Crítica materialista al materialismo filosófico
 
 

Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias (de G. Bueno) desde una perspectiva ‘noetológica’, con especial atención a:

(i) la relación entre la idea general de ciencia(s) y la idea de conocimiento,

(ii) la concepción de las "ciencias humanas" y

(iii) las implicaciones históricas y socio-políticas de ambas cuestiones.

(Notas de Clase)

Juan B. Fuentes Ortega.[*]


 
 

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3. Corolario: Crítica de la tipología dialéctica de situaciones y fases gnoseológicas de las "ciencias humanas" de G. Bueno. -

Desde el planteamiento esbozado en estas "notas", podemos, para terminar, lograr una visión más afinada del alcance de la tipología, pretendidamente dialéctico-gnoseológica, de situaciones y fases metodológicas, propuesta por G. Bueno para cursar y resolver el "problema" de las "ciencias humanas" tal y como éste problema ha sido planteado. Veamos.

(i) Sobre el concepto de la "fase a1".-

El punto de partida de dicha tipología lo constituye, como dijimos, el supuesto de una "analogía rigurosa", a efectos gnoseológicos, entre los sujetos operatorios temáticos que figurarían formalmente en los campos de las "ciencias humanas" y los sujetos operatorios gnoseológicos que estarían presentes etiológicamente en las construcciones de las ciencias en general.

Pues bien, según este planteamiento, la fase (de la tipología de situaciones y fases metodológicas oscilantes por las que transitarían las ciencias humanas) en donde podríamos reconocer una mayor grado de rigor de dicha analogía gnoseológica sería la que Bueno denomina "a1", esto es, aquella en la que, según su propia formulación, partiendo de situaciones conductuales zoológicas, en cuanto que fenómenos temáticos formalmente operatorios, se regresaría hacia "factores naturales anteriores" en los que aquellas operaciones conductuales de partida quedarían segregadas, como podrían ser - según su propio ejemplo - los "reflejos medulares o corticales" (o, en general, según parece necesario entender, estructuras y procesos morfofisiológicos) . Semejantes "factores naturales anteriores" son concebidos por Bueno como "géneros anteriores" por su carácter presuntamente común o genérico con las estructuras esenciales físico-naturales a las que por su parte regresarían las ciencias físicas estrictas, razón por la cual, precisamente, ambos tipos de situaciones guardarían entre sí las más estrecha analogía gnoseológica , y ello hasta el punto de que, en virtud de semejante extensión analógica, también ahora dichas ciencias físico-naturales estrictas podrían considerarse (analógicamente) como formando parte de estas situaciones a1.

Pues bien: precisamente la idea de un "género anterior" para definir, por (máxima) analogía gnoseológica con las estructuras esenciales de las ciencias físicas, estos presuntos "factores naturales anteriores" (en general, morfofisiológicos) del campo bio(psico)lógico, pone paradigmáticamente de manifiesto la significativa incapacidad de comprensión del campo bio(psico)lógico que resulta de asumir la "analogía (gnoseológica) rigurosa" entre las operaciones "temáticas" y las "gnoseológicas". Pues la cuestión es que en modo alguno son análogos (por referencia a los fenómenos de los campos de las ciencias físicas estrictas) los fenómenos formales, y con ellos las operaciones, de dichas ciencias y los fenómenos de los campos bio(psico)lógicos, y ello en la medida en que estos últimos consisten, precisa y formalmente, en operaciones y fenómenos orgánicos (y sólo por ello, efectivamente conductuales): No son análogos, en efecto, los fenómenos de los campos de las ciencias físicas estrictas, como pueden ser, por ejemplo, los colores en cuanto que susceptibles de ser reconstruidos esencialmente en términos de estructuras tales como las "longitudes de onda", con los fenómenos percibidos conductualmente por los organismos animales, los cuales, precisamente en cuanto que contenidos fenoménicos temáticos del campo bio(psico)lógico, no son del mismo modo susceptibles de ser reconstruidos en términos de circuitos morfo(neuro)fisiológicos. Pues si los fenómenos de los campos de las ciencias físicas estrictas pueden ser formalmente fenómenos de dichos campos científicos, esto es así sólo y precisamente en la medida, como vimos, en que ellos están ya construidos, mediante los aparatos científicos, como "fenómenos artefactuales" - o como "capas formalmente artefactuales" de dichos fenómenos -, de modo que solo en cuanto que tales resultan ser susceptibles de ser reconstruidos en términos de las identidades esenciales asimismo construidas por dichos aparatos. Sin duda que dichos fenómenos deberán tener, además, como decíamos, un asidero - o "capa" - fenoménico orgánico (o somático), esto es, ser susceptibles de ser percibidos por los cuerpos orgánicos de los científicos, pero no es en cuanto que fenómenos orgánicamente accesibles, sino justamente en cuanto que construidos como fenómenos artefactuales, por lo que resultan ser formalmente fenómenos de los campos científicos. Los colores, por ejemplo, que figuran formalmente como fenómenos del campo de la ciencia física, han de ser sin duda percibidos por los cuerpos orgánicos de los físicos, pero sólo en cuanto que, además de ser orgánicamente percibidos, están ya tratados, en aparatos tales como un espectroscopio, es como pueden ser formalmente incorporados como fenómenos del campo de dicha ciencia, y en su momento reconstruidos, mediante nuevos aparatos, por ejemplo como "longitudes de onda" (orgánicamente invisibles, pero re-producibles por aparatos que las conectan con fenómenos que, además de orgánicamente visibles, están construidos por dichos aparatos).

Por su parte, sin embargo, los fenómenos orgánicamente accesibles, y en cuanto que orgánicamente accesibles, que es justamente como no pueden dejar de figurar formalmente como contenidos temáticos del campo bio(psico)lógico - y sean cuales fueren las consecuencias que, a resultas de ello, se deriven por lo que toca al estatuto científico de dicho campo -, no resultan susceptibles de ser reconstruidos en términos morfo(neuro)fisiológicos precisamente del mismo modo y en el mismo sentido a como los fenómenos - o sus capas - formalmente artefactuales de las ciencias físicas son tratados y reconstruidos por los aparatos de dichas ciencias. Pues, en efecto, el funcionamiento fisiológico de las conformaciones morfofisiológicas - por lo que nos es dado de hecho saber de él, y por tanto sin prejuzgar, desde ningún filtro "gnoseologista", el alcance y forma de dicho saber-, se relaciona con las conductas y percepciones orgánicas de los organismos precisamente del siguiente modo: las estructuras morfofisológicas (hereditarias) soportan y canalizan sin duda las variaciones conductuales y perceptivas (aprendibles), de modo que la conducta no es existencialmente posible sin dicho soporte y canalización morfosiológica suya, pero ello tanto como las variaciones conductuales y cognoscitivas introducen conductualmente (de un modo aprendible, o sea, modificable por la propia experiencia conductual) en el medio físico ciertas modificaciones de las que la depende funcionalmente la propia adaptación biofísica de aquel funcionamiento morfofisiológico (hereditario). Así pues, la propia adaptación biofísica de los canalizadores mofofisiologicos de la conducta no es formalmente anterior, sino siempre conjugada con y por ello funcionalmente dependiente de (y en este sentido posterior a), la propia conducta, la cual, por tanto, no siendo desde luego existencialmente anterior a su canalización morfofisológica, actúa no obstante como mediación formalmente funcional crítica de la adaptación biofísica de su propia canalización morfofisiológica.

"Morfofisiología" y "conducta" no son, pues, ninguno de los dos, momentos funcionales (adaptativos) mutuamente exteriores (y/o "anteriores") , sino que funcionan de un modo mutuamente conjugado en la "adaptación integral" del organismo al medio, una adaptación ésta de la que, por lo mismo, ya no podremos decir ni siquiera que fuese "en último término" (o "anteriormente") morfofisiológica o biofísica, puesto que consiste en la conjugación misma entre la modificación conductual del medio de las condiciones físicas de adaptación morfofisiológica y la canalización morfofisiológica de dichas variaciones conductuales.

Una conjugación ésta que precisamente tiene lugar, a lo largo de la vida del organismo, pautada por ciclos conductuales, es decir, como conjugación adaptativa o funcional entre cada "pauta conductual" y el funcionamiento morfosiológico que la canaliza: cada uno de estos ciclos, en efecto, queda cancelado, y por ello dispuesto a ser eventualmente reiterado, desde su propio marco o pauta conductual, esto es, por el logro conductual de algún reforzador - positivo - ( o bien la evitación conductual de algún reforzador negativo), a partir de la cual situación conductual de logro puede justamente producirse la conjugación entre la pauta conductual exitosa con sus condiciones de sostén o canalización morfofisiológica, y de este modo quedar dispuesta dicha conjugación para reiterarse eventualmente en ciclos ulteriores asimismo conductualmente pautados. No sólo, pues, el funcionamiento morfofisiológico no es modo alguno anterior a la conducta, sino que más bien es la conducta, esto es, cada "pauta conductual", en cuanto que conductualmente orientada (discriminada) y lograda (reforzada), la que constituye el marco dentro del cual pueda tener lugar la conjugación funcional misma de dicha pauta conductual con su sostén y canalización morfofisiológicos, y de este modo quedar dicha conjugación dispuesta a reiterarse en nuevos ciclos conductualmente pautados.

Cada (pauta de) transformación conductual del medio físico, en efecto, en cuanto que transformación alternativa (a otras posibles transformaciones) resultante de un aprendizaje no determinado por sus condiciones (hereditarias) de canalización y sostén morfofisiológicos, introduce en dicho medio unas modificaciones con posterioridad a las cuales debe tener lugar la propia adaptación biofísica de dichas canalizaciones morfofisiológicas (hereditarias). Se trata, pues, de una conjugación entre la conducta (aprendible) y sus propias condiciones de sostén y canalización morfofisiológicas (hereditarias) funcionalmente posterior a la propia conducta, conjugación que tiene lugar según ciclos cuya cancelación y por ello eventual recurrencia ocurren conductualmente pautados o enmarcados, o sea, con posterioridad funcional a cada una de las pautas conductuales que en ellos tienen lugar.

Y la cuestión es que si semejantes conjugaciones funcionales tienen lugar sin duda a escala ontogenética, es decir, en cada uno de los tramos ontogenéticos de la evolución biológica, dicha conjugación ha de tener por ello algún efecto y alcance asimismo filogenéticos, es decir, que será por la mediación de dicha forma de conjugación funcional, reiterada en cada tramo ontogenético, como haya podido tener lugar la formación evolucionista (o transformista) misma de las formas orgánicas, una formación de dichas formas que debe incluir formalmente en efecto su propio "uso conductual"; y ello a pesar de que ni la teoría darwinista clásica de la selección natural, ni aún menos las ulteriores formulaciones de la "teoría sintética", nos ofrezcan explícita y formalmente clave alguna del posible alcance transformista o evolutivo de dicha conjugación ontogenética reiterada entre conducta y morfología (insuficiencia ésta que debe ponerse, en todo caso, precisamente a cargo de dichas formulaciones), y a pesar asimismo de que haya sido preciso abandonar, primero desde Weismann y luego desde la biología genética molecular ulterior, toda posible apelación a los "efectos lamarkistas" para hacernos cargo del efecto transformista del uso conductual de las formas orgánicas: Pero éste es, justamente, el problema que inexorablemente tiene abierto el campo de la biología (pretendidamente científica) moderna, en cuanto que campo evolucionista, un problema del que no han dejado de tener plena conciencia determinados autores que van (por ejemplo) desde James Baldwin a Piaget, pasando por Waddington, y que actualmente ocupa - y de un modo que sigue sin resolución - a los biólogos más de vanguardia en la investigación evolucionista (ver, por ejemplo, a este respecto, el libro editado no hace mucho por Plotkin The role of behaviour in evolution).

Un problema éste, ciertamente radical, que precisamente pone en cuestión la viabilidad misma de dicho campo (como campo evolucionista) para organizarse constructivamente como una ciencia - para cerrarse demostrativamente como ciencia - , y ello precisamente debido a la mediación conductual en el funcionamiento morfofisiológico de las formas orgánicas.

Así pues, a la hora de considerar el "estado real de la cuestión" en el que se encuentra el campo bio(psico)lógico, no se trata de decretar, desde el prejuicio "gnoseologista" y por mera "petición de principio" (el principio en efecto de la presunta "analogía gnoseológica"), el carácter anterior de las conformaciones orgánicas morfofisiológicas respecto de la conducta - ni en el plano ontogenético, ni en el filogenético -, al objeto de poder asumir el carácter gnoselógicamente genérico (genérico anterior) de dichas estructuras con respecto a las estructuras esenciales de las ciencias físicas estrictas. Se trata, antes bien, y precisamente, de atenerse al "estado de cosas efectivamente presente" en dicho campo, en cuanto que proyecto de ciencia, y de saber apreciar en consecuencia el problema radical que al proyecto mismo de ciencia de dicho campo le plantea el carácter no ya anterior, sino, como hemos visto, conjugado funcionalmente de modo posterior (ontogenética y filogenéticamente), de dichas conformaciones morfofisiológicas y de su adaptación biofísica con respecto a su propio uso o mediación conductuales.

Un problema que precisamente pone en cuestión el supuesto asumido, por mera petición de principio a partir del prejuicio gnoseologista, relativo al carácter constructivamente científico del campo bio(psico)lógico en virtud de la (presunta) "máxima analogía gnoseológica rigurosa" que se supone que quedaría reconocida por la idea de "género anterior".

Y no se trata, por cierto, de que los ejemplos que Bueno pueda poner al conceptualizar esta supuesta situación "a1" (como es sabido, el de los reflejos condicionados pavlovianos, o el de la comunicación conductual mediante señales presuntamente "factorizables" en ecto-hormonas) fuesen sólo "ejemplos de detalle", acaso sustituibles o reformulables o mejorables por otros más adecuados ("salvo mejor opinión", como siempre añade el autor al tratar estos ejemplos), que en todo caso dejasen incólume el concepto que por medio de dichos ejemplos se quiere hacer valer: el de un regreso a "factores naturales anteriores" como "géneros anteriores" que garantizarían la (máxima) "analogía rigurosa" entre estos factores (presuntamente) anteriores y las estructuras esenciales de las estrictas ciencias físicas. Por el contrario, es precisamente el concepto mismo el que ciega la posibilidad de discernir la diferencia crítica que aquí estamos queriendo destacar y subrayar, a saber: la que se da entre el hecho de que, por un lado, los fenómenos formalmente presentes en el campo bio(psico)lógico, o sea, las conductas de los organismos y sus fenómenos orgánicamente accesibles, se relacionan con sus canalizaciones morfofisiologicas del modo "conjugado funcionalmente posterior" a la conducta que aquí hemos señalado, y no según el supuesto de los "géneros anteriores" por respecto a dichas conductas y fenómenos, y el hecho de que, por otro lado, los fenómenos formales de los campos de las ciencias físicas estrictas, figuran como tales fenómenos formales en dichas ciencias precisamente en la medida en que, sin perjuicio de su accesibilidad - material - orgánica (a los cuerpos de los científicos), están construidos formalmente como fenómenos artefactuales - o como capas formalmente artefactuales de dichos fenóemenos - integrados en los aparatos que reconstruyen las estructuras esenciales respecto de las cuales aquellos fenómenos - o capas - artefactuales figuran formalmente como tales.

Es, justamente, esta esencial diferencia específica (biológica) la que el dogmatismo gnoseologista de Bueno no puede sencillamente discernir. Asumir la analogía "gnoseológica" - o sea, a efectos de la construcción científica - (máximamente) rigurosa entre las operaciones conductuales de los organismos y sus fenómenos orgánicamente accesibles con las operaciones y los fenómenos formalmente científicas de las verdaderas ciencias implica a la postre asumir la analogía (ontológica) (máximamente) rigurosa entre la estructura y el funcionamiento de los aparatos de las ciencias físicas estrictas y la estructura y el funcionamiento de los organismos conductuales, supuesto éste gratuito, y gratuito precisamente desde el estado real de los conocimientos que nos son accesibles.

Y tampoco podrá alegarse que Bueno no deja ciertamente de recordar, cuando trata estos ejemplos, de que "para no perder el sentido global de la investigación" (en estas situaciones bio(psico)lógicas), es preciso "mantener de algún modo el contacto con los fenómenos de partida", que sin duda son las conductas orgánicas y los fenómenos orgánicamente accesibles. Pues la cuestión es que es justamente esta "vuelta progresiva" a los fenómenos conductuales de partida, y no ya "de algún modo", sino tal y como de hecho es accesible en la investigación bio(psico)lógica, y a su vez cuando la comparamos con las construcciones de las ciencias físicas estrictas, la que nos lleva a constatar lo gratuito del concepto de "factores naturales genérico-anteriores".

Son, en definitiva, las dificultades radicales mismas que de hecho no han dejado nunca de presentarse en el campo bio(psico)lógico, relativas a la viabilidad de organizar constructivamente dicho campo de un modo efectivamente análogo (si quiera, con alguna analogía de proporción efectiva) a las construcciones de las ciencias físicas estrictas, y precisamente debido a la presencia de las conductas y de los fenómenos orgánicamente accesibles en dicho campo, y ello tanto en el plano ontogenético como en el filogenético, las que nos deben llevar a arriesgar la siguiente consideración - que en todo caso choca, lo sabemos, y frontalmente, con la atmósfera "científico-filosófica" ideológicamente establecida con firmeza en nuestra sociedad -, a saber: la de que el proyecto de la bio(psico)logía como ciencia es asimismo un proyecto ideológico (en el sentido de falsa conciencia), no desligado precisamente del proyecto general ideológico (capitalista industrial) de dominar el mundo íntegramente mediante las ciencias en la sociedad capitalista industrial - un proyecto éste que, sin embargo, estaría siendo, según nuestra propuesta, desmentido no sólo por las realidades antropológicas histórico-sociales, incluso en su fase capitalista industrial , sino también por las realidades bio(psico)lógicas.

Tal es, en efecto, nuestra propuesta: que el dominio científico de los organismos conductuales sería irrealizable en la medida misma que las conductas orgánicas y sus fenómenos orgánicamente accesibles son insusceptibles de ser reconstruidos (o "factorizados") en términos de sus indudables condiciones morfofisiológicas de sostén y canalización en un sentido - proporcionalmente - análogo a como los fenómenos (formalmente) artefactuales del campo de las ciencias físicas son efectivamente reconstruidos por las estructuras esenciales reproducidas asimismo en dichos artefactos, y ello precisamente en la medida en que, por lo que de hecho nos es dado saber, aquellas condiciones morfofisiológicas guardan respecto de sus conductas y fenómenos la mencionada relación de conjugación funcionalmente posterior.

Éste es, ciertamente, el hecho, que de hecho nos es dado saber desde el campo bio(pisco)lógico, y que queda cegado por el prejuicio "gnoseologista".

A este respecto, es una cuestión de primera importancia advertir en qué sentido y con qué alcance han podido ser de hecho formalmente aplicados en el campo biológico aparatos de factura (o acaso sólo de intención) científica. Como una cuestión de hecho, es preciso sin duda reconocer la presencia de aparatos, siquiera de "intención científica", en muy diversos contextos del campo biológico. En efecto, tanto en un sentido anatómico como fisiológico, y en la práctica totalidad de los estratos de dicho campo (macromolecular, celular, tisular, en el estrato de los órganos y de los sistemas de órganos), encontramos la presencia de dichos aparatos, como digo, siquiera de "intención científica". Así ocurre, desde luego, en contextos botánicos, y en contextos zoológicos no conductuales, así como en contextos zoológicos (materialmente) conductuales aun cuando sobre estratos suyos de realidad formalmente no conductuales (desde los celulares a los sistemas de órganos), o bien en el contexto de un funcionamiento fisiológico experimentalmente "preparado" a efectos de extirpar formalmente "efectos conductuales" (como, por ejemplo, en las "preparaciones espinales" ordenadas a encontrar el sistema de reacciones reflejas espinales "automáticas" en organismos descerebrados). Pero también están presentes, sin duda, dichos aparatos en contextos zoológicos formalmente conductuales, o sea, como diría Pavlov, allí donde el organismo se encuentra "íntegro y desembarazado" - en disponibilidad, por tanto, de actuar conductualmente - , y están presentes precisamente con la intención de encontrar las relaciones (la cuestión es qué tipo de relaciones) entre su actividad conductual y el funcionamiento neurofisiológico que sin duda correlaciona con dicha actividad.

Mas, como digo, la cuestión es discernir en qué sentido y con qué alcance están de hecho funcionando dichos diversos aparatos en cada uno de estos contextos. Por lo que toca, precisamente, a su presencia en contextos formalmente conductuales, donde lo que se busca es encontrar las relaciones entre la conducta y el funcionamiento neurofisiológico que con ella correlaciona, la cuestión es, como decíamos, si dicho funcionamiento, de diversos modos registrado por estos aparatos, realmente reconstruye o factoriza las variaciones conductuales, a su vez susceptibles de control experimental, o si más bien se trata, de hecho, sólo y precisamente, de establecer meras correlaciones entre dichas variaciones conductuales y el funcionamiento de sus condiciones morfofisiológicas de sostén y canalización, unas condiciones que, a su vez, y por lo que podemos saber sobre todo a partir de los contextos ecológicos, dependen funcionalmente de las variaciones que la conducta introduce en el medio al que biofísicamente se adaptan aquellas condiciones. Y ello, por cierto, a pesar de la ideología "espontánea" o generalizada entre el gremio (neurofisiológico), que tiende a asumir la posibilidad de una "explicación neurofisiológica de la conducta", y por tanto de una "psicología neurofisiológica", cuando puede que lo que de hecho se esté haciendo sea más bien una "neurofisiología psicológica (o conductual)".

Pero si esto es así, es decir, si los contenidos registrados por dichos aparatos precisamente a la escala (neuro)fisiomorfológica de los soportes y canalizaciones formalmente directos de la conducta no reconstruyen la conducta, entonces tampoco lo harán los contenidos fisiológicos registrables a escalas de los que ni siquiera podremos decir sean que sean, considerados cada uno a su propia escala, soportes o canalizadores formales o adecuados y directos de dicha conducta, como es el caso de los contenidos dados a escala celular, tisular, de los órganos y los sistemas de órganos. Por un lado, en efecto, tomados, cada de uno de estos contenidos a su propia escala en cuanto que experimentalmente "preparada" de forma que se desvinculen de su funcionamiento integrado en las escalas más complejas (o "superiores") - tomadas las células "aisladas" de su funcionamiento integrado en "tejidos"; los tejidos "aislados" de su funcionamiento integrado en los "órganos", etc -, dichos contenidos no se dan desde luego a una escala que actúe como soporte formal y directo de la conducta, por lo que díficilmente pueden reconstruirla de este modo considerados. Ahora bien, y por otro lado, tomados desde el punto de vista "global" del "organismo íntegro y desembarazado", es decir, desde el punto de vista según el cual los contenidos de cada escala funcionan de un modo "concertado" e "integrado" - o "tallado" - a la escala del funcionamiento de estratos (evolutivamente) "superiores" o más complejos, precisamente desde este punto de vista tampoco podremos decir que ninguno de estos contenidos, dados a sucesivas escalas subsumidas, talladas o integradas desde las más simples a las más complejas, reconstruyan en modo alguno la conducta. Sin duda, y por lo que sabemos, las diversas células que componen un tejido funcionan "concertadas" e "integradas" en la estructura funcional de dicho tejido; asimismo, los diversos tejidos que componen un órgano funcionan "concertados" e "integrados" en la estructura funcional de aquel órgano; algo semejante ocurre con los diversos órganos que componen cada "aparato" o sistema de órganos; y, a la postre, la totalidad de aparatos de un organismo funcionan "concertados e integrados" a la escala de eso que llamamos "el organismo", una "totalidad" ésta - "el organismo - cuyo nivel máximo y más complejo de integración consiste precisamente en su conducta, a cuya escala funcionan justamente concertados e integrados la totalidad del los funcionamientos (concertados e integrados) del resto de sus subsistemas componentes. No podremos, decir, pues, que la conducta sea reconstructivamente factorizable desde el funcionamiento de las escalas de ninguno de estos subsistemas integrados, puesto que, más bien, y a la recíproca, es la integración última de dicha totalidad de susbsistemas la que tiene lugar conductualmente, esto es , por la mediación de la conducta en cuanto que ésta establece conductualmente las variaciones en el medio a las que la totalidad integrada de sus propias condiciones fisiológicas de sostén y canalización deben biofísicamente adaptarse.

Podría aducirse, acaso, que el contexto, no ya de la fisiología, pero sí de la anatomía, tiene lugar una efectiva reconstrucción científica (artefactual) de sus fenómenos (artefactuales). Pero la cuestión es que la anatomía no constituye por sí misma ninguna región o campo científico propio, sino sólo un sector del campo biológico, un sector que precisamente encuentra sus propios límites (temáticos) en función de su propia (y por lo demás inexcusable) metodología, y que por ello debe trascender dichos límites conjugándose precisamente con la fisiología. En su momento regresivo, en efecto, la anatomía descompone (literalmente, descuartiza) las formas orgánicas, al objeto de poder, en su momento progresivo, re-componer dichas formas "por sus junturas naturales", unas junturas éstas que ciertamente sólo va descubriendo por ensayo reiterado de su tarea de descomposición y recomposición. La "ana-tomía" consiste, en efecto, en la des-composición y recomposición re-iteradas de las formas (o volúmenes) orgánicos, a través de la cual reiteración ("ana") va encontrando las "junturas naturales" de dichos volúmenes ("tomos"). De aquí ciertamente que sea una exigencia metodológica suya formal la de trabajar con cadáveres, al objeto de poder ensayar una y otra vez aquellas reiteraciones. Ahora bien, dicha condición metodológica suya inexcusable encuentra sus propios límites temáticos cuando, en el momento del progreso, debe recomponer por sus junturas naturales las partes descompuestas: pues el modo como se relacionan o componen dichas partes sólo puede ser íntegramente conocido cuando ellas estás funcionando, y por tanto el organismo viviendo, o sea, fisiológicamente, y ello sin perjuicio de que el propio conocimiento fisiológico deba apoyarse, una y otra vez, en el conocimiento anatómico de la estructura de las partes. Así pues, anatomía y fisiología deben mutuamente encabalgarse o conjugarse, y no de cualquier modo, al objeto de lograr el conocimiento morfo-fisiológico integral de la estructura y el funcionamiento de los organismo vivientes; con lo cual ya estamos, de nuevo, no pudiendo desprendernos de la conducta, ni por ello de la conjugación posterior de sus condiciones de canalización y sostén morfofisológicos con ella misma.

Es, pues, en definitiva, en el plano de la fisiología "sintética" o "superior" - para decirlo en los términos de Pavolv - que trabaja con el organismo "íntegro y desembarazo" - asimismo dicho en términos pavlovianos - , donde se consuma el saber (ontogenético) biológico integral - saber que no excluye, sino que incluye, encabalgada, a la anatomía -, un saber éste que, pese a la ideología generalizada dentro del propio gremio (incluyendo, de nuevo, aquí, entre otros muchos, al propio Pavlov) no tiene lugar tanto, como pudiera parecer, según decíamos, como "psicología neurofisiológica", sino precisamente como "neurofisiología psicológica o conductual" - mas por ello mismo, no como un saber que reconstruyera científicamente a la conducta desde sus presuntos factores neurofisiológicos.

Seguramente, los únicos contextos biológicos donde puede tener lugar una cierta reconstrucción de sus fenómenos (artefactuales) de algún modo análoga a los modos científicos estrictos de reconstrucción no sean otros más que los botánicos y los zoológicos no conductuales, es decir, allí donde está material y formalmente ausente la conducta del funcionamiento viviente; pero no, desde luego, en ninguno de los estratos o contextos (ni aún en el funcionamiento de la "ultima célula") del campo las realidades biológicas conductuales .

Dado el carácter noetológico general de estas "notas", no hay lugar aquí para profundizar más en detalle respecto a la tesis nuclear que estamos sosteniendo, a saber, la de que, sin perjuicio de la existencia de aparatos en al campo biopsicológico, y del control experimental sobre la conducta del que sin duda ésta es susceptible, los contenidos morfofisiológicos que estos aparatos registran no reconstruyen la conducta, sino que sólo logran establecer correlaciones entre aquellos contenidos, en cuanto que sostén canalizador de la conducta, y ésta misma en cuanto que, por su mediación, puede tener lugar el funcionamiento fisiológico de aquel sostén canalizador suyo. Con todo, haré aquí una breve mención, siquiera a título de ejemplo, del caso, por lo demás bien característico y representativo de lo que aquí estamos sosteniendo, de la "psico-física" clásica.

Como se sabrá, Fechner estaba en principio interesado en desarrollar no sólo lo que él denominó la "psicofísica externa" - que fue la única sobre la que a la postre de hecho trabajó -, sino también la que asimismo denominó "psicofísica-interna", en la cual precisamente podía en principio depositar la expectativa de una verdadera reconstrucción científica de los fenómenos psicológicos desde sus condiciones neurofisiológicas.

Por lo que respecta a la primera, lo que los trabajos de Fechner lograron, básicamente, es establecer correlaciones entre las magnitudes físicas (fisicalistas) del denominado "estímulo" y las percepciones cualitativas (fenoménicas) correspondientes, según una supuesta "ecuación" que correlacionaba el progreso geométrico de los incrementos cuantitativos de las magnitudes físicas con el progreso aritmético de las "diferencias mínimas perceptibles" experienciadas por los individuos. Se trataba, pues, por un lado, de ordenar, en una serie meramente ordinal las sucesivas "diferencias mínimas perceptibles" - esto es, en nuestros términos, las discriminaciones mínimas entre los fenómenos orgánicamente accesibles -, otorgándoles, de hecho por convención, un valor aritmético que posibilitase dicha sucesión serial ordinal "aritmética", y de reconocer, por otro lado, el orden serial que sin duda puede establecerse entre los sucesivos incrementos exponenciales de magnitud física (fisicalista) que precisamente se constata que (aproximadamente y dentro de ciertos límites) correlacionan con aquella serie "aritmética" ordinal de "diferencias mínimas perceptibles". La denominada "ecuación" de Fechner, pues, se limita a establecer correlaciones entre el efectivo incremento exponencial de valores de alguna magnitud física y el incremento, convencionalmente supuesto como "aritmético" en una serie puramente ordinal, entre las "diferencias mínimas perceptibles" de fenómenos orgánicamente accesibles. Así pues, en modo alguno puede decirse que aquellos valores de magnitud fisicalista (ni su incremento exponencial) re-construyan o factoricen las percepciones orgánicamente accesibles de los sujetos (ni su seriación ordinal por "diferencias mínimas"), puesto que se trata sólo de establecer las correspondientes correlaciones - que no reconstrucciones o factorizaciones -. Precisamente, si aquellos valores de magnitud fisicalista han podido llegar a conocerse, es por la mediación de los aparatos cuyos fenómenos artefactuales (por ejemplo, y para el caso del "peso", las "coincidencias puntuales" entre una "aguja" y una "numeración" en una "balanza") sí que quedan reconstruidos por las relaciones físicas que dichos aparatos reproducen (a través de los resortes de la balanza, por ejemplo). Por ello, dichas relaciones fisicalistas (los incrementos exponenciales) no reconstruyen los fenómenos orgánicamente accesibles que, en cuanto que fenómenos psicológicos, están formalmente presentes en el experimento de Fechner, sino sólo los fenómenos artefactuales que por lo demás y asimismo Fechner ha tenido que construir para poder construir dichas relaciones fisicalistas y establecer así las oportunas correlaciones (pero sólo correlaciones) entre éstas y aquellos fenómenos psicológicos - y ello sin perjuicio de que dichos fenómenos artefactuales han de ser asimismo orgánicamente accesibles, siquiera para el cuerpo del experimentador .

Por esta razón, Fechner contaba con que, en todo caso, la única posibilidad de incorporar tales fenómenos psicológicos al metabolismo de una ciencia (temáticamente) propia y específica, - una posible ciencia psicológica -, y de algún modo semejante por su modo de construcción a la ciencia física, sería la de buscar la relación entre tales fenómenos psicológicos y sus condiciones morfofisiológicas, lo cual precisamente proyectó bajo el rótulo de "psicofísica interna". Ahora bien, éste es precisamente el proyecto que no llegó nunca a realizar .

Y la cuestión es que los ulteriores desarrollos efectivos en la dirección de semejante psicofísica "interna" no han consistido a la postre más que en las investigaciones que de hecho no consiguen más que co-relacionar los fenómenos y en general las conductas psicológicas con sus condiciones de sostén y canalización morfo(neuro)fisiológicas a su vez conductualmente mediadas, pero no, ciertamente, reconstruir aquellas conductas desde dichas condiciones morfosiológicas suyas.

El proyecto de la "psicofísica interna", en cuanto que proyecto pretendidamente científico por su modo de construcción y específicamente biopsicológico por sus contenidos temáticos, era a la postre un proyecto ficción.

Por lo demás, el hecho de que podamos reconocer el carácter ideológico del proyecto científico del campo biopsicológico no quiere decir que dicho campo no constituya un saber efectivo: de hecho, constituye ese saber a partir de cuya efectividad podemos reconocer, adecuadamente analizadas, precisamente sus efectivas limitaciones como proyecto científico.

Se diría, en resolución, que la aporía en la que indefectiblemente se ve envuelto el proyecto de la bio(psico)logía como ciencia, y precisamente en cuanto que proyecto asociado al proyecto de un dominio científico-industrial capitalista integral del mundo, consiste en esto: en que allí donde dicho dominio pugne por consumarse, bajo su forma pretendidamente científica, ello supondrá, de hecho, además de que dicha ciencia como tal nunca se logre, que las realidades bio(psico)lógicas mismas tenderán a quedar destruidas o laminadas, al menos en cuanto que realidades zoológicas específicamente conductuales, con lo cual irá quedando anegada la posibilidad misma del único verdadero conocimiento que de dichas realidades puede alcanzarse, un conocimiento éste que, precisamente, sólo podrá desarrollarse contando con la efectiva e infranqueable resistencia que las conductas de los animales oponen a la pretensión (etiológicamente antropológica: capitalista industrial) de conocerlas científicamente.

Naturalmente, dada la tendencia creciente a la devastación bio-ecológica del planeta de la sociedad capitalista industrial desarrollada, es manifiesto cual es el proceso que tiende a imponerse: lo único que, con sentido crítico, podremos decir de dicha tendencia triunfante es que ella, además de no poder conseguir jamás lo que de suyo es inviable, o sea, un conocimiento científico de las realidades zoológicas conductuales, a su vez tiende a hacer cada vez más inviable el único conocimiento que nos es accesible de dichas realidades.

Por lo demás, será preciso también advertir que la insensibilidad que el gnoseologismo buenista muestra hacia la "diferencia específica crítica" (específicamente biológica) que aquí hemos procurado destacar entre los fenómenos y las operaciones (formalmente) artefactuales de las ciencias estrictas y los fenómenos y las conductas orgánicas (tal y como precisamente dicha insensibilidad se refleja en el falso concepto de "fase a1", que aquí hemos analizado) no supone sino añadir una fuerza ideológica más a favor del curso del proyecto capitalista industrial de dominio científico integral del mundo. (Aun cuando, desde luego, dado el carácter crítico-negativo de la ontología general de este autor, que supone la crítica de la idea de la "unidad del mundo" en función del regreso desde las realidades categoriales inconmesurables, siempre se podría decir, y con razón, que dicha ontología nos previene críticamente ya frente a cualquier idea de "dominio integral del mundo", dada la trituración incesante de la "unidad del mundo" que dicho regreso supone. Con todo, no es menos cierto que, al estar montado dicho regreso crítico, cuyo límite funcional es la idea crítico-negativa de "materia general", sobre "tres géneros de materialidad" formateados según el modelo de los "tres sectores del eje sintáctico-demostrativo de las ciencias estrictas" -a saber: los "términos" para el género de la "exterioridad"; las "operaciones" para el género de la "subjetividad"; las "relaciones" para el género de la "objetividad ideal"-, la cuestión es que aquella rectificación crítica no deja de moverse exclusivamente (abstractamente) entre medias de las categorías científicas en función de su mutua inconmensurabilidad, y por tanto haciendo abstracción de la mediación misma histórico-política de dichas categorías, o sea, reproduciendo la tendencia capitalista industrial a evacuar dicha mediación, por lo que su alcance sigue siendo limitado -a la postre, capitalista industrial– ).

Pues bien, semejante insensibilidad de factura gnoseologista deberá indefectiblemente reproducirse y propagarse, con diversas modulaciones, a través del resto de la tipología, pretendidamente gnoseológico-dialéctica, de las fases metodológicas de las "ciencias humanas".

(Entre paréntesis, se ha apuntar a los siguiente: el hecho de que, por un lado, hayamos considerado a las "cuestiones psicológicas" o conductuales como un momento, y precisamente crítico, del campo bio(psico)lógico, en el sentido que acabamos de ver, y de que, por otro lado, hayamos hablado de una "institución psicológica" como una disciplina antropológica específica, implica que, en realidad, el término "Psicología" posee, por lo que toca a su propio funcionamiento disciplinar, una dualidad heterogénea de contenidos, y aún que el concepto que puede ligar bajo el mismo rótulo dicha dualidad es más bien equívoco - que análogo; y no digamos unívoco -. No es ésta la ocasión para extendernos más sobre esta cuestión - por lo demás muy relevante -. Distintos desarrollos de esta cuestión pueden encontrarse en diversos trabajos del autor de estas notas - entre ellos: "El carácter equívoco de la institución psicológica".)

(ii). Sobre el concepto de las " fases a2" (I-a2 y II-a2) . -

Según Bueno, en efecto, la (supuesta) metodología a1 no sería el único modo de quedar neutralizadas las operaciones fenoménicas temáticas de partida, puesto que también habría otros modos de abrirse paso dicha neutralización: se trataría ahora de aquel proceso (supuestamente gnoseológico) en el que, partiendo de las operaciones temáticas, tendría lugar, no ya un regreso hacia "factores naturales anteriores", sino más bien un "progreso" hacia "las estructuras, resultados o procesos" objetivos a los que estas operaciones pueden dar lugar. Dichas estructuras (resultados o procesos) serían, pues, resultantes o consecutivas a las operaciones (de aquí, ahora, su carácter "posterior"), sin perjuicio de envolverlas, y por ello neutralizarlas, objetivamente - pues, como nos dice el autor, "no está dicho que todo curso operatorio tenga que dar lugar a resultados operatorios". Se trata de las metodologías que Bueno denomina "a2". Por lo demás, dos serían, a su vez, los caminos mediante los cuales pueden alcanzarse, a partir de las operaciones, dichas "estructuras objetivas" a2: bien cuando éstas, sin perjuicio de su posterioridad con respecto a las operaciones, siguen siendo no obstante comunes o genéricas a las de las ciencias naturales - en cuyo estaríamos en la situación I-a2 -, o bien cuando dichas estructuras resultan ya específicas o características de los campos "humanos" (o "etológicos", suele añadir Bueno) que estamos considerando - que sería el caso de las situaciones denominadas II-a2 -.

Pues bien: lo primero que habría que precisar o aclarar es que no debemos entender el momento fenoménico de partida desde las operaciones "en abstracto", como si de algún modo semejantes operaciones fenoménicas se nos ofreciesen "en estado operatorio puro", o sea, aún no envueltas por sus correspondientes estructuras objetivas, y como si, a partir de dicha supuesta situación pudieran alcanzarse, por parte de las operaciones temáticas y por parte de las que las conocen, dichas envolturas objetivas. Y si hago esta precisión es porque por el modo de expresarse de Bueno, y por algunos de sus ejemplos, cabría la posibilidad de entender las cosas de semejante modo. Algunos de sus ejemplos, en efecto - como el del hipotético incendio en un teatro que determina el que las operaciones de las personas que lo ocupan, siguiendo en un principio pautas operatorias, terminen por relacionarse, por sus encuentros físicos mutuos, de un modo semejante como lo hacen las moléculas contenidas en un recipiente sometido a un determinado incremento de la temperatura - , resultan ser tan obvios como triviales, precisamente desde la perspectiva de la intención gnoseológica que los anima, y tienden por ello a reforzar la eventualidad de aquella posible interpretación. Sin negar, por descontado, las cotas o límites fisicalistas a las que, en cuanto que corpóreas (somáticas), no pueden dejar de estar sometidas las operaciones antropológicas (y zoológicas), la cuestión es la del alcance y el significado que, precisamente desde la propia perspectiva de los campos cognoscitivos, dichas cotas pueden tener, una vez que no podemos dejar de contar con su metabolización interna antropológica (socio-productiva). Consideradas dichas cotas "en abstracto", o sea, al margen de dicha metabolización antropológica, no se ve muy bien cual puede ser el significado y el alcance que ellas pueden tener a la hora de percibir la figura cognoscitiva - y por tanto metodológica - de los campos en donde dichas cotas puedan estar funcionando.

Antes bien, es preciso partir de la refundición anamórfica en las estructuras objetivas normativas (a nuestro juicio, morfosintácticas) a la que las operaciones están siempre sometidas en el campo antropológico, y a partir de aquí considerar la dialéctica regresivo/progresiva que pueda tener lugar en cada uno de sus campos cognoscitivos, como decíamos, entre los "momentos (comparativamente) fenoménicos" - pero siempre ya envueltos por aquellas estructuras antropológicamente específicas - y los "momentos (comparativamente más) estructurales", de modo que la cuestión es la de en qué medida y en qué casos podremos decir que en dichos momentos "comparativamente más estructurales" quedan "neutralizadas" las operaciones, o por el contrario sólo quedan "absorbidas", mas por ello mismo "contenidas".

Y en este sentido, nos parece, en efecto, que, dejando de lado ejemplos triviales, es la disciplina etnológica, tal y como aquí la hemos concebido, aquella que, en principio, más de cerca cumple con el concepto de metodologías I-a2. Pues, como dijimos, son las sociedades históricas dotada de una forma industrial (y capitalista) de producción aquellas que, en su proceso de expansión colonial, tienen la potencia (socio-productiva) para envolver a las sociedades primitivas hasta el punto de conocer el funcionamiento global demográfico-ecológico adaptativo que, mediante sus instituciones sociales, en estas sociedades tiene lugar, y con ello justamente los los límites o las cotas ecológico-subsistenciales a las que ellas se encuentran sometidas - justo aquel conocimiento "global" que, como también decíamos, dichas sociedades no alcanzan desde ninguna de sus partes sociales -. Semejantes límites ecológico-subsistenciales nos acercan, en efecto, al concepto de "género (posterior)", es decir, nos ponen en presencia de unas condiciones estructurales que, en cuanto que aún bio-ecológicas, podemos reconocer como (biológicamente) genéricas o comunes. Ahora bien, como también dijimos, dichos límites bio-ecológicos, y sin dejar de serlo, están ya internamente metabolizados por sus condiciones socio-productivas (económicas), es decir, que es la propia "economía de subsistencia" de estas sociedades la que, a la par determina dichos límites, hace que ellos sean ya posteriores o internos a su propia metabolización antropológica (económica). En este sentido, es la propia selección natural (darwinista) la que se ve sometida, como vimos, a una primera forma de metamorfosis, según la cual, dicha selección ya no obra tanto sobre los rasgos orgánicos de los individuos (o las poblaciones biológicas de individuos), cuanto sobre los enseres de la cultura objetiva del grupo antropológico, de suerte que comienza a quedar rota la cadena biológica hereditaria según la cual se trasmitiría a la descendencia la fuente hereditaria responsable de los rasgos orgánicos que hubieran quedado diferencialmente seleccionados.

Por ello mismo, el carácter (biológicamente) común o genérico de aquellos límites biológico-subsistenciales no deja de ser en todo caso relativo, precisamente debido a su carácter antropológicamente posterior - socio-productiva o económicamente posterior -.

En todo caso, sólo en el ámbito de la disciplina etnológica podemos reconocer algún sentido disciplinar específico a la idea de un "(relativo) género posterior", es decir, a la presencia de una cotas, todavía biológico-genéricas, pero sólo relativas en virtud de su carácter antropológicamente posterior. Más allá de las sociedades con "economía de susbsistencia", es decir a partir del desarrollo de las sociedades excedentarias y por ello históricas, cualesquiera cotas fisicalistas de las operaciones humanas quedan ya, no sólo, en general, económicamente metabolizadas, sino metabolizadas en particular según formas socio-politíticas alternativas de organización de dichos "límites" o "cotas", formas alternativas éstas que en todo caso ya no dependen unívocamente de los propios límites que metabolizan, de suerte que, en estos contextos, y al margen de ejemplos triviales, toda alusión "en abstracto" a semejantes "cotas" fisicalistas como de algún modo "genéricas" - aun cuando posteriores - carece propiamente de alcance o sentido cognoscitivo-disciplinar .

Pues serán, en efecto, sólo en el contexto de dichas sociedades histórico-políticas, donde tenga lugar la generación y el desarrollo de unos saberes sociales sectoriales que, siquiera de entrada (pero, como ahora veremos, sólo "de entrada") nos acercan al concepto de metodologías II-a2. Se trata, como ya vimos, de esos saberes cuya dialéctica regresivo/progresiva tiene lugar como construcción de aquellos proyectos, regresivamente a obtenidos a partir de proyectos normativos de acción mutuamente enfrentados (como sus "momentos comparativamente fenoménicos"), que, en el progreso, puedan de algún modo reajustar dichos enfrentamientos. Tampoco aquí se trata, pues, de partir "en abstracto" de operaciones, para llegar a estructuras o procesos resultantes o consecutivas a dichas operaciones, sino que se trata, como decimos, de partir del "momento de enfrentamiento" entre proyectos de acción normativizados (y por ello ya estructurados), a la vez que enteramente operatorios, o sea, que contienen absorbidas operaciones, y de alcanzar otros proyectos normativizados de acción que de algún modo y/o en algún grado puedan reajustar dichos enfrentamientos. Y aquí la cuestión es que dichos proyectos resultantes hasta cierto punto resolutorios en modo alguno segregan o neutralizan las operaciones (unas operaciones que, de partida, ya no se dan "en abstracto", sino, como decimos, ya estructuradas), sino que asimismo contienen absorbidas operaciones, unas operaciones éstas (sin duda, estructuradas en cuanto normativizadas) que en todo caso se diferencian de las "operaciones (comparativamente fenoménicas) de partida" (no menos estructuradas en cuanto que normativizadas) por su capacidad para reajustar en alguna medida los enfrentamientos entre dichas "operaciones de partida".

Así pues, los campos de dichos saberes serán, sin duda, no sólo, en general, antropológicamente posteriores, sino, en particular y precisamente, posteriores a las sociedades antropológicas histórico-políticas (a sus diversos enfrentamientos socio-políticos), y por ello mismo característicos o específicos de dichas sociedades (de sus enfrentamientos). Se trata, pues de situaciones "posteriores y específicas" a las formas de conflicto socio-político de las sociedades histórico-políticas.

Pues bien: sólo en cuanto que saberes "posteriores y específicos" en el sentido indicado, dichos saberes parecen ponernos, pero sólo de entrada, en presencia del concepto de metodologías "II-a2"

Pues, en efecto, desde el momento en que entendemos que en estos saberes no tiene lugar ninguna forma de segregación o de neutralización de "las operaciones" (sino que, por el contrario, éstas se contienen absorbidas tanto en sus momentos fenoménicos de enfrentamiento como en sus momentos resolutorios), hemos de retirar el supuesto de cualquier analogía (presuntamente gnoseológica) entre dichos saberes con el funcionamiento de las ciencias estrictas (físicas), y por ello hemos de reconocer el carácter mal formado del concepto mismo de "a" - en este caso, II-a2 - mediante el que se quiere concebir dichos saberes precisamente en términos de dicha presunta analogía gnoseológica,

En todo caso, sólo para el concepto de I-a2 - pero sólo en cuanto que determinado por el ejemplar de la etnología -, podríamos reconocer, como ya apuntamos, alguna analogía - de proporción propia - con el funcionamiento de las ciencias estrictas, dada la capacidad de dominio que, basada en la radicalmente desigual potencia de sus organizaciones socio-productivas, puede ejercer la sociedad dominante sobre la dominada, un dominio en virtud del cual pudiera decirse que la sociedad dominadora logra llegar a no verse socialmente afectada por la sociedad dominada, de modo que en esta medida se daría alguna analogía (proporcional propia) con los modos como las ciencias, mediante sus aparatos, logran que sus agentes antropológicos dejen de verse somáticamente afectados por los sectores de realidad que dichos aparatos reconstruyen. Con todo, si las sociedades dominantes llegan a no verse socialmente afectadas por las dominadas, esto es sólo en la justa medida en que esta últimas se mantienen en su estado "primitivo" o etnológico, no ya cuando, por efecto mismo de la dominación, pasan a ser sociedades "tercermundistas" vinculadas por subordinación desigual y conjugada a la sociedad dominante: desde este momento también los sectores dominantes de la sociedad (desigual y conjugada) global resultante comenzarán a verse afectados por los sectores dominados, sobre los cuales comenzará por lo mismo a extenderse el tipo de saberes sociales (no científicos) anteriormente considerados. Como dijimos, la paradoja en la que se ve envuelta la etnología es la de que, merced al proceso socio-político de dominio que tiene lugar a través suyo, queda formalmente destruida la materia misma sobre la que podía ejercerse.

Pero si dichos saberes sociales no son, como estamos viendo, analógicamente científicos, ello quiere decir que los mismos, lejos de dejarse conceptualizar mediante el concepto (mal formado) de "a" - y en particular, de "II-a2" -, se encuentran en realidad más próximos del concepto de metodologías "b2".

(iii). Sobre el concepto de la "fase b2". -

Sólo de este concepto de la tipología de Bueno, en efecto, puede decirse que, en un sentido al menos, no desdibuja o distorsiona la morfología de los efectivos saberes sociales, y ello precisamente - pero también solamente - en la medida en que dicho concepto acoge situaciones cognoscitivas a las que se les reconoce que en ningún momento quedan neutralizadas las operaciones. Lo mismo ocurre, ciertamente, con el concepto de b1, del que ahora hablaremos, pero, como vamos a ver, dicho concepto funciona en la estructura de su tipología más bien como un artificio para simetrizar las distintas (presuntas) subfases I-a2 y II-a2 (de la fase a2) mediante el recurso a unas (presuntas) subfases I-b1 y II-b1 (de la fase b1).

El concepto de situaciones o metodologías "b2" es susceptible, en efecto, de reinterpretarse, desde la concepción que aquí hemos expuesto, para referirse tanto a los saberes físico-naturales precientíficos que hemos visto que van ligados al desarrollo de las especialidades técnicas o artesanales, como a los únicos saberes sociales sectoriales efectivos que puede albergar la sociedad histórico-política, y ello en la medida en que las operaciones, como hemos visto, están siempre presentes - de diversos modos -, y no neutralizadas, en ambos tipos de saberes - físico-naturales y sociales -.

Como hemos visto, en efecto, en los saberes físico-naturales precientíficos, sin perjuicio de la relativa sistematicidad legal interna de sus campos, dicha sistematicidad no se desvincula, ni de las operaciones mediante las que se conoce el funcionamiento de los instrumentos por cuya aplicación se obtiene aquella sistematicidad, en cuanto que ésta es efecto de dicha aplicación, ni de las demandas prácticas sociales, asimismo operatorias, que realimentan el desarrollo de aquella sistematicidad. Y por lo que respecta a los saberes sociales, ya hemos visto que en ellos se mantienen las operaciones, tanto en sus momentos "fenoménicos" de conflicto inicial internormativo como en sus momentos ·"estructurales" resolutorios.

No es otro entonces el valor que podemos concederle al concepto de metodologías "b" - y en particular, al de metodologías "b2" -que el de recubrir, denotativamente , estas situaciones de saberes, tanto sociales como físico-naturales, en los que se mantienen presentes, de distintos modos, las operaciones. Pero precisamente en cuanto que concepto que quiere formar estructuralmente parte de la tipología dialéctica, de pretendido alcance analógico-gnoseológico, de situaciones o fases oscilantes de las "ciencias humanas", un subgrupo de las cuales situaciones serían precisamente las de tipo "a" - o sea, aquellas mediante las que se quiere justamente hacer valer la "analogía gnoseológica" con las ciencias físicas estrictas -, en este sentido deberemos retirar asimismo todo alcance o valor a dicho concepto.

Algo semejante ocurre con el concepto de situaciones o metodologías "a" en el siguiente sentido: Acaso se diría que, según nuestra concepción, los únicos conocimientos a los que les cumple dicho concepto son los de las ciencias físicas estrictas - y esto sin olvidar que en dichas ciencias, como hemos visto, las únicas operaciones que quedan propiamente segregadas son las operaciones orgánicas, y no las operaciones artefactuales mediante las que se controlan y reproducen sus resultados objetivos, ni tampoco las operaciones proposicionales representacionales - . Pero dicho concepto sólo podría, a lo sumo, de nuevo, recubrir denotativamente el caso de dichas ciencias, pero seguiría careciendo del alcance o valor analógico-gnoseológico con el que precisamente quiere estar construido.

Es, en resolución, la dialéctica misma, de pretendido alcance analógico-gnoseológico, entre las situaciones concebidas como "a" y como "b" - y sus subfases correspondientes - aquella que debe ser percibida como una reproducción estéril del prejuicio gnoseologista de partida, un prejuicio incapaz de advertir, como hemos visto, de entrada, la diferencia crítica entre las operaciones y los fenómenos (formalmente) orgánicos y las operaciones y los fenómenos - o sus capas - (formalmente) artefactuales de las genuinas ciencias, así como, por propagación del prejuicio mismo, la diferencia entre las operaciones antropológicas sociales normativizadas, en todos sus estratos - tanto en sus momentos "fenoménicos" como resolutorios - y aquellas operaciones (formalmente) artefactuales de las ciencias estrictas.

¿Qué decir, entonces, para terminar, de las metodologías concebidas como "b1", y de sus dos subfases "I-b1" y "II-b1?.

(iv) Sobre el concepto de las "fases b1" (I-b1 y II-b1). -

Sin perjuicio de que las dos metodologías, I-b1 y II-b1, recogidas por el concepto de metodologías b1, puedan acoger, de nuevo, denotativamente, fragmentos o momentos de determinados saberes efectivos, como ahora veremos, nos parece que su composición estructural misma, dentro de la tipología dialéctica, de pretendido alcance analógico-gnoseológico, que estamos considerando, no funciona sino como un artificio formal para lograr la "simetría estética" con respecto a las dos metodologías I-a2 y II-a2 de las situaciones a2.

Por lo que respecta a la extensión denotativa del concepto de I-b1, cabe reconocer, en efecto, que ella tendría que ver con aquellas situaciones en donde, habiendo sido construidos determinados artefactos de la técnica humana por determinados agentes operatorios, se trata de conocer, por parte de otros agentes operatorios que no han construidos aquellos artefactos, la figura de los mismos, a partir de restos fragmentarios suyos. Se trata, sin duda, del conocimiento de lo que aquí hemos caracterizado como "relaciones operatorias funcionales de aplicación" entre las partes de los artefactos técnicos humanos, en cuanto que alcanzable, como decíamos, por agentes operatorios distintos de quienes los han construido. Y en este sentido no hay duda de que semejante forma de conocimiento tendrá un lugar privilegiado de realización como un fragmento del saber historiográfico, un fragmento ocupado en la reconstrucción, a partir de restos despiezados o fragmentarios de artefactos (de reliquias), de la figura de dichos artefactos. Pero es preciso no olvidar que dicho saber historiográfico - la "historia" como saber -, tiene siempre la factura de un saber global no reductivo - a alguna determinada categoría -, como se corresponde con la función regresiva que resulta a partir de la tarea de metatotalización política de la totalidad de los conflictos sociopolíticos de cada momento presente, de modo que cualesquiera de sus sectores o fragmentos (físico-naturales, técnico-artefactuales, o propiamente sociales) sólo alcanzan su sentido, precisamente historiográfico, dentro de su totalidad entretejida no reductiva. También las revisiones historiográficas que puedan surgir desde dentro de cada saber sectorial (físico-natural, técnico, social), siempre a partir de los desajustes internos de sus campos - incluidas, como hemos visto, las revisiones historiográficas que se generan desde el campo presente de cada ciencia efectiva -, remiten siempre, y endógenamente, a contextos más envolventes que enlazan con dicho tejido totalizador - y ello precisamente porque aquellos desajustes internos a sus campos no dejaban de estar atravesados (incluidos los campos de las ciencias mismas) por los desajustes del propio tejido totalizador de la sociedad política.

Así pues, y sin perjuicio de su mencionado alcance denotativo, lo que no se ve es qué función puede cumplir este fragmento (sobre todo) del saber historiográfico en la tipología de situaciones oscilantes por las que se supone que pasarían, según el supuesto de su analogía gnoseológica con las genuinas ciencias, los diversos momentos metodológicos de las "ciencias humanas", salvo, como decía, el de "cerrar" la buena "figura estética" de la mencionada tipología.

El caso de las situaciones concebidas como II-b1 tiene en todo caso otro alcance - también denotativo -: pues la "teoría de juegos", que es el ejemplo privilegiado al que Bueno siempre ha recurrido para determinar esta situación, nos parece que tiene que ver, precisamente, con el momento progresivo en general de todos los saberes sociales, y muy especialmente en el momento (histórico) en el que dichos saberes adoptan su proyecto de convertirse en ciencias. Como dijimos, el momento progresivo de estos saberes es aquel en el que se busca poner a prueba, mediante la acción misma política sectorial planificada, la capacidad de ciertos proyectos de acción, regresivamente obtenidos a partir de los conflictos entre diversos proyectos de partida, para reajustar dichos proyectos conflictivos, y ello de forma que los proyectos que pujan por vencer, puedan lograr su victoria - nunca definitiva -, no al margen sino precisamente contando con los proyectos enfrentados, buscando co-determinarlos para vencerlos. Y en no otra cosa consiste, justamente, la denominada "teoría de juegos", sino en el cálculo o planificación de las estrategias capaces de llegar a imponerse sobre otras estrategias, entre medias del curso mismo del enfrentamiento, y contando por tanto, para co-determinarlas y vencerlas, con estas otras estrategias. Cabría decir, pues, que algo en esencia semejante a la denominada "teoría de juegos" ha estado siempre presente en el momento progresivo de los más diversos saberes sociales sectoriales de las sociedades histórico-políticas. No es de extrañar, entonces, que a la altura histórica de la sociedad industrial capitalista, cuando, como hemos visto, los saberes sociales pujan por dotarse de un proyecto científico, sobre la base real de la capacidad de las relaciones sociales capitalistas industriales por instaurar un dominio entre sus partes sociales mismas lo más análogo posible al dominio que las ciencias efectivas logran sobre sus regiones de realidad (y ello sin perjuicio del carácter ideológico del proyecto), dichos saberes recurran a cálculos matemáticos de determinado grado de elaboración (bien importados de otros sectores tecnológicos o científicos, o bien elaborados para el caso), al objeto de no hacer, sin embargo, y a la postre, otra cosa esencialmente distinta de lo que desde siempre se ha hecho en los momentos progresivos de dichos saberes. Precisamente el hecho de que en la pugna social sectorial que da lugar a los saberes sociales no pueda decirse que haya vencedores ni vencidos definitivos, pone de manifiesto el carácter ideológico de la pretensión de cientificidad que podría resultar de creer que es posible una aplicación estricta de la teoría de juegos, en cuanto que construcción académica - en la que sí cabe hablar de vencedores y vencidos definitivos -, a la resolución definitiva de dichos saberes o conflictos sociales.

Una vez más, pues, habremos de decir que, además de la posibilidad de reinterpretar, como aquí hemos hecho, la referencia denotativa de las situaciones concebidas como II-b1 en términos del momento progresivo de los saberes sociales efectivos, sigue sin verse la función que dicha situación cumpliría en la tipología dialéctica de intención gnoseológico-analógica de situaciones oscilantes por las que pasarían las ciencias humanas.

4. -Conclusión y recapitulación.-

(i) Conclusión. -

Puede decirse, pues, en resolución, que, a fin de cuentas, lo que la entera tipología dialéctica de intención analógico-gnoseológica de Bueno nos está poniendo de manifiesto es su constitutiva incapacidad para hacerse cargo de un modo adecuado del "género ontológico de la subjetividad", el cual sin embargo no ha podido dejar de ser tenido en cuenta - siquiera mentado - en su ontología regional. En efecto: desde la perspectiva del prejuicio gnoseologista que atraviesa toda su tipología, la "subjetividad" (bien sea la subjetividad zoológica - las operaciones y fenómenos formalmente orgánicos -, bien sea la subjetividad antropológica - en nuestros términos: las operaciones y fenómenos asimismo orgánicos a la par que formalmente refundidos en las estructuras normativas -) está siendo - siquiera implícitamente - entendida a la postre como no teniendo de suyo otro alcance o valor cognoscitivo más que el de ser "el lugar del error": un "error" éste, en efecto, que sólo podría ser remontado o superado a costa de recortar o retraducir dicha subjetividad desde sus patrones gnoseológicos - o científicos -, es decir, desde el patrón de medida dado por la neutralización de las operaciones por efecto de las estructuras formalmente sintáctico-demostrativas de las identidades sintéticas materiales de las ciencias estrictas. De aquí que Bueno se vea efectivamente llevado a tener que re-traducir o re-codificar, por mera petición de principio, cualesquiera posibles situaciones subjetivas - zoológicas o antropológicas -, en cuanto que posibles contenidos temáticos de saberes - etiológicamente antropológicos -, en términos de una presunta "analogía gnoseológica rigurosa" - cuyo alcance y forma analógicas sin embargo jamás se precisan - con las operaciones y los fenómenos etiológico-constructivos de las ciencias estrictas, para de este modo poder asimismo pre-suponer modos etiológicamente científicos de conocer aquellas situaciones; puesto que, de otro modo, su filosofía del conocimiento quedaría enteramente cegada para apresar dichas situaciones subjetivas temáticas (zoológicas y antropológicas) y sus modos de ser (antropológicamente) conocidas. Pues éste es, en efecto, el dilema al que se ve sometida toda su filosofía del conocimiento - debido a su reducción gnoseológica -: o bien tener que re-traducir, por gratuita petición de principio, en términos gnoseológicos (científicos) toda figura cognoscitiva etiológicamente antropológica y temáticamente zoológica o antropológica, o bien tener que dejar sumidas en el más completo ensombrecimiento cualesquiera de estas figuras - de no ser estrictamente científicas.

No es ajeno a esto, desde luego, que en la revisión de su ontología - inicialmente diseñada en sus Ensayos materialistas - realizada en su obra Materia, la referencia para caracterizar el "segundo género de materialidad" - la subjetividad - sea precisamente el sector de las "operaciones" del eje "sintáctico" de una construcción científica, o sea, y justamente, del eje en donde tiene lugar la forma sintáctico-demostrativa de las construcciones objetivas de las ciencias estrictas. Lo cual significa que toda posible "materialidad subjetiva", o bien ha de quedar (re)codificada en términos de la subjetividad etiológico-constructiva de las ciencias o bien queda desdibujada por completo. De este modo, es el género ontológico entero de la materialidad subjetiva el que queda a la postre desdibujado o evacuado merced a su reducción científica (gnoseológica); mas por lo mismo, y a fin de cuentas, son las propias ciencias - en cuanto que tomadas como patrón de medida ontológico, no obstante su crítica "ontológico-general", en todo caso abstractamente realizada sólo a partir de ellas - las que quedan metafísicamente sustancializadas en la propia ontología que sin embargo se ha pretendido realizar de un modo no metafísico.

Pero semejante reduccionismo formalista metafísico de las ciencias no sólo implica, como vemos, la evacuación o el desdibujamiento ontológicos del género de la subjetividad, sino que a su vez , y por ello, deja asimismo franco el camino para evacuar de la ontología la imprescindible idea de "historia" - y con ella la de sociedad histórica-universal -, idea que queda ciertamente reabsorbida y anegada bajo la perspectiva de dicho reduccionismo metafísico gnoseologista - de suerte que queda de este modo dispuesta para ser tratada de cualquier modo arbitrario o gratuito.

Sin embargo, sólo cuando no se parte (siquiera implícitamente) por suponer a la subjetividad como "lugar del error", sino explícita y formalmente como el lugar donde van efectivamente construyéndose grados y tipos distintos de verdad y de realidad, según diversos tipos de conjugaciones constructivas sujeto/objeto que, precisamente por ser genuinas conjugaciones constructivas, no "marginan" o "dejan de lado" - "segregan" - a las operaciones constructivas, sino que las incluyen - si bien de diversos modos - conjugadas, sólo entonces es cuando podremos construir una noetología, y con ella una ontología, que por no "marginar" - implícitamente - de entrada a la subjetividad con respecto a la realidad y la verdad, no tenga que verse forzada a (re)codificar toda (posible) subjetividad desde una concepción metafísica (sustancializada) de las ciencias, sino que pueda desplegar la conjugación procesual entre los diversos tipos y grados de conocimientos (de las realidades) con las realidades (conocidas): y ello desde las iniciales realidades cognoscentes zoológicas (conductuales) antropológicamente cognoscibles, pasando por las diversas realidades antropológicas asimismo antropológicamente cognoscibles, hasta llegar a apresar esa forma etiológicamente antropológica de conocimiento consistente en las genuinas ciencias - las ciencias físicas -, como un caso límite de conocimiento etiológicamente antropológico - procedente de las técnicas físicas -en el que la objetividad de las realidades conocidas llega sin duda a trascender las operaciones y los fenómenos somáticos etiológicamente antropológicos, pero en la medida en que permanece a su vez materialmente asida a ellos por el intermedio de unas específicas capas formalmente artefactuales de los mismos, de tal modo que por ello el límite cognoscitivo de dichos conocimientos científicos viene a ser precisamente el de cualesquiera realidades (zoológicas o antropológicas) ellas mismas cognoscentes.

Y sólo, por tanto, cuando, desbloqueando el concepto metafísico de ciencia desde el que opera el reduccionismo (ontológico) gnoseologista de Bueno, podamos apresar el "círculo histórico-antropológico" de las diversas conjugaciones entre los conocimientos y las realidades, como un círculo in-terminable que precisamente incluye una adecuada comprensión de las ciencias en su seno, sólo entonces es cuando podemos alcanzar una idea ontológica adecuada de "historia", y ello justamente en la medida en que dispongamos de una idea adecuada tanto de las posibilidades - socio-políticas - que las ciencias introducen en la historia como de los límites - cognoscitivos, y por ello prácticos - de las ciencias con respecto a dichas posibilidades. Una idea de historia, en efecto, que, obtenida a su vez no en cualquier momento de la propia historia antropológica, sino justamente a partir de la forma industrial de producción hecha posible por las ciencias, nos pueda conducir de un modo efectivamente crítico - no metafísico - a conceptualizar la realidad misma de la historia como la realidad trascendental en general, y por ello a entenderla como la idea misma de materialidad trascendental. Y ello precisamente porque es, en efecto, la sociedad industrial la que, por su capacidad para lograr mediante las ciencias un dominio universal reductivo indefinido de las diversas categorías de la realidad física y para poder engranar tecnológicamente este dominio de un modo universal indefinido ya no reductivo sino trascendental, abre las puertas a unas posibilidades de organización sociopolítica de dicha realidad (trascendental) cuya universalidad in-finita ya no puede en modo alguno quedar adecuadamente tratada por ninguna ontología construida a su vez de un modo abstracto entre las solas ciencias, esto es, abstrayendo o evacuando precisamente aquellas posibilidades histórico-políticas in-finitas de organización de dicha realidad abiertas por las propias ciencias tecnológicamente engranables.

(ii) Recapitulación. -

Por ello, frente al reduccionismo gnoseologista (ontológico) implicado por la "gnoseología" de Bueno, y frente a sus implicaciones histórico-políticas y a la postre ontológicas, se ha buscado en estas "notas noetológicas", ante todo, poner de manifiesto esta idea nuclear, a saber: la de que las realidades ellas mismas cognoscitivas u operatorias, tanto las realidades zoológicas dotadas de operaciones y fenómenos formalmente orgánicos, como las realidades antropológicas asimismo somáticas cuyas operaciones se encuentran formalmente refundidas por las normas antropológicas, en cuanto que contenidos temáticos de procesos a su vez cognoscitivos o de saberes etiológicamente antropológicos, no son susceptibles de organización cognoscitiva científica alguna, esto es, precisamente de ese tipo determinado de construcción cognoscitiva que sólo puede tener lugar, como un desarrollo límite de los saberes físicos (etiologicamente antropológicos) desarrollados a partir de las técnicas, a través de unas muy determinadas capas de operaciones y fenómenos formalmente artefactuales que, sin dejar de ser materialmente accesibles a las operaciones y fenómenos antropológicos somáticos implicados en su construcción, resultan formalmente configurados por aquellos aparatos capaces a su vez de reconstruir relaciones de identidad orgánicamente tras-fenoménicas entre las cosas mismas, razón por la cual justamente cualesquiera operaciones somáticas, zoológicas y antropológico-normativizadas, no son susceptibles de ser tratadas o reconstruidas por dichos aparatos y por tanto por las propias ciencias.

Más escuetamente: que allí donde haya operaciones temáticas, zoológicas o antropológicas, no puede llegar a haber conocimiento científico alguno en torno a ellas, conocimiento éste que por su parte sólo puede alcanzarse, como un conocimiento operatorio formalmente artefactual límite, sobre realidades ellas mismas no operatorias.

Esta idea nuclear es la nos permite revertir la perspectiva desde la cual han sido tratadas por la gnoseología de Bueno las relaciones entre los enfoques por él mismo denominados "epistemológico" y "gnoseológico", de modo que, en vez de quedar meramente mentada, pero ensombrecida, la perspectiva "epistemológica" por efecto del rasante "gnoseológico" de análisis, podamos acceder, de entrada, a una consideración formal y recta de la perspectiva mentada como epistemológica, esto es, de aquellas situaciones cognoscitivas (etiológicamente antropológicas) en la que se nos dan saberes temáticamente físicos, biológicos y antropológicos, y ello de forma que podamos asimismo acceder a la consideración de esas otras situaciones concebidas como "gnoseológicas", esto es, a esas situaciones que, como un desarrollo límite de los saberes etiológicamente antropológicos y temáticamente físicos, tienen lugar sólo mediante las capas de operaciones y fenómenos formalmente artefactuales de unos muy determinados artefactos - los aparatos industriales.

Es la comprensión del carácter formalmente artefactual de dichos conocimientos científicos la que nos permite apreciar la inviabilidad para ser científicamente tratadas, como posibles contenidos temáticos suyos, tanto las operaciones zoológicas (formalmente somáticas) como las antropológicas (somáticas, a la par que refundidas en las normas) que sin embargo son efectivamente tratadas por los saberes etiológicamente antropológicos no científicos; y la que nos permite asimismo apreciar la artificiosidad y la ineficacia de la maniobra "gnoseológica" que, al objeto de poder "traducir" o "codificar" en clave "gnoseológica" los conocimientos (etiológicamente antropológicos) sobre realidades temáticas bio(psico)lógicas o antropológicas, debe asumir, por mera petición de principio, una "analogía gnoseológica" - que sin embargo nunca se determina - entre aquellas realidades temáticas operatorias bio(psico)lógicas y antropológicas y las formas constructivas operatorias de las ciencias efectivas .

Las implicaciones históricas y socio-políticas, y a la postre ontológicas, de esta "vuelta del revés" de la perspectiva "gnoseológica" son de primera importancia: las operaciones antropológicas normativizadas, tanto las temáticas como las etiológicas, de los saberes (etiológica y temáticamente) antropológicos, están siempre contenidas y absorbidas - no neutralizadas -, en la estructura de las normas en torno a las que dichos saberes se organizan, y ello tanto en su momentos (comparativamente) "fenoménicos", en los que se presentan los conflictos internormativos sectoriales, como en los momentos (comparativamente más) "estructurales", o relativamente resolutorios de dichos conflictos. Ello quiere decir que el proyecto (de la sociedad capitalista industrial) de tornar científicos a dichos saberes etiológica y temáticamente antropológicos no puede llegar nunca a consumarse plenamente. La voluntad (ideológica) que anima dicho proyecto supone la pugna por lograr, en el ámbito de las relaciones sociales conflictivas sectoriales de dicha sociedad, un tipo de dominio científico que fuese análogo al domino que mediante sus aparatos especiales logran las ciencias físicas sobre sus correspondientes campos naturales, y por tanto un tipo de "engranaje tecnológico-social" resultante de aquel pretendido dominio "científico-social" al que quedasen reducidas las posibilidades mismas histórico-políticas universalmente infinitas abiertas por la efectiva tecnología física industrial; un dominio "científico-tecnológico-social" éste que ciertamente no deja de encontrar su relativo fundamento real en el engranaje cultural objetivo envolvente crecientemente levantado por la industria que incesantemente se realimenta con las relaciones sociales capitalistas, pero que en todo caso no puede llegar a culminar nunca plenamente.

De aquí que suponer la "analogía gnoseológica (rigurosa)" entre los campos operatorios temáticos de dichos saberes y los sujetos gnoseológicos que construyen las genuinas ciencias físicas, y asumir por tanto la viabilidad de diversos tipos de neutralización (temática y metodológica) de las operaciones antropológicas dadas en dichos campos, unos formas éstas de neutralización que fuesen análogas a la neutralización de las operaciones constructivas de las ciencias físicas estrictas, viene a suponer, objetivamente, a la postre, una forma (escolástico-abstracta) de reconciliación con aquellas tendencia y pretensión "social-tecnócratas" de la sociedad capitalista industrial.

Y de aquí, por último, que la ontología general misma que pueda hacerse ligada a este reduccionismo formalista (metafísico) gnoseologista, aun cuando quiera ser una ontología general crítica - y por ello no metafísica - construida mediante la idea de "materialidad trascendental", deberá verse confinada a construir dicha idea exclusiva y abstractamente entre medias de las solas categorías científicas; en vez de construirse contando sin duda con dichas categorías, pero en cuanto que susceptibles de engranar entre sí según determinaciones (trascendentales) cuyas posibilidades universalmente in-finitas, abiertas sin duda y precisamente por la propagación tecnológica industrial, vienen a consistir en las posibilidades mismas univeralmente in-finitas de la historia política universal. De este modo, queda evacuada y reabsorbida la idea misma de historia como idea ontológica por efecto de aquel reduccionismo (ontológico) gnoseologista, en vez de quedar en disposición para poder ser en el límite tratada como la idea misma de materialidad trascendental. De aquí que, no obstante las pretensiones crítico-trascendentales de la idea de materialidad trascendental, dicha idea, en cuanto que construida abstractamente entre medias de las solas categorías científicas, viene a verse a la postre abocada a la reconciliación con la tendencia "social-tecnócrata" impresa a la historia por la propia sociedad capitalista industrial.

(Y evacuada de este modo la historia respecto de la ontología, ésta queda sin duda dispuesta para ser tratada de cualquier forma gratuita o arbitraria).

Madrid, Diciembre de 2001.


[*] J.B. Fuentes Ortega es profesor en la Facultad de Filosofía de la UCM.

 
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