Crítica materialista al materialismo filosófico
 
 

Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias (de G. Bueno) desde una perspectiva ‘noetológica’, con especial atención a:

(i) la relación entre la idea general de ciencia(s) y la idea de conocimiento,

(ii) la concepción de las "ciencias humanas" y

(iii) las implicaciones históricas y socio-políticas de ambas cuestiones.

(Notas de Clase)

Juan B. Fuentes Ortega.[*]


 
 

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II.4. Esquema del sistema dialéctico de los conocimientos en las sociedades histórico-políticas.-

Como hemos visto, el desarrollo ramificado de los diversos saberes (y por tanto realidades) físico-naturales tendrá lugar conjugado con el desarrollo de los diversos saberes (o realidades) sociales, una conjugación ésta que, por cursar necesariamente en el contexto del Estado, tendrá lugar bajo la forma de la incesante metatotalización (partidista y precaria) del "mundo", o de la realidad (socio-natural) misma, que la vida socio-política impone y acarrea, una metatotalización que, a su vez, discurre mediante la incesante conjugación entre los momentos regresivo-destructivos y progresivo-constructivos de la realidad misma (incesantemente metatotalizada).

Sólo en el contexto de dicha dialéctica general o universal (de la "realidad" misma) podremos ahora ir localizando y dibujando las morfologías particulares de los diversos saberes determinados de referencia.

(i). El desarrollo de los saberes físico-naturales: de las técnicas a las ciencias y al complejo tecnológico-científico-industrial.-

Comenzaremos por esbozar el desarrollo de los saberes que estamos denominando "físico-naturales".

(a) Los saberes físico-naturales en el contexto de las técnicas.

En su origen, los saberes "físico-naturales" van generándose y conformándose en el contexto de las técnicas productivas, y por tanto su inicial desarrollo tiene lugar en el contexto del desarrollo ramificado de dichas técnicas como especialidades profesionales.

Y a este respecto es menester comenzar por establecer las siguientes distinciones. Por un lado, en efecto, suponemos que las diversas técnicas van desarrollándose y diferenciándose entre sí en principio en cuanto que profesiones especializadas diferentes, las cuales profesiones, si pueden ciertamente irse diferenciando mutuamente como especialidades, es en la medida en que, dentro del continuo de cada serie, montaje o cadena productiva, cada una de ellas puede aplicarse sobre las otras dentro de un cierto margen de disociación alternativa, esto es, de manera que cada técnica particular pueda aplicarse o engranar en continuidad con una serie de técnicas alternativas diversas dentro cada montaje general productivo. A su vez, y al objeto de entender dicho principio de la "aplicación continua por disociación alternativa" de un modo no meramente "sociológico-genérico" o "abstracto", es preciso reconocer que dicho principio puede tener lugar en la medida en que cada técnica va conformando un sector (de conocimiento) real relativamente propio o autónomo.

Lo cual nos pone en presencia de la segunda distinción que es preciso establecer, a saber, la distinción entre el conocimiento (o experiencia operatoria) que va lográndose sobre el funcionamiento de los propios aparatos o instrumentos productivos y el conocimiento (o experiencia operatoria) que va alcanzándose sobre el sector de la realidad físico-natural envolvente sobre el cual se aplican dichos aparatos, y ello sin perjuicio de la continuidad entre ambos "momentos" cognoscitivos. Como ya hemos apuntado, el primer tipo conocimiento (o experiencia operatoria) lo sería sobre las relaciones de aplicación funcional operatoria entre las diversas partes de cada aparato o montaje engranado de aparatos, mientras que el segundo iría versando sobre las regularidades legales o causales de aquel sector del medio sobre el que se aplican dichos aparatos. Mientras que el primer tipo de conocimiento sería más bien el conocimiento propiamente técnico (o "poético", en el sentido de la poiesis griega: el conocimiento sobre las propias obras humanas), el segundo iría dando lugar al conocimiento "físico-natural" sobre (las diversas regularidades sectoriales) del medio.

Y aquí es fundamental apreciar que, sin perjuicio de las relativas complicación y diferenciación mutuas que puedan ir alcanzado cada uno de estos dos momentos cognoscitivos, ellos permanecen en todo caso funcionalmente continuos, o en relación de dependencia funcional mutua continua, habida cuenta de que dichas regularidades causales sectoriales, sin perjuicio de la relativa sistematicidad interna que puedan ir alcanzando (sistematicidades éstas en virtud de la cuales se irán abriendo cognoscitivamente diversos "sectores de realidad"), no pueden dejar de obtenerse en todo caso sino como efectos de la aplicación de aquellos aparatos, así como, recíprocamente, el conocimiento del funcionamiento de dichos aparatos no tiene otro sentido operatorio más que el de la obtención de dichos efectos.

Ello quiere decir que las operaciones constructivas empleadas en la fabricación y uso de dichos aparatos, así como en su aplicación a los sectores del medio que se nos van abriendo a través de dicha aplicación, no quedan en ningún momento segregadas de la propia sistematicidad interna de las regularidades legales sectoriales que van obteniéndose; antes bien, es la obtención y prosecución de dichas regularidades sectoriales la que requiere, una y otra vez, del curso continuado de aquellas operaciones.

No obstante lo cual, podemos reconocer ya aquí, en la obtención de dichas diversas regularidades sectoriales, que ya alcazan una cierta sistematicidad interna relativamente autónoma (o sectorial), la presencia de un primer curso dialéctico regresivo/progresivo, interno a cada sistematicidad sectorial, entre los momentos "fenoménicos" y los estratos "estructurales" de cada uno de estos sectores. Pues los conceptos, en efecto, de "fenómenos" (o mejor, de "momentos fenoménicos") y de "estructuras" (o mejor, de "momentos estructurales"), son conceptos no absolutos, sino eminentemente comparativos o correlativos, en cuanto que ligados respectivamente a los "tramos" constructivos "progresivos" y "regresivos" de cada uno de estos campos sectoriales. Por un lado, en efecto, los "momentos fenoménicos" implican siempre, en algún grado, por mínimo que sea, configuraciones ya estructurales, esto es, alguna regularidad causal entre dichos fenómenos, de modo que si los consideramos "momentos fenoménicos" de la construcción es sólo en cuanto que estamos considerando aquellos tramos de dicha construcción en los que, partiendo de dichos momentos (ya estructurales) se regresa a otras estructuras (como ahora veremos "más profundas"), a la vez que aquellos tramos en donde, a partir de estas últimas estructuras será preciso progresar volviendo a aquellos momentos de partida para recuperarlos o reintegrarlos desde aquellas estructuras ("más profundas"). A su vez, y por otro lado, si podemos considerar a dichas "estructuras", en cuanto que términos (relativos) de un regreso (a partir de los momentos fenoménicos) y "principios" (relativos) de un progreso que debe "salvar" dichos fenómenos de partida, es en la medida en que suponemos que dichas estructuras contienen algún sistema de regularidades legales que nos permite reconstruir articulados en (mayor) profundidad los sistemas de regularidades que tomamos comparativamente como fenoménicos, de modo que también dichas "estructuras", el menos en el caso de los saberes ligados a las técnicas, no dejarán de ser "estructuras fenoménicas".

Lo cual no obsta para que el círculo regresivo/progresivo, a través de la cual se nos abre constructivamente cada uno de estos sectores de realidad, no alcance, en el caso de estos saberes ligados a las técnicas, principio alguno de cierre interno (demostrativo), y ello precisamente en la medida en que dichos sectores, sin perjuicio de su relativa sistematicidad interna, no quedan en ningún momento desvinculados (segregados) de las operaciones constructivas empleadas en su prosecución.

Ahora bien, y por otro lado, dichos campos sectoriales no sólo no se desvinculan de sus operaciones constructivas (relativamente) internas, sino que asimismo dependen funcionalmente, de un modo continuo o directo, de las demandas sociales prácticas entre medias de las cuales se intercalan y las que por lo mismo realimentan continuamente. Y es justamente en el momento de dicha conjugación con estas demandas sociales por donde dichos campos engranarán con la dialéctica (universal) regresivo/progresiva de metatotalización socio-política (de la "realidad" misma) que caracteriza a las sociedades históricas. Y ello, en efecto, del siguiente modo: en cuanto que las posibles transformaciones o desarrollos (relativamente) internos de cada uno de estos campos deberán afectar a las relaciones sociales (socio-políticas) vigentes, en el sentido de que introducirán un motivo de regreso, dentro de aquella metatotalización, hacia las fuentes adecuadas anteriores desde las cuales será preciso (políticamente) imprimir un curso de progreso orientado a hacerse cargo y /o planificar el efecto social de aquellos desarrollos.

Y precisamente en una sociedad en la que, dado su carácter excedentario (no ya subsistencial), siempre hay lugar para un margen de organización socio-política alternativa (de la propia riqueza elaborada) que no depende unívocamente de ningún límite subsistencial, no podremos decir que el curso de regreso inducido por aquellas modificaciones en sus campos técnicos sectoriales determine directa o automáticamente las resoluciones políticas que deban tomarse, sino que más bien serán éstas, según el estado vigente de resolución de los conflictos sociopolíticos, aquellas desde las cuales se imprimirá progresivamente el curso de planificación política orientado a hacerse cargo de los efectos sociales de aquellas modificaciones (una planificación política que podrá incluir, incluso, en su caso, el freno o el bloqueo, de dichos desarrollos).

(b) La formación de las ciencias y del complejo tecnológico-científico industrial: la sociedad universal in-finita y el capitalismo industrial.

Suponemos que las ciencias surgen, en efecto, de la confluencia conflictiva entre determinados contenidos de los campos sectoriales ligados a las técnicas, dado un grado de desarrollo de dichos campos que hace posible la presencia de dichas "confluencias conflictivas", esto es, de desajustes lógicos (lógico-materiales) entre dichos contenidos. Los teoremas científicos surgirán justamente como formas demostrativas de resolver o reconstruir dichos desajustes.

Ahora bien, aquí es necesario introducir determinadas precisiones de primera importancia. La primea tiene que ver con los contextos determinantes o preparatorios en los que puede tener lugar tanto la generación de dichos desajustes lógicos como su posible resolución demostrativa. Dichos contextos sólo pueden venir dados por determinados aparatos o artefactos, resultantes del desarrollo técnico previo, cuya estructura formal objetual hace posible, en primer lugar, que se que se presenten dichos desajustes, y, en segundo lugar, y mediante la adecuada transformación de dichos aparatos, que pueda tener lugar la resolución demostrativa de dichos desajustes mediante la construcción de las relaciones (de identidad sintética) entre las cosas mismas, en cuanto que relaciones (re)producidas o (re)construidas en la estructura formal misma de dichos aparatos. Y si utilizamos, por cierto, el prefijo "re", en expresiones tales como "re-construir" o "re-producir", es en la medida en que sólo con posterioridad a la construcción de semejantes aparatos y de las relaciones que ellos hacen posibles es como podemos re-conocer que eran (determinados estratos de) "las cosas mismas y sus relaciones" aquellas que habían quedado re-producidas o re-construidas en dichos aparatos.

Lo cual supone varias cosas: por un lado, en efecto, es preciso reconocer que las estructuras objetivas (ya esenciales) alcanzadas por dichas relaciones son, en cierto sentido al menos, trans-fenoménicas y trans-operatorias, es decir , inaccesibles a la experiencia operatoria corpórea (que sin embargo ha debido estar genéticamente presente en su construcción): se diría, en efecto, que "las realidades mismas" que las ciencias alcanzan, son "invisibles", o insusceptibles de percepción o de experiencia operatorias (como lo son, precisamente, las "relaciones de contigüidad espacial" que suponemos esencialmente alcanzadas desde las "co-presencias a distancia" fenoménicas). En el seno de aquellas "relaciones entre las cosas mismas" alcanzadas por las ciencias quedan, pues, necesariamente remontados (o segregados) los fenómenos, y con ellos las operaciones, que sin embargo tuvieron que estar genéticamente presentes en la construcción de dichas relaciones.

Ahora bien, la cuestión es que si esto precisamente puede llegar a ser así, es sólo en la medida en que ello es susceptible de ser re-conocido, y no por cierto meramente supuesto, y re-conocido precisa y necesariamente a través de un (nuevo) tipo de experiencias operatorias controlables asimismo construidas: unas experiencias éstas que precisamente son hechas posibles por tales aparatos - precisamente resultantes de la transformación entre los aparatos previos dentro de los que se han presentado los desajustes iniciales y los aparatos que hacen posible la resolución de dichos desajustes mediante la construcción de tales relaciones de identidad -, en cuanto que dichos "nuevos aparatos resultantes" están construidos de forma que instauran un nuevo tipo u orden de fenómenos (si se quiere, "de segundo orden") tales que entre ellos y las relaciones construidas entre las cosas mismas median relaciones de transformación controlables asimismo por el tipo de experiencia operatoria (de "segundo orden") hecha posible por dichos aparatos, y en virtud de las cuales "relaciones de transformación" es posible precisamente re-conocer, de un modo operatoriamente controlado, la objetividad de aquellas construcciones, y por ello mismo su propio carácter (en determinado aspecto o sentido) trans-fenoménico y trans-operatorio.

Dichos "fenómenos de segundo orden" se construyen, en general, mediante artefactos (del tipo "pantallas", "reglas", "escalas puntuadas", etc.), integrados formalmente en los (nuevos) aparatos resultantes, en los que se hacen fenoménico-operatoriamente accesibles (por tanto, de nuevo, mediante co-presencias a distancia), bajo la forma de diversos tipos de coincidencias puntuales, y precisamente en virtud de dichas relaciones de transformación controlables mediante los aparatos, las propias relaciones (esenciales) de contigüidad espacial que re-conocemos que caracterizan a las identidades sintéticas entre las cosas mismas asimismo construidas en dichos aparatos. Por ello mismo, si podemos re-conocer la efectividad material de dichas relaciones formales de identidad sintética "entre las cosas mismas", es precisamente en virtud del control operacional y experimental sobre dichas relaciones de transformación hechas posibles por dichos (nuevos tipos de) aparatos.

Así pues, sobre las operaciones y fenómenos que, habiendo estado genéticamente presentes, quedan sin duda segregados por las verdades científicas demostradas, es preciso considerar aquel (nuevo) estrato o tipo de operaciones y fenómenos (de "segundo orden"), generados como "interpuestos" y necesitados en el momento mismo de la construcción de dichas verdades, de los cuales hemos de decir que sólo queda segregado (de dichas verdades) su aspecto (o capa) formalmente orgánico (o somático), pero no su aspecto (o capa) formalmente artefactual, y ello sin perjuicio a su vez de la accesibilidad orgánica - material - de dicha capa formalmente artefactual de los fenómenos y operaciones - sin la cual accesibilidad dichos fenómenos y operaciones en su capa formalmente artefactual, junto con las verdades objetivas con las que mantienen relaciones (formalmente artefactuales) de transformación, quedarían absolutamente desprendidos de los cuerpos humanos operatorios. Son, pues, estas nuevas operaciones y fenómenos - "interpuestos" o de "segundo orden" -, en su aspecto o capa formalmente artefactual, que no en su aspecto formalmente orgánico que asimismo deben retener, y gracias a su vez a esta accesibilidad orgánica - material - de dicha capa formalmente artefactual, los que nos permiten controlar, operatoria y experimentalmente, la efectividad material de las identidades sintéticas formales construidas, y por ello mismo re-conocer en qué sentido dichas relaciones (de identidad sintética, entre las cosas mismas) resultan ser efectivamente trans-operatorias y trans-fenomémicas en cuanto que inaccesibles a toda posible operatoriedad fenoménica en su aspecto formalmente orgánico.

Sólo percatándonos de esta singular modalidad de "participación" de los cuerpos operatorios antropológicos en el metabolismo formal de las construcciones científicas, podremos apreciar adecuadamente la diferencia específica de las ciencias como un caso sin duda límite o singular del desarrollo (noetológico) de las relaciones de conjugación entre los sujetos operatorios antropológicos y sus construcciones objetuales. Pues dicha diferencia específica consiste en esto: en que los cuerpos operatorios humanos participan en las construcciones formales de las ciencias en la medida en que son capaces de producir o construir, sobre las necesarias experiencias operatorias genéticas, ese nuevo estrato de experiencias operatorias, cuyas capas formalmente artefactuales, ligadas por relaciones formalmente artefactuales de transformación con las identidades sintéticas objetivas construidas asimismo en el seno de dichos artefactos, a la vez que son materialmente accesibles a sus (propias) capas fenoménico-operatorias orgánicas, segregan sin embargo formalmente a toda experiencia operatoria en su sentido formalmente orgánico.

Semejante forma de participación implica ciertamente un nuevo tipo de dominio muy determinado sobre el medio natural entorno, un dominio que en cierto sentido podemos considerar "perfecto": no ya ciertamente en general, pero sí precisamente por respecto de las franjas de realidad o de verdad efectivamente controladas por cada construcción científica verdadera. Pues los cuerpos (somáticos) operatorios de los agentes científicos, sin dejar de estar presentes, "en cuanto a su materia" (somática), en las construcciones científicas, alcanzan, merced a las experiencias operatorias de "segundo orden" y específicamente merced a las capas formalmente artefactuales de dicho tipo de experiencias operatorias, un control formalmente artefactual sobre las franjas materiales de realidad construidas formalmente como verdaderas tal que puede decirse que llegan a quedar formalmente exentos de verse afectados somáticamente por aquellas precisas franjas de realidad material formalmente construidas como verdaderas. Se diría que quedan, en efecto, en la máxima condición de alejamiento y descentramiento respecto de las franjas de realidad formalmente construidas (como verdaderas) en la justa medida en que alcanzan, mediante dicha construcción, un control "perfecto" de dichas franjas.

Por lo demás, y a su vez, todo este proceso constructivo no podría desde luego llevarse a cabo y proseguirse si no es por la mediación de las representaciones proposicionales (escritas; pero también orales) de la íntegra totalidad formal del proceso, las cuales representaciones, en cuanto que isomórficamente intercaladas entre todos y cada uno de los goznes formales del mismo, permiten sostenerlo formalmente (y por ello existencial o materialmente). Muy en particular, dichas representaciones deben tanto "apoyarse" sobre las capas formalmente artefactuales de los fenómenos (de segundo orden) como "recorrer" las relaciones de transformación entre dichas capas fenoménicas y las identidades a través de las cuales transformaciones se construyen dichas identidades, como para poder llegar re-presentar, precisamente, la estructura misma de dichas identidades, sin la cual re-presentación dichas identidades no se sostendrían ni formal ni materialmente.

Sin duda que, dada la condición orgánicamente insusceptible de experiencia operatoria de las identidades entre las cosas mismas construidas por las ciencias, las representaciones proposicionales, en todo caso necesarias, de dichas identidades deberán recurrir - sobre todo por lo que respecta a los contenidos léxicos - inexorablemente a las metáforas - como metafórica es la expresión misma de "contigüidad espacial" mediante la cual definimos por ejemplo a los puntos "contiguos" de la geometría métrica a partir de experiencias somáticas operatorias de adosamiento -, lo que no quiere decir que dicho léxico metafórico sea gratuito, precisamente en la medida en que la sintaxis que entreteje a estos contenidos léxicos reproduce isomórficamente la propia sintaxis constructiva extraproposicional de las ciencias, y muy en particular las relaciones de transformación entre las capas fenoménicas formalmente artefactuales y las identidades construidas en los aparatos.

Por ello no es, por cierto, necesariamente gratuito hablar de un "lenguaje científico", si se entiende en el preciso sentido de los diversos desarrollos específicamente científicos adquiridos por los lenguajes naturales (de aquellas culturas capaces de hacer ciencias), sin los cuales desarrollos lingüísticos específicamente científicos sería formal y materialmente imposible levantar y proseguir las ciencias. No es de extrañar, por tanto, que, no anteriormente, pero sí con posterioridad a las diversas ciencias ya en marcha, y por tanto a sus desarrollos lingüísticos específicamente científicos, haya sido posible (académicamente) levantar una "sintaxis lógica" (por decirlo con la expresión de Carnap) , esto es, un sistema de reglas meta-lingüísticas de transformación proposicional abstraído de los lenguajes específicos de las propias ciencias en curso, es decir, en definitiva, el sistema de la denominada "moderna lógica simbólica" (o logística). Naturalmente, dicha sintaxis lógica no deberá verse como ninguna suerte de normativa metalingüística apriorística a partir de la cual pudieran , por su mera aplicación práctica, "hacerse las ciencias" (como acaso fuera percibido por las versiones más ingenuas y metafísicas del positivismo lógico), pero sí debe ser reconocida como un extracto abstraído a partir de los desarrollos lingüísticos específicamente científicos de las ciencias en curso, y en este sentido, como una determinación (académica) muy especial de las gramáticas, o de las sintaxis gramaticales, de las lenguas naturales mismas cuando están alcanzan un nivel suficiente de "desarrollo científico".

Pues bien: una vez dibujado mínimamente el modo complejo y singular mediante el cual están formalmente presentes los sujetos operatorios antropológicos, y con ellos sus conocimientos - proposicionales y fenoménico-operatorios formalmente artefactuales -, en las construcciones formales de las ciencias, podremos intentar ensayar ahora la comprensión del modo como engarzan las ciencias - cada una con su dialéctica interna - con aquélla dialéctica (metatotalizadora) universal que, precisamente en el caso de las ciencias, viene a ser ahora la dialéctica misma de la sociedad industrial.

Sin duda que en el caso de cada ciencia podremos reconocer una dialéctica constructiva interna según la cual el círculo regresivo/progresivo, a través del cual se alcanza a reproducir alguna región (categorial) de la "realidad misma", se nos presenta internamente cerrado por efecto de sus lazos sintácticos demostrativos entre sus términos (por efecto de sus teoremas o racimos de teoremas), lo que quiere decir que la sistematicidad alcanzada en el campo de cada ciencia es sin duda un sistematicidad efectivamente universal - en cuanto que sintáctico-demostrativamente cerrada, si bien semánticamente no clausurada -, si bien reductiva a su propia categoría.

De lo que se trata ahora es de acertar a comprender el engarce entre la dialéctica interna de cada ciencia, en cuanto que dialéctica universal reductiva a su propia categoría, y aquella dialéctica general asimismo universal, pero esta vez ya no reductiva, sino precisamente trascendental, esto es, recurrentemente abierta en cuanto que (meta)totalizadora - por histórico-política -, de la que a su vez aquellas dialécticas científicas deben sin duda formar parte.

Como vimos, en el caso de las técnicas en las sociedades históricas, las transformaciones o desarrollos cognoscitivos en cada uno de sus campos imprimían un efecto regresivo-destructivo sobre las relaciones sociales cuya reconstrucción progresiva (socio-política) no podíamos entender que estuviese inmediata o automáticamente determinada por aquellos efectos regresivos, dado precisamente el margen de alternativas sociopolíticas que precisamente están siempre abiertas a una sociedad histórico-política - en cuanto que excedentaria. ¿Qué decir ahora en el caso de las ciencias acerca de sus efectos regresivo-destructivos en el tejido social y de las posibilidades de reconstrucción progresiva (socio-política) que ellas abren - precisamente en la sociedad industrial que las ciencias hacen posible -?

Ante todo, es preciso entender que la forma industrial de producción no es tanto una eventual "aplicación" ulterior de las ciencias, cuanto propagación misma en el "espacio social" (en las relaciones sociales de producción) de los campos científicos mismos, y ello en la medida en que dichos campos son formalmente indisociables de (se diría que están formalmente embutidos en) los aparatos y los montajes o engranajes de aparatos industriales - de las máquinas industriales -. Si la industria no es posible, en efecto, sin las ciencias, ello es así en la medida en que las primeras construcciones científicas suponen ya los comienzos mismos científicos de la industria. Se trata, en efecto, según propongo, de entender a los campos de las diversas ciencias, así como al conjunto formado por todos ellos, en un sentido eminentemente histórico-geográfico (sin perjuicio de su carácter trascendental, en cuanto que histórico): según dicha concepción, el campo de cada ciencia debe verse como una clase "distributiva-geográfica" de aparatos ( ya industriales), o de montajes de dichos aparatos, en cada uno de los cuales se "fabrican" determinado tipo (categorial) de relaciones reales objetivas universalmente reductivas según su categoría, mientras que el conjunto de los diversos campos científicos ha de verse como la clase "atributiva-histórica" (y por ello trascendental) de los diversos y heterogéneos campos científicos "distributivo-geográficos", de forma que la congregación o convergencia, lograda justamente por la producción industrial, de dichos campos científicos diversos, tiene lugar precisamente bajo la forma de la recurrente propagación histórico-geográfica (y en cuanto que histórica, trascendental) de aquellos montajes de aparatos industriales de los campos de las diversas ciencias - convergencia ésta en la que justamente consisten las tecnologías -. Así pues, el "espacio social" del que hablábamos no es sino este "espacio" histórico-geográfico a través del cual se van propagando las ciencias mediante la producción industrial, de modo que las diversas distribuciones geográficas de los campos de cada ciencia van propagándose o engranado entre sí de un modo histórico-trascendental, en el cual engranaje o propagación consiste justamente eso que llamamos las tecnologías.

Semejante realidad nos pone en presencia del problema dialéctico (universal trascendental), y ello en cuanto que "problema" práctico-político, más agudo y profundo al que sin duda nos abocan las ciencias - al que nos aboca la propagación tecnológica misma de las ciencias en el "espacio social" en la que consiste la forma industrial de producción-, a saber: el problema que justamente se nos abre ante el hecho de que es aquella propagación la que, por un lado, nos pone en el umbral mismo de un margen de alternativas por lo que toca a las posibilidades de organización socio-política de la producción que resulta ser, por primera vez en la historia y de un modo ya irrevocable, verdaderamente universal (trascendental) de un modo negativamente in-finito, mientras que, por otro lado, el curso social y socio-político tomado de hecho por la sociedad industrial contemporánea planetaria tiende inexorablemente, si bien con ritmos y formas propias comparativamente "irregulares" según las diversas zonas geohistóricas, a una creciente degradación y empobrecimiento de aquellas posibilidades universales infinitas, y ello precisamente en la medida en la que de hecho se han ido abriendo paso las formas capitalistas de producción industrial a las que la propia industria indudablemente ha podido dar lugar.

El análisis y la crítica de semejante problema filosófico, en cuanto que político, constituye seguramente el desafío más complejo, agudo y profundo que la actual sociedad universal tiene sin duda planteado. Como quiera que aquí sólo queremos atenernos, y además de modo esquemático, al aspecto noetológico del mismo - por lo demás en inexorable "symploké" con sus restantes costados -, me limitaré a apuntar sobre dicho problema lo siguiente.

Por un lado, en efecto, como decimos, la propagación tecnológica de las ciencias en el "espacio social" nos sitúa en el umbral mismo de una irrevocable universalidad trascendental (negativamente) infinita - por lo que respecta a las formas de organización socio-políticas de la propia producción industrial -. Como decíamos, las innovaciones técnicas (precientíficas) introducen un efecto regresivo-destructivo en el tejido social cuya reconstrucción progresiva no puede quedar inmediatamente determinada por los efectos regresivos de aquellas innovaciones, dado el "margen de maniobra" socio-política del que siempre dispone una sociedad histórica (en cuanto que excedentaria). Pues bien: en el caso de las ciencias, los desarrollos de cada campo científico (los nuevos teoremas y las consiguientes reestructuraciones teóricas que ellos acarrean en cada campo), en cuanto que cada uno de ellos consigue y prosigue un tipo de dominio "perfecto" sobre sus diversos estratos de realidad (de su propia categoría), dado el carácter universal reductivo de dicho dominio, harán que el engranaje mutuo recurrente, o la propagación tecnológica, de dichos desarrollos vaya introduciendo un surco en el tejido o "espacio" social que comprometa de un modo irrevocablemente universal-trascendental la totalidad del mismo (su propia metatotalización sociopolítica), y ello tanto por lo que respecta a su alcance regresivo-destructivo como a sus posibilidades progresivo-reconstructivas.

Como decíamos al principio de estas notas, el campo de cada ciencia, desde dentro de su propia historia interna, engrana con su historia contextual socio-política. Podemos comprender ahora el alcance histórico-universal trascendental de dicho "engranaje" si nos situamos en la perspectiva del engranaje mutuo tecnológico de los diversos campos científicos en los que justamente consiste la tecnología en la sociedad industrial: pues será, en efecto, la totalidad de las relaciones sociales y sociopolíticas pretéritas, así como la totalidad de las relaciones sociales y sociopolíticas futuras posibles, las que comenzarán a quedar concernidas y comprometidas en cada momento del presente por efecto del desarrollo de la sociedad "científico-tecnológica-industrial". Concernidas las pretéritas, en efecto, en cuanto que éstas comenzarán a verse sometidas a un proceso irreversible de destrucción en su totalidad por efecto de aquel engranaje o propagación tecnológica incesante; y comprometidas por ello mismo la totalidad de las futuras, en cada momento de dicho proceso de propagación tecnológica, en la medida en que dicho destejido, ya irreversible, de las relaciones pretéritas, nos aboca inexorablemente ante la necesidad de una reconstrucción de las mismas cuyas posibilidades han de tener un alcance tan in-finitamente universal como universal es la destrucción misma alcanzada por dicho proceso.

Un compromiso éste que sin duda asimismo afectará al propio curso del desarrollo de cada campo científico - de la "investigación científica" -, así como al curso del engranaje o propagación tecnológica de dichos campos - de las "investigaciones y rendimientos tecnológicos" -. Como decíamos, el campo de cada ciencia no sólo no es regular u homogéneo, sino irregular, debido a la distribución irregular de los racimos de teoremas que en cada momento contiene, sino que es además polémico, en cuanto que no sólo contiene en cada momento teoremas, sino también problemas aún no resueltos resultantes de la convergencia problemática de teoremas. De aquí que, aun cuando cada teorema, o racimo de teoremas, sea, por su carácter universal-demostrativo, irrevocable con respecto a su "franja de verdad", no por ello dichos racimos no son susceptibles de reorganizarse según nuevas formas constructivo-demostrativas cuyo posible curso futuro exige a su vez la revisión del pasado del propio campo científico, esto es, el regreso hacia ciertos "lugares críticos" donde se alcanzaron resoluciones de problemas previos en una dirección cuya revisión puede comprometer el curso futuro posible de la resolución de los problemas del presente. Pues bien: ninguno de estos "lugares críticos", ni pretéritos ni presentes - ni futuros posibles -, son neutrales desde el punto de vista socio-político, en la medida en que cada uno de ellos, desde dentro del campo de cada ciencia, se encontrará atributivo-históricamente entretejido con otros "lugares críticos" de los campos de otras ciencias, y ello precisamente mediante su convergencia o engranaje mutuo en la producción tecnológico-industrial, y por lo mismo en las orientaciones socio-políticas en cada caso imprimidas a dicha producción tecnológico-industrial. Puede decirse, pues, que es la totalidad (trascendental) de los propios campos de las diversas ciencias, tanto en sus posibilidades destructivo-regresivas como reconstructivo-progresivas, la que queda socio-políticamente comprometida en cada momento del presente por su convergencia, o engranaje, o propagación tecnológico-industrial.

Éste es, pues, el abismo de universalidad in-finita (destructiva-reconstructiva) socio-política que abre inexorablemente bajo nuestros pies la sociedad científico-tecnológica-industrial. Estamos, en efecto, inexorablemente convocados y abocados, en cada momento del presente, a una necesidad de reconstrucción cuyas posibilidades universalmente in-finitas se ven incesantemente surcadas por la universal destrucción del pretérito alcanzada por la sociedad industrial.

Dado este contexto histórico-universal trascendental, es como podemos comprender ahora el sentido de la tendencia positiva que en todo caso la industria ha hecho posible, y que en todo cado se ha impuesto de hecho con el desarrollo de la sociedad contemporánea industrial, a saber, la realimentación o conjugación incesante entre las relaciones sociales capitalistas y la forma de producción industrial, en la cual conjugación consiste, en efecto, el modo o el régimen capitalista de producción.

En esencia, suponemos que la dirección que a la sociedad industrial ha ido imprimiendo el régimen capitalista de producción, si bien con ritmos y formas propias comparativamente "irregulares" según las diversas zonas geohistóricas, ha consistido en una creciente empobrecimiento o estrechamiento, y por ello degradación, de las posibilidades mismas socio-políticas universales negativamente infinitas abiertas a su vez por la producción industrial. Y ello en la medida en que suponemos que dicho régimen genera una realimentación negativa incesante entre el incremento de la producción - de su diversificación especializada - y del consumo que a su vez es condición necesaria de realimentación de la relación social misma "capital" - de la relación de plusvalía entre la fuerza de trabajo y un capital por lo demás crecientemente "impersonal" y transnacional -.

Por lo que importa a la perspectiva noetológica de estas notas, dos son principalmente los tipos de efectos de semejante realimentación entre producción y consumo como condición de realimentación de la relación social capital que queremos considerar, a saber, los efectos sobre la morfología adoptada por la propia propagación tecnológica de las ciencias en el espacio social y los efectos sobre la vida social y socio-política misma de dicha determinada forma de propagación.

Por lo que respecta a la primera cuestión, el efecto tendencial impreso por el régimen capitalista de producción sobre las relaciones entre las ciencias y su propagación tecnológica, tendencia que podemos apreciar consumándose con un ritmo acelerado en las sociedades con "economías (capitalistas) desarrolladas" desde aproximadamente el final de la segunda guerra mundial, consiste básicamente en lo siguiente: en el creciente desprendimiento de la producción (y la investigación) tecnológica de todo posible control científico de sus consecuencias en el propio "espacio social" - lo que implica, por su mediación, en el mundo mismo natural -. Si bien la producción tecnológica no es posible desde luego, en principio, sin las ciencias, lo que en todo caso sí resulta posible es un desarrollo de dicha producción desprendido del control científico de sus consecuencias, desprendimiento éste que precisamente resulta consecuente con la "optimización" de la relación entre "inversión" y "rendimiento productivo" que sin duda requiere el incremento imparable de la producción diversificada como condición de realimentación del incremento imparable del consumo. Semejante optimización implica la tenencia a la formación de un mapa sociológico-productivo con una morfología muy característica, a saber: se trata de disponer un continuo productivo en el quede encuadrada la población laboral organizado según estas dos coordenadas: una creciente diversidad de segmentos de cualificación (técnico-cognoscitiva) y una creciente diversidad de ramas de especialización tecnológica desligadas del control científico de sus consecuencias, de forma tal que el incremento de la cualificación técnico-cognosctiva vaya ligado al incremento de aquella especialización tecnológica desprendida del control científico de sus consecuencias. Semejante disposición ya implica de suyo un creciente empobrecimiento de toda investigación científica básica - un freno al desarrollo de cada uno de los campos científicos - en beneficio del desarrollo de la propagación tecnológica de dichos campos desprendida del control científico de sus consecuencias; e implica por lo mismo una tendencia a la disminución del propio control socio-político de aquella determinada forma de propagación tecnológica de los campos científicos en beneficio de la mencionada optimización meramente económica de la relación entre inversión y rendimientos productivos responsable de aquella forma de disposición del mapa laboral productivo.

Puede decirse, pues, que semejante disposición ya conlleva un destejimiiento de los hilos la propia (y necesaria) acción de meta-totalización socio-política - por lo que toca al control político del desarrollo de las ciencias y de su propagación tecnológica - en beneficio de una rentabilidad puramente económica, y ello en la medida en que ésta precisamente tiende a imponer sus efectos regresivo-destructivos sobre la acción política metatotalizadora al compás mismo en que va haciendo a su vez inviable toda reconstrucción progresiva de la misma. Es, pues, la propia política la que va tendiendo a su "grado cero de inacción" (metatotalizadora) en el mencionado respecto por efecto ya de semejante mapa laboral-productivo y cognoscitivo.

Pero es que, a su vez, como decíamos, dicha disposición debe conjugarse con el desarrollo imparable del consumo, el cual asimismo adoptará la forma de una creciente multiplicación numérica y de una creciente diversificación en variedades de objetos consumibles, razón por la cual tenderá a adoptar la escala de un consumo crecientemente individual (de masas). Ello implica reorientar la producción, ahora y sobre todo, a la fabricación de unos escenarios sociales - fundamentalmente: urbanos, intraurbanos e interurbanos - cuyas morfologías culturales objetivas encaucen y encuadren precisamente dicho consumo de masas a escala individual, y por tanto generen unas relaciones sociales - unos modos sociales de vida - que precisamente se van a caracterizar, tanto como las relaciones sociales contenidas en la producción, por una inexorable y creciente automatización de la vida social desarrollada al compás mismo del desarrollo del consumo.

Dicha tendencia a la automatización (consumista) de la vida social imprimirá a su vez un efecto de retracción de la acción política (metatotalizadora), esta vez por lo que respecta ante todo al posible control socio-político de dichas relaciones sociales, un retracción que consistirá, en efecto, en la creciente inhibición de toda posible reconstrucción progresiva de dichas relaciones según avanza la destrucción regresiva de todas las relaciones sociales pretéritas por efecto de semejante automatización. En efecto: la automatización consumista de la vida social va destejiendo implacablemente toda forma de relaciones sociales pretéritas según va haciendo inviable toda posible reconstrucción política alternativa de las mismas.

Así pues, si consideramos ahora la conjugación entre la tendencia a la retracción del control político del desarrollo científico y tecnológico impresa por la disposición misma del mencionado mapa laboral-productivo con la tendencia a la retracción del control político de las relaciones sociales impresa por su forma de destrucción consumista y automatizadora, tendremos ante nuestros ojos - ante nuestra propia acción social y política - la inexorable tendencia conjugada al "grado cero" de "inacción" política (metatotalizadora) - que suponemos sin embargo trascendentalmente necesaria para toda sociedad política y por ello respecto de toda posible "realidad" - impresa por la sociedad capitalista industrial.

Así pues, en contraste con las posibilidades universalmente infinitas abiertas por la producción industrial, hemos de constatar sin embargo una inexorable tendencia a la nihilificación de la acción social y socio-política misma, y por ello de la misma "realidad", como el más perverso y paradójico efecto del desarrollo capitalista de la forma industrial de producción. Éste es, en efecto, el círculo de barbarie cognoscitiva y sociopolítica que tiende a cerrarse sobre nuestras propias vidas por efecto del desarrollo de la forma capitalista de producción industrial.

En particular: por contraste con aquellas posibilidades universalmente infinitas por lo que respecta a las relaciones sociales abiertas por el dominio científico sobre la naturaleza y por su propagación tecnológica, el más perverso y paradójico efecto del modo capitalista de cursar aquel dominio y su propagación consistirá en que dichas relaciones sociales, tanto en sus momentos productivos como en sus momentos consumistas, se verán progresivamente reducidas a un tipo de dominio, por respecto de la relación social capital - crecientemente impersonal y "global" - que resultará ser tendencialmente análogo al tipo de dominio que sobre la naturaleza misma alcanzan las propias ciencias y su propagación tecnológica, un tipo de dominio social, en efecto, que cursará bajo la forma de una creciente automatización de la vida social, tendencialmente análoga a la automatización misma de los sectores de realidad físico-natural lograda por cada una de las construcciones científicas físico-naturales mismas.

Y éste es, justamente, el contexto adecuado o proporcionado para desvelar el "secreto" del proyecto de las "ciencias humanas" generado por la sociedad capitalista industrial.

(ii). El proyecto de las "ciencias humanas" como proyecto ideológico de la sociedad capitalista industrial. -

En efecto: El proyecto de las denominadas "ciencias humanas" (o "sociales") viene a asentarse en la tendencia a lograr, sobre los sectores diversos de la vida social generados por el modo de propagación tecnológica de las ciencias en la sociedad capitalista industrial, un tipo de dominio que fuera lo más analógo posible al dominio científico efectivo ("perfecto") alcanzado por las ciencias estrictas físico-naturales sobre sus regiones del medio natural. Se trata, pues, de la tendencia, y de la pretensión, ya puesta en marcha por la morfología global del régimen capitalista de producción industrial de consumar, de un modo cerrado, el círculo socio-productivo capitalista-industrial, bajo la forma de una reproducción, en el conjunto de los diversos sectores de las relaciones sociales generados por el modo de propagación tecnológica de las ciencias característico del capitalismo industrial, de la propia forma de dominar el medio natural por parte de las ciencias físicas estrictas, de suerte que al compás mismo en que dicho círculo tienda a cerrase tenderá a quedar evacuada la necesidad misma de toda posible metatotalización política del mismo por efecto de la yugulación de toda posible recurrencia abierta (esto es, trascendental en cuanto que contradictoria) de sus contenidos. Se trata de aquel proyecto, en efecto, que modélicamente se expresaba en el ideal positivista-burgués comtiano de realimentar indefinidamente de un modo cerrado, o sea, sin conflictos, el "orden con el progreso".

Suponemos, entonces, que la posible consumación del proyecto implicaría haber dado un paso (cualitativo) más allá de lo que entendemos que en las sociedades históricas de hecho han sido los efectivos saberes o disciplinas sociales, un paso cuyo carácter ideológico, y ello sin perjuicio de su relativo fundamento real, podremos desvelar si comenzamos por reconocer previamente cuáles han sido las morfologías de dichos saberes sociales efectivos, al menos antes de la pretensión capitalista contemporánea de transformar dichos saberes en ciencias (o, diríamos, en "análogos suyos rigurosos").

(a) Las morfologías de los saberes sociales en las sociedades históricas. Dialéctica entre los saberes sociales y la historia (como historiografía).-

Pues suponemos, en efecto, que los saberes sociales se generan, en las sociedades histórico-políticas, a raíz de los conflictos sociales diversos (y crecientes) que hemos visto que caracterizan a estas sociedades fracturadas, en la medida en que en el seno del "espacio socio-cultural" de dichas sociedades se forman diversos "torbellinos sectoriales de conflictos" que precisamente habrán de ser reconstruidos o ajustados una y otra vez.

De este modo, el campo de cada uno de estos saberes viene a corresponderse con la región o el sector social donde se generan estos conflictos y se producen sus reajustes, adoptando dichos conflictos y reajustes una cierta sistematicidad cuya dialéctica interna regresivo/progresiva viene a funcionar como sigue: el "plano" o el "momento" "fenoménico" de dichos campos podremos reconocerlo en el momento mismo del enfrentamiento de una pluralidad de proyectos sociales normativos de acción, esto es, en el momento en que unos proyectos de acción (de unas partes sociales, sociopolíticamente dominantes) pugnan, desde sus fines (o intereses), por envolver o determinar, como planes suyos, los fines (o intereses) de otros proyectos de acción (de otras partes sociales, dominadas) que en todo caso muestran alguna resistencia, u oposición a aquellos planes. Los "fenómenos" de los saberes sociales no se dan, pues, tampoco, exentos, o "en bruto", sino que consisten, como decimos, en el momento mismo del enfrentamiento entre proyectos normativos de acción diversos y enfrentados dentro del juego de las relaciones sociales de dominación entre grupos sociales.

A partir de estos "momentos fenoménicos", el proceso de estos saberes cursará como un regreso que, deshaciendo las relaciones sociales enfrentadas hasta el momento vigentes, tienda a rehacer o reestablecer el proyecto normativo capaz de reajustar de algún modo, en el progreso, los conflictos de partida. Dichos "proyectos normativos" capaces de lograr en algún grado dichos reajustes se corresponden, pues, con lo que podemos considerar como los "momentos estructurales" de dichos saberes. Así pues, también ahora podremos decir, tanto que todo "momento (comparativamente) fenoménico" implica algún grado una configuración estructural, en cuanto que las operaciones están siempre insertas en proyectos normativizados, como que todo "momento (comparativamente) estructural" no pierde su asidero fenoménico, puesto que las operaciones no quedan, en estos contextos, en ningún momento y en ningún sentido, neutralizadas o segregadas, sino siempre contenidas y absorbidas por las normas.

Por ello, cada uno de estos saberes sociales particulares o sectoriales vienen a consistir en los diversos "carriles sectoriales" a través de los cuales debe sin duda cursar la acción política misma (metatotalizadora) planificada en su momento progresivo, en cuanto que dichos saberes consisten en la puesta a prueba práctica de la capacidad reconstructiva misma, o de reajuste social, de los proyectos normativos regresivamente alcanzados a partir de cada uno de sus sectores conflictivos: "salvar" o "recuperar" los "fenómenos" en el caso de estos saberes consiste, en efecto, y precisamente, en poner a prueba mediante la acción política práctica (sectorial) la capacidad de reajustar conflictos (fenoménicos) previos sectoriales.

Una capacidad ésta, de los proyectos normativos (comparativamente) "estructurales" o "victoriosos", que ciertamente no tiene por qué ser fenoménicamente accesible ("consciente", conocida), o al menos de igual modo, por todas las partes o grupos sociales en juego, puesto que bastará en todo caso con que lo sea, como capacidad operatoria planificada de control, para los grupos sociales victoriosos resultantes como para proseguir su curso. Así pues, el juego (correlativo y comparativo) entre la "consciencia" y la "inconsciencia" (o entre el conocimiento y la ignorancia) de las "estructuras" de reajuste (sectoriales) de los conflictos sociales (sectoriales), en cuanto que capacidad planificada de control social, tendrá precisamente que ver con (el grado de) victoria o de dominio socio-político (sectorial) de unas partes, grupos o intereses sociales sobre otros. No será necesario, por ejemplo, que todos los grupos sociales (por ejemplo, las naciones étnicas hispanas peninsulares) a las que se va imponiendo la lengua castellana según avanza la "reconquista", o luego los grupos sociales (pueblos, o civilizaciones americanas) a los que asimismo se les impondrá dicha lengua en la conquista americana, tengan necesidad de conocer la gramática de la lengua triunfante (española, y luego hispana), precisamente esa necesidad que sí llegará a tener y a satisfacer, como consecuencia de sus choques y reajustes victoriosos con otras lenguas, la lengua del bloque socio-político triunfante - primero, castellano; y luego, español.

Ahora bien: precisamente no entenderemos que dichos sectores, cada uno con su dialéctica y sus relativa sistematicidad internas, alcancen algún principio de cierre, universal-demostrativo y reductivo a su categoría, que fuese comparable (de cualquier forma analogable) con el principio de cierre que llegará a caracterizar al dominio que las ciencias estrictas, las físico-naturales, efectivamente alcanzan sobre los sectores de la realidad que re-construyen. Como vimos, el cierre sintáctico-demostrativo de las ciencias físicas, aun cuando no suponga clausura semántica, sí implica la capacidad de incorporar nuevos materiales (semánticos) de un modo universal reductivo a la propia categoría en función del mismo principio sintáctico-demostrativo de cierre que ya funciona en dicha categoría. De este modo, el tipo de dominio "perfecto" en cada caso alcanzado por cada ciencia por relación a cada estrato real de su propia categoría resulta en principio indefinidamente ampliable, en profundidad y extensión, con respecto de nuevos estratos semánticos de la propia categoría. Pues bien, que en los campos de los saberes sociales pudiese funcionar un tipo de cierre semejante supondría que la victoria o del dominio socio-político sectorial de los proyectos normativos victoriosos - sobre los vencidos - sería asimismo perfecto, en un sentido semejante al dominio perfecto ejercido por las ciencias físicas sobre sus campos categoriales, lo cual supondría ciertamente la recurrencia estabilizada de los mismos contenidos sociales victoriosos sobre cualesquiera nuevos posibles conflictos dados (reductivamente) en el seno del propio campo. Sin embargo, suponemos que en ninguno de estos sectores los conflictos inter-normativos de partida ("fenoménicos") se reajustan a partir de proyecto "estructural" alguno que implique un cierre sintáctico-demostrativo semejante de los contenidos normativos conflictivos de partida, sino que más bien aquellos proyectos "estructurales" resolutorios se nos muestran, una y otra vez, constitutivamente incapaces de "salvar" (de dominar de un modo "perfecto") precisamente todos los (nuevos) "fenómenos" que cada momento progresivo arrojan sin embargo en su propio curso.

En realidad, desde el momento en que estamos contando con el carácter (crecientemente) excedentario de las sociedades histórico-políticas, es precisamente el "margen de maniobra socio-política alternativa" respecto de cualesquiera posibles conflictos sociales sectoriales suyos posibilitado siempre por dicho carácter excedentario, aquel que hará a la postre inviable toda pretensión por confinar dentro de algún sector "universal reductivo a su categoría" la resolución de los conflictos sociales sectoriales.

Y si suponemos, precisamente, que dicha situación está dándose, a la par, en los distintos sectores (o saberes) sociales de la metatotalización política de la sociedad de referencia, esto es, que no deja una y otra vez de producirse la confluencia, ella misma conflictiva, entre los reajustes precarios en cuanto que "im-perfectos" de cada uno de sus sectores sociales conflictivos, y ello precisamente en virtud del carácter precario de cada uno de dichos reajustes sectoriales, podremos comprender entonces precisamente la necesidad de un nuevo tipo y escala de regreso, hecho justamente necesario por dicha situación, como es precisamente la necesidad de remontar regresivamente la totalidad de los campos de dichos sectores conflictivos según una dialéctica global (o universal no reductiva) que no se reduce a ninguno de dichos campos, sino que se da a través de todos ellos, y ello tanto en su momento regresivo como progresivo. Será el momento regresivo de dicha dialéctica global aquel que incluya necesidad de revisión histórica ("historiográfica") de dichas sociedades - de suerte que serán las sociedades históricas aquellas que, por su propia dinámica, acaben arrojando como una necesidad interna un saber histórico (historiográfico) sobre ellas mismas.

En efecto: de los conflictos (socio-políticos) incesantes resultantes entre las resoluciones precarias o in-fectas de los conflictos (socio-políticos) sectoriales surgirá la necesidad de re-visión historiográfica del pasado (socio-político) global, esto es, la necesidad de destejer retrospectivamente, siquiera sea mediante la representación (proposicional) apoyada en (o intercalada entre) los documentos y los restos (culturales y sociales) disponibles, el proceso mismo global que progresivamente condujo hasta la situación de partida (de conflicto entre resoluciones sectoriales infectas de conflictos), y ello al objeto de detectar los "lugares de cruce críticos", dentro del tejido metatotalizador, en donde se tomaron resoluciones conducentes al estado del presente, de forma que semejante revisión alcance conocimientos que puedan conjugarse precisamente con el momento progresivo de la acción política metatotalizadora del presente, que precisamente no excluye, sino que incluye, de nuevo, aquellos tramos suyos sectoriales en los que consisten los saberes sociales particulares.

Así pues, los propios saberes sociales particulares, cada uno con su relativa sistematicidad y dialéctica (regresivo/progresiva) internas, forman parte, como (sub)momentos sectoriales, del momento progresivo - práctico, planificador - de la dialéctica (regresivo/progresiva) global (en cuanto que universal transectorial) de la acción política metatotalizadora, la cual dialéctica, por su parte, si debe asimismo regresivamente remontarse más allá de los regresos sectoriales de cada uno de aquellos saberes particulares es justamente en la medida en que dichos saberes en sus momentos progresivos no resuelven, sino sólo infecta o precariamente, los conflictos sectoriales de cada uno de sus campos particulares, a los cuales saberes en todo caso dicha dialéctica global habrá de volver en sus momentos progresivos.

Y es dicho momento regresivo de dicha dialéctica global de la acción política (metatotalizadora) la que justamente requiere, como decíamos, de los saberes historiográficos "globales" (universales no reductivos o transectoriales): de la "historia", sin duda, por antonomasia; y, ligada a ella, de los saberes filológicos como momentos histórico-lingüísticos imprescindibles intercalados en dicho saber histórico, en cuanto que no sólo nos ponen en presencia del imprescindible estrato lingüístico intercalado de la praxis socio-política del pretérito, sino que asimismo nos garantizan el acceso a los documentos escritos imprescindibles para conocer dicho pretérito. Se trata, en efecto, de aquellos saberes que en un momento dado serán reconocidos como "Humanidades", los cuales saberes, además de ponernos en presencia, de un modo recto, con la praxis sociopolítica del pasado desde una perspectiva histórica, nos ponen asimismo en contacto, siquiera de un modo oblícuo, con las (humanas) obras técnicas y saberes físicos (y en su momento científicos y tecnológicos) de dicho pasado, y lo hacen precisamente desde su propia perspectiva, que es la histórica. De aquí que en modo alguno deban confundirse los saberes sociales particulares o sectoriales con las "humanidades", en la medida en que éstas precisamente se alimentan, del modo indicado, del mencionado carácter precario de aquellos saberes.

(Y es, por cierto, como ya vimos, la totalidad, metatotalizándose (socio-políticamente) en cada caso, de estos diversos tipos y rangos de saberes, aquella que sólo cursa a través de la propia filosofía - y por tanto de la dialéctica incesante entre la crítica dialéctica de las ideologías metafísicas y la reapropiación ideológico-metafísica de dicha crítica dialéctica. Razón por la cual la filosofía forma parte, como su culminación dialéctica misma universal-trascendental, del conjunto de las humanidades).

Por ello mismo, estos saberes historiográficos globales (las humanidades), aun cuando no dejen de cumplir, como no podía ser de otro modo, diversas formas de legitimación ideológica del presente (por ejemplo, la legitimación historiográfica del estado actual victorioso de determinadas naciones políticas frente a otras naciones políticas, o frente a sus naciones étnicas integrantes; o bien, la legitimación de determinados bloques civilizatorios imperiales frente a otros bloques competidores, o frente a los pueblos "terceros" por los que compiten), funciones éstas que nunca ha dejado ciertamente de cumplir la "historia", sin perjuicio de estas funciones legitimadoras, decía, estos saberes globales historiográficos pueden tener un efecto crítico de primera importancia sobre ciertos espejismos ideológicos del presente, y muy en particular, precisamente, sobre el espejismo consistente en asumir que los saberes sociales particulares pueden adoptar efectivas formas científicas, cuando es el caso, como decimos, que dichos saberes historiográficos globales se hacen precisamente necesarios debido al carácter precario (no científico) de las resoluciones aportadas por los saberes sociales particulares - y ello sin perjuicio de que estos saberes sociales particulares precarios (pongamos, la "sociología") se requieran, una y otra vez, a título de soluciones sectoriales dadas en el curso progresivo conjugado con el regreso exigido por aquellos saberes historiográficos globales (pongamos, la "historia social").

(b) Carácter ideológico y (relativo) fundamento real del proyecto de las "ciencias humanas. -

Pues bien: el proyecto de las "ciencias humanas", como decíamos, en cuanto que proyecto característico de la sociedad capitalista industrial, viene a asentarse en la tendencia misma impresa sobre la vida social por la forma capitalista específica de producción industrial que hace que los diversos sectores de las relaciones sociales de esta sociedad, tanto en sus ámbitos laboral-productivos como - principalmente - consumistas (conjugados), comiencen a quedar paradójicamente sujetos a un tipo de dominio que tiende a ser análogo al dominio "perfecto" que, mediante sus aparatos y montajes de aparatos (industriales), las propias ciencias físicas logran sobre sus sectores de realidad (categorial). Y se trata, ciertamente, de un efecto paradójico en la medida en que la sociedad industrial, a la vez que abre, en principio, por su forma industrial de producción, unas posibilidades universamente in-finitas por que respecta a sus formas sociopolíticas de organización, encuadra y encauza sin embargo, por su forma capitalista específica de producción industrial - de propagación tecnológica de las ciencias -, a las relaciones sociales, tanto productivas como consumistas, en unos escenarios o marcos culturales que tienden a reproducir un dominio sobre dichas relaciones sociales lo más análogo posible al dominio logrado por las ciencias físicas estrictas sus diversas regiones de realidad.

En efecto: si, como decíamos, es precisamente el carácter crecientemente excedentario de las sociedades histórico-políticas el que hace que las formas socio-políticas alternativas de organizar la vida social no puedan quedar confinadas, en ninguno de sus sectores, a ninguna forma de "reducción universal demostrativa" análoga a las de las ciencias estrictas, y por tanto sujetas a ninguna forma de dominio "perfecto" semejante al conseguido por dichas "reducciones"; la singular paradoja levantada por la sociedad industrial capitalista consiste en que, habiendo transformado y desbordado enteramente aquellas condiciones excedentarias por efecto de su potencia productiva industrial, una potencia capaz de ir logrando dichas reconstrucciones universales reductivas de regiones de la realidad natural envolvente y alcanzando por ello un dominio "perfecto" sobre estas regiones, a la vez que capaz de ir engranando mutuamente mediante la tecnología dichas regiones de este modo "reducidas" y "dominadas", y por ello capaz de surcar, por primer vez en la historia y de un modo irreversible, un verdadero espacio socio-político de universalidad (metatotalizadora) infinita, dicha sociedad, sin embargo, y debido al modo específicamente capitalista de organizar la producción industrial, ha ido a su vez confinando las relaciones sociales, en sus diversos sectores, hasta el punto de imprimir sobre ellas la tendencia a ser susceptibles de una "reducción" y de un "dominio" lo más análogos posibles al que las ciencias estrictas logran sobre sus regiones de realidad.

Ésta es, en efecto, la singular paradoja (dialéctica) levantada por las forma capitalista de organizar la producción industrial, y éste es, exactamente, el "secreto" que anida bajo el proyecto de las "ciencias humanas": el grado de éxito de dicho proyecto equivale, exactamente, al grado de triunfo histórico-universal de la sociedad capitalista industrial, de modo que el éxito consumado del proyecto de las ciencias humanas equivaldría al triunfo histórico-universal definitivo de la sociedad capitalista industrial, un (hipotético) triunfo definitivo éste cuya radical y última paradoja reside en que equivaldría al final mismo de toda (metatotalización) política posible, y por tanto de toda posible sociedad histórico-política universal, y con ello de toda posible realidad (trascendental). La consumación del proyecto de las ciencias humanas equivaldría en efecto a la consumación de la tendencia a la desrealización o la nihilificación de la realidad misma (trascendental) que anida implacablemente en la contemporánea sociedad capitalista industrial.

Es preciso reconocer, pues, que el proyecto de las ciencias humanas no es ciertamente gratuito, como si no tuviera algún fundamento real, puesto que el fundamento de su pretensión estriba, precisamente, en la tendencia misma impresa por la forma capitalista de organizar la producción industrial sobre los diversos sectores de las relaciones sociales que fuerza a tornar éstos susceptibles, como decimos, de ser sometidos a un "dominio" y a una "reducción" lo más análogos posibles al tipo de dominio y de reducción que las ciencias estrictas logran sobre sus regiones de realidad natural, un "dominio" y una "reducción" sociales (sectoriales) éstos en torno a los que vienen a organizarse las morfologías cognoscitivas de dichos proyectos de ciencia.

Y, de hecho, un cierto análogo de los aparatos mediante los que las ciencias estrictas reconstruyen, de un modo universal-reductivo, sus regiones de realidad (natural), podremos encontrarlos, en los campos de las ciencias humanas "en proyecto", precisamente en las diversas estructuras, o "complejos de estructuras", del medio cultural envolvente progresivamente levantado por la industria capitalista, dentro de los cuales complejos se ve confinada a discurrir la vida social, tanto productiva como la vida social en general (y en muy en especial consumista), en aquellos diversos sectores suyos en torno a los cuales precisamente fraguan las diversas ciencias humanas "en proyecto". Al hablar de semejantes "complejos estructurales" nos estamos refiriendo a aquellos "escenarios" culturales envolventes a través de cuyas morfologías, cada vez más específicas, va teniendo lugar la realimentación entre aquel mapa laboral-cognoscitivo de rendimiento productivo-tecnológico económicamente cada vez más optimizado y el incremento cada vez más acelerado del consumo - en cantidad y diversidad -, como una realimentación que tiende progresivamente a cerrarse "sin residuo contradictorio alguno", es decir, evacuando crecientemente toda posibilidad de acción socio-política - metatotalizadora en cuanto que internamente contradictoria.

Es precisamente en el seno de los diversos sectores de dichos escenarios en torno a los que tenderá a cristalizar el proyecto de cada una de las diversas ciencias humanas, como un proyecto que en efecto buscará reconstruir, a partir de sus conflictos sociales (o socio-culturales) sectoriales "fenoménicos", aquellos proyectos normativos de acción capaces de reducir ( y por ello dominar) aquellos conflictos de partida de un modo ciertamente lo más análogo posible a como las ciencias estrictas reconstruyen sus fenómenos de un modo "universalmente reductivo a su propia categoría". En este sentido, en efecto, las diversas ciencias humanas "en proyecto", además de los recursos metodológicos más o menos "externos" y "genéricos" (o importados de las verdaderas ciencias y de las tecnologías, tales como los matemáticos, estadísticos, computacionales, etc.), buscarán específica y formalmente apoyarse sin duda en aquellos escenarios culturales, del modo más análogo posible a como las ciencias estrictas reconstruyen sus regiones de realidad dentro de sus aparatos, y ello al objeto de lograr aquella reducción y dominio de sus conflictos fenoménicos de partida del modo más análogo posible a la reducción y al dominio alcanzados por las ciencias estrictas. De aquí que, en efecto, buena parte de la labor estas "ciencias en proyecto" consista en la planificación y efectiva re-construcción o remodelación de tales escenarios - en la reconstrucción planificada de "ambientes culturales" -, de suerte que, en sus cursos progresivos puedan reconstruir sus conflictos de partida a partir de la remodelación o reconstrucción de tales "escenarios" o "ambientes culturales".

Ahora bien: si todavía podemos considerar ideológico, no obstante su (relativo) fundamento real, al proyecto de las ciencias humanas es justamente en la medida en que podemos cuestionar si dichos saberes, en todo caso efectivos en cuanto que efectivos saberes sociales, poseen o no un principio de "cierre sintáctico demostrativo" de sus campos capaz de "reducir", y por ello de "dominar", los fenómenos de dichos campos (sus conflictos sectoriales de partida) de un modo "universal-reductivo a su propia - presunta - categoría" (mediante proyectos normativos reconstructivos) que fuese en efecto cognoscitivamente análogo a los procedimientos formales constructivos de las ciencias estrictas - por tanto, con efectiva "analogía de proporción propia" con respecto de dichos procedimientos-.

En tal caso, desde luego, estas (presuntas) ciencias estarían dotadas, por su propia morfología cognoscitiva, de un principio de recurrente pacificación victoriosa reductiva de cada uno de sus actuales y eventuales conflictos sectoriales, lo cual implicaría que la totalidad de dichos sectores que iría quedando sustraida a toda necesidad de metatotalización universal trascendental (no reductiva) socio-política, y por ello sustraida la hitoricidad misma y a la necesidad de saberes historiográficos (humanistas), de modo que acabaría por consumarse plenamente el (ideal) proceso de una reiterada conjugación sin conflicto entre el "orden y el progreso" (socio-tecnológicos). Se hubiera, por así decirlo, consumado plenamente el ideal (estrictamente burgués) del "panóptico" de Bentham.

Pero esto es, ciertamente, lo que no resulta evidente, no obstante la indudable tendencia global victoriosa hasta el presente del "régimen capitalista industrial de producción" Pues una cosa es, en efecto, el hecho indudable de dicha tendencia global victoriosa, y a escala planetaria, hasta el presente, del "capitalismo", y otra es que dicho triunfo global se estuviese logrando sobre la base de aquellos (presuntos) principios de cierre sintáctico-demostrativos sectoriales capaces de una reiterable pacificación victoriosa reductiva de cada uno de los conflictos sociales sectoriales de dicha victoria global tendencial, como si dicha victoria estuviese resultando de una armoniosa convergencia de las "resoluciones demostrativo-pacificadoras reductivas" de cada uno de sus sectores conflictivos. Antes bien, dicha victoria global tendencial no deja de arrojar, en su misma recurrencia global, incesantemente nuevos focos de conflictos sectoriales, y a muy diversas escalas, focos éstos que en modo alguno se resuelven "científicamente", sino que más bien actúan como demandas renovadas para intentar aplicar, una y otra vez, el proyecto de las "ciencias humanas", el cual proyecto, sin embargo, se limita, de hecho, a quedar restringido, una y otra vez, no obstante aquella tendencia global, a un conjunto de meros saberes sociales continuamente desbordados, en sus cursos progresivos, por los propios fenómenos conflictivos sectoriales internos que pretenden reajustar.

Estos continuamente renovados focos sectoriales de conflictos se dan, sin duda, como decimos, a muy diversas escalas: no sólo, desde luego, a la escala de los conflictos entre los actuales grandes bloques geopolíticos capitalistas (por lo demás mutuamente "irregulares" entre sí, así como en proceso de reorganización, muy inestable y poco definida por el momento, de sus fronteras en la mismísima actualidad), y por tanto del esfuerzo de cada uno de estos grandes bloques por mantener bajo su control a sus respectivas áreas escalonadas de influencia todas ellas geopolíticamente saturadas, sino también a la escala, constreñida a conjugarse con la anterior de un modo indesplazable dada aquella saturación geopolítica, de los muy diversos conflictos internos a cada uno de dichos bloques, incluyendo aquí - y precisamente en el seno de los bloques "más desarrollados" o pujantes - no sólo tasas de desempleo irreductibles y la generalización progresiva de formas de trabajo precario, sino también la generación renovada, a modo de residuos sociales de los conflictos sectoriales, de diversas bolsas de marginación social irreductible.

La inviabilidad efectiva de llevar en último término a cabo el proyecto de las ciencias humanas nos lleva, desde luego, a precisar que la analogía entre los escenarios culturales objetivos industriales por respecto de la vida social y los aparatos de las ciencias con respecto a sus sectores de realidad natural controlados es, desde el punto de vista noetológico, una analogía muy remota de mera atribución, y en modo alguno una "analogía de proporción propia" con respecto a las ciencias, y ello sin perjuicio de la presión efectiva, específicamente creciente y triunfante, que globalmente ejerce aquella envoltura sobre la vida social del presente.

Así pues, y en resolución, ésta es la singular paradoja dialéctica (universal trascendental) levantada por la forma capitalista de organizar la producción industrial, y éste es, correlativa y precisamente, el "secreto" que anida bajo el proyecto de las ciencias humanas solidario de aquella forma capitalista de producción industrial: el grado y el alcance del éxito de dicho proyecto equivale, exactamente, al grado del triunfo histórico-universal de la sociedad capitalista industrial, de modo que el éxito consumado del proyecto de las ciencias humanas equivaldría al triunfo histórico-universal definitivo de la sociedad capitalista industrial, un (hipotético) triunfo definitivo éste cuya radical y última paradoja reside en que equivaldría al final mismo de toda (metatotalización) política posible, y por tanto de toda posible sociedad histórico-política universal, y con ello de toda posible realidad (trascendental). La consumación del proyecto del las ciencias humanas equivaldría en efecto a la consumación de la tendencia a la desrealización o nihilificación de la realidad misma (trascendental) que sin duda anida implacablemente en la sociedad contemporánea capitalista industrial.

En este sentido, acercarse a semejante paradoja dialéctica (trascendental) en su relación con las ciencias humanas como lo ha hecho Gustavo Bueno, es decir, concibiendo "el problema de las ciencias humanas" como el que resultaría de la (presunta) contradicción dialéctico-gnoseológica, planteada de un modo meramente abstracto "metodológico", entre los campos de las ciencias en donde no figuran formalmente operaciones - "humanas o etológicas" - y los campos de aquellas posibles ciencias en donde figurarían formalmente dichas operaciones, de modo que pueda asumirse, al objeto de cursar y resolver aquella (presunta) contradicción, la "analogía formal rigurosa" a efectos "gnoseológicos" entre las operaciones temáticas de los "campos humanos y etológicos" y las operaciones etiológicas de las ciencias en general, no supone sino un modo ideológico de abstraer y encubrir, bajo la capa de semejante planteamiento meramente abstracto-metodológico de intención gnoseológica, precisamente el problema radical y esencial implicado por aquella paradoja, y por ello implica una forma ideológica de reconciliación con la tendencia positiva y específica imprimida por la sociedad capitalista industrial a consumar definitivamente su dominio bajo la forma del proyecto de las ciencias humanas.

Ahora bien, hasta el momento hemos hablado, en general, de estas "ciencias humanas" en proyecto, pero convendría distinguir diversas especies dentro del proyecto general de las mismas.

( c ). Tipos de ciencias humanas en proyecto: Etnología, "ciencias" sociológicas y Psicología.

Seguramente el proyecto científico-social que más se aproxima a la forma constructiva de una ciencia sea el del saber etnológico, esto es, el de aquel saber que las sociedades industriales capitalistas logran, en su proceso de expansión imperialista colonial - en pugna mutua -, sobre la estructura y el funcionamiento de sociedades antropológicas pre-históricas ("primitivas", "etnológicas"). Ello se debe, sin duda, al tipo de desigualdad o desequilibrio socio-productivo radical entre la sociedad dominante y la dominada, una desigualdad que hace precisamente posible un dominio objetivo por parte de la primera sobre la segunda capaz de envolver y determinar la integridad del funcionamiento socio-productivo de ésta última por parte de la primera. Pues se trata, en efecto, del enfrentamiento entre una sociedad (la dominada) con economía subsistencial y una sociedad (la dominante) no ya en general excedentaria, sino dotada del tipo específico de condiciones excedentarias hechas posibles por su forma científico-tecnológica industrial de producción. Como decíamos, es la condición excedentaria de las sociedades histórico-políticas la que abre un margen de posibilidad en sus formas alternativas de organización sociopolítica que torna a los diversos sectores de dicha organización insusceptibles de ser sometidas a un dominio (social) análogo al que las ciencias físicas estrictas en su momento alcanzarán sobre sus regiones de realidad, a la par que, sin embargo, es la sociedad que desarrolla sus condiciones excendentarias hasta el punto de alcanzar la forma industrial (científico-tecnológica) de producción la que, y debido a su carácter capitalista, experimentará la paradoja (dialéctica) consistente en abrir unas posibilidades universales infinitas de organización spociopolítica que no obstante irán quedando positivamente confinadas a formas de dominio social sectorial tendencialmente análogas a las del domino científico-natural, aun cuando nunca de hecho según una analogía de proporción propia, sino sólo de atribución y remota. Ahora bien: allí donde estas sociedades industriales capitalistas se ciernan, en su proceso de dominio imperialista colonial, sobre sociedades subsistenciales, este tipo de desigualdad socio-productiva radical entre ambas hará posible, sin duda, por parte de las primeras y con respecto a las segundas, un tipo de dominio cognoscitivo (o de conocimiento dominador) social que, esta vez, sí que comenzará a resultar mucho más próximo al dominio cognoscitivo que las sociedades socialmente dominantes ejercen mediante sus ciencias sobre los campos de éstas.

Se trata, sin duda, del conocimiento etnológico, esto es, de ese conocimiento que en efecto podemos lograr sobre el carácter mismo susbsistencial de dichas sociedades, y por tanto sobre las formas como sus relaciones sociales (de parentesco) se ajustan estrictamente a sus medios productivos en función de dichos límites subsistenciales hasta el punto de formar una totalidad socio-productiva recurrente y cerrada, o sea, precisamente ese conocimiento que, según decíamos, en dichas sociedades no se alcanza desde dentro de ninguna de sus partes sociales, pero que precisamente sí puede alcanzar la sociedad antropológicamente dominante debido a su capacidad de envolver práctico-operatoriamente, desde sus planes coloniales, la totalidad de dicho funcionamiento recurrente y cerrado en función de la singular desigualdad de su potencia socio-productiva (industrial) frente a la capacidad socio-productiva (subsistencial) de la sociedad (cognoscitiva y prácticamente) dominada. Será, pues, en función de esta desigualdad radical en la potencia socio-productiva entre ambos tipos de sociedades como ahora sí que podremos reconocer, en efecto, una cierta "analogía de proporción (propia)" (como único caso dentro de los saberes sociales) entre el dominio cognoscitivo y práctico antropológico de un tipo de sociedades sobre otras y el dominio que mediante las ciencias estrictas las sociedades industriales antropológicamente dominantes ejercen sobre los campos físicos de realidad de dichas ciencias. De algún modo, pues, las sociedades capitalistas industriales son capaces de tratar a las sociedades "etnológicas" sobre las que se extienden y se ciernen, ejerciendo sobre ellas un tipo de dominio cognoscitivo y práctico proporcionalmente análogo al dominio que mediante sus ciencias ejercen sobre los campos físicos reales de estas últimas.

Ahora bien, la paradoja a la que se ve indefectiblemente sometido dicho dominio cognoscitivo y práctico consumado de unas sociedades sobre otras es ésta: la de que en el momento mismo de consumarse dicho dominio, el material (antropológico) sobre el que se consuma queda formalmente destruido - aquellas sociedades etnológicas o primitivas quedan deshechas como tales sociedades primitivas -, y transformado ya en otra cosa, a saber, en sectores o partes sociales subordinados al funcionamiento global de las sociedades dominantes: como fuente de materias primas y mano de obra proletaria tercermundista del bloque capitalista colonial dominante. Se trata, pues, de un proceso de conocimiento y/o dominio sometido a una dialéctica singular: aquella según la cual el conocimiento y el dominio se van logrando precisamente a través (y a costa) de la destrucción misma de aquello que se conoce y domina, y de su transformación en algo ya insusceptible de dicho tipo de dominio y de conocimiento.

Una vez más, pues, las formas científicas de conocimiento (o, en este caso, su único "análogo (propio) proporcionado" en el ámbito de los saberes temáticamente antropológicos) se nos muestran como el ejercicio de un dominio "perfecto" sobre los materiales conocidos: un dominio que, como decíamos, en el caso de las ciencias físicas supone que las operaciones somáticas antropológicas dominadoras quedan, por medio de sus capas formalmente artefactuales, distanciadas respecto de las realidades formalmente dominadas hasta el punto de quedar somáticamente exentas de verse afectadas por dichas realidades dominadas, y que, en el caso de la ciencia etnológica implica que las operaciones antropológicas socio-productivamente dominadoras puedan quedar, por medio de la potencia industrial mediante la que se efectúa el dominio social, sociopolíticamente exentas de verse afectadas por las operaciones socio-productivas de las sociedades antropológicas que dominan, pero ello sólo hasta el punto y la medida en que se consuma dicho dominio.

Ésta diferencia es crítica: pues si en el caso de las realidades físico-naturales dominadas por las ciencias físicas estrictas, dicho dominio puede, al menos en principio, proseguirse en profundidad y amplitud (semánticas) de un modo indefinido, a la vez que ser reproducido (distributivamente por cada ciencia) de un modo asimismo indefinido, en el caso de las realidades antropológicas (primitivas) dominadas, su dominio implica su destrucción existencial y su destrucción y transformación formales definitivas, y por tanto la cancelación de toda posible prosecución y dominación de dicho tipo de dominio. A lo sumo, aquellas realidades antropológicas existencialmente destruidas y formalmente transformadas comenzarán a ser conservadas bajo la forma ideológica, que siempre implica alguna connotación de cukpabilidad, del "museo etnológico" y de la nostalgia, experimentada por los propios dominadores, por las "identidades indígenas" ya inexorablemente destruidas.

Una forma de "culpabilidad" ésta, por cierto, de raíces y alcance seguramente muy profundos, que no conviene fingir ignorar o despreciar, y que en todo caso en estas "notas" noetológicas no podemos sino apenas rozar: Si el dominio sobre el medio natural envolvente puede ser una y otra vez ampliado y reproducido, en sus sectores científicamente controlables, por los aparatos científicos, ello no se debe desde luego a que dichos aparatos contengan la capacidad de re-generar existencialmente las realidades mismas que formalmente re-producen, sino que se debe a la (al menos negativamente) in-agotabilidad de la naturaleza entorno, de la cual precisamente se alimenta la interminable extensión del tendido histórico(atributivo)-geográfico(distributivo) industrial (científico-tecnológico) sobre dicha naturaleza. De aquí precisamente el riesgo, creciente y manifiesto, de devastación ecológica y en general físico-natural del medio que lleva a cabo implacable y descontroladamente el progreso de la sociedad capitalista industrial, devastación que seguramente ya es fuente de una cierta forma inexorable de culpabilidad: no ya tanto la derivada de una presunta relación, abstracta y directa, con la "naturaleza", pero sí la derivada de un modo específico y concreto de beneficiarnos de ella reconocible como sociopolíticamente irracional, el modo industrial capitalista. En el caso de las realidades antropológicas ("primitivas") existencialmente aniquiladas y formalmente transformadas por las sociedades industriales capitalistas coloniales, aquellas son tratadas por éstas, al menos mientras se consuma su dominio socio-productivo radicalmente desigual, como una suerte de recurso energético natural esquilmable (no obstante su carácter específica y formalmente antropológico), razón por la cual quedan existencial y formalmente irrecuperables en sus formas antropológicas específicas (primitvas) una vez consumada su inicial depredación industrial capitalista colonial en cuanto que sociedades primitivas. Así pues, en este caso, la fuente de la culpabilidad no provendrá tanto, directa y abstractamente, de dicha irrecuperabilidad, pero sí del hecho de haberlas dejado irrecuperables precisamente para transformarlas y reabsorberlas en un sistema social global reconocible como sociopolíticamente irracional y por ello como injusto (y en su grado máximo con dichas sociedades, una vez transformadas), y reconocible como injusto también y precisamente por parte de sus propios sectores dominantes, cuyos miembros, en cuanto que inexorables sujetos personales éticos (o sea, sometidos a la inter-crítica entre las morales de los grupos sociales en pugna, intercrítica que transforma en sujetos personales éticos a los individuos de todos estos grupos), no podrán dejar de experimentar el "malestar ético" derivado de su propia política: precisamente ese malestar que se expresa (a la par que se encubre y legitima), ideológicamente, bajo la forma folklórica de la valoración y la nostalgia por recuperar, conservar o cuidad, unas "identidades antropológicas" que hemos dejado irrecuperables precisamente al transformarlas e integrarlas en nuestro sistema.

Ahora bien, salvo el caso de la etnología, ningún otro saber (temáticamente) social o antropológico adquirirá una forma proporcionalmente analogable a las ciencias estrictas. Éste es el caso de los que podemos reconocer como saberes sociológicos - en efecto, de la "sociología", la "economía política", la "politología", la "lingüística", etc. -, que son precisamente los saberes destinados a reajustar los conflictos socioculturales sectoriales entre las partes sociales internas de las sociedades capitalistas industriales, y acerca de los cuales decíamos que no logran cumplir su pretendido proyecto de cientificidad no obstante instalarse en la tendencia a culminar dicho proyecto, y ello sin perjuicio de su (relativa) efectividad meramente "técnica". A su vez, el desenvolvimiento de estas sociedades capitalistas industriales tiende sin duda lugar bajo la forma de bloques socio-políticos en pugna mutua imperialista en su proceso de expansión colonial sobre "terceros" pueblos - y entre ellos, y en el límite, los etnológicos - hasta el punto de lograr, como decíamos, el agotamiento existencial y la transformación formal de dichos pueblos etnológicos y de este modo entrar en la irreversible situación universal de saturación política (histórico-geográfica) de las posibilidades de desplazamiento escalonado indefinido de la explotación social capitalista. Así pues, en la medida en que dichos "terceros" pueblos etnológicos van quedando agotados en cuanto que transformados y absorbidos por cada uno de los bloques en expansión, sobre ellos comenzará a cesar el dominio cognoscitivo propio del saber etnológico para pasar a ser incorporados, ahora ya bajo la forma de nuevos sectores o partes sociales del bloque geopolítico que los transforma y absorbe, al tipo de dominio cognoscitivo característico de los saberes sociales de dicha sociedad en expansión, un dominio que por ello comenzará ahora a dejar de ser ya "perfecto" (etnológico) para pasar a formar parte del tipo "imperfecto" de dominio característico de dichos saberes sociales con pretensión científica de las sociedades capitalistas industriales.

Pero hay, asimismo, otro tipo saber antropológico, diferente por supuesto del saber etnológico, y también distinto de estos saberes sociológicos, cuya configuración es preciso siquiera apuntar: se trata de la denominada "psicología científica".

Muy esquemáticamente apuntado (y contando sobre todo con que el lector interesado podrá encontrar desarrollos más elaborados al respecto en otros trabajos del autor de estas "notas"). Como se ha visto, el juego de posibles alianzas y enfrentamientos mutuos entre los bloques civilizatorios acaba encontrando unos límites de saturación política (geohistórica) por lo que toca a la posibilidad de desplazamiento indefinido del dominio escalonado una vez que comienzan a quedar agotados los "terceros" pueblos susceptibles de nuevos desplazamiento de dicho dominio escalonado, unos límites éstos que, sin perjuicio de su efectividad, pueden considerarse sólo relativos en las civilizaciones preindustriales - relativos precisamente al grado de desarrollo productivo de dichas civilizaciones -, pero que se tornan absolutos, es decir, universalmente irrevocables a raíz de la forma industrial de producción de los bloques geopolíticos del capitalismo industrial. De este modo, la sociedad histórico-política entra en un proceso de definitiva o irrevocable universalidad, tanto por lo que respecta a su extensión geográfica irrevocablemente planetaria, como por lo que toca al carácter histórico irreversiblemente universal del curso que puedan tomar las relaciones conjugadas y desiguales entre los conflictos geopolíticos entre los bloques y los conflictos socio-políticos internos a cada bloque.

Pues bien: esta conjugación desigual entre los conflictos entre los bloques y los conflictos internos a cada bloque, irrevocablemente encauzada en una dirección geográfica e histórica universal, adoptará unas incesantes fluctuaciones u oscilaciones que, por lo que toca a la dinámica y a la morfología de las relaciones socio-políticas internas a cada bloque, cursarán del siguiente modo: cada bloque podrá conocer momentos en los que, por su pujanza victoriosa sobre otros bloques, se genere una (comparativa) distensión de sus conflictos sociales internos, así como podrá conocer momentos en los que, debido a su debilidad comparativa frente a otros bloques, se incrementará la tensión social interna. A su vez, tampoco estos momentos oscilantes desigualmente conjugados de (co-relativas) distensión o incremento de la tensión internos a cada bloque resultarán ser homogéneos para todos los lugares sociales de cada bloque, sino asimismo desigualmente conjugados entre sus distintos lugares sociales. Según esto, por respecto a aquellos momentos, y/o lugares sociales, de cada bloque, que se están viendo sometidos a un (comparativo) incremento de la tensión social, vendrán a ocupar su función las "ciencias" sociológicas en cuanto que orientadas a reajustar sectorialmente sus conflictos sociales (en aumento); sin embargo, y por otro lado, en aquellos momentos, y/o lugares sociales, de cada bloque, que están resultando beneficiados del decremento de la tensión social interna - decremento desigualmente conjugado con el incremento de la tensión en otros bloques o en otros sectores del propio bloque -, aquí vendrá cumplir su función la denominada "psicología científica", en cuanto que dicha función viene precisamente a consistir, según proponemos, en lo siguiente: en cursar una dinámica de relaciones mutuas entre proyectos normativos de acción que tiende a diferir indefinidamente la resolución o reajuste de los conflictos sociales (de partida) mediante su pseudo o cuasi resolución sustitutiva, la cual cuasi-resolución sustitutiva precisamente consiste en la indefinida generación de proyectos sociales de acción mutuamente alternativos entre los cuales sin embargo media una tensión decreciente, y sin que por lo demás dichos proyectos y su juego social mutuo tengan otro sentido más que el de su reiteración provisional indefinida cuasi o pseudorresolutoria.

En este sentido, debe ciertamente reconocerse que la "dinámica estructural y económica" contemplada por la metapsicología freudiana viene a reflejar de un modo muy significativo esta efectiva dinámica social de pseudorresolución sustitutiva indefinida de conflictos en la quedan envueltas las sociedades, y/o los lugares sociales, "momentáneamente" favorecidos en sus luchas inter-imperialistas. Si bien, desde luego, dicha dinámica no es, como Freud se lo representa, una dinámica psico-genética resultante de un conflicto irresoluble de partida entre el deseo somático humano y cualesquiera de sus posibles formas de canalización socio-cultural, sino precisamente una dinámica socio e histórico-genética acompasada con los momentos y los lugares sociales "momentáneamente" victoriosos en la lucha capitalista inter-imperialista mundial - de modo que dicha representación freudiana debe ser vista críticamente como un modo ideológico de expresar, a la vez que de encubrir y legitimar, dicha realidad histórico-social.

A este respecto, es preciso apuntar a lo siguiente. Como hemos visto, la tendencia global en la que se instalan los saberes sociológicos con pretensión científica es la automatizar las relaciones sociales en sus campos sectoriales, y en esta medida a sustituir la (metatotalización) política por una suerte de administración armónica meramente "tecnocrática" de dichas automatizaciones sectoriales tendenciales. Mas, por otro lado, como acabamos de ver, en aquellos bloques "momentáneamente" favorecidos en la lucha inter-imperialista y sectores sociales suyos asimismo favorecidos, los conflictos sectoriales tienden a relajar su tensión, y en esta medida los saberes sociológicos tienden a dejar paso a un tipo de intervención (la psicológica) que tramita una dinámica de cuasi-resolución sustitutiva de los conflictos indefinidamente diferida en la medida misma en que dichos conflictos tienden (comparativamente) a rebajar su tensión. Dicha dinámica, y el saber que la tramita, tienen un alcance transversal por respecto a los diversos sectores sociales conflictivos en torno a los que por su parte fraguan los diversos saberes sociológicos. De este modo, la propia intervención psicológica tiende a ocupar sustitutivamente el lugar - trascendental - de la propia acción política (metatotalizadora) en aquellos momentos de pujanza imperialista victoriosa para aquellos bloques y partes sociales suyos más favorecidos. Así pues, como se ve, cabe detectar en la sociedad industrial capitalista una tendencia general a la despolitización - de las relaciones políticas -, y por ello a la desrrealización - de la realidad trascendental misma -, una tendencia que funciona según dos vectores suyos relacionados, se diría, dioscúricamente: bien la tendencia a despolitizar (y desrrealizar) por efecto de la automatización "científica" de la vida social y de la "política" tecnocrática consiguiente, tendencia que "brillará" en las fases y lugares sociales de mayor tensión social correspondiente a los momentos de menor pujanza en las luchas interimperialistas, o bien la trendencia a despolitizar (y desrrealizar) por efecto de la psicologización de la vida social como sustituto general de la vida política, tendencia que "brillará" en las fases y lugares sociales de distensión de la tensión social correspondiente a los momentos de mayor pujanza de aquellas pugnas inter-imperialistas.

Por lo demás, merece la pena apuntar que los escenarios culturales crecientemente levantados por la sociedad industrial - y muy en particular determinados escenarios urbanos especialmente orientados a encauzar la vida consumista en los momentos de mayor pujanza interimperialista y para las partes sociales más favorecidas por dicha pujanza - pueden funcionar, y de hecho funcionan, precisamente como los canalizadores culturales envolventes de dicha dinámica socio-psicológica característica. Dichos engranajes de escenarios van creando, en efecto, una red proliferativa arbórea de proyectos alternativos de acción - de "cosas que hacer" -, que va multiplicando su juego de ocupaciones alternativas según va creciendo el poder del bloque de referencia - y/o creciendo sus sectores sociales privilegiados - frente a otros bloques, los cuales proyectos van precisamente perdiendo todo sentido según se multiplican alternativamente - es decir, que tienden progresivamente a "no conducir a ningún sitio" mientras mayor es su proliferación.

De aquí, sin duda, el carácter objetivamente fantasmal, o espectacular (especular), que crecientemente va adquiriendo la vida social de estas sociedades y sectores sociales (victoriosos), es decir, el creciente "juego de espejos" entre sus proyectos de acción, cual si de tratara del interior de un poliedro caleidoscópico de espejos enfrentados entre medias de los cuales tendiera a desaparecer todo objeto o cosa susceptible de ser reflejada. Sin duda, en nuestras actuales sociedades denominadas "post-industriales" - en realidad: sociedades cuyo desarrollo industrial capitalista ha conducido a un desarrollo del ocio y del consumo en tales escenarios del que se realimenta imparablemente la circulación a ritmo telemático de los capitales (financieros) - dicho juego especular parece estar alcanzando sus cotas máximas posibles. Y de ello, por cierto, seguramente su actual contexto envolvente más significativo sea precisamente la "red" por antonomasia, esto es, la red informática (internet), como una envoltura tecnológica que, entre otras funciones, tiene la de crear el máximo grado de dispersión posible - por psicologización - de las relaciones socio -políticas entre las personas, al acercarnos en efecto al máximo número de contactos posibles, máximamente simultáneos entre personas, de un carácter sociopolíticamente irresponsable o impune (para empezar, por sustracción de la responsabilidad de la operación de personificación corpórea) que por ello no llevan rigurosamente a ningún sitio: seguramente la forma más aguda y miserable de estupidización ética que hasta el presente haya podido conocer la historia universal.

Pero no es, en todo caso, éste el contexto para desarrollar de qué modo la institución psicológica ha ido tramitando las distintas modulaciones de dicha dinámica social - y ello tanto en sus primeras fases, surgidas en las sociedades capitalistas más potentes, y acompasadas precisamente con los preparativos de la primera guerra (interimperialista) mundial, como psicología "pública" (bajo la forma sobre todo de la intervención "psicotécnica"), como en sus fases más desarrolladas, generadas en las sociedades victoriosas de la segunda guerra (interimperialista) mundial, como psicología "privada" (esta vez bajo la forma sobre todo de los diversos "tratamientos psicológicos").

Se trataba, aquí, simplemente de dejar apuntada la relación "conjugada y dioscúrica" entre los saberes "sociológicos" y los "psicológicos" en las sociedades del capitalismo industrial.

 


[*] J.B. Fuentes Ortega es profesor en la Facultad de Filosofía de la UCM.

 
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