Filosofía. Recuperar la función profética en las puertas del siglo XXI. Jorge Eduardo Noro
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Cuaderno de Materiales

 

 

Filosofía. Recuperar la función profética en las puertas del siglo XXI

Jorge Eduardo Noro
norojor@cablenet.com.ar

 

01. Algunos por qué

            Nunca como en estos tiempos la filosofía parece sumergida en una curiosa enfermedad y al mismo tiempo se exhibe segura y omnipotente como si se dispusiera a vivir para siempre envuelta en una eterna juventud. Se ha divulgado y vulgarizado a tal punto que  sobreabunda con su presencia entre los más disímiles discursos y escenarios, haciéndose cargo de interpretaciones y visiones de fenómenos imprescindibles y efímeros... pero, y al mismo tiempo,  se ha alejado del discurso cotidiano, del impersonal difuso y omniabarcador haciendo casi imposible su acceso desde un ámbito que no sea el específico. Hay terminologías, interpretaciones, denominaciones que nacidas al calor de la filosofía han sido motivo de apropiación por parte del discurso cotidiano, pero hay enclaves secretos y atrincherados que sólo facilita el acceso a los expertos.

            Este extraño síntoma  asalta a  la filosofía, pero también a las filosofías, a la escuelas, a las facultades, a los mismos filósofos. Numerosas publicaciones de los últimos años ofrecen una producto híbrido en que  alternan sistemáticos estudios de  especialistas y numerosos discursos de divulgación en los que la filosofía se asocia con otras ciencias sociales o con los comentarios y editoriales de los medios.

            Aunque circulamos por las amplias avenidas de un siglo XX que nos desplaza acelerado hacia el XXI, cierto malestar de la cultura y de la filosofía parecen remitirnos a la Atenas sofística del siglo V o las ciudades europeas del siglo XVIII pobladas de  filósofos ilustrados.

            No pretendemos ofrecer ni el diagnóstico de la presunta enfermedad, ni el tratamiento para su recuperacíón. Quisiéramos, simplemente,,  armar  estrategias de reflexión que nos permitan desandar algunas sendas o pasos perdidos en el bosque del filosofar, delineando  -- como meros dibujantes contratados por avezados arquitectos -- algunas de las demandas del porvenir.

 

            He aquí dos consignas que pueden ayudarnos a agudizar los interrogantes :

"Arrojémonos en esta época que posee sus bellezas ocultas y sus poderes característicos y fascinantes como cualquier otra era, para volvernos totalmente lo que somos" (Jünger)

"Lo único importante es que andemos. Lo que ahora importa es el movimiento. Aunque nos rodeen la intensidad  y la voluntad de  una  catástrofe imprevisible ". (L. Rudimer)

           

            El interrogante fundamental,  la  cuestión que nos inoportuna y nos angustia es qué hacer con este mundo, qué hacer en este mundo que nos rodea y en el que estamos ontológicamente inmerso : encontrarle la llave y el íntimo secreto. Pero también entrever en las grietas y en los resquicios de este entramado de acontecimientos (historia y existencia personal) los signos del futuro, el anticipo de lo que nos espera, la clave íntima y secreta de los días que nos aguardan.

            Y surgen entonces una serie de interrogantes : ¿Quiénes son los que  están circulando en estos días, por este nuestro mundo, en medio de nuestra realidad y están gestando -- embarazados de un mundo nuevo -- el mundo del porvenir? .¿Quiénes tienen la posibilidad de alumbrar tímidamente el rumbo,  de señalar lo que vendrá?

            ¿En qué lugar reposan y aguardan agazapadas las grandes ideas del futuro? ¿En qué laboratorio, altillo, mesa de bar, correo electrónico,  escritorio, charla de clase o de café, pantalla de computadora o servilleta de papel se están plasmando las líneas del futuro?  ¿En qué desconocida realidad, envueltos entre qué pegagosa y aburrida normalidad crecen anónimos y ajenos los gérmenes de una nueva edad? [1]

            Resulta curioso comprobar cómo un autor -- desde su cátedra[2] --  nos sitúa en los albores del siglo XX y respectivamente en el  neblinoso Londres otoñal y en las calles de la  Viena Imperial;  allí,  de entre la multitud de extras de la historia,  rescata a tres protagonistas para que suban al escenario. O no, no los hace subir al escenario... simplemente los señala,  los marca con un spot... y quedan visualizados desde la historia del presente, desde un siglo XX que se agota y  que mira - crítico y clasificatorio -- el pasado...  :  corre los velos y des-cubre el furtivo encuentro de Trotsky y de Lenín en el frío e inhospitalario Londres... y el tímido y desorientado deambular de un Hitler soñador en la  Viena palaciega... Uno tiene la sensación de que allí -- para bien o para mal --  se va gestando lo que marcaría a sangre y fuego grandes rasgos de  este siglo.

            ¡Quién pudiera transformar este juego de las ideas y tener no sólo la capacidad crítica de regresar con criterio hermenéutico sobre el pasado, sino avanzar con el mismo criterio sobre el presente y el futuro! . Ver críticamente lo que nos rodea, interpretarlo y detectar los indicios de un provenir que  aun no es, pero que ya ha elegido el terreno, marcado los límites,  efectuado las excavaciones y -- tras cómplices vallados -- está colocando sus pilotes, sus cimientos.

            He aquí uno de los intentos de esta exposición.

            La filosofía -- principalmente la filosofía moderna -- ha sido recurrente en este intento  : ver una realidad y descubrir en ella, los gérmenes de mundos nuevos. Los avances de la nueva ciencia y los nuevos paradigmas del siglo XVI y XVII, el  Kant del siglo XVIII que imagina  una realidad distintas para el curso del siglo siguiente.. o las anticipaciones históricas de Hegel o las lecturas críticas y predictivas de Marx o los anticipos destructivos de Niestche, o las reflexiones crítico-constructivas de finales del siglo XIX.

En 1806 anuncia Hegel en su Fenomonología del Espíritu :

"Nuestro tiempo es un tiempo de nacimiento y de tránsito a un nuevo período. Conciencia plena del filósofo de lo que está viviendo. El espíritu -- o sea la conciencia -- ha roto con el mundo de su existencia y el mundo de las ideas vigentes hasta aquí, y está en trances de hundirlo en el pasado, y anda entregado al trabajo de su transformación. La frivolidad y el aburrrimiento que desgarran lo existente, la añoranza indeterminada de algo desconocido, son los mensajeros de que algo nuevo se aproxima. Este gradual desmoronamiento queda interrumpido cuando un relámpago pinta de un golpe la imagen de un nuevo mundo".

            Lo curioso o paradójico es que los intérpretes mezclan su rol hermenéutico con el de constructores-delineadores de realidades nuevas : en el mismo momento en que "dan cuenta" de lo que sucede (y nos entregan la clavede la interpretación) y definen lo que debería suceder (prospectiva), aportan ideas que no solo de-velan el alcance de los signos, sino que ponen en movimiento la dinámica historica y -- sin proponérselo -- producen los cambios.

            La filosofía no ha renunciado nunca  a su papel hemenéutico. Siempre lo ha asumido. Pero hay una tensión dialéctica entre (1) los legitimadores y los anticipadores, entre (2) los consolidadores y los destructores (los que crean sobre las ruinas o con ellas "mundos y realidades nuevas"), entre (3) los enamorados del canto y las bellezas de las sirenas del pasado, los intérpertes pertinaces de un presente complejo [3] y los que aguzan la mirada para entrever el futuro en cierne,  allí, en las llamas del presente o en las cenizas del pasado. En las tres actitudes hay un profetismo en marcha, una interpretación de signos y un "leer" los significados sobrevolando  lo dicho, para desnudar lo oculto, lo impronunciable, lo insonsable y nouménico...

            Hemos pensando esta exposición como una reflexión en voz alta para compartir -- y eventualmente debatir -- acerca de lo que nos pasa como coetáneos, como habitantes del mismo mundo y de la misma historia, pero fundamentalmente estamos interesados en revisar  qué le pasa a la filosofía, a ese saber de fundamento y de intermediación que debería ayudarnos a comprendernos y explicar. Es sólo un intento. Esperemos -- ustedes los dirán -- que no sea vano.

02. Prácticas filosóficas

           

            El punto de arranque es una breve caracterización de cuatro actitudes frente a la filosofía. En mucho, las lecturas posteriores que pretendemos hacer dependen de la concepción que tengamos de ella.

2.1. Instrumentos limpios.

            La académica presentación, sistematización y transmisión de la filosofía se empeñó durante mucho tiempo -- y aun no ha cejado en su intento --   en cuidar en demasía su contenido histórico, sus clasificaciones exactas, sus puntuales referencias a autores, textos y corrientes para atribuirles a cada uno de ellos la procedencia de las afirmaciones, el valor de las palabras, el peso del discurso. La filosofía aparecía, por tanto,  como un ámbito incontaminado y perfecto recorrrido por los consagrados doctoralmente para transitarlo. El largo ritual del ingreso -- los estudios superiores, las investigaciones, las publicaciones, el limitado juego de las ideas -- conducía trabajosamente hacia el campo sagrado, hacia el paraíso perdido y recuperado. 

            La  filosofía -- en este contexto -- parece más empeñada en cuidar, en limpiar, en afilar y pulir sus instrumentos,  y en  mantenerlos incontaminados, preservando las  manos de cualquier impureza... que en utilizarlos y probar su versatilidad, su corte, su efectividad.  Como si se tratara de un coleccionista que frente a sus armas, goza en  sacarles brillo, desarmarlas, ordenarlas... pero se muestra incapaz de utilizar ninguna de ellas... o de un melómano que ha reunido puntillosamente abundante cantidad de instrumentos, pero es incapaz de arrancarle a ninguno de ellos una melodía... La filosofía -- su estudio, su ejercicio, su transmisión -- se ha sacralizado hasta el punto en el que cualquier ejercicio espúreo puede ser rápidamente catalogado de sacrílego o blasfemo.

            Todos sabemos que éste ha sido el pasado de muchos y el pasado de mucha filosofía.  No podemos dejar de reconocer, sin embargo, que hay toda una etapa de propedéutica filosófica que necesariamente debe transitar por este camino. El conocimiento y el dominio de los instrumentos es condición para su posterior y eventual utilización. El riesgo no está en este recurso metodológico y formativo sino en una postura filosófica que solamente goce y se restrinja a la misma. Es posible que en estos casos -- abundantes por cierto -- se esté traicionando la fuerza misma del pasado filosófico (el mismo que se venera y mitifica): los verdaderos filósofos lo fueron porque supieron cumplir en ellos y transmitir a los demás la necesaria integración entre los recursos instrumentales y la proyección creativa y transformadora sobre la realidad. Esto no los convirtió en populares, no los vulgarizó, ni los expulsó del olimpo de la filosofía : les permitió abrir las compuertas del pensamiento para que fluyera como fuerza nutriente sobre diversas realidades.

              Mas que refugiarse en entelequias metafísicas operando como un panóptico y legislador universal, la filosofía -- y los filósofos guardianes de un tesoro sagrado, mítico, inaccesible[4] -- deberían incorporar la figura del puente que tiene sus brazos desde los instrumentos y la tradición filosófica a las realidades con las que frecuentemente el incontaminado universo de las ideas deberá ensuciarse y mancharse. Ya habrá tiempo para volver a revisar, limpiar, pulir y colgar los instrumentos para usos futuros.

2.2.  Las Jaulas ideológicas.

            Un pasado reciente que todavía se entremezcla con nuestro presente, nos revela una filosofía demasiado empeñada en transformar la sociedad, en convertir las ideas en instrumentos de combate y el juego de los argumentos en una estategia de una guerra global.  También en ella, la obsesión por desprendiéndose de todo pensamiento inútil o de todo pensamiento asociado a un cuerpo de ideas que no se comparte y que se rechaza, obliga a optar por un conjunto de formulaciones que dogmáticamente se asumen como verdades para alimentar las propias certezas colectivas.

            El resultado de esta decisión es una filosofía que enjaula arbitrariamente las ideas, marca las fronteras de lo que se considera pensamiento legítimo,  excluye las divergencias y los discursos alternativos y desde la trinchera de su propio encierro dispara contra quienes no comparten  el mismo territorio ideológico.

            Aunque el planteo ideologizador de la filosofía proviene de un ámbito específico del pensamiento, sin embargo el ejercicio estratégico de esta postura no reconoce bandos... De diversos sectores antagónicos, de manera explícita o con elípticas formulaciones se han construido diversos discursos legitimadores. La historia reciente -- principalmente en la década del 70 -- es un testigo descarnado e indiscutible.

            La fuerza del hacer, la urgencia transformadora del pensamiento, las demandas de la sociedad,  la  impostergable necesidad de dar cumplimiento al propio cuerpo de ideas es lo que legitima este afán arrollador que convierte a la filosofía en un campo de batalla más. .

            Esta  construcción artificial y arbitraria de un territorio en el que las ideas se seleccionan o se proscriben, se jerarquizan o se subordinan, pone al descubierto su fragilidad.  La filosofía aparece aquí invadida en exceso por las demandas de lo real. Se desprende generosamente de su libertad especulativa,  elimina su aporte fundamentador, abandona su función crítica y autocrítica, renuncia a la incesante voluntad de volver una y otra vez sobre sus propias formulaciones... se traiciona como filosofía para transformarse en ideología.  No se trata de reinstalar una extemporánea sospecha sobre la ideologización del pensamiento. No es ese el debate en este momento. Interesa, sí, marcar que más allá de los condicionantes ideológicos que puede influir sobre las diversas escuelas, corrientes, autores o filosofías, no parece lícito convertir al pensamiento en una JAULA, en un ENCLAVE que no abre el libre juego de las ideas, sino que deliberadamente lo cierra para protegerlas y protegerse.

2.3.  Un mundo ancho y ajeno 

           

            Aunque parcialmente asociada a la primera interpretación, la filosofía puede mostrarse al mismo tiempo interesada e impotente para poder acceder a las demandas de lo real, es decir, a la complejidad del mundo que nos rodea,  por la borrosidad de sus manifestaciones, el ritmo vertiginoso de sus expresiones, la versión multívoca de sus lenguajes, la voracidad de un tiempo escurridizo e irrefrenable.  La filosofía -- desde su estructura y sus formulaciones -- parece imposibilitada de acceder crítica y creativamente a las demandas de un mundo global,  inapresable, sin rumbo.

            Reaparece así el fantasma eterno de la filosofía (Bacon, Descartes, Berkeley., Kant, Marx) : la incognoscibilidad de lo real.  La  estructura del pensamiento (del conocimiento humano) que no puede acceder a la comprensión de la realidad. porque habría una natural asimetría, desplazamiento de plano,  quiebre de código,  entre una y otra. Lo real se torna inaccesible a la capacidad organizativa del conocimiento y aunque se intente imponer el orden en el caos fenoménico, se tiene la impresión de que nunca se podrá captar la esencia de lo real y que -- aun cuando se lo capte -- nunca se logrará operar efectivamente en ella. 

            En este sentido la filosofía intenta pronunciar su palabra, no renuncia a su función enunciativa, pero su presencia resulta ajena a las demandas del mundo... y son fallidos sus intentos interpretativos, decodificadores y su afán transformador.

            La filosofía se vuelve un sueño imposible :  el juego de sus lenguajes y la dinámica de sus ideas no logra ingresar en el circuito de las decisiones y de la configuración de lo real. Si la filosofía toma conciencia de su imposibilidad,  el angustioso despertar del sueño [5] puede conducirlo hacia alguna de las alternativas filosóficas enunciadas. Si la construcción fantasmagórica continúa -- por inconciencia o por decisión -- la filosofía se arriesga a configurar un discurso paralelo[6] en el que el mundo o la realidad parece obedecer a una dinámica de la que no participa y a la que ni siquiera se aproxima.

2.4.  Recortes Hermenéuticos[7] y giro lingüístico

           

            La filosofía -- como lo mencionábamos al iniciar la exposición -- se ha vuelto omnipresente en nuestros días, aun corriendo el riesgo de vulgarizarse. Sus facetas más divulgadas son aquellas en las que la filosofía (o los filósofos) se encargan de "dar versiones discursivas" de la realidad que nos rodean. Los hechos, los acontecimientos, las palabras, las personas son enigmas a descifrar, tienen un código de ingreso que la mayoría desconoce.  Suceden, viven, aparecen, sobrevuelan nuestro mundo pero requieren de alguien que opere con la clave, resuelva el misterio, ordene las letras y las cifras, nos entregue el  "password". Allí está la filosofía operando de intérprete, de decodificadora. Los filósofos son los especialistas en la construcción y de-construcción de claves de ingreso a este mundo y a esta época. [8]

            Esta función interpretativa, esta función hermenéutica que trabaja sobre sobre los signos, sobre las manifestaciones y operan las síntesis constitutivas y explicativas, puede ser una de las razones por las que se ha difundido -- hasta niveles de contidianidad a-crítica -- el tema de la postmodernidad.  La filosofía se ha encargado de "ponerle nombre" a lo que nos pasa y a lo que vivimos. Nos sentimos más seguros, sabemos que -- sanos o enfermos -- los síntomas responden a una clasificación y que podemos regresar a la realidad que nos rodea portando la clave interpretativa que los filósofos de hoy nos entregan con generosidad y abundancia.

            Son esos filósofos -- y otros que sembraron la sospecha sobre lo que nos acontecía para demorarnos en lo obvio y obligarnos a volver sobre nuestras propios contextos configuradores históricos -- los que iluminan determinas áreas de la realidad,  las designan, las describen con precisión, la interpretan y nos obligan a reconocernos en sus descripciones y versiones: nosotros estamos en ese escenario que la palabra recrea artificialmente porque somos parte del mundo y de la historia que la filosofía decodifica.

            Pero hay algo más: en la complejidad de lo que sucede, en la multiplicidad de las manifestaciones, en la aceleración del tiempo, en la variedad de  escenarios y  actores... nosotros -- pobres mortales -- no podemos operar la síntesis que nos permita ensamblar la multitud de señales : también aquí el codificador -- filósofos y filosofía --  es el responsable de que recibamos la señal, escuchemos los mensajes, apreciemos las imágenes. Ellos se han constituidos en los categorizadores kantianos que permiten armar los objetos operando una síntesis constitutivas a partir de la multiplicidad dispersa de los fenómenos. Es esta filosofía la que nos asegura que podemos proseguir la búsqueda  de noumenos e incondicionados, mientras "nos sirve" los objetos de conocimiento dispuestos para el consumo y la supervivencia.

            Esta función de la filosofía -- asociada a numerosas ciencias sociales que circulan por andariveles paralelos pero que frecuentemente producen roces y cambios -- goza de prestigio y buena salud, festeja y premia a sus  expositores, los presenta en escenarios consagrados para que anuncien sus palabras. Los filósofos ocupan lugares en las revistas, emiten sus opiniones en los medios masivos, conducen programas de radio, dan a conocer su puntos de vista sobre disímiles temas en programas políticos,  de opinión general, de divulgación y hasta de dudosa catadura periodística... Son reconocidos, publican libros, venden sus derechos., sobreviven dignamente.[9]

            No es extraño que la filosofía se haya asociado al "pensamiento débil ": el ser se ha debilitado a tal punto que no admitiría ya un abordaje desde el pensamiento fuerte de la tradición filosófica y de su peso discursivo y argumental. Las prácticas filosóficas -- ¿nueva sofistica, reencarnación del siglo de las luces? -- se han "debilitado" para poder leer en términos comprensibles una realidad que no admite un lenguaje duro, sistemático, técnico, cerrado.

             Unilateralmente volcada en la tarea de observar e interpretar, de sintetizar y confeccionar cierres o recortes hermenéuticos la filosofía ha cedido parte de su ser en la negociación y ha circunscripto sus alcances. No interesa tanto fijar la mirada en la difusión y en la vulgarización de sus producciones y de sus interpretaciones, sino marcar las carencias de una filosofía demasiado ocupada en la compleja tarea de descifrar, descifrar y describir el mundo y poco interesada en anticipar las condiciones de posibilidad del mundo que ya se está gestado.

03. Cuál es la función de los intelectuales

            Umberto Eco en una obra  reciente [10] intenta precisar los alcances de la tarea del intelectual. Un filosófo, un educador crítico, un profesor de filosofía lo son.

     "El intelectual no debe tocar el clarín en la revolución. No para eludir la responsabilidad de una elección (que puede hacer como individuo), sino porque el momento de la acción requiere que se eliminen los matices y las ambigüedades, mientras que la función intelectual consiste en excavar las ambigüedades y sacarlas a la luz. El primer deber del intelectual es criticar a los propios compañeros de viaje. Puede suceder que el intelectual elija el silencio porque teme traicionar a aquellos con los que se identifica, pensando que, más allá de  sus errores contingentes, al fin y al cabo persiguen el bien supremo para todos. Trágica elección, de la cual están llenas las historias por la cual se ha visto a algunos ir a morir, buscando la muerte, en una lucha en la que no creían, porque pensaban que no se podía canjear la lealtad con la verdad. Pero la lealtad es categoría moral y la verdad  es categoría teorética.

     No es que la función intelectual esté separada de la moral. Es elección moral decidir ejercerla, como es elección moral la del cirujano cuando decide cortar la carne viva para salvar una vida. Pero en el momento en el que corta, el cirujano no debe conmoverse, ni siquiera cuando decide cerrar porque no vale la pena seguir operando. La función del intelectual puede llevar también a resultados emotivamente insoportables, porque a veces hay problemas que deben resolverse mostrando que no tienen solución. Es elección moral expresar la propia conclusión: o callarla (esperando acaso que sea equivocada). Tal es el drama de quien, incluso por un solo instante, asume la tarea de ‘funcionario de la humanidad".

     La función intelectual -- concluye páginas después -- se ejerce siempre con adelanto (sobre lo que podría suceder) o con retraso (sobre lo que ya ha sucedido); raramente sobre lo que está sucediendo, por razones de ritmo, porque los acontecimientos son siempre más rápidos y acuciantes que la reflexión sobre los acontecimientos. Por eso no es extraño que un autor viviera encaramado a los árboles : no para sustraerse al deber intelectual de entender  el propio tiempo y participar en él, sino para entenderlo y participar mejor."[11]

 

            Es por este atajo por el que querríamos abordar la propuesta filosófica enunciada en la exposicióN: la función de filósofo como intelectual con una inclaudicable capacidad de entremezclarse con el mundo en el que habita, pero con la posibilidad de construir su propio torre de observación para contemplar  con mayor serenidad y rigor los mensajes del pasado... y para decodificar con mayor perspicacia los signos del futuro.

04. Una nueva actitud filosófica

            En un mundo signado por la complejidad y la incertidumbre, inapresable y multívoco, insobornable a la hora de la demarcación y clasificación, borroso en sus manifestaciones y delimitaciones, la filosofía no puede -- simplemente -- respetar dogmáticamente y prolongar la tradición occidental. La filosofía fue la responsable directa de la construcción del mundo moderno. Fue la condición de posibilidad de su estructuración, fue su fiel intérprete, fue la vocera oficial de sus logros y de sus posibilidades, anunciando paso a paso el ser y el quehacer de una época segura y omnipotente, obsesionada por el progreso indefinido del hombre y de la humanidad. En la modernidad se concentraron los logros de la filosofía precedente y en la modernidad la filosofía sistematizó las estrategias de abordaje a un mundo que merecía ser conocido y contemplado, ordenado y legislado, anticipado y recreado. Las ciencias fueron la prolongación de ese pensar filosófico  y, en un juego dialéctico, fueron las mismas ciencias las que fortalecieron a la filosofía, en momentos de orfandad e indefinición epistemológica. Filosofía y ciencia construyeron un curioso y atrayente matrimonio, de cuya fecundidad procreativa fue resultado el mundo moderno en sus más diversas manifestaciones.

            La contemporaneidad -- y sus fluctuantes y variadas denominaciones -- ha debido afrontar el conocido quiebre de la modernidad. Al pensamiento sistemático y lineal se ha sobrevenido la complejidad y multilateralidad de las visiones y de las versiones; a la vigencia de la verdad y de la certeza gnoseológica o la univocidad de los discursos morales, le han sucedido las perspectivas múltiples y las legítimas variables de accesos a los acontencimientos y a sus valoraciones. Al delimitado entramado de acciones y saberes,  construido sobre la certeza de la necesaria co-relación entre realidad-verdad-discurso  le ha sobrevenido la imprecisión,  las estrategias de acercamiento, la legimitación de la provisoriedad y la duda... y a la concepción de las ciencias como un absoluto cierto, preciso, demarcado, le ha soprendido la situación de incertidumbre que algunos autores -- del ámbito de las ciencias duras -- se han atrevido a definir con principios que hubieran horrorizado a la modernidad :

(1) "A medida que aumenta la complejidad de un sistema nuestra capacidad para expresar su funcionamiento con precisión y significación decrece, hasta que la complejidad alcanza un umbral, por encima del cual la precisión y la significación se transforman en cualidades mutuamente excluyentes".

(2) "Uno nunca debería tratar de ser más preciso de lo que el problema requiere"

(3) "Los accesos mas expresivos y comprensivos a las realidades últimas conllevan menor grado de precisión y creciente borrosidad y provisoriedad en sus resultados"[12] 

            Frente a las demandas expresadas, la filosofía no puede defender los sueños trasnochados de una tradición extemporánea. Sin embargo, respetando un pasado que ha sabido construirse, paso a paso, utilizando los materiales de las filosofías precedentes, deberíamos recuperar los insumos con los que habrá de construirse el nuevo edificio. Así, esta nueva actitud filosófica  debería rescatar :

a. En primer lugar, el respeto y el  cuidado por los instrumentos del pensamiento y del filosofar, a los que necesariamente se accede con un esfuerzo paciente y prolongado.

b. En segundo término, la apertura -- el oído atento -- a las  demandas de la realidad, las melodías de la vida y las exigencias de la  praxis, dejando que se entrometan, con cierta impertinencia, en nuestras clases, en nuestras exposiciones, en nuestros exámenes, en nuestras reflexiones y en el desarrollo sistemático de las ideas.

c. También una filosofía siempre menesterosa  de volverse sobre el mundo no sólo para contemplarlo o para ensamblar críticamente lo que se ha dicho, sino  para operar creativamente sobre él, arriesgando las verdades absolutas, poniendo a prueba los instrumentos y sabiendo que -- frecuentemente -- habrá que regresar para esterilizarlos y evitar eventuales contagios o infecciones.

d. Además, una filosofía necesitada de pronunciar su palabra, emitir mensajes, construir códigos y signos para ayudarnos a comprender el mundo de hoy, con algunas estrategias de supervivencias para poder subsistir en él, en temas tales como la verdad, el bien, el obrar, la responsabilidad personal y solidaria, etc.

e. Una filosofía protagonista y arriesgada en el mundo que nos rodea, con capacidad y posibilidad de equivocarse, sin avergonzarse y claudicar; de acertar, sin volverse dogmática.

f. Finalmente, una filosofía que imagine e construya desde el mundo presente, el mundo futuro: que hable proféticamente para un presente embarazado de futuros. Una filosofía en tensión dialéctica : históricamente fiel a un pasado común y prospectivamente abierta a un modelo que anticipa el porvenir

            Hablamos de una filosofía que se construye en los centros del poder hegemónico... pero sobre todo una filosofía sostenida por las prácticas de los filósofos que comparten nuestro tiempo y las desventuras de nuestro espacio, de los profesores de filosofía,  de los grupos de reflexión, de los estudiantes que transitan diversos niveles de aprendizaje y que van accediendo al uso del tesoro que, además de cuidar celosamente, deberán disfrutar y multiplicar.

05. Filosofía  a las puertas del siglo XXI

           

            Proponer un nuevo horizonte para la filosofía no es configurar un nuevo discurso filosófico, así como demarcar un nuevo camino no implica ponerse a caminar. No queremos que esta propuesta sea sólo heurística sino que aporte los elementos para tornarse ostensiva. Marque los rumbos de la búsqueda y entrevea el galardón  que nos espera...

            Una acelerada visión de las posturas filosóficas y de su presencia en el universo social en los últimos cincuenta años nos permitirá ensamblar el pasado con el futuro. [13]

            Primero fue la vigencia de los sistemas interpretativos cerrados que desde la riqueza de sus premisas forzaban dogmáticamente a la realidad a responder a sus apriori hermenéuticos. Cada sistema -- prolongación de la modernidad -- construía un esquema interpretativo de vigencia absoluta y universal proyectándolo sobre lo empírico. En este contexto, la filosofía se vuelve clasificatoria, ya que incluye o excluye las versiones o construcciones compatibles o incompatibles con el sistema.

            Luego irrumpe la fuerza de las ideas antagónicas, en el marco de una lucha legitimada dialécticamente. Las ideas se contraponen, se tornan irreconciliables, representan versiones antinómicas de la realidad y de su eventual transformacioón.  No hay espacio para el encuentro, sino para la confrontación. No hay lugar para el diálogo, sino para la imposición unilateral, asociada a metodología diversas. La filosofía renuncia a su pretensión de universalidad y asume el compromiso ideológico que se le exige: se embandera, se compromete, contribuye a defender las estructuras vigentes o suma esfuerzos para su destrucción. Asociadas a un pragmatismo estratégico, las ideas reconocen la síntesis integradora en el núcleo del propio sistema interpretativo. El acento y el valor están puestos en la afirmación y en el disenso.

            Finalmente, una complaciente interpretación de la multiplicidad de fenómenos que nos rodean, con un alto poder descriptivo, pero sin ofrecer -- frente a situaciones de crisis o desintegración, que por ejemplo asoman en terrenos tales  como el ámbito de las prácticas sociales o educativas -- una alternativas superadoras. Estos procesos explicativos parecen involuntariamente convertirse en legitimadores de lo que sucede. Al mismo tiempo la descarnada visión de lo que sucede y nos sucede, desarma y desnuda nuestras prácticas, nuestras ideas, nuestros acuerdos, nuestras íntimas seguridades, con el riesgo de quitarnos, psicológicamente, la necesaria seguridad que nos permita seguir viviendo y haciendo. La filosofía parece demasiado interesada de explicar y justificar en lugar de trazar las nuevas líneas que permitan  construir el nuevo escenario de la humanidad.

            Y ¿cuál es, entonces, el futuro que nos aguarda?

La función profética tiene -- aquí -- una re-contextualización semántica. El profeta es quien sabe leer los signos del presente, sabe darle a los hechos dispersos una discursiva continuidad, a la mutliplicidad una visión unitaria, a la incertidumbre un faro o luz de referencia.  No destruye la realidad, no anula la multiplicidad y la dispersión, no reniega de la incertidumbre.  Construye con esos materiales el nuevo texto: pronuncia la palabra necesaria para darle sentido a lo que sucede. Pero en esa hermenéutica del presente, el profeta entreve los gérmenes del futuro, se anima a anticiparlo. No lo hace como un vaticinio de lo que irremediablemente deberá suceder, no hace premoniciones, ni construye mundos imaginarios. Marca los constituyentes del presente que pueden alumbrar el mundo nuevo, se pone en marcha, ayuda a construirlo, acerca los hilos para tejer la urdimbre de una trama innovadora.  El profeta no es un visionario de ojos entrecerrados: por el contrario, abre sus ojos, mira la realidad y en ella descubre lo que es y lo que puede ser. [14]

            Esta desacralización metodológica del término, esta secularización de una función asociada al ámbito específico de lo religioso, permite encontrarle un nuevo rumbo al filosofar. Nuestro intento será limitado, circunscripto. Una enunciación que muestre la senda y inicie los primeros pasos, comprometiéndonos con el camino, con la búsqueda y con el destino.

            La filosofía que debe construirse, el pensamiento que nos espera, habrá de transitar por los ámbitos del consenso y de los acuerdos, la supresión provisoria o definitiva de los enfrentamientos y la superación de los antagonismos. La filosofía instalada en los nuevos areópagos, en los ágoras postmoderrnos , en las nuevas asambleas -- los medios de comunicación, la presencia de multitudes, las páginas de internet, los congresos, los debates políticos o los sistemas educativos --  es la  que se permite exponer sus producciones  y sus puntos de vista, yuxtaponer y contraponer las ideas para poder arribar a diversos y progresivos acuerdos mínimos.

            No se trata ya de una verdad que se impone, se defiende o  se combate, sino una verdad que se descubre también en la formulación del antagonista y se construye en común. El consenso representa una retroceso con respecto a la vigencia de valores o verdades absoluta, pero un avance seguro en términos de re-conocimiento intersubjetivo, en términos de humanidad. Los consensos suponen apertura a la verdad del otro desde nuestra verdad; no cede, negocia; no se cierra en la propia versión ni obedece a la imposición ajena, construye con lo propio y con lo extraño, arma una verdad de acuerdos y de encuentros.

            Hablamos de una filosofía que se hace cargo de las sustanciales antinomias que todavia recorren el subsuelo de nuestra postmodernidad, se hace cargo de las oposiciones y de las diferencias y que, con ellas construye la patria de todos, la aldea global que no acepta incluidos y excluidos, sino que se dignifica con la  presencia de todos en torno a una única condición: su humanidad. Filosofía que -- como en otros tiempos y en otros contextos -- reformula el sentido del poder y delimita su alcance omnímodo para ensayar formas alternativas y reales del poder-común y de un poder que renuncia a la dinámica destructiva de la omnipotencia, la eliminación de toda referencia ética y las proliferación de estrategias destructivas del otro y de los otros.

            En un mundo que mantiene vigentes las radicales oposiciones en el juego de las ideas y que  posterga las soluciones que demandan las sociedades; en un mundo que por momento contempla el despertar de antinomias que parecían sepultadas por el progreso pero que renace en las nuevas luchas por  pasiones e ideas -- étnicas, religiosas, territoriales, culturales -- en violencia destructiva e irracional; un mundo que multiplica a los arrabales y las villas miserias de la aldea global ( con el riesgo de que el colapso no sólo se produzca por el enfrentamiento entre los que tienen y los que no tienen, entre los habitantes de los barrios privados y los seres humanos privados de todo... sino que el sistema económico naufrague en un autismo trasnochado en el que los consumidores mueran -- como el condenado del infierno dantesco -- contemplando las producciones que ya no pueden respartirse  los pocos invitados a la mesa).  En este mundo, nuestro y proxímo, se impone una práctica de debates racionales y superadores, presencia de la palabra y de la escucha, del avance común del saber y el conocer, del descubrimiento del otro y de los otros, de la configuración de una nueva edad en la que todos puedan emitir sus ideas y opiniones no solo en la certeza -- ya consagradado por las democracias y los derechos constitucionales  -- de ser respetados, sino de ser tenidos en cuenta a la hora decidir: nueva edad en la que se desarrollen la capacidad de prestar oído y aceptación a las verdades que provienen de los otros ;   nueva edad en la que los procesos civilizatorios se midan en términos de bienestar integral para todos los seres humanos. [15]

            En este sentido las sociedades del porvenir deben crecer moralmente en dos dimensiones complementarias: la dimensión del arrepentimiento y la reconciliación por una parte, y la dimensión del olvido y el perdón por otra.  El nivel de desarrollo de las comunidades no debera evaluarse solamente por la capacidad de crear modos de vidas más beneficiosos para la mayor cantidad de ciudadanos y habitantes,  mayor nivel de justicia y control social, sino por la capacidad de asumir el pasado y el presente y construir futuros reales y posibles. Para ello es necesario que quienes se saben responsables de hechos lamentables tengan la capacidad personal y el espacio social para expresar sus culpas y reclamar solidariamente la reconciliación; pero a su vez, la sociedad debe crear la conciencia del perdón y del olvido. Solamente una sociedad que sepa edificarse con el pasado real, con la historia que ha debido y ha podido vivir podrá aspirar a medirse en términos de humanidad.  No puede sostenerse ni una justicia de odio o venganza, ni una persistencia irracional en la defensa de hechos aberrantes. El futuro sabiamente sabrá hacer correr la sangre de la herida, pero también arbitrará todos los medios para suturar, desinfectar y curar. Detrás de la consigna : Los escritores y pensadores no deberían retirarse hacia el silencio, Nadine Gordimer[16] ilumina -- desde su realidad -- los conceptos de reconciliación y olvido :

            "Verdad y Reconciliación se basan en dos principios : la voluntad de confesar y la voluntad de perdonar. (...) Después de ver numerosos casos comprobé que puede existir el sentimiento de reconciliación y que puede ser muy reconfortante para la gente que sufrió. (...) Tantos las víctimas como los que confesaban haber perpetrado un crimen sentían que su dignidad de seres humanos era reconocida de nuevo." [17]

            En estos comprometidos menesteres entrevemos el papel de la filosofía desde sus variadas disciplinas y a cargo de los numerosas funciones: hermenéutica,  discusiva, significativa, argumentativa, metafísica, antropológica, epistemológica,  lógica, ética, axiológica... Las demandas de un cuerpo social que ya ha consagrado como definitivamente alcanzado el sistema de convivencia y de gobierno en las democracias, que ha acordado estrategias económicas globales... no podrá silenciar por más tiempo los requerimiento de una vida digna, de una vida integralmente humana :  justa, segura, sana, culta, educada, productiva y placentera. Ya no se trata de utopía : son las exigencias de un colectivo  que no quiere ser expectador sino protagonistas. Los foros nacionales e internacionales deberán hacerse cargo de estas demandas. Y el consenso de las ideas es el único reaseguro. En las cuestiones enumeradas (derechos humanos consagrados) no hay tiempo ni posibilidad para enfrentamientos o alternancias en términos de ideología  o de políticas. [18]

            Mas allá de las riquezas de diversas ciencias que puedan disputar su hegemonía y el dominio epistemológico del saber, este puede ser el territorio que la filosofía se anime a delimitar, construir y conquistar, recuperando un protagonismo que nunca ha perdido, pero que por momentos ha negociado en demasía.

            Este CONSENSO PARA LA ESPERANZA es nuestra limitada propuesta, metodológica y ostensiva, cuando afirmamos que  la filosofía debe recuperar su función profética a las puertas del siglo XXI. Sólo el futuro -- inmediato, arrollador -- tiene la palabra. Y todos nosotros con él.

 


 

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

[1]  TOFFLER  A. en la Tercera Ola.(1998), en el Cap/ XI (La nueva síntesis)  afirma : "El alguna parte, en estos mismos momentos, otros hombres y mujeres jóvenes está penetrandio a través de la noche en el corazón de la naciente civilización de la tercera ola. (...) ¿Si nosotros nos halláramos planeando una expedición similar al futuro, cómo prepararíamos nuestros mapas? Es fácil decir que el futuro empieza en el presente. Pero, ¿qué presente?. Nuestro presente rebosa de paradojas..."

[2] NICOLAS CASULLO. Cfr. CASULLO, FORSTER, KAUFMAN, Itinerarios de la Modernidad. Publicaciones del CBC. UBA. 1997. 23-25. Viena del 900. Un barómetro crítico de la cultura.

[3] ¿Qué presente  no lo ha sido ? : ¿ El complejo encuentro cultural de los albores de la edad media? ¿La invasión de los bárbaros? ¿La furia milenarista? ¿Los conflictos del siglo XIV ante la disolución inquieta del pensamiento medieval?  ¿La crisis de certezas y la universalización de la duda del siglo XVII?

[4] SAVATER, Perdonadme ortodoxos. Alianza. Ver la paradigmática figura del guardián, del dragón, del paladín y del tesoro, relacionada con el aprendizaje de la filosofía y el acceso a todo tipo de saber.

[5] Debería recordarse, el clima de incertidumbre acerca de la realidad que se respira en el contexto del Barroco, en autores tales como Descartes, Campanella, Cervantes, etc.

[6] La reacción para contrarrestar el clima de duda e incertidumbre que pobló el siglo XVII fue un racionalismo que construyó esquemas interpretativos para forzar a la realidad y organizarla desde su apriorismo absoluto.

[7] El término hermenéutica (asociado frencuentemente a la expresión "el giro lingüístico" ) tiene una larga trayectoria histórica y presencia en diversas disciplinas; entre ellas la teología, la historia, la lingüística, la filología... y finalmente la filosofía. Etimológicamente remite a "interpretación, al lenguaje, a la palabra como anuncio, a la traducción de textos indescifrables o multívocos, a la interpretación y a la comprensión". El dios Hermes griego (Mercurio entre los romanos) es el Dios de los anuncios y de los mensajes. Con Schleiermacher – en el siglo XIX – la hermenéutica entra en la filosofía.

[8] "Nunca conocemos las cosas tal cual son fuera de los discursos que hablan de las cosas y que ayudan a crearlas, a construirlas, a ordenarlas. Siempre nos manejamos con una interpretación de los hechos y nuestra versión resulta a su vez una versión de esa versión. Un enunciado verdadero acerca de un estado de cosas es simplemente una interpretación".  (SCAVINO : LA FILOSOFIA ACTUAL : 38-39 y ss.)

[9] " Los filósofos introdujeron el marketing  literario y filosófico en lugar de hacer -- como en los 60 -- una escuela de vanguardia. Es necesario que se hable de UN LIBRO y que se haga hablar, más de lo que el libro mismo habla o tiene para decir. Es preciso que la multitud de artículos de periódicos, de reportajes, de coloquios, de emisiones de radio o de televisión reemplacen al libro mismo, que bien podría no existir.(Deleuze). Las estrategias del marketing  comienzan a desplazar a las propias ideas filosóficas. En el siglo próximo -- afirmaba Lyotard -- no habrá libros. Demasiado largos para leer, cuando el éxito consiste en ganar tiempo. Se llamará ´libro´ a un objeto impreso  cuyo mensaje habrán difundido primero los medios, un filme, un reportaje periodístico, una emisión televisada, una casete, junto con el hombre y el título, y la venta gracias a la cual el editor (productor general del filme, video, reportaje, programa de TV, etc.) obtendrá un suplemento de beneficio, porque la opinión será que hay que ´tenerlo´ (comprarlo) a riesgo de pasar por imbécil, a riesgo de ruptura del lazo social..." (SCAVINO : 203-4)

[10] Cinco escritos morales.Lumen. 1998. Pensar la Guerra.  pp. 15 y ss

[11] ver los debates acerca del papel de los intelectuales en la polémica ECO vs  TABUCCI y otros aportes en CLARIN (Cultura y Nación y Zona). 20 de junio 1999

[12] BIGNOLI ARTURO, Teoría elemental de los conjuntos borrosos. Academia de Ingeniería. 1991.

[13] Pueden verse otros criterios clasificatorios :

 "La filosofía de nuestra época parece estar absorbida por tres problemas : (1) la crítica de la verdad objetiva, universal y necesaria, en favior de las múltiples interpretaciones;(2) la crítica del totalitarismo, y de las políticas revolucionarias que habrían desembocado en tales desastres, en favor de las democracias consensuales; (3) la crítica del concepto universal de Bien que aplaste la pluralidad de opiniones y  formas de vida, en favor ce ciertos criterios éticos de convivencia pacífica. (SCAVINO: 18)

"El mundo moderno -- según J. Habermas -- se caracteriza por cuatro rupturas : (1) el pensamiento postmodetafísico: no existe una realidad como la que los metafísicos han tenido la esperanza de dscubrir, ni una naturaleza humana, ni una esencia de las cosas; es la ´edad de los poetas´, el ´triunfo del nihilismo´ (2) el giro lingüístico : constructivismo radical según el cual las teorías científicas o los discursos metafísicos no descubren la realidad sino que la crean; nada existe fuera de las teorías mismas, fuero del uso particular de los lenguajes humanos (3) la razón situada : crisis de la razón iluminista, aceptación de la finitud humana ; querello a propósito de la unidad de la razón en el seno de pluralidad de voces, del discutido pensamiento y discurso filosófico frente a la literatura(4) la inversión del primado de la teoría con respecto de la práctica : primado del ´mundo de la vida´ con respecto al discurso teórico y objetivo" (SCAVINO : 93, 13-14)

[14] Andre Gorz en Miseria del presente, riqueza de lo posible. Paidós.1999, refieriéndose a los cambios de mentalidad señala: "Lo que cruelmente falta es la traducción pública del sentido y de la radicalidad colectiva de los cambios. Esta traducción no puede ser obra espontánea de una inteligencia colectiva. Supone "técnicos de saber práctico" (intelectuales orgánicos) capaces de descifrar el sentido de una mutación cultural y discernir los temas de una manera tal, que los sujetos pueden reconocer sus aspiraciones comunes. Para tener éxito en este trabajo de interpretación, el observador-interprete debe ser capaz de romper con los estereotipos interpretativos y culturales y elevarse a un nivel de consciencia por lo menos igual a la de los sujetos más conscientes cuya experiencia interpreta". Pp. 69

[15] No se puede silenciar el gesto paradigmático de la visita de Juan Pablo II a Cuba en el enero de 1998. El sumo pontífice y  Fidel Castro mostraron -- al mismo tiempo -- la voluntad de encuentro y acuerdos... sin dejar de marcar en su momento el cuerpo de ideas de las que provienen y las posiciones que expresan y defienden. 

[16] Sudafricana. Premio Nobel de Literatura(1991). Entrevista de F. Relea. La Nación. 20/11/98. Enfoques/5

[17] Tal como lo relata la escritora, en Sudáfrica se creó una Comisión de Verdad y Reconciliación que tenía como función escuchar a víctimas y victimarios y oficiar de nexo para descubrir la verdad y acompañar la reconciliación

[18] Cuando ya habíamos escrito estas palabras, las habíamos pronunciado y habían emprendido vuelo por las generosas páginas de Internet, un artículo de LA NACION del 11 de  octubre (ENFOQUES) de Rodolfo Rabanal  titulado La imaginación sin poder  expresaba : "Los intelectuales contemporáneos tienen preocupaciones más inmediatas y livianas y no parecen confiar demasiado en la capacidad modificadora de las ideas. Muchos reclaman para sí el dudoso título de ‘realistas’, como si hubiera algo menos complejo que la realidad. En cierto sentido se están pareciendo a los políticos a quienes asesoran o menosprecian : lo único que los preocupa es mantenerse por encima de la línea de flotación.  (...) El pensamiento ya no escandaliza e incluso los filósofos escriben libros para ser vastamente vendidos. Las joyas epistemológicas del momento son las pequeñas ideas del orden práctico, las que pueden anunciar con una sonrisa reduccionista y con el ánimo de ofrecer un servicio. (...) Los hombres y mujeres de este fin de siglo -- según el escrito Abel Posse -- estamos hundidos en una especie de noche de las ideas y de la imaginación..."

 

     

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