Para
precisar en qué consiste la cuestión de la posibilidad de verdades universales
y necesarias, hemos de decir que no incluimos bajo la denominación de
«verdades» las proposiciones como «Todo hombre es racional» (una vez que por
«hombre» hemos entendido precisamente el viviente racional) o «Todo cuerpo es
extenso» (una vez que por «cuerpo» hemos entendido precisamente lo extenso, lo
que tiene un «tamaño», una longitud, anchura y altura). En estas proposiciones,
el predicado no dice otra cosa que algo que ya estaba dicho implícitamente en
el sujeto, y, por lo tanto, de la proposición como tal puede decirse que no
dice nada. La validez de estos juicios (aquí «juicio» = «proposición») es «de
pura lógica», entendiendo por validez «de pura lógica» aquella validez que no
es otra que la del principio según el cual toda cosa es lo que ella es y no es
lo que ella no es (principio «de identidad» o «de contradicción»); todo cuerpo
es extenso simplemente porque todo cuerpo es cuerpo y por «cuerpo» hemos
entendido lo extenso; todo hombre es racional porque por «hombre» hemos
entendido el viviente racional. A estos juicios, en los que el predicado
estaba ya contenido como nota en el concepto del sujeto, los llama Kant
(1724-1804) juicios analíticos. Si, dado un concepto A, escribimos la
notas a, b, c, etcétera, que componen la definición de ese concepto, y luego
las notas a', b', c', etc., que componen la definición de cada una de las
notas a, b, c, etc., y las notas
a",
b", c", etc., que componen la definición de cada una de las a', b',
c', etc., y así sucesivamente, tendremos un juicio analítico cada vez que
refiramos como predicado al sujeto A alguna de las notas a, b, c, a', b', c',
a", b", c", etc.
La denominación «de pura lógica» para los juicios analíticos
se justifica por la consideración siguiente: si por «lógica» entendemos la
validez de los silogismos tradicionales, es claro que la «lógica» consiste en
el principio «de identidad» o «de contradicción» (en el cual consiste la
validez de los juicios analíticos); en efecto: la premisa mayor de un
silogismo de la primera figura enuncia algo acerca de a (esto
es: de la determinación a, de «todo a») y la
menor establece que algo «es a»; la validez de la conclusión
consiste, pues, en que lo que es a es a. Las
nociones de conversión y oposición de proposiciones (por ejemplo: que, si «todo a es b», tiene que ser falso «algún a no es b», o
que, si «ningún a es b», también
«ningún b es a», etcétera), nociones mediante las
cuales se «reducen» a la primera figura los silogismos de las demás, tampoco
son otra cosa que diversas aplicaciones del principio «de identidad» o «de
contradicción».
Los
juicios que no son analíticos son, en la terminología de Kant, juicios
sintéticos, esto es: aquellos en los que la predicación dice algo que no
estaba contenido en el concepto del sujeto. Por ejemplo: «todo cuerpo es
pesado», porque para formar el concepto de cuerpo no es preciso el peso; aunque
todos los cuerpos sean efectivamente pesados, por «cuerpo» entendemos aquello
que ocupa una porción de espacio, esto es: que tiene una extensión, y con esto
no hemos dicho nada del peso; de modo que, en «Todo cuerpo tiene un peso», el
predicado dice algo que no estaba incluido en el concepto del sujeto.
Un
pensador de la Edad Media podría decir, por ejemplo, que a un cuerpo le es
esencial (es decir: le pertenece como cuerpo, en virtud de la esencia «cuerpo»)
el pesar, o bien (esto se parece más a lo que de hecho dirían) que a este o
aquel cuerpo (tierra, agua, aire o fuego) le pertenece en virtud de su esencia
(es decir: de «tierra», «agua», «aire» o «fuego») el estar «encima» o «debajo»
de otros cuerpos (nosotros decimos: es «menos pesado» o «más pesado» que otros
cuerpos) y que cada cuerpo tiende por esencia a ocupar su lugar «propio». Pero,
tras la eliminación de las «esencias», a menos que la filosofía moderna
descubra una nueva fundamentación, la proposición «Todo cuerpo es pesado»
tendrá que conformarse con ser la pura constatación de que hasta el momento no
hemos encontrado ningún cuerpo que no pesase. Obviamente, la proposición «Todo
cuerpo es pesado» figura aquí sólo como ejemplo, y lo mismo que con ella
ocurriría con cualquier otra proposición presuntamente universal y necesaria,
salvo que fuese un juicio analítico. En otras palabras: todo conocimiento
habría de basarse en la experiencia (esto es: en la presencia efectiva
de la cosa, en la constatación del hecho) y la experiencia nunca nos da universalidad (porque sólo nos dice que la cosa es así en todos los
casos experimentados, no en todo caso posible), ni necesidad (porque la
experiencia nos dice que de hecho es así, no que tiene que ser
así y que no podría ser de otro modo). A todo lo que forma parte del contenido
de la experiencia se lo llama «empírico», y «empirismo» es la tesis según la
cual, puesto que todo conocimiento consiste en la experiencia, no hay necesidad alguna, sino solamente hechos; no hay «tiene que ocurrir
así», sino solamente «vemos que de hecho ocurre así en este caso y en aquel y
en el otro»; las proposiciones
presuntamente universales y necesarias las aceptamos, según el
empirismo, en virtud de una especie de hábito: estamos de tal modo acostumbrados
a ver que todos los cuerpos pesan, que suponemos pesado cualquier cuerpo que
imaginemos.
Martínez Marzoa, Felipe Iniciación a la Filosofía, Madrid, Istmo.