Los Think y los Tank. Fuensanta Muñoz Clares.
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Cuaderno de Materiales

 

Los Think y los Tank
Fuensanta Muñoz Clares

 

        De pronto, no se sabe por qué conjunción astral o tal vez debido a misteriosas fuerzas o intereses, empieza la gente a encontrarse en los medios de comunicación una expresión, una locución, muy repetida, traída y llevada. Su significado se intuye vagamente. En esa vaguedad intuitiva queda flotando la expresión, a no ser que la semilla caiga en una mente obsesiva. Un cierto grado de obsesión debe formar parte del análisis crítico. Asegura que esas expresiones, a veces islotes emergentes de tierras sumergidas, no se vayan a perder en la nada etérea, sino que pasen a ser indagadas y situadas en su verdadero contexto.
Así, algunos ciudadanos y ciudadanas de este país hemos leído últimamente varias veces una expresión anglosajona que antes no conocíamos: THINK-TANK. Leemos también que el gobierno formado por Bush en EEUU cuenta con miembros de prestigiosos "think-tank". Aquí empiezan nuestras suspicacias. Como sabemos de qué color se le pone la mano a Bush de tanto firmar ejecuciones, y qué idea tiene de la política exterior, y también de las políticas interiores, ya vamos pensando que esto del "think-tank", aunque suene a juego infantil, a campanillas o a juego de palabras de la Alicia de Carrol, no puede ser nada bueno.

Luego nos enteramos de que el Círculo de Empresarios, tan celebrado últimamente en los medios por sus ideas acerca de la natalidad y las contribuciones económicas de las trabajadoras, además de por otras perlas negras que casi han pasado desapercibidas, dado lo llamativo de esa declaración que acaparó la atención general, es también un "think-tank".

Quien tenga unas nociones de inglés y sea algo obsesivo, en vez de quedarse en la vaguedad de una definición primera (depósito de ideas o algo parecido), busca más información en un buen diccionario, en el cual encuentra dos acepciones de la palabra TANK:
1. "A large container for holding liquid or gas"
2. "A military vehicle covered with armour and equipped whith wheapons which moves along an metal tracks fitted over the wheels"

Esto va bien, o sea, mal. Bien para unos pocos, mal para el inmenso resto. Aparece en la primera acepción la palabras "liquid" o "gas". Aparece la milicia en la segunda acepción. Según ella, un "tank" es un tanque en nuestra lengua. Todos sabemos lo que son los tanques y para qué sirven: los vimos en Checoslovaquia, en la plaza china de Tiannamen, en nuestras calles en el 23-F, y recordamos que cierto político, hoy respetable presidente de una comunidad autónoma, amenazaba frecuentemente con sacarlos a la calle. Sabemos a quién y para qué sirven: arrollan, chafan, destruyen, aterrorizan. Respecto a los líquidos o los gases, pueden ser cosas buenas o malas, según de qué estén hechos y según para qué se usen. Para calentar nuestros alimentos o para gasear gentes inocentes. Para beber o para contaminar. Pero mucho nos tememos que en este caso, unido a "think" y viniendo de quien viene, tengamos que inclinarnos por las opciones menos tranquilizadoras.

Unida esta palabra, bien como gas o líquido, bien como arma destructora, a "think", arroja un resultado inquietante. El pensamiento, la más alta cualidad humana, se une a la destrucción. "Tanque de pensamiento", un tanque formado por ideas para arrollar, chafar, destruir, aterrorizar. O bien, un montón de ideas pestilentes y letales, en forma líquida o gaseosa, contenidas y comprimidas en un enorme tanque. De esto último puede resultar o bien una terrible explosión (sería el totalitarismo mercantilista ultraliberal, con sus antecedentes y secuelas de miseria humana), o una insidiosa espita que va dejando escapar el "gas de las ideas" poco a poco, con mesura, sin anuncios ni declaraciones previas, sin alarmar a las víctimas, aunque el resultado final sería el mismo: el totalitarismo mercantilista ultraliberal. Ellos le llaman globalización. Parece más exacto llamarle totalitarismo. Eso es, a eso tiende.

Pero todo esto son elucubraciones. Quizás la obsesión, saludable para la crítica, se convierte sin advertirlo en paranoia. Lo mejor sería dejar a un lado este agorero discurso y seguir con la investigación.

El mismo diccionario de inglés, como buen diccionario, también contempla en sus entradas las palabras compuestas y las locuciones. Aparece, por tanto, la expresión completa "think-tank" con su sentido nuevo y figurado: "A group of experts who are gathered together by a organization, especially by a governement, in order to consider various problems and try and work out to solve them". Con esto se deshace la ingenuidad primera que podría tener alguien en que parecería que un "think-tank" es algo así como un club privado de golf intelectual sin demasiado peso, que los asociados pensaban para entretenerse, como en una divertida lluvia de ideas a ver qué pasa y qué sale. Ahora, sin embargo, empezamos a hilar. Aquí los paisanos y paisanas creíamos que las maravillosas ideas políticas y sociales de nuestro gobierno eran propias, que emanaban y pasaban a la práctica desde esos cráneos privilegiados a los que tantísimos españoles votaron en su momento. Pues no es así. Los cráneos privilegiados, la materia gris, está en ese club de golfistas intelectuales. Los señores del gobierno son los simples ejecutores de las jugadas que planean los del Círculo de Empresarios, el "think-tank" español. Esta última expresión, "think-tank" español, parece un oxymoron fatal: la alianza de las tendencias ultraliberales y globalizadoras con la casposidad y espesura carpetovetónica. Los resultados, a medio y largo plazo, siniestros. Dicen algunos eruditos que Calderón de la Barca perteneció a un grupo de teólogos e intelectuales que apoyaban y proporcionaban ideas a la política de Felipe IV. También los resultados fueron siniestros, y dicha siniestralidad está reflejada claramente en los dramas y autos sacramentales del tantas veces ideológicamente perdonado autor.

Aparte el inciso literario último, todo esto viene a confirmarlo un esclarecedor artículo, publicado en un periódico nacional, por uno de los socios fundadores del dicho Círculo, un señor con un nombre tan largo -lujos genealógicos de la aristocracia mercantil- que se puede caer en el error de pensar que son dos los firmantes. Además, cualquiera de cierta edad o preocupado por la historia de este país nuestro, cuando lea uno de los apellidos le encontrará resonancias franquistas. López de Letona. ¿Les suena?

Con la intención de defenderse y excusarse de aquel gas o líquido maloliente que se les escapó sin querer y antes de tiempo (demasiado modernos para este país anticuado), según ellos, y que afectaba a la política de natalidad y a los derechos de las mujeres trabajadoras, dando explicaciones lo pone aún peor. Como ya dijo don Quijote, estas cosas escatológicas mejor no menearlas. En el artículo, seguramente con cinismo, no con la inocencia del cínico, y desde luego, sin ninguna inocencia a secas, declara responsable - algunos diríamos culpable- al Círculo de Empresarios de los siguientes bienes y mejoras sociales para nuestro pueblo: el desmantelamiento al baratillo del sector público, las privatizaciones del patrimonio industrial, quizás también cultural y educativo, de todos los españoles, el desastre del mercado laboral, rozando ya en la empresa privada los límites de la esclavitud, la neutralización de los Sindicatos, y, finalmente, la voladura programada del Estado del Bienestar.

Todo esto tiene mucho de "think" convertido en "tank". Es decir, sacando conclusiones, que el Círculo diseña los planos y el Gobierno construye la máquina destructiva. El Círculo de Empresarios almacena y el Gobierno de la Nación va soltando la espita. "Ustedes planifiquen y piensen, que nosotros, previo globo sonda o a la chita callando, haremos realidad sus magníficas ideas". Y cada día somos más pobres, cada días somos más precarios, incluso intelectualmente. Nos atropellan, nos arrollan, nos chafan, y no nos aterrorizan porque lo hacen con mesura, poco a poco, sin alarmar a las víctimas. Los tanques, sin embargo, están en reserva, por si acaso.

Mientras tanto, Javier Tussell, eminente historiador y politólogo, denuncia públicamente esta generación continua de "buenas ideas", perlas insuperables cuyo conocimiento tenemos que agradecerle, pero no relaciona una cosa con la otra. Es decir, no relaciona los "think" con los "tank", los que generan las ideas con los que las llevan a la práctica cotidiana, y valora positivamente a miembros de ese gobierno que parecen obtener su mejor plan político de los cachorros del viejo régimen.

Los ciudadanos y ciudadanas ignoran lo que se les viene encima, aunque noten los efectos como una pequeña enfermedad molesta, sin verdadera conciencia del mal que se desarrolla a sus espaldas. No lo notarán en toda su crudeza hasta que todo esté hecho, todo consumado. ¿Tenía mistress Thatcher un tink-tank detrás de sus actuaciones políticas? Posiblemente sí. Los ingleses aún se están reconstruyendo después de aquel período político y posiblemente no lo conseguirán del todo, ni tal vez aproximadamente.

Así puede ser que en las próximas elecciones los ciudadanos y ciudadanas de este país, si todavía para entonces pueden ser llamados así, vuelvan a votar a los think y a los tanks, porque la espita está bien regulada, y si lo creen oportuno están en su derecho. Y cuando algún deslenguado se vaya de entusiasmo y proponga lo ya insoportable, hasta queden bien con sus declaraciones contradiciendo lo dicho, tanto unos como otros.

No faltará, sin embargo, gente obsesiva que se ponga al análisis de todo, deteniéndose quizás en el peligroso borde de la paranoia. Amargos y doloridos, mirando las víctimas ya caídas en torno, recordamos que nunca hubo quien escuchara los augurios de los obsesivos. Siguen siendo los mismos los que analizan. Siguen siendo los mismos los que no escuchan. Siguen siendo los mismos los que pagan los desaguisados. Y ellos, los "think-tank", también siguen siendo los mismos.


 

     

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