Cuaderno de Materiales
 ENSAYO
 

 

 

Democracia uniforme

JORGE PUENTE GONZÁLEZ

 

   Occidente ha reconceptualizado el mundo a través de un lenguaje uniforme desde los medios de comunicación. Si el hombre ha sido reconstruido a imagen y semejanza de unas necesidades preestablecidas interesadamente, ¿quién estará capacitado para cuestionar esta farsa?

Uno de los crímenes predilectos con los que se rodea la postmodernidad es la muerte del valor referencial del objeto. Este juego que monopoliza y reduce la comunicación sujeto-objeto a signos vacíos y secundarios, aísla, desnaturaliza y falsifica los conceptos de su funcionalidad e instaura una doble naturaleza, esto es, reinterpreta lo cotidiano, lo cultural, o lo mal llamado "sentido común". De este modo, el hombre pasa de vivir entre cosas a vivir en un mundo de imágenes y simulacros previamente establecidos por una red de fuerzas sociales y censores oficiales que garantizan la coexistencia del objeto ordenado bajo la forma de una oferta muy diversa de bienes y servicios.

Si lo que confiere significado a los lenguajes concretos es su uso en el seno de una forma de vida en la que está entretejidos actividades sociales, un único discurso genera un determinado hábito, una costumbre. Este único lenguaje impone un modo de vida en el que no interesa la verdad del mundo sino lo efímero, lo reciclado o lo producido destinado a no durar. Los medios de comunicación, voz del poder, se han autoproclamado controladores de los medios de producción de un simulacro de realidad estableciendo modas de relación, percepciones totalitarias o fábrica de necesidades y sentidos. Ofrecen la vida ya interpretada y de este modo, institucionalizan una determinada moral, nos muestran lo que tiene sentido decir o hacer, perciben por nosotros y preestablecen el lugar de cada uno en una estratificación social del estado.

El hombre no se ha salva de esta masacre y también ha sido vaciado de su contenido. Hoy en día sigue "flotando" libremente en una vida rodeada de "hologramas" a la deriva de una práctica discursiva que aprovechará el capitalismo. El metalenguaje de un mundo ausente nos mostrará un prototipo de hombre prefijado interesadamente. Bueno o malo, mejor o peor, viste de una determinada manera, tiene un determinado coche... es un hombre valorado por su consumo, por las marcas, por su forma de ser según de aproxime o se aleje de lo que se muestra en los medios de comunicación. Así podremos decir que es el consumo el que produce sujetos a su imagen y semejanza creando un nuevo tipo de esclavo: el individuo como fuerza de consumo que se dirige a donde ya le están esperando porque ha sido prediseñado.

La sociedad habla a todos bajo un sello del valor poniendo a cada cual en su lugar. Así, el valor de uso deja paso al valor de cambio y acabamos juzgándonos por nuestros objetos. Como un salto al vacío, hemos pasado de la "muerte de Dios" a la creación de una fábrica de necesidades que solucionen la angustia de no saber lo que se quiere. Cuando se secuestra la realidad, el nuevo hombre ya no se ilusiona por nada, no hay pasión, deja de creer en héroes y pasa a entusiasmarse por un mundo que no existe. Pero si la vida cotidiana termina por ser la réplica del modelo, ¿quién estará capacitado para cuestionar esta farsa? ¿podremos disponer de algún espacio de libertad para enjuiciar el sistema? Y si el individuo es producto de éste, ¿qué credibilidad tendrá la nueva crítica social? ¿quién lazará la primera piedra?... quizá una minoría, quizá un excluido, quizá un loco.

 


 

     

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