Num.17
Num.17: sumario y editorial
 
 

 

Debate posterior

con Montserrat Galcerán Huguet
y Juan Bautista Fuentes Ortega
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[pág. ant.]

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Tercera intervención – Gracias por la claridad a los que han hablado, que es muy de agradecer. Y bueno, quería responder a Fuentes. Pero antes decir que, esto del 68 –que confío hablar un poco fuera de la historia–, decir que el 68 puede ser hoy, ¿no? O el 65 o lo que sea. Que lo que hubiera de vivo en eso, pues sigue aquí, ¿no? Que eso de las derrotas... que no se puede creer. Y quería, un poco, agrandar las contradicciones esas del discurso que hemos oído último, porque me parece que las hay y que es interesante. No me parece mal, como estrategia, lo que propones. Me parece como pedir peras al olmo y demostrarle al Estado, pues que no es lo que dice, o que si es un servicio público, que es sólo de boquilla. Pero, sí, eso está bien para hablar con los políticos, para hacer declaraciones a la prensa o escribir cartas o... eso parece un poco como lo de ser astutos como serpientes y cándidos como palomas. Me parece bien, pero aquí, entre nosotros, ¿a quién pretendemos hablar? Por que yo no tengo ningún interés en hablar a la sociedad, que me parece que no tiene oídos, que como mecanismo que es, me parece que hay demasiada fe todavía en algo como la sociedad, que a mí no es lo que me interesa. He oído hablar mucho de la sociedad y poco de la gente. Me parece que el problema que tenemos aquí, principalmente en esta Facultad –es un buen sitio para plantearlo– es el de hablar claro, el de ver si podemos hablar en el lenguaje más claro posible. De manera que, lo que aquí, bajo la capa de Universidad, la gente, lo que hay a nuestra disposición, pues que de verdad se ponga al servicio de la gente y no de la sociedad que es consumista por definición. Y eso, es que he oído alguna cosa que me parece un poco discutible. No sé si vale la pena pedir cosas como que eso de las humanidades sea obligatorio. Ya sólo la palabra obligatorio suena a totalitario. Y por otro lado eso de la bandera de las humanidades, me parece que más que agitar la bandera lo que hay que hacer es ejercerla; ejercer lo que haya de razonable y ponernos a razonar. Y no darles armas. No usar, no sacar tantas palabra fetiche que son como esa de ‘humanidades’, que también les gusta bastante a los del poder. La usan como adorno. La cultura luce muchísimo, y para eso nos tienen aquí, para que les demos productos de lucimiento, porque estamos en una sociedad donde lo principal es producir, sea lo que sea. Entonces me parece que ahí tendríamos que ver que una cosa es lo que hablemos, lo que les digamos a ellos, pero aquí, entre nosotros, ser un poco más claros, o más llanos, no sé cómo decirlo. Y renunciar a... cosas, palabras, o términos o a nociones tan insatisfactorias como esa de ‘sociedad’. Por ejemplo. O de la ‘historia’ misma. Hacer un poco crítica a esa manera de ver. Y no sé, creo que ya he dicho bastante.

J. B. Fuentes – No. Cuando se defienden las humanidades se suele hacer desde un punto de vista gremialista, así, de profesores, que tiene también un cierto tufo gremial y reaccionario y además elitista, ‘nosotros, los de letras, que somos tan cultos y somos especiales, y estos bestias de los tecnólogos y los científicos no nos están dejando espacio’. Esto es un señuelo propagandístico, puramente publicitario-electoral de todos los partidos políticos que se precien, si no te colocas el San Benito de las humanidades no quedas bien, ¿verdad?, las humanidades visten. Es posible que por mi manera académica de hablar pueda, en fin, haber dado pábulo a entender que puedo sostener esta defensa de las humanidades. No. Lo que he intentado es hacer una defensa lógica que precisamente no reproduzca estas formas tan ideológicas, a veces tan partidistas y a veces tan elitistas y tan señoriales de defender las humanidades. Lo que yo he dicho es que las humanidades tienen que ver con la formación del ciudadano; por eso he insistido mucho en que merece la pena que nos fijemos en qué significan las humanidades, qué hacen las humanidades, qué las están dejando hacer y qué podrían hacer; porque entonces podemos hacer una defensa, precisamente no ideológica o puramente partidista; es decir, a mí me gustaría, yo lo digo muchas veces en clase, cuando oigo hablar a los gobernantes del Partido Popular, poniéndose la medalla de las humanidades, me gustaría que uno de ellos me dijera por qué son críticas, ¿por qué son críticas? Esto es un lugar común. Parece que las humanidades se venden como un detalle cultural elegante, como ir a la ópera: ‘por favor, cómo nosotros no vamos a defender las humanidades, faltaría más, tan elegantes como somos’ (y esto comparado ahora con los socialistas, que son un poco más populares, y, en fin, unos advenedizos). Bien, cuando estos señores defienden las humanidades, a mí me gustaría que me dijeran por qué son críticas las humanidades. Ahora bien, yo sostengo que son críticas, y esto es precisamente lo que a su vez hay que entender, so pretexto de no reproducir este discurso tan vulgar y tan gastado del gobierno, o en general de los gobernantes. La cuestión es entender en qué consiste esa crítica para, por decirlo así, arrojárselo a la cara a los propios gobernantes cuando pretenden defender las humanidades. Esta es mi pretensión. Y para ello no tengo más remedio que introducir las palabras ‘sociedad’ e ‘historia’ –aunque no te creas que yo estoy reconciliado con la historia–, precisamente las humanidades nos ponen en conexión con la historia para ver si de una vez por todas le damos la vuelta, y cómo le vamos a dar la vuelta de una vez por todas. Es decir, conocer la historia no es reconciliarse con ella, más bien es regresar a las fuentes que nos permiten, proporcionadamente, poner lo más profundo en cuestión: el presente en el que vivimos. Y esto es una cosa que posiblemente tengamos que hacer una y otra vez. Y en este sentido nos puede ser útil la historia, nos puede ser útil conocer a Sócrates o conocer a Platón. No para permitirse el lujo de citarlo en griego, como una diferencia cultural frente a otros, sino porque a lo mejor es imprescindible conocerlos, para una y otra vez, precisamente, conociendo a Sócrates, poner en cuestión la vida de hoy. O sea que en ese sentido yo creo que no debemos tener vergüenza en defender las humanidades, con tal de que sepamos lo que estamos defendiendo. Pero, efectivamente, sobre el tema de ‘sociedad e historia’, yo comprendo que hay muchos matices; simplemente te digo que para no reconciliarte con la historia tienes que volverla a traer al presente para ver de qué modo te ayuda a remover el presente –por decirlo muy rápido.

Tercera intervención – ¿No hay contradicción en hablar de humanidades. ¿Por qué tenemos que quedarnos con ese nombre? Se puede decir, razonar, o aprovechar lo que hay escrito o lo que hay ya de tanta crítica bien hecha que parece que se encierra en los libros y ahí se queda y...

J. B. Fuentes – ¿Sabes lo que ocurre? Para que veas que, en fin, hay algo en lo que creo que no estoy de acuerdo contigo. Yo te digo en lo que estoy de acuerdo y en lo que no estoy de acuerdo. Yo creo que de todas formas, como quiera que el Estado va a seguir funcionando, la enseñanza secundaria va a seguir funcionando...

Tercera intervención – Eso es mucho saber.

J. B. Fuentes – Digo ahora mismo, ahora mismo, y va a seguir habiendo profesores en enseñanza secundaria. Yo soy partidario de que incluyésemos nuestras exigencias de que haya profesores de filologías clásicas, de historia y de filosofía en la enseñanza secundaria.

Tercera intervención – Pero...

J. B. Fuentes – Es decir, en eso quizá no estamos de acuerdo, pero para que se vea cuál es mi posición, yo lo seguiría pidiendo, y lo seguiría pidiendo precisamente para seguir tensando el estado de cosas en el que vivimos.

Tercera intervención – ¿Pero de cara a ellos?

J. B. Fuentes – De cara a que los haya.

Tercera intervención – Quiero decir que aquí, a parte de eso, de proponerles cosas, se pueden ver maneras de colaborar cada vez menos, y una manera es, a lo mejor, renunciar a ese lenguaje, que tiene que ver con la especialización, que tiene que ver con las cosas que has criticado. Estamos como tecnologizados, mediante ese lenguaje se nos mete la tecnología en casa.

J. B. Fuentes – Sí, lo grave, a mi juicio no es que estemos muy tecnologizados, es que estamos tecnologizados por una tecnología de mierda, es decir, que la tecnología que tenemos es mucho más chapuza, mucho menos práctica, y mucho más peligrosa de como se vende. Por tanto, el problema no es globalmente intentar desprendernos del mundo científico-tecnológico. A mi juicio esto es una utopía regresiva, comprensible pero imposible. Se trata sencillamente de no consentir el desarrollo que ha tomado la tecnología en cuanto que la ha alimentado el capitalismo; esa tecnología es una tecnología según la cual, cuando te dialicen el riñón, es posible que te maten. Entonces, no se trata de, globalmente, rechazar la tecnología, se trata de exigir un control público sobre las decisiones de producción, de investigación y de aplicación tecnológica. Éste es mi punto de vista, es decir, no se trata de adoptar un regreso, digamos, local, o histórico, a algún lugar del tiempo y el espacio en el que, en un terruño, en una cabaña, vivíamos sin técnica, sino que se trata de tener un control público, político, sobre lo que hacemos con los aparatos y lo que fabricamos, cómo fabricamos y cómo los usamos. Y la paradoja es ésta: que fabricamos tantas banalidades y tantas cosas peligrosas en cuanto que precisamente van ligadas al desarrollo del consumo y al desarrollo de la producción, que se trataría no de volver al neolítico, sino de volver a ningún sitio, ¿de progresar?, tampoco. Ésta es la cuestión: estar, por decirlo así, en el abismo que ha abierto la sociedad industrial bajo nuestros pies, en el abismo que nos obliga en cada momento, nos compromete, nos convoca, a tener que, de alguna manera, reconstruir la destrucción universal que hemos provocado. Hemos destruido universalmente todas las relaciones sociales, históricas y humanas de la sociedad anterior al siglo dieciocho. Esto es justamente lo que nos convoca y lo que nos obliga de alguna manera a rehacer aquello que hemos destruido, y sin embargo, para rehacerlo, hay que reconocer que no vamos a poder reconstruir lo anterior. Lo anterior está ya perdido. El problema es, ¿cómo revolvernos contra lo que tenemos delante?, y justamente eso implica una tensión extraordinaria, y en esa tensión uno tiene que procurar no reproducir el curso progresivo de las cosas, que es una tecnología capitalista, pero tampoco quedarse en el regreso hacia una situación anterior a esa tecnología, porque a mi juicio, es absolutamente utópico. Se trata entonces de procurar el control público de lo que nos convoca, en cuanto que nos desborda, de aquello que ya se ha hecho y que sin embargo no podemos ni deshacerlo completamente, ni consentir que siga como está, así de sencillo. Y ésta es una tarea de una dificultad extraordinaria, pero que sin embargo nos convoca continuamente, es decir, que de alguna manera hay que estar continuamente generando tensión en medio de la situación.

Tercera intervención – Sí, pero que no se pierda la contradicción ésta, o sea, que hay dos manos, que por un lado están las medidas de la mano derecha, pero por otro las de la izquierda, que son las que me parecía que faltaban aquí, por eso quería traerlas, las de colaborar menos, quitarnos lo que nos sobra...

Moderador 2 – Perdonad... hay tres personas todavía esperando la palabra, y si lo establecemos así, al final es un peloteo, quiero decir, pasar la palabra de uno a otro, y hay gente que quiere intervenir.

Cuarta intervención – Yo sólo quería decir que lo que ha pasado con esta ley, con el gobierno en general, es que están disponiendo de las cosas como si estuvieran en su propia casa. Esta gente se ha dedicado a vender el espacio radioeléctrico, a vender empresas públicas..., y ahora quieren modificar la ley de universidades, y vamos, han pensado que pueden hacer lo que quieran. El problema que surge aquí es que nosotros no podemos hacer nada de una forma directa, porque el poder tiene la prerrogativa y el fuero para actuar como quiera. La solución que yo podría ver a esto es que hubiera un órgano jurisdiccional, una jurisdicción que realmente fuera eficaz y controlara realmente esa separación de poderes, que existiera y controlara al gobierno en ese tipo de actitudes, y para ello, que los jueces tuvieran una formación humanística, como ha dicho el profesor Fuentes. Me parecería una cosa importantísima, porque lo que ocurre es que los jueces no tienen en cuenta lo que representan, que están iuris diccio, que ellos representan la voluntad del Estado y ellos también disponen de los pleitos que se plantean como si fueran nimiedades, como si pudieran hacer lo que quisieran. Entonces, a mí me parece que el órgano jurisdiccional, los jueces y los magistrados, debían tomar cartas en el asunto en este sentido, y dar a entender que el gobierno no puede hacer lo que quiera, que no puede dictar las leyes que quiera y como quiera, porque pueden tener unos efectos nefastos y peligrosísimos para la sociedad. Nada más.

Quinta intervención – Yo no sé si la gente tiene muchas ganas de seguir esto. Bueno, el caso es que, sobre la intervenciones del señor Fuentes se podrían decir muchas cosas, por ejemplo: el control teórico, o sea, la teoría, ¿en sí misma es un control político?, ¿usted sinceramente lo cree?, pues hasta cierto punto podría ser así y hasta cierto punto no. Es decir, la crítica a los saberes aplicados, independientemente de si son ciencias o pseudociencias, no la han hecho nunca los teóricos, quienes la han hecho son unos tipos muy raros que con todas la diferencias que tengamos hacia ellos, son foucaultianos...

J. B. Fuentes – ¿Son?

Quinta intervención – Foucaultianos. En parte. Y esos son los que tienen más presencia política, y la siguen teniendo en el marco antiglobalizador, en el marco de la ocupación, etc., incluso los que siguen criticando, por ejemplo, el tema de los transgénicos, no son esencialmente tipos teóricos, sino movimientos de contrapoder, contra el autoritarismo, etc., etc., y esto lo sabemos porque son compañeros nuestros, los conocemos desde hace mucho tiempo, es decir, no pretendo mentir. Por otra parte, el problema de la democracia, ¿pedir más democracia en la Universidad sería convertir al alumno en un cliente, sería un recurso ideológico? Pues mire, nosotros encontramos que quienes están protestando son los estudiantes, y protestan los estudiantes porque tienen información, porque hay un saber sobre cuál es el sistema de gobierno en la Universidad, porque tenemos compañeros que son representantes de alumnos, etc., etc. Y están protestando, además, porque no tienen vinculación económica con respecto a las instituciones, es decir, es muy positivo que haya una cierta representación en Claustro, aunque sólo sea a un nivel de puro saber institucional. Y... ¿qué más quería decir?... el problema del 68, ¿que es una derrota? Yo me pregunto si los movimientos obreros... ¿es que no han sido reabsorbidos nunca?, es decir, no porque el movimiento del 68 haya sido instrumentalizado por eso deja de tener valor, cuando yo, lo que veo es que la herencia de la actual resistencia sigue siendo, en cierto modo, en parte, heredera del 68. Y esto se ve con plena claridad: el movimiento antiglobalización no es esencialmente marxista, en un sentido tradicional, entre otras cosas porque la oposición al capital no pasa ya por una conquista del Estado donde hay Estado mínimo y donde, precisamente, quizás las reivindicaciones de un Estado mayor ya resultan casi anacrónicas. Es decir, es difícil poder recuperar otra vez el Estado, en el momento coyuntural en que estamos. Entonces, yo no sé si muchas de esas críticas pecan más de abstracción de lo que usted pretende...

J. B. Fuentes – ¿Más de?...

Quinta intervención – Más de abstracción de lo que usted pretende, porque no las contextualiza, y en eso hay que tener cuidado. Y por otra parte, le voy a decir algo muy duro, a usted y a los profesores, una cosa muy dura. Vosotros... ustedes no saben por qué están aquí, si se lo contara..., verdaderamente es como cazar al cazador. O sea, muchas de las intervenciones que usted ha hecho, en torno, por ejemplo, al servicio del teórico, a un servicio público donde los contenidos se privilegian, y tal..., y que iba en detrimento de la estrategia antiautoritaria..., ¿sabe usted por qué está aquí?, ¿por qué a usted los alumnos le han preguntado ‘y cuál sería la estrategia, señor Fuentes’?, ¿usted sabe que la estrategia la están llevando los alumnos y no nos preguntan a nosotros?, ¿usted sabe por qué la Asamblea le ha traído hasta aquí?: porque los profesores tienen poder de convocatoria donde los alumnos no la tenemos, y créame usted, la razón funciona tanto en el alumnado como en el profesorado y sin embargo, por razones psicológicas, nosotros no tenemos efecto ante el alumnado. Así que yo pediría más humildad. O sea, ya sé, ya sé que... bueno yo soy muy inoportuna y muy antipática, pero le pido al señor Fuentes más humildad, y les pido a los alumnos que sepan que aquí hay gente con tanto poder, incluso vosotros mismos, con tanto poder o más para hacer un análisis, si no muy teórico, desde luego muy apropiado y muy adecuado a la situación política en la que nos encontramos, que no tenemos, bajo ningún concepto, que recurrir, necesariamente a discursos que son inflaciones teóricas que no están en la calle, quienes están en la calle son los alumnos, no los profesores. Y además, si ustedes, si vosotros queréis hacer algo lo podéis hacer. Es decir, yo no sé hasta qué punto es necesaria la recurrencia a un análisis teórico, machacante, y tal... ¡se hizo en el encierro! Os vuelvo a repetir, lo del encierro fue verdaderamente loco por parte de alumnos y profesores, se convirtió aquello en una tutoría, no hacía falta un análisis teórico que se repite machacantemente... Es decir, lo que nos hace falta son posiciones prácticas... y voy a decir algo más: la posición práctica no es pedir menos poder para el Consejo Social, la posición práctica es una polarización de frentes clara: retirada de la LOU. Y si esto está perdido, no importa, es decir, esto es un posicionamiento político, proyectado, futuro, y que es una práctica política que va a tener continuidad, porque no sacas militantes y no sacas gente con experiencia teórica desde la nada, la sacas desde posicionamientos locales, es decir, si perdemos no hay que hacer tanto énfasis en la pérdida y en la derrota, si perdemos tendremos otros frentes de batalla, y es muy necesario, ahora, en el momento en que nos encontramos, que esos frentes se den y se peleen, que no es una lucha gratuita de mera dignidad, o que luchemos porque nos rebota a nosotros que las humanidades se pierdan. No, no, que esto es una cosa a vida o muerte y que hay que hacerla ya, ¿que por supuesto la hacemos niños bien?, pues sí, la mayor parte de la gente antiglobalización son gente universitaria y niños bien, ahora, los niños bien, el diecinueve, cuando salgamos a la calle para pelear por algo tan tonto como la LOU, nos van a currar a punta de pala, y hay gente, niños bien, por cierto, ¡que están en el hospital!, es decir, ¡que no os creáis que esto es gratuito!, vamos, que esto a pesar de ser niños bien se va a polarizar y mucho y que el futuro es muy negro y que hay que empezar a pelear y hay que empezar a adquirir prácticas.

J. B. Fuentes – ¿Puedo contestar?...

Moderador 2 – Sí, por alusión... creo que además el tema es interesante.

J. B. Fuentes – Bueno, vamos a ver. Primero, la interpretación que haces de prácticamente todo lo que he dicho no es correcta, de manera que, una de dos: o yo me he expresado mal o tú no lo has entendido bien. Has dicho que debería contextualizar..., en el tiempo que he tenido apenas he podido contextualizar. Muy rápidamente –y apenas podré también hacerlo ahora–, cuando yo hago una defensa del control teórico de las consecuencias de las tecnologías, este control teórico tiene varios escalones: primero es el de la teoría interna a cada campo científico; ahora bien, cada uno de estos campos científicos debe ser controlado, a su vez, políticamente, y por tanto es el control político del control científico de cada uno de los campos (científicos) respecto de sus tecnologías. Dicho de manera muy escueta, pero para que se vea por dónde voy. Por lo demás, yo estoy ahora mismo en un trabajo en el que esto lo trato con mucho más detalle. Es decir, que no estoy queriendo que se sustraiga el control político so pretexto del control teórico. No, no, no. El control teórico supone unos conocimientos bioquímicos, demostrativos, por ejemplo, o físicos, en virtud de los cuales habría que experimentar, sin ningún riesgo humano, cómo se construyen dializadores, y esto es algo que, a su vez, sólo puede hacerse cuando hay una sociedad política capaz de exigirlo. Esto primero. Segundo, la democracia: yo no he hecho ninguna crítica abstracta de la democracia, lo que he hecho es, precisamente, una crítica al uso abstracto del concepto de democracia. Y tercero. Por lo que toca a la humildad o a la no humildad... yo en general no soy humilde, esto que te quede muy claro a ti y a todos, ¿verdad?, y no tengo ningún complejo, ni contigo ni con nadie. Y lo que –para que quede bien clarito– te digo que, a lo mejor, sí sé por qué estoy aquí, es decir, sí sé que los profesores podemos tener una cierta ascendencia que no tenéis, en este momento, respecto de ciertas personas: el movimiento que nos convoca aquí. A lo mejor por eso estoy aquí, precisamente, para facilitar el desarrollo de ese movimiento. Es decir, que no solamente no soy humilde sino que no tengo ni un pelo de gilipollas.

Sexta intervención – Yo quiero hablar de una contradicción que he visto, que ha dicho usted, sobre el vaciado cuando se utiliza la negación, y yo no sé hasta qué punto, en pararse a pensar y decir no, hay un vacío. Yo pienso que, para mantener la tensión, esa tensión sobre la que tanto llama usted la atención... ¡es necesario pararse y hablar sobre la cosa!, es decir, ¡no, no, espérate un poquito! Aunque sea para decir eso. Y por otra parte, sobre lo que dice mi compañera Fernanda acerca de lo que está pasando en las asambleas y todo eso..., habría que verlo, porque es como para hacer un tebeo, la gente sale porque parece que quiere llenar el curriculum de joven revolucionario, o algo así, y no se quiere parar a pensar ni a hablar, como si el tiempo lo tuviéramos metido en las venas, porque es natural a nosotros, o algo así... Yo creo que si se pretende que el movimiento éste sea indefinido hay que pararse a pensar, hay que pararse a hablar, aunque parezca que lo que se esté hablando esté hablado ya, porque a veces no lo parece.

J. B. Fuentes – Aquí estamos, un poco, parados a pensar...

Sexta intervención – [...]

J. B. Fuentes – Vamos a ver, yo soy lector, desde los diecisiete años, de Agustín García Calvo, por cuya obra siento una admiración profunda, ¿verdad? Y una y otra vez es un acicate para que yo siga pensando. Estoy cerquísima de él en cuanto al motivo de su crítica, y sin embargo no acabo de compartir su modo metafísico, global, de llevarla a efecto. Decir ‘que no, que no’, es en cada caso analizar aquello a lo que le decimos ‘No’. De manera que no es que tengamos la esperanza de que por ello vayamos a hacer positivamente un mundo mejor, pero, por lo menos, este ‘No’ nuestro tiene el suficiente efecto –no voy a decir eficacia, sino efecto– como para mantener la tensión. A eso me refería, por ejemplo, cuando nos oponemos al capital o al Estado, y simplemente reiteramos nuestra oposición al capital o al Estado; yo creo que sería mejor ejercitar lo que tú decías, es decir, ejercitar esa posición. O sea, llevarla a cabo, y llevarla a cabo supone, a lo mejor, en cada caso analizar los lugares por donde está funcionando ese capital y ese Estado. Y entonces, a lo mejor, pedirle al Estado que controle a través del Ministerio la investigación científica es una manera de decir ‘No’ mucho más efectiva que el meramente representar que estamos diciendo que No. He intentado esbozar de una manera muy rápida lo que, sin embargo, para mí sería un placer discutir mucho más despacio contigo o con cualquier otro.

Sexta intervención – Yo me alegro de que le guste García Calvo, pero no sé a qué viene eso...

J. B. Fuentes – Viene a que entreveo...

Sexta intervención – No, no, pues no entrevea nada. Pero, de todas maneras, si ha leído algo, pues me alegro. Decir que No...

J. B. Fuentes – Sí...

Sexta intervención- ...es pararse a pensar. Si usted tiene la necesidad de ir al Estado y decirle ‘mira, esto es lo que he pensado’, pues es su necesidad. Pero es que si aquí no se pone a pensar y a hablar del No ese que se ha creado ahí, de nada nos sirve ir al Estado y decirle ‘oye, que he dicho que no’. O sea, que es el mismo vacío... es igual de vacío lo suyo que lo mío, en ese sentido.

J. B. Fuentes – Pues puede ser, pues puede ser...

Sexta intervención – O sea, que no se piense que está haciendo algo más por ir al Estado a decirle ‘mire’...

J. B. Fuentes – No, no, no... Depende del movimiento que pueda sostener ese ‘No’ y de la fuerza que pueda tener...

Sexta intervención – El movimiento se da en el momento que existe el No...

J. B. Fuentes – Ya, en fin...

Sexta intervención – ...ahí está el movimiento.

J. B. Fuentes – Ya, ya, pues diciendo tampoco veo que las cosas se muevan.

Sexta intervención – Pero no se dice sólo No, se dice No y se empieza a pensar...

J. B. Fuentes – Ya, ya, ya... Y por lo demás, yo la referencia que pueda hacer, o que entrevea, la hago, desde luego, académicamente, porque yo sigo siendo un profesor que tiene formas académicas. Y en ese sentido cito a García Calvo, como puedo citar a Gustavo Bueno o a...

Sexta intervención – Ya, pero a mí me molesta que cada vez que hablo yo me tenga que citar a García Calvo.

J. B. Fuentes – No, no, no... pero perdón, perdón, o a Platón. Y entreveía ideas tuyas que podían reflejar ideas de García Calvo.

Sexta intervención – Pero si son verdad, si son verdad...

J. B. Fuentes – Por supuesto...

Sexta intervención – ...están en Platón y están en Agustín y están en...

J. B. Fuentes – Exactamente, faltaría más. Y entonces, estas formas académicas con las que yo me expreso en modo alguno suponen que, efectivamente, lo que defiendo lo defienda con la intención de que valga para todos, o para cualquiera, y en eso, también estoy de acuerdo con alguien que, en este momento, en modo alguno hace falta citar su nombre individual porque qué más da. En ese sentido, estoy enteramente de acuerdo contigo. Cuando hago referencias individuales, las hago, simplemente, por una costumbre académica. Esa es la cuestión.

Sexta intervención – Pues déjela...

J. B. Fuentes – No, no, no, esa costumbre académica la voy...

Sexta intervención – ...porque parece que estoy hablando por boca de Agustín, y no está aquí.

J. B. Fuentes – ...no, no, por Dios, esa costumbre académica la voy a mantener en la medida en que creo que es necesario mantener la costumbre académica para seguir realimentando, incesantemente, la crítica de la academia, es decir, también tengo mi propia concepción sobre la Academia. Ahora, entiendo, perfectamente, en el contexto, que no tengo por qué mencionar a nadie, naturalmente. Te doy toda la razón.

Séptima intervención– Bueno, en primer término yo creo que hace bastante, o demasiado, que todos entendemos el tamaño de la trampa en que estamos metidos, ¿no? Es por todos sabido que cualquier movimiento, cualquier excusa, cualquier acción que se haga podrá ser absorbida por el sistema, quizás a la mayor velocidad posible, o más lento, o algo así. Hay algunos huecos que me parece útil que conozcamos: ya estamos dentro, si nos comportásemos como siempre lo hemos hecho, poner un montón de panfletos, agarrar unas piedras, o cosas así por el estilo, pues estamos muertos, o más de lo que ya estamos. Pero ya que estamos dentro, podemos comportarnos, quizá, como un virus, y hacer un No, no decirlo, hacer un No con las herramientas que tenemos dentro de la Universidad, con las herramientas con las que usted cuenta, con las que contamos todos, que son: la razón y la investigación; y esto, sí, es verdad, como dice la compañera, hay que tomárselo con mucha calma y pensárselo muy bien, qué es lo que se puede hacer... pero hay que hacer algo, y tiene que ser pronto, porque si no, no sólo la Universidad se nos cae, sino que se nos cae todo. Eso es todo.

J. B. Fuentes – Yo estoy bastante de acuerdo.

Octava intervención – Bueno, una de las cosas es que no hay ninguna prisa, y a lo mejor, si los profesores tienen más capacidad de convocatoria que nosotros es, simple y llanamente, no por una razón psicológica, sino porque dicen menos tonterías. Lo que no se puede soportar es lo que se discute en algunos encierros, eso es lo que no se puede soportar. Que se discuta si se pone un eslogan (que se llamaba así, un eslogan) en una manifestación de estudiantes... ¿a nadie le parece esto increíble? A mí sí. Que se discuta si se tiene que poner en cuatro lenguas oficiales de un Estado –que no sé por qué demonios tenemos que respetar esa clasificación oficial del Estado–, para que luego no podamos decir lo que queremos porque no hay sitio en la pancarta, es completamente ridículo. Esto es a lo que llevan las prisas y los eslóganes. Lo segundo es que las alternativas se convierten, con una facilidad increíble, en eslóganes. No le voy a acusar a usted de eso, porque no ha pasado aquí, usted ha razonado su alternativa y sabemos por qué, por qué pedimos esta cuestión que a mí me es un poco difícil de reproducir... sobre la autonomía de la Universidad y los Consejos universitarios. Pero por lo menos aquí sabemos por qué es, a qué se debe... o en su defensa de las humanidades; pero eso, rápidamente, en cualquier encierro, en cualquier manifestación, se va a convertir en un eslogan, rápidamente, y va a ser indiscernible de lo que diga el señor X. Lo siguiente, estas alternativas que usted ha propuesto, parece que salen de un análisis de una estructura, por ejemplo, la estructura del capitalismo, o de la estructura de la sociedad del conocimiento: parece que son figuras que nos permiten entender qué es el capital, o qué es la sociedad del conocimiento. Yo me acuerdo muy bien, cuando estaba leyendo El Capital, que repetidas veces salían figuras de qué sería una sociedad en la que no existiese una división técnica del trabajo, una división social del trabajo, qué sería una sociedad en la que no se fabricase de acuerdo con la ley abstracta del valor... Quiero decir, esto eran figuras para comprender lo que allí estaba pasando, para comprender qué era lo que estaba pasando en la estructura que sufríamos... Lo que no entiendo – y usted ha hecho lo mismo – su figura de los Consejos universitarios, procede de un intento de saber qué es lo que está pasando en la sociedad del conocimiento, su figura sobre las humanidades procede también, de ese intento de comprender. Pero luego usted las propone como alternativa, ¿por qué? Eso es lo que no entiendo. Me parece que hay como un desliz de... no tengo muy claro en qué falla la cuestión, pero quería decirlo, que son cosas que se producen para entender una estructura y que luego se proponen como alternativa a esa estructura, me parece que ahí hay un error de método. Y eso, nada más.

J. B. Fuentes – No, no. Muy bien. Vamos a ver, yo lo que he intentado es mostrar una lógica encadenada y... para ver que su tendencia es a cerrarse, yo creo que de una manera definitiva no puede cerrarse, porque de cerrarse, por decirlo así, sería el triunfo absoluto de la sociedad del conocimiento, estaríamos ya en el límite que sin embargo no puede darse. Y lo que propongo entonces, es, digamos, revertir la forma mediante la cual se conectan unas figuras con otras. Es decir, lo que intento es revertir la relación lógica que hay entre ellas: mostrar cómo cuando la investigación tecnológica no está sujeta a una investigación científica de las consecuencias de esta investigación tecnológica, entonces empieza a dejar de haber control público de la misma, y en su lugar empieza a haber control puramente privado. Pues bien, yo ahora lo que digo es: pidamos que haya control científico de las consecuencias tecnológicas, para que la sociedad se obligue a tener algún tipo de decisión pública sobre esa limitación científica y por tanto pueda dejar de haber control meramente privado de la tecnología. Y entonces, lo que he intentado es transportar, por decirlo así, esta lógica positiva y mi crítica a esta lógica positiva – que lo que busca es cómo revertir la positividad misma de esta lógica – a la organización de las universidades, y he dicho: las universidades, mientras más fuertes sean los Consejos Sociales y menos las autonomías más predominación tiene la investigación tecnológica desprendida de todo el control científico de sus consecuencias. A su vez, mientras las autonomías sean más fuertes y no haya ningún tipo de responsabilidad política ante la que dar cuenta, entonces, justamente es cuando no hay ningún tipo de control político y en su lugar lo está habiendo por parte de las corporaciones empresariales. Por eso lo que estoy diciendo es: pidamos que disminuya el control de los Consejos Sociales, y por tanto que tengan más control las autonomías que los Consejos, y no al revés, y pidamos que las autonomías, a su vez, estén de algún modo controladas políticamente. Es decir, estoy simplemente apuntando a los nervios, a los nexos entre las diversas partes, que si los reivindicamos en dirección contraria a como están funcionando, colaboramos a que el círculo se cierre menos intensamente. Ésta es mi argumentación.

Octava intervención – Sí, sí, esa era, precisamente, la cuestión, que veía que ¡joder! todas estas figuras salían de su análisis crítico y, precisamente, eran figuras de comprensión, no eran otra cosa.

J. B. Fuentes – Exacto.

Octava intervención – Es como cuando Marx habla de una sociedad...

J. B. Fuentes – Exacto, exacto...

Octava intervención – ... comunista...

J. B. Fuentes – Sí, sí...

Octava intervención – ...en la que no se produce... ¡pero hay gente que ha reivindicado eso como proyecto histórico! La cuestión es cómo reivindicar una cosa que es esencial para la comprensión de algo como un proyecto histórico, esto es... pero ése es el error que creo que está usted cometiendo también.

J. B. Fuentes – Es interesantísimo. Fíjate, ni siquiera me atrevo a reivindicarlo como proyecto histórico, porque para eso tendría que tener a la vista, digamos, otras figuras sociales que convergiesen con esa revuelta, con esa reversión, con esa revolución, y como no las tengo, me limito a incidir, no como proyecto histórico, sino como lugares de tensión que harían más difícil que progrese aún más la actual positividad histórica. Y por eso ha habido un momento en el que he dicho que no quiero, ni dar alternativas progresistas ni tampoco quedarme, he dicho, en un mero decir ‘No’ a la situación actual, sino un decir ‘No’ articulado, en el que por lo menos se genere alguna tensión mayor de la que hay. No lo sé decir de otra manera. Ésta es mi propuesta, una propuesta que es muy poca cosa, pero que, por lo menos, creo yo, introduce un punto de discusión.


[*] Montserrat Galcerán y J.B. Fuentes Ortega son profesores de la Facultad de Filosofía de la UCM

 
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