Cuaderno de Materiales
 ENSAYO
 

 

 

LA DICTADURA DEL LENGUAJE

Jorge Puente González

 

  Buscamos un espacio de libertad dentro de la dictadura de la palabra.

El lenguaje es un sistema de signos dentro de estructuras inconscientes en el sujeto. Si construimos un discurso incluyendo y excluyendo conceptos, creamos un tipo de verdad, una forma de mirar que va a caracterizar su poder respecto a otro discurso, no por sus condiciones intrínsecas relacionadas con la verdad o falsedad, sino por sus valores extra- epistemológicos. La palabra obtiene significado dentro de las relaciones sociales y va a depender de su ubicación dentro de las ideologías del comportamiento estructurado, esto es, articula y define cómo han de ser interpretados los acontecimientos. La palabra no es un mero nombre sino un signo ideológico de comunicación. Al hablar de realidad, delimitamos con nuestras palabras, con nuestras reglas del lenguaje, un campo de lo posible, un campo de dominio, de poder, sin embargo, bajo la realidad no hay suelo seguro.

Si penetramos en un discurso tendremos que asumir y obedecer las reglas de su juego lingüístico y con ellas asumir su verdad y su conclusión intrínseca, en definitiva, aceptar un discurso es aceptar de partida el compromiso ontológico que de él se deriva; en la salida está ya la llegada.

¿Cómo dominar con la palabra? Se puede afirmar y permitir algo. Se puede impedir que ese algo acceda a la palabra o negarle toda existencia. Pero también se puede tergiversar su contenido (ausencia de discurso en el espacio público, secretos de sumario que pasan al olvido, medios de comunicación politizados o la proyección de una identidad humillante de la mujer a lo largo de la historia puesta al servicio de la opresión y la explotación).

Si se controla las reglas de juego del lenguaje, se controla su verdad, por eso, hablar de comunicación lingüística es hablar de relaciones de dominación, donde la clase dirigente posee la hegemonía en los modelos de dominación lingüística. Oiremos a la burguesía que la sociedad capitalista es una sociedad libre e igualitaria donde todos tienen los mismos derechos y posibilidades. Para ello se acuñarán conceptos como los de democracia, opinión pública, consenso... El lenguaje es el arma ideológico por excelencia que no duda en comercializar su verdad. La razón ha dominado lo que en un principio pretendió liberar: al hombre.

Alienado es aquel que carece de discurso porque la sociedad no le ha querido escuchar y le ha impedido gritar: mujeres, inmigrantes, okupas, insumisos, jóvenes, vagabundos, homosexuales, gitanos, negros, latinos, amarillos u otras razas, minusválidos, enfermos, locos, extranjeros, obreros, niños, parados y demás minorías que unidos forman una gran mayoría muda que día a día se ganan más derecho a ser escuchados. Al sujeto de clase media se le explica que las relaciones de poder propias de la sociedad de mercado son la que son y que siempre seguirán siendo como son, la ley de la selva; que la ley del intercambio de capital junto al orden social están en la naturaleza del individuo, en definitiva, lo que es, es lo que debe ser y no puede ser cambiado. ¿Todo es inamovible? ¿de qué estamos hablando? ¿de un a priori kantiano, de un absoluto, un axioma o de una ontogénesis impregnada de una pseudofilogénesis educativa burguesa?

Aquí, el papel de la escuela es fundamental ya que presupone la dinámica de la dominación, presupone poder en el saber y obedece porque se siente y es vigilada. El discurso educativo es un argumento válido e históricamente específico donde se acepta lo llamado "normal" moderno. La escuela, la penitenciaría, el psiquiátrico reuniformiza y reorienta al rebelde, al delincuente, al desviado. Si estamos atrapados en el a priori histórico que nos proponen y nos viene dado a través del lenguaje, entre otros, ¿será inútil buscar una realidad más allá del lenguaje?

No hace falta convencer al marginado de su miseria, la conoce perfectamente. Desde el mismo foco debe surgir la resistencia, desde la base y no desde los intereses partidistas. Seamos pues todos, centinelas y guardianes desenmascadores del poder que esconde cada verdad, porque al fin y al cabo, todos somos poder que camufla un lado rebelde que se hace más visible en los grupos marginales y minoritarios. Puede que en la falta de organización y proyecto racional, en la heterogeneidad y en el desorden, posiblemente, encontremos un espacio de libertad.

 


 

     

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