Los efectos perversos en las relaciones laborales de la "globalización económica y financiera" auspiciada por el neoliberalismo. Antonio Ramiro Sánchez.       Cargando texto [46 KB] ....

Cuaderno de Materiales

 

     
    Los efectos perversos en las relaciones laborales de la "globalización económica y financiera" auspiciada por el neoliberalismo.
Antonio Ramiro Sánchez. Madrid, Octubre de 2000.

 

      La globalización económica y la internacionalización de los mercados, está permitiendo a las empresas (sobre todo a las grandes y a las multinacionales) moverse por todo el planeta sin restricciones en busca de las legislaciones laborales y medioambientales más favorables a sus intereses (y donde no hay legislaciones favorables se está intentando a través de los centros de opinión de poder y de conformación de valores que se modifiquen para que establezcan nuevas legislaciones), lo que está provocando graves efectos sobre el empleo, o sobre los derechos laborales y sobre el respeto a los recursos naturales.

El incremento de las desigualdades sociales y territoriales, la sobreexplotación del medio ambiente, la represión de la actividad sindical en pequeñas o medianas empresas y sobre todo en nuevos sectores de la economía, la marginación laboral y social -sufrida sobre todo por las mujeres y los jóvenes- la explotación laboral de niños y niñas... son algunos de los efectos perversos de la globalización.

Los sindicatos españoles, afirman que en el seno de la CIOSL, en un reciente estudio, se señalaba el peligro de que, si no se regulan e imponen los derechos laborales a escala mundial, el mercado de trabajo se convierta en una especie de sección de "saldos y rebajas" sin otra ley que la reducción de costes.

En una economía de dimensiones mundiales, la ausencia de regulaciones laborales, según los parámetros y derechos de la OIT, (o la solicitud creciente de las patronales y las organizaciones mundiales como la OMC o la OCDE de desregulación o desreglamentación, también laborales y no sólo financieras) sólo beneficiará a los que más tienen, y a los empleadores, perpetuándose la pobreza, o la explotación de los trabajadores y trabajadoras en el Tercer Mundo o en los "submundos" del Norte. Los trabajadores se encuentran cada vez más desprotegidos ante el "dumping social", verdadero "chantaje" de las multinacionales para rebajar (o incumplir) cualquier derecho laboral o cualquier garantía.

Trataremos en este documento sólo algún aspecto significativo de las relaciones laborales que se están dando en nuestro país crecientemente y lo que ello puede estar significando para los nuevos colectivos de parados y de jóvenes que buscan su primer empleo o que ya lo han conseguido. Pretendemos suscitar un debate en los colectivos minoritarios que aún subsisten en el empeño de elaborar un pensamiento crítico, alternativo al "pensamiento único", y que ojalá, aunque lo dudo, llegara al seno de las grandes organizaciones sindicales o políticas del mundo de la izquierda, para que tomaran partido ante los nuevos hechos concretos laborales que están creándose por la acción del neoliberalismo.

Además de la globalización financiera, ¿qué se globaliza en materia de relaciones laborales o de sus consecuencias?:

- Las legislaciones laborales (lo que se demanda por la CEOE aquí no es distinto de lo que pide el FMI o la OCDE o la UE)
- La falta de respeto a los derechos laborales y sindicales que se han legislado para todos las personas asalariadas (no hay más que darse una vuelta por el "mercado laboral" para ver las ofertas que existen, y los contratos que se pretenden establecer, que bajo apariencia de legalidad esconden jornadas superiores a las 40 horas y sueldos de menos de 100 mil pesetas al mes, con absoluta precariedad)
- Los nuevos valores: culturales, económicos, empresariales, laborales, que abundan sobre la legitimación social de las nuevas reglas del juego del capitalismo empresarial.
- Los comportamientos empresariales: con similares herramientas de gestión: externalizaciones, desreglamentaciones, sistemas o métodos de trabajo, etc.
- Son las grandes empresas (intentándose lo mismo con las administraciones públicas) las que cada vez más aplican el "outsourcing" (contratar cediendo la gestión de ciertos servicios a otras empresas externas, filiales o no) lo que les evita contratar a trabajadores, pues ellas contratan sólo los servicios en su conjunto de otras empresas que a su vez contratan (o malcontratan) a los trabajadores directamente o a través a su vez de otras empresas especializadas en contratar a personas paradas que buscan empleo (por ejemplo las ETT`s)
- La oferta de trabajo de los sectores financieros o de la llamada "nueva economía" se está generalizando casi en exclusividad a jóvenes licenciados (casi todos) desocupados en busca de su primer empleo, lo cual es evidente en algunas grandes empresas ligadas al sector financiero (banca y seguros) cuando contratando servicios con otras empresas especializadas se dotan de teleoperadores que impersonalmente son los que "dan la cara" por el Banco o la Compañía de Seguros, evitándose con ello incluso el contacto con el cliente; de modo que el conflicto se evade (se expulsa) de la gran empresa: se deriva hacia una pequeña empresa (o mediana) que siendo una, y otra, y otra, contratan (subcontratan) a trabajadores sin ligazón entre sí, que muchas veces no saben si quien les contrata es una u otra empresa, pues hasta el contrato laboral se les hurta.
- La precariedad laboral se generaliza
- La generalización de las ETT reproduce los valores de las grandes empresas, so pretexto de ayudar a las personas a insertarse en el mercado laboral
- Se generalizan las jornadas descontroladas; los sueldos mínimos; la ausencia de pagas extras; los contratos de formación que violan las normas existentes; los turnos a gusto de la empresa que, al no permitir una planificación de la jornada de trabajo del individuo, derivan en neurosis o patologías laborales que se reproducen en la vida personal del asalariado
- Se generaliza la mediación laboral o sindical sólo de las organizaciones instituidas, es decir de los sindicatos mayoritarios, que aunque (como máximo) denuncien la precariedad laboral, sin embargo pactan los convenios (o su mal menor, dicen, si son malos) en nombre de trabajadores a los que ni conocen (ni tienen representación en las empresas que los aplican o lo sufren)
- Como quiera que los sindicatos defienden a sus sindicados, que son en su mayor parte asalariados de grandes corporaciones, y nunca a los parados (si no tienen voz ¿cómo van a tener voto, en el sentido de influencia?) los jóvenes desconfían de los sindicatos y no se afilian y alimentan el círculo de aislarse y preocuparse solo de su problema al que, lógicamente, de forma individual no pueden dar solución.
- Se generaliza la conclusión de que a colectivos enteros asalariados de sectores emergentes de empleadores (empresas externalizadas de servicios de atención a clientes, nueva economía, venta por teléfono o internet, etc.) nadie los defiende; y sólo quien lo hace, cuando así se produce, suelen ser sindicatos "mal vistos" por la sociedad "biempensante", algunos de ellos libertarios o anarquistas (que no tienen cabida en los marcos de relaciones laborales instituidos por las grandes organizaciones sindicales)
- Todo ello ocasiona: desarme ideológico y sindical, miedo, temor al despido, competitividad interna entre trabajadores, ausencia de acción sindical, aumento del incumplimiento de los derechos de los asalariados y de las normas laborales.
- La generalización de los valores de la empresa, a la chita callando, van penetrando en los trabajadores jóvenes que tienen la "suerte" de encontrar un trabajo precario, que cada vez más se despreocuparán de otros y solo se preocuparán (mínimamente) de lo suyo, siendo lo "suyo" mantenerse en el puesto adquirido y aspirar, eso sí, a que algún día te hagan "fijo".
- Se está generalizando el individualismo, el corporativismo, y la ausencia de luchas laborales en muchas empresas, pequeñas y aisladas entre sí, donde sus trabajadores ni se conocen entre sí.


La globalización de la economía extiende una similar relación capitalista en el interior de las empresas, operando en el conjunto de las relaciones sociales, y no solo en la esfera productiva.

No hay un espacio de explotación, el espacio productivo, y un espacio democrático, el espacio social. En éste ya ni se discute sobre aquél. La lógica del beneficio privado, del productivismo, de la loca carrera hacia la acumulación y la llamada "buena vida", está colonizando la economía, la política, las relaciones sociales y la conciencia de toda la población. "No soy ni vivo ni pienso como los ricos porque no puedo, porque si pudiera lo haría y me olvidaría de quién soy", sería el lema subliminal a introducir en las conciencias, lo que significa, a sensu contrario, "Deseo preocuparme solo por lo mío, por tener más, por consumir más, por enriquecerme más, y me importa un pito los derechos de los demás siempre que a mí me dejen tranquilo y no me quiten lo que tengo hoy". Con ello, se convierte en objetivo prioritario y casi único de la persona que tiene empleo, el mantenerse lo mejor posible, "no vaya a ser que me echen y me quede sin nada", con lo cual "que reclamen otros que yo ni me muevo". El miedo se generaliza; el temor a la desocupación lo inunda todo; las condiciones de explotación laboral se ignoran, pues ello no es lo importante, sino que no le quiten a una persona su "puesto de trabajo" que tanto le cuesta mantener con su empleador (envuelto cada vez más en un clima de "despido libre" y "desreglamentación" pedida a gritos por las patronales del mundo).

La mayoría del sindicalismo opera sólo en el ámbito productivo obviando toda la envolvente político y social. No se debate ya (o no se genera opinión como antes) sobre lo que está significando socialmente el cambio de las reglas del juego productivo, y por ello son pocos los que todavía comprenden lo que es la globalización para su bolsillo o su vida cotidiana. ¡¡Si los que tienen que hacer pedagogía política no la hacen, ¿quién lo hará?¡¡

Esta aparente despolitización implica, en el sindicalismo mayoritario español, la importación (siquiera inconsciente) de todos los valores de la economía globalizada (crecimiento, estabilidad, competitividad, globalización, gobernabilidad), o su no cuestionamiento si nos atenemos a los hechos cotidianos de su acción sindical (por temor, quizás, a que se les margine institucionalmente o simplemente que se les llame "comunistas retrógrados o anclados en el pasado"), convirtiéndose esos valores (con la inhibición del discurso sindical) en una condición para la satisfacción del deseo consumista de los asalariados estables (que no tienen precariedad ni están en las pequeñas empresas ni son jóvenes).

La autodenominada izquierda española, es decir la institucional, y mediática al menos, (que vive en parte, a veces en mucha medida, de los Presupuestos del Estado, por una u otra vía, y si no que se lo pregunten a las personas que "viven o trabajan" en los partidos políticos cuyo sueldo en parte les viene de los votos obtenidos, directa o indirectamente, o de los "puestos de trabajo" derivados de su condición de "representantes" de colectivos ciudadanos - del ámbito local, autonómico, o estatal- o que le pregunten a los sindicatos, cuyos presupuestos les vienen fundamentalmente de los fondos que reciben de las administraciones públicas: formación, liberados, consejos, etc.) piensa que contra el capitalismo (perdón, contra los males del capitalismo) se lucha en la esfera de la producción, y son los trabajadores los que deben exigir salarios altos, revisión de salarios por la inflación devenida, protección social y condiciones de trabajo dignas. No está mal. Pero aquella izquierda se desentiende de un "momento crucial" para el despliegue del capitalismo, o de unas nuevas reglas del capitalismo, que están procurando la consolidación absoluta de sistemas (políticos) que se plieguen a los intereses de los capitalistas. Ese "momento" es el de la globalización de la economía y por tanto de las reglas del juego de las relaciones capital y trabajo. Así se une inequívocamente el progreso social y económico con un único tipo de pensamiento, y ¡¡ay de aquél¡¡ que no lo diga así de claro, que "el mejor sistema es el democrático (occidental y capitalista) que además es el único que respeta la economía de mercado". ¿O no es así?. Y ya sabemos que la economía de mercado está hoy en manos del pensamiento neoliberal, ¿es así?.

Parece "demodée" afirmar, y sin duda ya no es "políticamente correcto" decirlo (si alguien lo afirmara se le mirará no ya con asombro sino con la sensación de que se trata de un loco, iluminado o marginal, o que "juega a hacer su revolución"), que estamos en una sociedad en la que consumimos mucho más de lo que necesitamos (lo cual obviamente es interés de las empresas capitalistas cuyo fin único es producir, producir, y producir, para ganar, ganar, ganar, a cambio de que haya consumidores que solo compren, compren, compren, por lo que interesa cada vez más que callen, callen y callen, y que no se debata nada, nada, nada, en los medios de comunicación sobre ello) y que, por salud o higiene mental y por sentido común, deberíamos ser más austeros en el consumo para "repartir" mejor, y conformarnos colectivamente (y por supuesto reivindicarlo a través de las luchas cuando así no se produzca) con asegurar que el bienestar de vida lo sea para todos y todas, lo cual no sería poco ni una mala opción de izquierdas, (por ejemplo reclamando y exigiendo que el bienestar colectivo pase por generalizar el "Estado de bienestar" a toda la ciudadanía sin exclusiones) y, una vez conseguida la seguridad física en la vida, o la percepción de rentas dignas y suficientes para el conjunto de la población, es decir asegurado nuestro bienestar mínimo colectivo, disfrutar e ir consiguiendo que se generalice el acceso al mundo de la cultura, o del ocio que gratifica y enriquece a la persona, o desarrolla el bienestar familiar y social.

El corporativismo político, y sindical, (puede que inconscientemente, siendo moderados en nuestra afirmación) nos conduce a sólo asegurar valores donde primen el bienestar individual, derivado del cual está el consumismo irracional (eso sí, el libre acceso al consumo, con libertad de horarios si es posible para que siempre y en cada lugar podamos consumir), pero no a que todos y todas tengamos rentas básicas que nos aseguren bienestar mímimo y solidario para el conjunto de la ciudadanía.

Luchar contra los males del capitalismo globalizador, si es eso lo que deseamos, es luchar contra los males de la economía en cada país como base de las relaciones sociales. Por eso tenemos que hacer política, cuando desde los movimientos que denunciamos los efectos perversos de la globalización financiera, reivindicamos que la política debemos rescatarla del creciente secuestro que de ella se hace por la economía, o por las grandes corporaciones financieras o económicas que "mandan" en el mundo: FMI, OCDE, BM, OMC. La democracia, las decisiones de los pueblos, el poder soberano de los ciudadanos, no se ejerce ni se desarrolla, y queda secuestrada por lo que deciden organizaciones que no son democráticas y que no representan los intereses de los pueblos, de las mayorías (que producen y consumen precisamente para que otros vivan muy bien, y crecientemente más bien). ¿No les parece mentira que los partidos políticos no se den cuenta de que están secuestrados en sus decisiones por otros que no se representan más que a sí mismos?

Nos dicen los apologetas de la globalización: "La globalización solo traerá cosas buenas para toda la humanidad ¿cómo puede haber gente que no lo vea?". Sin embargo, nosotros creemos que una vida buena para toda la humanidad (una "mejor vida" es lo que les espera a algunos pueblos que sufren las consecuencias de los efectos perversos de la globalización, y si no, que se lo pregunten a los que acuden desde el Sur -por ejemplo en pateras- a la llamada de "lo bien" que se vive en el Norte -bienestar, democracia, ocio y placeres- reproducida por los medios -que tienen acceso desde el Norte a todos los países, pues para eso se desarrolló e implantó hace más de 15 años, eso sí "libre y democráticamente", el "free flow of information" -libre flujo de la información- ) sólo será posible cuando en cada Estado se construya una "vida buena" para sus habitantes.

¿Es coherente denunciar que hay explotación en otros países si no denunciamos la explotación que conozcamos en nuestro país?. Seamos coherentes y no hablemos, a veces, de abstracciones retóricas, por muy bien intencionadas que estén, sino de concreciones reales que conozcamos en nuestro país, para que, al menos, las pongamos en igual plano que las denuncias que hagamos sobre otros países.

Por eso entendemos que desde lo local, aunque no sea exclusivamente desde ese ámbito, es donde tenemos que denunciar con hechos concretos, con ejemplos conocidos por la población que nos rodea y a quien nos dirigimos con nuestras denuncias y con nuestras propuestas, los efectos perversos que está trayendo la globalización de la economía.

Actuar desde lo local, (como, por citar un ejemplo concreto, lo están haciendo en Valencia el "collectiu pa amb tomaca", denunciando "globalización mundial" y "los aspectos concretos de su realidad cotidiana local"), nos permitiría hacernos entender y conseguir que, cuando hablemos de nuestras propuestas, mucha gente (sobre todo gente joven) nos comprenda, y es ahí donde desde el pensamiento crítico debemos ser un aldabonazo en las conciencias adormecidas o instaladas o desinformadas.

Tenemos que denunciar que los llamados aumentos de productividad, en manos del capital no redundan en un menor tiempo de trabajo, y por tanto en un reparto de trabajo y bienestar para toda la población, sino en un paro estructural e irreversible (o un empleo tan precario y tan mal retribuido que no deja margen para discernir si se gana más con ese salario o con el subsidio o con el paro).

Ahora se nos dice por los partidos políticos (parece ser el nuevo "pensamiento políticamente correcto") que tienen como objetivo el pleno empleo. Bien está. ¡¡Claro¡¡...pero...¿qué tipo de empleo?. En realidad, me temo, que se trata de hacernos ver que todos (o casi todos) tendremos o debemos tener "pleno empleo", pero no se nos dice nada de su "cualidad", de si será o no precario, ni de las consiguientes especificaciones que ese empleo tendrá en el mundo capitalista, ni, por tanto, de lo que el mundo capitalista atribuye a ese tipo de empleo. ¿Qué tipo de relación, por cierto, habrá de ese pleno empleo con el ocio? ¿y con el subempleo o con el empleo sumergido? ¿y con el trabajo -empleo legal o ilegal- de los emigrantes para los trabajos más ingratos?. ¿Porqué no debatir públicamente sobre esto?

Las relaciones laborales son un aspecto central en la vida de las personas. Y sin embargo cada vez más éstas se desentienden de ellas, en sentido colectivo, en la medida que se entiende de forma generalizada que solo compete hablar o defender esas relaciones laborales a "los que saben", a los "entendidos", a los que culturalmente la sociedad llama los "informados", es decir a los partidos o a los sindicatos, es decir, a las institucions en definitiva que viven del propio sistema, que a la postre manejan casi en su totalidad una única forma de interpretar el mundo.

El despliegue del capitalismo globalizado es cada vez más el despliegue de las reglas de juego del trabajo asalariado precario en las que la principal regla es que no haya reglas o que no haya muchas reglas para impedir la contratación (al precio que sea) o el despido de un trabajador o trabajadora cuando el empresario quiera y desee, sin que el Estado "le llame la atención" (pues ya se sabe, el Estado debe dar libertad a la sociedad y no inmiscuirse donde solo debe diálogo entre patronos y asalariados, o como mucho sindicatos).

La nueva y emergente tipología del trabajo asalariado, su escasez, su calidad, su degradación, sólo se explican por la trama de relaciones sociales en las que se inscribe y que (aunque sea indirectamente) lo legitima socialmente como un pensamiento "políticamente correcto". El modo actual de producción capitalista, que se está internacionalizando a través de los organismos que precisamente se encargan de ello, está produciendo una escisión entre la persona que trabaja respecto a los medios de trabajo, los recursos para subsistir, el producto producido y los fines de la actividad laboral.

Se nos está haciendo que comulguemos con dogmas tales como que "los puestos de trabajo son propiedad privada de los empresarios a los que mejor por el país no cabrear pues para eso crean riqueza", empleadores que, se nos trata de convencer, que deben dar o quitar el trabajo en base a su legítimo (y pretendidamente) exclusivo interés, y que además son los que "enriquecen a todo un país y por tanto les debemos considerar benefactores sociales pues gracias a ellos todos tenemos bienestar, progreso y riqueza".

Pero sigue habiendo muchos problemas con los hombres y mujeres del mundo, y en nuestro país obviamente los hay con los excluidos, con los desocupados, con los que no tienen rentas, o con los que viven con una renta por debajo del umbral de la pobreza, y también con los asalariados (o con los nuevos asalariados) o con los que buscan empleo. Los problemas, es verdad, existen para unos más que para otros. Y tendremos que discriminar nuestro objeto de reflexión y denuncia, y priorizar por tanto.

Y entre los que más problemas tienen están las mujeres que buscan un empleo desesperadamente, y no hallan más que ofertas explotadoras, cuando las encuentran, y están sobre todo los jóvenes, chicos y chicas, recién licenciados o graduados, o con sólo los estudios primarios, que también quieren acceder a su primer empleo, y no lo encuentran, o lo encuentran con unas reglas de juego laborales de las que nadie o casi nadie se está preocupando por denunciarlas o corregirlas o impedir que existan simplemente.

La lógica del capitalismo globalizado, o lo que es lo mismo y también, la lógica del trabajo asalariado, está agravando los problemas de las relaciones laborales, y crecientemente de una todavía minoría, pero cada vez será más mayoría, cual es la de los jóvenes que sufren en silencio (ante la ausencia de organizaciones que los protejan, amparen, orienten, ayuden, o abanderen su causa) su explotación laboral, a cambio de mantener el empleo tan ansiadamente buscado.

Las condiciones laborales de muchas mujeres, y sobre todo de hombres y mujeres jóvenes, son de auténtica explotación: incumplimiento del Estatuto de los Trabajadores, ausencia de "comités de empresa" en la empresa donde trabajan, realización de contratos ilegales o alegales, violación de la legislación laboral, retribución con sueldos mínimos, jornadas laborales con horarios de locos que no se conocen hasta el día anterior donde se les fija el turno que les corresponderá al día siguiente, entrada y salida de la empresa a criterio del empleador, es decir alta y baja o despido sin garantías de cumplimiento de la legalidad establecida, régimen interno donde más que en una organización estimuladora o motivadora parece que se está en una cárcel donde no se puede ni levantar una persona de su asiento sin dar cuenta a su supervisor de lo que va a hacer levantado cuando lo que sólo existe es cansancio o agotamiento, ausencia de la libertad de expresión, supuestamente consagrada en la Constitución para todos y todas, imposibilidad de hablar con alguien para manifestar tu queja o sugerencia de modificación de las condiciones organizativas del trabajo, etc. etc.

Las cifras oficiales cantan: en España había en 1985 cuatro millones de parados y de eventuales. En el 2000, tenemos seis millones en total. ¿Son muchos? ¿Son pocos?: son personas a las que debemos ayudar desde las organizaciones que denunciamos los efectos perversos de la globalización económica.

Según la EPA (encuesta de población activa) del 2º trimestre del 2000, de los 11,5 millones de asalariados, hay 7,7 millones de trabajo con contrato indefinido y 3,7 de contrato temporal (de los que 500 mil son "a tiempo parcial", siendo en 1990 sólo de 200 mil).

De los 2,3 millones de parados (ver la EPA, 2º trimestre de 2000) casi 700 mil son jóvenes entre 16 y 25 años, casi 300 mil son chicos y casi 400 mil son chicas (186 mil son jóvenes de 16 a 20 años, y 444 mil son jóvenes de 20 a 24 años), existiendo 1,5 millones de personas paradas entre 25 a 54 años.

No olvidemos que oficialmente, para el INEM, son parados los que están inscritos en las oficinas de empleo. Con ello quedan fuera de las estadísticas laborales las personas que ya han renunciado a conseguir un trabajo a través de la vía oficial.

Con todo lo anterior, nos ratificamos en que la denuncia de los efectos perversos de la economía globalizada, como la lógica dominante del fin del siglo XX, no sólo nos exige una mirada sobre las dinámicas continentales y planetarias, sino que creemos que es imprecindible mirar (mirarnos hacia adentro) hacia las dinámicas particulares (hacia los "submundos" del mundo supuestamente desarrollado y paradigma del bienestar social, político y económico) como la realidad más inmediata que tenemos en nuestro país, si no queremos incurrir en una grave contradicción con lo que denunciamos del exterior.

     

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