¿Qué es el mal?

¿Qué es el mal?, ¿De donde proviene? son algunas de las interrogantes que los pensadores a lo largo de la historia de la humanidad han intentado dilucidar, no siendo la excepción la Edad Media y en especial San Agustín de Hipona, uno de los más importantes exponentes de la filosofía cristiana , mediante su obra "Del Libre Albedrío": ese será el tema del presente ensayo, tomando en cuenta que el gran aporte del Obispo de Hipona es transformar el mal en algo de los hombres, es decir, le dio un carácter realista.

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Los antecedentes del problema del mal en San Agustín

Uno de los grandes desafíos de San Agustín que se impuso en la vida fue encontrar una respuesta a la pregunta que da vida a éste ensayo, la cual la logró tomando como base planteamientos de escuelas filosóficas del pasado o contemporáneas a él, siendo éstas los maniqueos y el neoplatonismo. Los primeros, apoyándose en su condición dualística del mundo, indicaban que el problema del mal era la existencia de un principio del bien en lucha constante con uno opuesto, con el mal , es decir, están dando paso a la existencia de un segundo Dios, representante del mal, generando una duda de carácter ontológico: con respecto a la materia , puede ésta ser mala: ocupando como fuente, claramente en un criterio argumentativo por autoridad, la Biblia creía que la creación de Dios tenía un rasgo positivo, bueno. Esta situación lo llevó a concluir que el mal no es un problema metafísico.

El sistema ontológico de Plotinio, uno de los exponentes del Neoplatonismo, sigue un carácter jerárquico, estando en el primer lugar Dios en su calidad de inefable y único, el mundo celeste y así sucesivamente hasta llegar al peldaño, por decirlo de alguna manera, de la materia, “para el alma es causa de debilidad y de maldad” , pues no debemos olvidar que la materia por estar en el mundo sensible, de la llamada Doxa, puede sufrir cambios que generen corrupción en el alma. Esta tesis, la de la materia increada responsable del mal, es rechazada por San Agustín de Hipona, pues dice que teniendo en cuenta que la materia es obra de Dios es imposible de que tenga negatividad: “Creemos que hay un solo Dios y único Dios y que de El procede todo cuanto existe y que, no obstante, no es Dios el autor del pecado.Turba, sin embargo, nuestro ánimo esta consideración: si el pecado procede de las almas que Dios creó , y las almas vienen de Dios,¿cómo no referir a Dios el pecado, siendo tan estrecha la relación entre Dios y el alma pecadora” , esas son las palabras utilizadas por San Agustín para referirse al asunto reseñado.

La teoría del problema del mal en San Agustín

A partir de la doctrina neoplatónica del mal, explicada en los párrafos anteriores, San Agustín creó su opinión en torno al tópico. San Ambrosio, la persona que lo convirtió al cristianismo, un día indicó, al definir el mal, como una falta de un bien: una realidad aplicada al mundo filosófico por el hijo de Mónica.

El mal es un no ser, carencia del ser, es decir, no es sustancia, pues si así fuera se presentarías dos situaciones : si lo fuera estaríamos hablando de una substancia incorruptible, sinónimo de un gran bien o una substancia corruptible, por lo cual el bien en cuestión no podría entrar al campo de lo corruptible. Es importante comentar que porque el mal es no ser no estaría Dios como su autor, pues nació de la nada y, en consecuencia, la divinidad no es ser de la nada. “Siendo Dios bueno, como tú sabes o crees –y ciertamente no es lícito creer lo contrario, es claro que no puede hacer el mal” nos dice al respecto en su obra “Del libre albedrío”.

¿Quién hace el mal? , esa es la pregunta que surge, considerando la naturaleza del bien absoluto de Dios es imposible, dentro de cualquier razonamiento lógico, creer que Dios desearía el mal para el mundo. San Agustín, en ese sentido, le puso nombre y apellido al autor del mal: el mismo hombre, el ser humano. “Cada hombre que no obra rectamente es el verdadero y propio autor de sus malos actos. Y si lo dudas, considera lo que antes dijimos, a saber: que la justicia de Dios castiga las malas acciones. Y claro está que no serían justamente castigadas si no procedieran de la voluntad libre del hombre.” , comenta San Agustín, frase a través de la cual introduce un nuevo concepto: el libre albedrío.

De acuerdo a la antropología de Platón , de la cual San Agustín es un seguidor, el ser humano tiene dos elementos: un cuerpo material y un alma inmaterial .A ella le cabe la función, la responsabilidad, de tomar las decisiones de la acción, pese a que sean muchos los deseos (llamadas apetencias) es la voluntad la de la última palabra.“Debiendo añadirse a todo esto que las pasiones ejercen su dominio sobre ella cruel y tiránicamente, y que a través de mil y encontradas tempestades perturban profundamente el ánimo y vida del hombre, de una parte, con un gran temor, y de otra, con una vana y falsa alegría; de una, con el tormento de la cosa perdida y sumamente amada, y de otra, con un ardiente deseo de poseer lo que no tiene; de una , con un sumo dolor por la injuria recibida, y de otra, con un insaciable deseo de venganza. Adonde quiera que este hombre se vuelva, la avaricia le acosa, la lujuria lo consume, la ambición le cautiva, la soberbia le hincha, la envidia lo atormenta, la desidia le anodada, la obstinación le aguijonea, la humillación le aflige, y es, finalmente, el blanco de otros innumerables males que lleva consigo el imperio de la libídine” , creo que mediante esta larga cita Del libre albedrío San Agustín grafica de manera excepcional la lucha entre las pasiones y el alma.

¿Por qué el hombre peca?, San Agustín nos dice: “Quizá de que se aparta de la disciplina y se hace completamente extraño a ella” , es decir, Dios tiene para cada habitante de la humanidad un camino ya establecido , al igual que para la humanidad entera, para un bien mayor. Cuando alguien se desvía de ese norte, entra en el área de pecado.

“Te lo diré, si antes me dices tú a qué mal te refieres, porque son dos los significados que solemos dar a la palabra mal: uno, cuando decimos que “alguien ha obrado mal”; otro, cuando afirmamos que “alguien ha sufrido algún mal” , una distinción realizada por San Agustín que nos sirve para introducir el concepto del mal en cuatro planos distintos realizadas por el filósofo:

A-.METAFÍSICO-ONTOLÓGICO: “En el cosmos no existe el mal, sino que existen solamente grados inferiores de ser en comparación con Dios, dependientes de la finitud de las cosas creadas y del diferente grado de esta finitud. Desde una visión de conjunto, cada cosa, incluso la aparentemente más insignificante, posee su propio sentido y su propia razón de ser y, por lo tanto, constituye algo positivo.” .

B-EL MAL FÍSICO: Enfermedades, dolores físicos, cambios anímicos etc. son parte del mal físico, originado por el primer pecado, el de Adán y Eva, una alma pecadora responsable de la corrupción en el cuerpo.

C-.EL MAL MORAL: Se genera a partir de la desviación del ser, del camino establecido por Dios todopoderoso, por su propia voluntad, es decir, el libre albedrío, tendiendo de ésta manera al no ser. Por esto último no merece tener un rasgo positivo, pues solo las cosas creadas por Dios, los seres, poseen esa cualidad.

D.- EL MAL MORAL ES EL PECADO: Si la denominada voluntad realiza lo que por naturaleza le corresponde, es decir, dirigirse hacia el bien no estaríamos en presencia del mal; pero, en ocasiones, hay una especie de una mala voluntad que, dentro de la gran variedad de bienes existentes en el mundo, elige el que se aleja de Dios, transformándose en un no ser. Esta voluntad no es sinónimo de mal por dirigirse a las cosas negativas sino porque no respetó el designio divino.

Conclusiones

El gran aporte de San Agustín en el tópico del mal fue traerlo a la realidad, dándole un componente humano que permitiera comprenderlo de mejor manera y de ésta manera ver las acciones a tomar para evitarlo. Una definición del mal la cual perfectamente, pese a que ha pasado más de 1600 años, desde que el hijo de Mónica la formulará, puede aplicarse a nuestros días: el mal observado en sus diversas expresiones en el día a día su autor no es otro que el hombre, pues no solamente no respeta a los demás sino también el orden natural de las cosas, el cual, dependiendo de las personas, puede tener un tinte religioso o no.

Bibliografía 

Fernández Héctor, Apuntes de uso interno para el curso de Introducción a la Filosofía Medieval de la Universidad Alberto Hurtado, Plataforma Universidad Alberto Hurtado, 18 agosto 2009, 29 octubre 2009, http://e-pregrado.uahurtado.cl/archivos/_60/Introduccion_Fil_Med_tercera_entrega__091.pdf, página 106

San Agustín de Hipona, Del libre Albedrío, libro I, capítulo II, parágrafos 334 en Los Filósofos Medievales, selección de textos de Clemente Fernández, Filosofía Patriótica y Filosofía Árabe y Judía, Editorial Católica, Madrid


González Pascual, El problema teológico del libre albedrío: San Agustín, Apuntes de Filosofía, Escuela de Artes y Superior de Diseño de Orihuela, Alicante España, 29 octubre 2009, http://pascualgc.com/archivo/01_libre-albedrio-2.htm 
 
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Autor: Luis Felipe Caneo. Fuente: http://www.elrancahuaso.cl/admin/render/noticia/21035
 
  
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