Num.17
Num.17: sumario y editorial
 
 

 

Mesa redonda

con Montserrat Galcerán Huguet
y Carlos Fernández Liria
[*]


 
 

[pág. ant.]

-3 de 3-

Segunda intervención -- Bueno, vamos a ver si soy capaz. Quiero hablar sin ánimo de provocar la risa fácil y el dardo accesible. Me parece que lo público no está vinculado necesariamente al espacio, porque también un león tiene espacio y orina en el espacio, de hecho, para hacerlo suyo, suyo y de un grupo de animales que conviven con él, que se someten a él. Me parece que público es discurso, discurso en el que caemos todos, al pensar, al hablar y al conversar; discurso no individual y no personal, discurso, como es discurso, impersonal. Pero no cualquier tipo de discurso. Es un discurso que pretende dar explicación de sí mismo. Sí. Estado. Estado y más Estado, pero Estado público. Decimos que el Estado es debate, decisión y ejecución, y lo separamos porque el Estado no es lo público, pero el Estado es público, el Estado se somete a lo público, al debate, al discurso impersonal. Fomentar movimientos, fomentar la creación de espacios no sirve de nada si no fomentamos lo que hay que fomentar: un discurso que pretende dar cuenta de sí mismo, un discurso que sólo se somete, sí, por qué no, al principio de no contradicción. Me parece que lo que está pasando con la Universidad --como un efecto ya avisado desde antiguo de la especialización, que por cierto se comentó ayer, y que es una negación de la capacidad de dar cuenta de sí mismo de ese proceso-- es algo que no está sucediendo ahora, sino que viene sucediendo desde hace tiempo. El debate, el discurso que pretende dar cuenta de sí mismo, el discurso que se somete al principio de no contradicción, el discurso científico, lo que se supone que debería hacer el parlamento, no existe, se ha llevado, interesadamente, a los medios de comunicación; pero no porque allí se haya fomentado este discurso, sino porque allí se ha llevado el discurso, cualquier discurso, la opinión. Cualquier parecer es bueno, y la vida pública se ha generado, desde hace ya algún tiempo, en torno, constantemente, a los medios de comunicación. Es curioso que hubiera una enfática confianza en que, precisamente, los medios de comunicación de masas, al surgir como tales, fueran a llevar lo público a todos los hombres; y es curioso que los medios de comunicación, en manos de intereses exclusivamente productivos, se hayan desvinculado de lo público y se hayan vinculado a todo lo demás, que es cualquier otro tipo de discurso que en realidad enmaraña la vida pública, y así se hace, a escondidas, partícipe de lo que la sociedad sigue haciendo, que es producir, producir, hacer, hacer, y nunca discutir, y no pensar...

Tercera intervención -- Y disfrutar.

Segunda intervención -- Sí, y también disfrutar. Y me parece que, por terminar un poco deslavazadamente, digamos, que los enemigos no son en realidad los enemigos, son los contrincantes de discurso, si es que..., si es que esto tiene alguna solución, porque si son enemigos no tiene solución, si son enemigos, desde luego, lo serán eternamente; hoy venceremos, mañana nos vencerán. Si son contrincantes, tal vez, en el discurso, podamos llegar a un consenso. Y me parece que los contrincantes con los que hay que debatir son los medios de comunicación. Yo no estuve en el encierro que se hizo aquí, pero alguien comentó la posibilidad de desenmascarar el discurso que utilizan continuamente los medios de comunicación; y realmente, bueno, eso me maravilló por completo. Creo que es, en cinco años que me acerco a esta Facultad casi día tras día, lo más sensato que he oído en favor de lo público, y me parece que es por ahí, precisamente, por donde hay que contrarrestar las fuerzas que se nos vienen encima, que son las fuerzas productivas que pretenden ahogar este discurso público, y que lo hacen a través de cualquier discurso, que son los medios de comunicación. Bueno, lo siento, si no he sido demasiado explícito. Espero que entre todos podamos hacerlo mejor.

Cuarta intervención -- Bueno, yo quiero tratar de cerrar un tema que me parece que le hemos dado muchas vueltas. O sea que, en mitología o en teoría, el Estado vendría a ser algo así como el organismo encargado de tramitar los intereses del público; esto, pues, parece que nunca se ha dado, o hace mucho que no se da. El Estado se está vendiendo o está vendido a capitales privados desde hace ya bastante tiempo. Esto le imposibilita moralmente y funcionalmente para cumplir cualquiera de las labores que, en teoría, la política le atribuye, que es representarnos. Si existe o existiese algún organismo dentro del Estado para denunciar la ilegitimidad o la ilegalidad en la cual se está desenvolviendo el Estado, a lo mejor podríamos tener a alguien a quien recurrir; pero esto no existe. Necesitamos, por ende, hacer un no, o decir un no, o hacer algo que nos pueda mantener en nuestro derecho a todas aquellas acciones públicas de las cuales se nos está privando. Esta situación se ha dado ya en lugares como África, en lugares como Latinoamérica, donde todo pertenece a alguna compañía; se llamó la ‘africanización’ de Latinoamérica, lo hicieron durante la Segunda Guerra Mundial con África, y bueno, ahora se está haciendo en Europa con un medio quizás un poco más sutil, como es el capital, o menos violento que la guerra con armas. De todas maneras yo sigo pensando que el problema es mucho más profundo que una simple LOU. No podemos oponernos a una simple ley sin oponernos a lo que emana esa ley, sin oponernos a lo que produce lo que emana de esa ley; ahora, ¿cómo oponernos a ello?, yo, realmente no lo sé, y creo que hablando, y aquí comunicándonos, podremos conseguir, quizás, una forma de oponernos, o de parar, o de detener, o de apaciguar lo que se nos viene encima, nos sigue viniendo encima. Eso es todo.

Segunda intervención -- Yo aprovecho que pasa el micrófono por mis manos para decir que sí tenemos; no es alguien, es el principio de no contradicción.

Quinta intervención -- Bueno, a ver si puedo decir..., es que quiero decir muchas cosas y tampoco quiero extenderme mucho. Quería recopilar todo lo que se ha ido diciendo aquí, a ver si sacamos algo en limpio, ¿no? Entonces, ha salido la noción de ciudadanía, de una ciudadanía activa, de lo público, de cómo lo público tendrá algo que ver con que los ciudadanos ejerzan efectivamente la ciudadanía. Ayer, Juan Bautista Fuentes hablaba de que desde la LOGSE, la LRU, hay un programa completo para impedir completamente la posibilidad de que haya ciudadanos y que sean más bien consumidores, que consuman, incluso, servicios de educación, y hace un momento Luis hablaba [primera intervención] de los movimientos y de la cuestión política de favorecer unos movimientos respecto a otros... Entonces, haciendo así una composición de todo esto, incluso de las últimas intervenciones, también yo quería plantear una cuestión. Estamos aquí discutiendo de la LOU y... antes en la mesa tú decías [en referencia al moderador 3] que no había espacios públicos, que en realidad el único espacio de discusión, digámoslo así, era la Asamblea. Yo creo que, en realidad, por qué no potenciar, por ejemplo, el movimiento de las asambleas, incluso el movimiento antiglobalización, pero articularlo con esos espacios que sí que nos permite la propia organización de la Universidad. Y en ese sentido, como planteaba Carlos..., sí, decir no al Estado, precisamente para ver hasta qué punto no es realmente lo que dice ser, pues igualmente es posible, en la Universidad, en tanto que también es parte del Estado y es una institución estatal, en esos lugares, Juntas de Facultad, Claustros, Departamentos..., por qué no van [los estudiantes], en lugar de que aquí cuando hay elecciones a representante votan tres y se da el caso de que un representante puede ser representante porque va él y se vota y ya está, que eso parece que no tiene ningún tipo de legitimidad, o la única legitimidad que le da la supuesta legalidad de cómo se ha hecho eso; por qué no la Asamblea se preocupa también de ocupar esos lugares y de, dentro de la misma institución, decir, o echarle a la cara, precisamente, en qué medida no es lo que dice ser, dentro de la propia Universidad, quiero decir... O sea, y aquí estaríamos, precisamente, usando la palabra, y argumentando y contraargumentando, pero en esos lugares donde esa palabra sí tiene una efectividad, ¿no? No podemos llegar al parlamento, pero aquí, dentro del ámbito universitario sí podemos llegar a las Juntas, sí podemos llegar a los Claustros, y ahí sí hacer valer determinada palabra; y sería la manera de ejercer efectivamente una ciudadanía, por parte de los estudiantes y por parte de cualquiera que esté en esos ámbitos, ¿no? Y respecto a LOU exactamente igual..., sí, ahora la ley se va a aprobar, pero luego habrá que desarrollarla estatutariamente, bueno, pues allí habrá algo que decir y se podrá decir en esos lugares, precisamente, se podrá hacer fuerza para que esos estatutos, por lo menos, minimicen las posibles consecuencias negativas de la ley, digo yo. Lo digo por recoger un poco todo lo que se ha ido hablando y tratar de plasmarlo en algo más concreto. Entonces, no sé, me parece que es la mejor vía para poder tratar de hacer algo, y además hacer de la Universidad algo, no sólo para recibir una educación, sino que los que estamos aquí como alumnos también nos formemos como ciudadanos, precisamente ejercitando nuestra condición de ciudadanos en esos lugares, además de en las asambleas, ¿no?

María José Callejo -- [Desde luego, podría considerarse un éxito de la Asamblea] ...si las sesiones que hemos hecho hoy, y ayer, sirvieran para armar un poco teóricamente las ganas de los estudiantes de ocupar los puestos que les corresponden en su representación, en los Consejos de Departamento, etc... Mi Consejo de Departamento tiene cuatro estudiantes de iure, sólo dos de facto, porque sólo dos se presentaron a las elecciones, es decir, hay una forma de que la Universidad funcione mejor, y es que su verdadero público, que son los estudiantes, esté donde tiene que estar, en clase desde luego, y en su casa a la hora de estudiar, pero también en los órganos como la Junta de Facultad, el Claustro y los Consejos de Departamento, es decir, en todos los sitios donde pueda estar que esté al máximo y que además esté bien armado de lo único que tiene que estar armado, que es armado teóricamente. Ahora mismo solamente recalcar una cosa que ha dicho Enrique [quinta intervención] que no sé si todo el mundo la sabe lo suficiente: se ha criticado mucho a la LOU, por las razones que hemos visto hoy y por otras, pero hay algunas cosas que no son del todo verdaderas en un sentido puramente técnico. Es verdad que la LOU dice que las universidades podrán contratar hasta el 49% de sus profesores. Os imagináis que la Complutense, la Universidad más grande de España, la más grande de Madrid, pusiera en sus estatutos que la Complutense se autoprohibe contratar a más de un 20% y que el resto de las plazas las van a ocupar con funcionarios... Os imagináis una Comunidad de Madrid..., porque hay Consejos Sociales desde la LRU, no se los ha inventado la LOU, la LOU lo único que dice es que la función del Consejo Social es supervisar la actividad económica de la Universidad, no dice nada sobre que se tenga que meter en sus competencias de investigación, de docencia, etc. Lo que dice también es que las Comunidades autónomas regularán las funciones del Consejo y la composición del Consejo. Os imagináis a las cinco universidades de Madrid -- ...esto lo tenéis que activar sobre todo los estudiantes, los profesores vamos a hacer todo lo que podamos, de la única manera que podemos, que es escribiendo e intentando mandar documentos al debate público, por ejemplo, de la Comunidad de Madrid --, os imagináis a las cinco universidades de Madrid presionando al legislador autonómico, es decir, en este caso, a la Comunidad de Madrid, en el sentido de que las funciones del Consejo Social sean mínimas, o sea, las que tienen que ver con una supervisión de los presupuestos económicos, y pura y simplemente esas y ninguna más. Es decir, autolimitando, expresamente, la función de los Consejos Sociales y promoviendo una composición del Consejo Social en la que, por ejemplo, lo más natural fuera que miembros del Consejo Social fueran..., qué sé yo, Rafael Sánchez Ferlosio, como personalidad del mundo de la cultura. ¿Os imagináis a Sánchez Ferlosio en el Consejo Social? ¿Por qué no promovemos que en el Consejo Social esté gente como Sánchez Ferlosio, Pedro Casaldáliga -- que ya sé que está en Brasil, haciendo la lucha que tiene que hacer (lo digo por la intervención que ha habido antes, precisamente) --? ¿Pero por qué no gente como Pedro Casaldáliga o como Jon Sobrino, si es que la Iglesia tuviera que estar? Estoy citando, como sabéis, a gente que son verdaderos héroes políticos actuales, que son obispos... Bueno, obispo es Pedro Casaldáliga, Jon Sobrino era uno de los que estaban en la Universidad de El Salvador, que se salvó de que lo fusilaran porque ese día estaba de vacaciones en Madrid, y está en España. ¿Os imagináis un Consejo Social con gente de esa entidad intelectual y moral? Valdría la pena, entonces, tener un Consejo Social. ¡Joder!, pues vamos a promoverlo. Es que eso está en nuestra mano, por eso es fundamental... ¿Os imagináis?... Va a haber sufragio universal del rector, ¿no?, eso lo dice la LOU, pero no dice cómo, el reglamento electoral lo tiene que hacer la Complutense, para eso tiene autonomía. ¿Os imagináis un reglamento electoral que prohiba la financiación privada de las campañas electorales de los rectores? ¿Os imagináis un reglamento electoral medido al dedillo por estudiantes que sepan, evidentemente, lo que quieren defender? Y digo por estudiantes en el sentido de que les pasa como a los proletarios de los que hablaba Marx, que tienen el interés de todos porque no tienen nada, precisamente porque no son personal de Departamentos, etc., porque..., es decir, pueden hacer de soporte universal, al menos un ratito, si no se privatizan ellos mismos en sus correspondientes asociaciones y grupúsculos, porque de la misma manera que hay una judicatura de iure y la de hecho, y la Academia de iure y la de hecho, no lo olvidemos, hay una asamblea de iure y la de facto, ¿o no hay asamblea de facto, o no hay gilipolleces en la asamblea y formas insoportables de creerse que se está haciendo política cuando lo único que se está haciendo es una especie de psicodrama... y no sé qué más cosas de las que describió ayer Juan Bautista, y se está... descerebrando, más de lo que te descerebran en las clases de algunos profesores como yo, en la Asamblea, lo poco que queda por descerebrar?, ¿o no sirve la Asamblea para eso? Representantes que no voy a calificar (porque, en fin, no quiero empezar a insultar de una manera como si hubiera perdido el juicio) hacen el papel que tendrían que hacer los estudiantes. ¿Por qué los universitarios en general no vamos al Claustro y por qué no presionamos a los medios de comunicación de Madrid, en todos los que podamos, empezando por internet, y todas las páginas que tenga, para promover un ajuste de la LOU a la Comunidad de Madrid...[en la línea de esta defensa de lo público que aquí suscribimos]? Bueno, digo internet porque como no tengo ni idea de lo que es me imagino que puede llegar a mucha gente... Yo pienso que te metes en internet y ya estás en la sociedad cosmopolita, ¿no?, pero vamos, supongo que yo me metería en una página porno, en algún sitio así sin darme cuenta, que es lo peor. Entonces, a lo que voy, vamos a presionar, o sea, la LOU dice, la mayor parte de las veces, ‘lo que establezcan los estatutos’, ‘lo que establezca la Comunidad Autónoma’, ‘lo que establezcan los estatutos y la Comunidad Autónoma’, bueno, pues vamos a estar ahí. La LOU es todavía un traje muy grande, es casi como un patrón que se acaba de cortar, vamos a hacernos un traje a medida, a la medida de los estudiantes y profesores, de esta Facultad y de otras Facultades que tengamos muy claro eso de que queremos defender el espacio público, vamos a defenderlo de verdad, en los estatutos de la Complutense, vamos a exigir que donde la LOU dice que los cargos unipersonales pueden ser designados o elegidos, que la Complutense diga, siempre, elegidos por procesos democráticos, que donde la LOU dice ‘la representación estudiantil puede ser así de pequeña o así de grande’, que sea ‘así de grande’, porque da muchos márgenes, vamos a pelear cada margen, y si no, no tenemos derecho a hablar, o nuestras asambleas serán un birria, más parecida a una terapia de grupo que a una asamblea, que es lo que parecen muchas veces.

Moderador 3 -- Bueno, no sé a quien le tocaba... Yo quería contestar a todo esto. O sea, tendrías que definir cuando hablas de la asamblea, ¿no? O sea, yo creo que la asamblea no es una iglesia, que no porque alguien esté arriba y los demás estemos abajo ya todo va a ir bien. No..., estamos aprendiendo. Lo bueno que tienen las asambleas es que las cosas no son perfectas, sino que justamente porque no son perfectas vamos aprendiendo unos de otros. Yo creo que ese es uno de los poderes grandes de la asamblea. Estamos un poco hartos de recurrir a leyes, o sea, hace dos años estábamos con el Bricall, ahora es la LOU, no sé qué... Yo creo que como estrategia está bien lo que estamos hablando todos estos días, está muy bien que vayamos al Departamento, que vayamos a la historia ésta de los decretos de la Complutense... Está muy bien como estrategia, pero ya estamos un poco hartos de que nuestra vida sea una estrategia, o sea, que queremos empezar a vivir también, construir cosas desde ya. Yo no me creo lo que hablábamos ayer de que no hay que hacer nada porque como ya estamos dentro del sistema todo lo que hagamos no va a valer para nada. No, yo me aburro mucho, y entonces, por eso, en mi barrio no me dedico a estar delante de la televisión, o delante de una pared, sino que intento construir espacios desde la actuación. Por eso en la Universidad no me vale ir a reivindicar dos o tres puntos, sino que quiero, a la vez, construir ciertos espacios de actuación, porque esos espacios no son un espacio de actuación, o sea, son espacios construidos para reivindicar dos o tres puntos, para dar una imagen democrática de la Universidad... Pero un Claustro no tiene ningún espacio de actuación. Cuánta gente vota en la Universidad. Es mísera la votación, nadie se cree las votaciones para delegados, ni para el Claustro. O sea, yo creo, que lo que tendremos que hacer --y que está muy bien que digáis que vayamos al Claustro, que vayamos a hacer los decretos esos-- ...pero también otra labor, y mucho más importante que ésa, es la de construir ahora, y construir no quiere decir que estemos corrompidos por estar dentro del sistema. Sí, seguramente tengamos mogollón de mierda y cuando en la Asamblea..., hagamos muchas cosas que están fuera también, ¿no? Pero a la vez estamos actuando ya desde ahora, estamos creando nuestra propia vida; y quiero retomar ahora lo del 68, sí, que tengan..., espontaneidad y todo eso, ¿no?, pero era gente que ya se había hartado de que jugaran con ellos durante toda su vida, que jugaran en sus barrios, que jugaran en su trabajo y que jugaran en la Universidad... Y dijeron ‘basta’; pues nosotros también queremos decir ‘basta ya’. Vale, ir al Claustro, pero también construir algo para que nos sintamos felices, que yo creo es fundamental, y luego ya veremos si todo sale mal, como decía Fuentes ayer: ‘no vamos a conseguir nada’, bueno, pues no conseguiremos nada, pero por lo menos lo pasamos bien...

Sexta intervención -- Bueno, yo quería hacer sólo una intervención muy breve. Simplemente, para constatar que, una vez más, sucede lo que sucede en este tipo de actos, en los cuales viene toda la gente que está más o menos de acuerdo respecto de los fines que se persiguen, a discutir acerca de los medios y..., como es imposible ponerse de acuerdo acerca de los medios pues acaban discutiendo de los fines, y se acaban rompiendo los principios de acuerdo que podían existir respecto de los fines. Entonces, dejando aparte eso, yo, quizás, lo único que quería es decir que sí se pueden hacer cosas más concretas, o sea, quizás el problema es que es muy difícil juzgar qué cosas son ésas, y es mucho más difícil cuando, en fin, se lo ponen a uno todavía más difícil los ejemplos con los que se encuentra. Es decir, yo, por ejemplo, cuando oigo hablar de privatización de la enseñanza, pues recuerdo los comienzos de la privatización de la enseñanza en España; entonces, allí, al principio, pues lo que empezó a ocurrir fue que la gente se empezó a ir a EEUU a hacer masters en dirección de empresas, pero claro, como eso parecía una cosa tan estratosférica pues a nadie le preocupó y nadie consideró que eso fuese una privatización de la enseñanza. Luego empezaron a poder hacerse masters en dirección de empresas aquí, en España, costaban un millón de pesetas, pero bueno..., al fin y al cabo, casi nadie tenía por aquel entonces un millón de pesetas, con lo cual tampoco parecía que eso fuese una privatización de la enseñanza. Luego se fueron abaratando, fueron saliendo masters más cutres en dirección de empresas, y entonces la gente se fue empezando a preocupar: ‘bueno, no es suficiente que yo sepa dirigir empresas porque he hecho una carrera de empresariales o de económicas, sino que además tengo que ser un maestro, y entonces para ser un maestro, eso ya es justo el grado que me tengo que pagar yo’. Ahora bien, la diferencia es fundamental, porque uno, si no tiene un master de dirección de empresas, pues no se coloca, y entonces uno puede saber dirigir todas las empresas que quiera, pero si no tienes el master... no te colocas. Entonces esa diferencia es un millón de pesetas, y nada más. Bueno, al fin y al cabo, nosotros somos profesores de filosofía, no nos las habemos con cosas tan importantes como esas, y entonces tampoco nos parece que eso sea un gran paso en contra nuestra el que se privaticen... allá se den de dentelladas los que quieren dirigir empresas. Pero bueno, entonces nos empezamos a encontrar con los cursos de la Menéndez Pelayo, que cuestan una pasta, y si no tienes tus cursitos de la Menéndez Pelayo pues no te dan una beca, y si no te dan una beca pues no puedes tener un curriculum presentable para que te cojan de profesor ayudante, y si no estás con un contrato de asociado, pues despídete de la Univesidad, y tienes que meterte en la difícil pelea de las oposiciones. En fin, esas son cosas que van marcando diferencias; uno si no se puede costear los cursos de la Menéndez Pelayo, por lo menos tiene la posibilidad de optar a las becas que da la Menéndez Pelayo -- es verdad que son unas becas muy miserables, pero bueno, por lo menos existe eso. Bien, pero entonces nacen los cursos que da la asociación de colegiados de no sé qué de filosofía. Y es que esos cursos ya no son para tener un curriculum impresionante, esos cursos son para poder, en las oposiciones, tener unos miserables 0’5 puntos, o unos miserables 0’3 puntos más que los otros, y esos cursos te cuestan una pasta, y no sólo te cuestan una pasta, sino que te cuestan unas horas sacarlos, y esas horas, son horas que una persona que tenga un trabajo, que esté trabajando no puede emplear en hacer un cursito, en el cual viene un señor a contarle cosas que... no se deberían ni contar, porque es que además son así, o sea, los que tenemos la desgracia de estar ya en el borde de la necesidad de tener que meternos en esos cursos, sabemos que son así. Qué es lo que ocurre, que esa diferencia parece que cada vez va siendo más pequeña porque los cursos estos de los colegios pues ya no son un millón de pesetas ni nada parecido, pero sí son dinero, sí son tiempo, sí son... selección económica. Entonces, hasta qué grado, hasta qué punto eso no es privatización. Evidentemente todos estamos muy de acuerdo en que si se trata de un tribunal económico que le dicte lo que tiene que hacer a la Universidad pues eso está muy mal; todos estamos de acuerdo en que si se trata de un tribunal económico que le dicta al Tribunal Constitucional, pues eso es malísimo, es decir, en los ejemplos grandiosos todos estamos muy de acuerdo, porque se ven las cosas muy grandes, es muy fácil ver dónde está el problema. Pero claro, cuando ya vas descendiendo, a medida que vas descendiendo, es mucho más difícil identificar eso. Entonces, pues supongamos que aquí, en esta misma Facultad, pues se empezaran a dar, no cursos en masters en dirección de empresas, sino masters en enseñanza de la filosofía, y supongamos que esos masters, pues en vez de valer 10.000 pesetas como los cursos colegiales estos, pues te costaran medio millón de pesetas, o supongamos que profesores que están aquí impartieran esos masters o se..., o se dedicaran a dirigirlos y a organizarlos. Entonces dónde está el límite, dónde, dónde podemos..., esas sí son cosas que podemos parar, es decir, nosotros sí podemos impedir que aquí se haga un master que va a seleccionar a la gente que va a dar clase, por ejemplo, quizás en los institutos públicos, aunque supongo que eso tendrá algún tipo de puntuación de cara a las oposiciones, etc., pero definitivamente, en los institutos privados, alguien que tuviese un master como ese, probablemente, estaría mejor colocado a la hora de obtener una plaza en un instituto privado para dar clase. ¿Y eso no es selección económica, eso no es privatización de la Universidad? Es decir, si encima añadimos que el master es real, que existe en esta Universidad, o sea, que se está dando, este año... No sé, me gustaría que alguien me explicara si ese tipo de cosas no se pueden impedir o si no se impiden porque no se consideran que sea privatizar la Universidad, o si no se impiden porque se considera que es darles armas al enemigo y dejar en manos privadas lo que podría hacer mejor la Universidad pública. Ahora bien, si eso es así, no sé, creo que el precio cuenta, ¿no?, y que cuestiones tan aparentemente poco metafísicas como es lo que cuestan las cosas que cuestan, empiezan a convertirse en problemas metafísicos, es decir, que hay una diferencia entre diez táleros posibles y diez táleros existentes, o entre 500.000 pesetas posibles y 500.000 pesetas existentes, y esas diferencias también hay que discutirlas, y eso ya es... donde se empieza a borrar la diferencia entre un fin y un medio, es decir, ese master es un fin o es un medio. No sé, pues nada más que eso.

C. Fernández Liria -- Ante todo, lo primero que quería era mostrar mi conformidad completa con las intervenciones de Luis y Enrique; aunque no son exactamente la misma creo que son perfectamente solidarias; también María José ha señalado en qué sentido habría que apoyar esa vía enteramente. Lo de que haya que apoyar movimientos y espontaneidades, si precisamente por movimientos y espontaneidades se entiende, por ejemplo, a los movimientos antiglobalización, y así se contrapone "movimiento" a "acción", pues yo no estoy de acuerdo. Por el mero hecho de que se llamen "movimientos antiglobalización" yo no los degradaría a la condición de simples "movimientos"; hay un trabajo teórico impresionante, y un trabajo organizativo y político impresionante. Exactamente igual ha ocurrido, en efecto, con este asunto de la LOU, también ha habido un trabajo impresionante, y lo que habría que apoyar siempre es, en efecto, la capacidad de trabajo y a aquellos que han estado trabajando en organizar, articular, pensar, leer, estudiar leyes, informes... y sacar adelante todo esto. Eso, por tanto, me parece, no es apoyar un nebuloso movimiento asambleario del que se supone que no consiste más que en terapias de grupo, sino más bien apoyar un movimiento asambleario que no solamente ha trabajado de forma insólita, sino que además ha hecho el trabajo de los demás, que ha hecho, justamente, el trabajo que muchos profesores también deberíamos haber estado haciendo y no hemos hecho, y algunos no han hecho en absoluto ni piensan hacerlo. Creo que, a través de internet y a través de otros medios, precisamente, lo verdaderamente sorprendente del movimiento antiglobalización es la cantidad de trabajo que se ha invertido ahí, y ahí donde hay trabajo pues exactamente lo que no hay es algo así como espontaneidad, o respuestas..., no sé, o respuestas vacías de contenido, como por ejemplo la que me parece que se ha planteado aquí, cuando decías (ahí arriba, ¿verdad? no sé cómo te llamas) que nos oponemos a ello "hablando"... Hablando no, hablando de una determinada manera, o sea, no es lo mismo hablar en un diálogo socrático que hablar... de otra manera, o sea, hablar trabajando no es lo mismo que hablar sin trabajar. Que el Estado está vendido a capitales privados y que además no hay nada en el Estado que pueda corregir al Estado, y que por tanto no tenemos más remedio que, sencillamente, juntarnos y hablar..., eso no me parece una receta suficiente, me parece, sencillamente, una receta vacía que hay que llenar de contenido y que mientras no se llene de contenido no es prácticamente decir nada. O sea, eso me recuerda un poco a cuando, no sé..., a cuando a Foucault le preguntan los movimientos maoístas (que son, en ese momento, casi tan impresentables como él mismo), ‘una vez que lo hayamos destruido todo, qué haremos, qué haremos... una vez hayamos destruido, por ejemplo, la distribución del espacio en los tribunales, y hayamos evitado que el juez esté sentado en una tarima y el acusado un poquito más abajo, entonces, qué haremos’. Y contesta Foucault: ‘bueno, pues primero destruyámoslo todo y ya se nos ocurrirá algo’. Pues lo malo es que luego no se te ocurre nada, no se te ocurre absolutamente nada más que, como decía Juan Bautista ayer, volver a poner la tarima, o algo así, en el mejor de los casos, porque en el peor de los casos lo que se te ocurre es, sencillamente, la terapia de grupo. O sea, no, yo soy partidario más bien de lo que a Foucault le decía todo el tiempo Chomsky: sí que hay siempre en el Estado algo que puede corregir al Estado, siempre hay algo en la ley que puede corregir a la ley, siempre hay algo en el conocimiento que puede corregir al conocimiento, y eso es exactamente lo que hay que aprovechar, pero para eso hace falta conocer y hace falta también trabajar las leyes. Por tanto lo que hace falta es trabajo, trabajo del conocimiento con el conocimiento y de la discusión de las leyes con las leyes. Y precisamente por eso, de nuevo, hay que hablar de las ‘ciudades’ (científica y jurídica) que se dedican a hacer esas cosas y que son, fundamentalmente, un campo de trabajo teórico y práctico. Y esos campos de trabajo teórico y práctico son, precisamente, los que han generado movimientos, movimientos importantes y movimientos tan efectivos, tan eficaces, en efecto, como los movimientos antiglobalización. Por tanto, en efecto, las asambleas -- ni siquiera hace falta matizar la intervención de María José --, todos sabemos que las asambleas no son sencillamente una iglesia, sino que son un sitio donde se discute, se aprende..., aprenden unos de los otros y trabajan unos con otros; lo único que ocurre es que María José, probablemente, estaba hablando, más bien, de ciertos entorpecimientos en las asambleas, porque estaba hablando de asambleas de iure y asambleas de facto. Con respecto a la definición de ‘espacio público’ que ha establecido Montse me parece casi incontrovertible e incontestable: "algo accesible a todos"..., un espacio accesible a todos y del que no se pueda expulsar a nadie. Lo único que ocurre es que es eso lo que habría que defender, pero la cuestión está en que ahí entras en el problema de las etapas de transición. Porque realmente generar ese espacio es exactamente lo que todos tenemos absolutamente claro que hay que hacer (en el sentido en que todos tenemos claros ciertos fines muy generales, como decía Juan Jesús [Sexta intervención]), todos sabemos qué debe ser el espacio público. Ahora bien, para conseguir eso, resulta que no tenemos más remedio que apoyarnos en determinados espacios públicos que todavía lo sean un poquito, y lo único que he dicho es que, en efecto, hay determinados espacios públicos que todavía lo son un poquito aunque empíricamente estén completamente viciados, y que uno de ellos es la Universidad y otro de ellos es, mal que bien, y bastante más mal que bien, el poder judicial, por ejemplo, aunque desde luego más mal que bien. Pero claro que no hay más remedio que irse apoyando en fórmulas de transición. Vale que ésa es la definición que todos deberíamos aceptar, pero para que algo "sea accesible a todos y haya algún lugar del que no se pueda expulsar a nadie", hace falta que también esos ‘alguienes’ sean ‘alguienes’, es decir, que tengan condiciones de existencia, que no estén vendidos a quien les da de comer, que no sean esclavos o algo así, y entonces volvemos otra vez a lo mismo... hace falta..., a lo mejor se pueden encontrar muchas más fórmulas por el camino, como también planteaba Luis, no sé si la propiedad sobre determinados medios de producción, o una propiedad estatal de los medios de producción que garantice cierta supervivencia... Ahí entramos, en efecto, dentro de una discusión de medios que..., bueno, que son programas políticos que hay que discutir, y que sin duda alguna en los años venideros, en las décadas venideras (que además van a ser bastante negras) pues se discutirán hasta la saciedad. Como ya se están discutiendo, de hecho, ¿no? El asunto de los masters... Estoy completamente de acuerdo con Juan Jesús, completamente de acuerdo, o sea, en prohibir todos los masters... Se da la circunstancia, como todos sabéis, de que yo estoy precisamente en uno de esos masters; también Juan Bautista estuvo impartiendo clases en alguno de esos masters y algunos otros profesores; ha habido otros profesores más dignos que han dicho que no participaban en ese master. Pero yo no tengo ningún reparo en decir que, en efecto, yo mismo contribuí a organizar uno de esos masters. Si tuviera que contar por qué y de qué manera, pues tendría que contar mi vida privada, de manera tal que sería como si os estuviera contando..., pues no sé qué tipo de películas porno son las que más me gusta escoger en los estantes..., y entonces, pues no lo voy a hacer, porque no pienso hablar de mi vida privada. O sea, sería un poco imbécil que no pudiera yo discutir sobre algún tipo de legislación (que votaría, sin duda alguna) para prohibir el tráfico en las ciudades por el mero hecho de que vengo en coche a la Facultad. En suma: yo prohibiría todos los master, incluido, por supuesto, aquél en el que yo participo, de un plumazo. Ahora bien, lo que no estoy muy dispuesto es a que precisamente se prohiba aquél en el que yo participo y se dejen los 300 ó 400 master que dependen de la Complutense, para que algún amigo mío pase penurias por cuestiones de dignidad y de coherencia con los propios principios... Yo no creo que la coherencia práctica con los propios principios que defiendes sea la garantía de que las cosas salgan bien, eso yo sé que te hace ir al cielo, pero tampoco estoy muy seguro de que las cosas se remedien con buenas voluntades; y he de reconocer que, sin duda alguna, he cometido un delito personal (con respecto a mi conciencia moral) prestándome a participar en una cosa que, como digo, me exigiría contar demasiadas cosas de mi vida privada que no os competen. No creo en absoluto que ese argumento ‘ad hominem’ me impida afirmar que votaría de inmediato una ley --y que además trabajaría por ella-- para prohibir no sólo cualquier tipo de master, sino también todo tipo de financiación privada en cualquier canal público, ya sea de enseñanza o de comunicación. Y, vamos, no tengo mucho más que decir al respecto.  

Sexta intervención -- No, no. No era ningún argumento ‘ad hominem’ en absoluto. Era una especie de insulto a todos los profesores en general, que es lo que tienen que hacer los alumnos por definición.


[*] Montserrat Galcerán y Carlos Fernández Liria son profesores de la Facultad de Filosofía de la UCM

 
[Portada] [Educ.Univ.Mercado] [nº 17]