utilizada por los cristianos hasta los inicios del siglo III y sólo a finales del mismo siglo será lengua oficial en los ritos cristianos.

Las apologías del cristianismo, las obras de los apologistas, no son tratados filosófi­cos, sino un intento de justificación del cristianismo frente a la filosofía helenística, para lo que se recurre a los conceptos filosóficos del mundo griego, dándoles muchas veces un nuevo sentido. Aparecen en ellas los temas centrales del pen­samiento cristiano: la idea de Dios, la idea de creación, la concepción del hombre, el puesto del hombre en este mundo, el lugar que deben ocupar los cristianos en el imperio, en algunas de estas apologías aparece, además, una valoración positiva del pensamiento griego, sobre todo del platónico, como antecedente o preparación para el pensamiento cristiano.

Padres de la Iglesia

Al hablar de Padres de la Iglesia nos estamos refiriendo a aquellos autores cuya labor fundamental fue la de redactar obras exponiendo el cristianismo. En este senti­do, son los iniciadores de la filosofía cristiana. Se suelen distinguir dos grupos, atendiendo, también, a la lengua usada para la redacción de sus obras: Padres griegos y latinos. Sin embargo, en este caso la diferencia entre unos y otros es más profunda.

La Patrística griega, durante los siglos III y iv, llevó a cabo una labor de acuñación de los conceptos filosóficos cristianos a partir de los conceptos griegos. Para ello, se sirvió, tanto de la terminología de origen platónico, como de la de origen aristotéli­co y de otras escuelas, aun cuando el uso de la filosofía platónica fuese más común que cualquiera otra. Dentro de la filosofía platónica, conceptos como el de «demiur­go», «mundo suprasensible», «espiritualidad e inmortalidad del alma», eran fácilmen­te asimilables por el cristianismo. A su vez, esta asimilación de los conceptos griegos determinó, dentro del pensamiento inicial, una orientación marcadamente metafísica. De esta forma, se constituyó el armazón que, con posteriores modificaciones, fue la base de la filosofía y teología cristianas.

La Patrística latina, por el contrario, cobró importancia a partir de la mitad del si­glo III cuando el latín reemplaza al griego como lengua litúrgica de la comunidad en Occidente. La mayor dependencia respecto de la cultura latina -de autores como Cicerón, Quintiliano o Séneca- les inclinará menos a la especulación que a la forma­ción de los cristianos, lo que da lugar a la aparición de una doctrina, una «dogmática», que se transmite por la enseñanza y la predicación. De aquí que entre los padres latinos no haya tanta preocupación por la metafísica, por la especulación. Los conte­nidos metafísicos que aparecen en sus escritos son, en gran parte, debidos a la influencia de la cultura griega y particulamente del platonismo, ya presente en las primeras formulaciones del pensamiento cristiano.

A pesar de estas diferencias, se puede afirmar que la tarea que realizó la Patrística fue la de iniciar la construcción de un pensamiento cristiano a partir del pagano. Esta labor se inició en Alejandría, con la creación de la escuela catequética cristiana (didascalion), en la que están presentes las corrientes platónicas, estoicas y filonianas, condicionando desde sus inicios el posterior desarrollo del pensamiento cristiano. Se puede decir que entre los padres de la Iglesia hay una valoración positiva de la filosofía en cuanto preparación (propedéutica) para el cristianismo. Se la considera como capaz de ayudar a una mejor comprensión de la fe y, de esta forma, facilitar el acceso a la gnosis, al conocimiento de salvación. Este fue el camino que impulsó la creación de los conceptos cristianos a partir de la terminología griega. Esta labor estaba ya concluida hacia el siglo,iv, de tal forma que los conceptos tomados de los griegos habían cobrado un nuevo sentido que suponía una redefinición meta­física.

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Seminario de Filosofía INBAD, Servicio de Publicaciones del MEC, Madrid, 1985.
 
  
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