"Desafios de la Razón. Posibilidad de pensar en libertad. Una libre aproximación a la Encíclica FIDES ET RATIO". Por Jorge Eduardo Noro.
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Cuaderno de Materiales

 

 

Desafios de la Razón. Posibilidad de pensar en libertad[1]
Una libre aproximación a la Encíclica FIDES ET RATIO

Prof. Jorge Eduardo NORO
San Nicolás, octubre de 1999
norojor@cablenet.com.ar

 

 

01.          Texto y contexto

Aunque nadie podría atribuirle al texto de la CARTA ENCÍCLICA de Juan Pablo II un sentido que no posee, uno tiene la impresión de que diversas interpretaciones parecen haber ingresado al texto con el explícito propósito de descubrir allí los argumentos que pudieran sostener renovadas o tradicionales posturas. No entraré en detalles porque me parecen innecesarios: algunas lecturas de revistas de información general y de producciones especializadas dan muestras de esta actitud.

Mi intención es otra: me mueve el mismo interés con que tuve noticias de la trabajosa elaboración del documento, información sobre una aparición inminente y, finalmente, accedí al texto que llegó a mis manos. La pregunta reiteradamente preguntada era: ¿Qué me dice a mí, laico dedicado a la enseñanza de la filosofía, en el contexto de este mundo que me rodea? ¿Qué posibilidades me ofrece para la libre y crítica producción del pensamiento? ¿En qué sentido y hasta qué punto me moviliza o me interpela? ¿Qué dice hoy la iglesia, la misma iglesia que durante toda su historia fue marcando – implícita o explícitamente -- el ritmo y rumbo del pensamiento: alentando los trabajos, poniendo bretes o andariveles a la reflexión, alertando acerca de los peligros, condenando los errores y a sus eventuales emisores, dialogando con extrañas corrientes? ¿Qué posibilidades ofrece para quien sinceramente quiere proseguir la búsqueda de la verdad también por el camino del pensamiento y la reflexión sin negar ni enfrentar los dictados de una fe a la que adhiere con convicción?

Intenté “leer” el texto y hacer de él – respetando los con-textos – una selección de todos aquellos aspectos en los que la filosofía y el pensamiento, la libertad especulativa y la búsqueda son destacados como una actitud natural, necesaria, efectiva del hombre. Y supuse – lectura tras lectura – que esta encíclica reafirmaba el ETERNO DESAFIO DE LA RAZON.

02.          La posibilidad y la necesidad de Pensar

Hay un tema recurrente que recorre transversalmente el texto de la encíclica aunque se explicite y de profundice primordialmente en algunos capítulos:  la importancia del ejercicio del pensar, de la razón y la expresión cultural de su desarrollo (histórico y actual) a través de la filosofía. Se menciona una y otra vez el valor del pensamiento y de su práctica, se respeta la tradición histórica de la misma Iglesia y, sobre todo, de la humanidad que ha tejido su decurso temporal como una búsqueda incesante de la verdad. Algunas puntualizaciones nos permiten observarlo con mayor precisión:

2.1.         VIGENCIA DE LA FILOSOFÍA.

La iglesia no es ajena, sino que se considera “partícipe del esfuerzo común que la humanidad lleva cabo para alcanzar la verdad”(FR:2) Y a filosofía es un camino privilegiado para esta búsqueda. ¿Qué  entiende por filosofía? Este pensamiento interrogante se caracteriza porque:

·         Surge del deseo de descubrir la verdad última sobre la existencia.

·         Los interrogantes fundamentales derivan del asombro.

·         Implica el desarrollo de un camino que conduce al descubrimiento de horizontes de conocimientos siempre nuevos.

·         Es una actividad especulativa, propia de la inteligencia humana que lleva a elaborar una forma de pensamiento riguroso

·         La coherencia lógica de las afirmaciones y el carácter orgánico de los contenidos conduce a un saber sistemático.

·         Responde a diversos contextos culturales e históricos y construye numerosos sistemas de pensamiento filosófico.

·         Es posible reconocer – a pesar del cambio de los tiempos y de los progresos del saber – un núcleo de conocimientos filosóficos cuya presencia es constante en la historia del pensamiento: la recta ratio.

·         La capacidad especulativa lleva a elaborar a través de la actividad filosófica, una forma de pensamiento riguroso y a construir así, con la coherencia lógica de las afirmaciones y el carácter orgánico de los contenidos, un saber sistemático.(FR:4)

·         Todo sistema filosófico debe reconocer la prioridad del pensar filosófico, en el cual tiene su origen y al que debe servir. (FR:4)

2.2.         LA NECESIDAD DE HACER USO DE LA RAZON.

El paradigmático e histórico “intellego ut credam” del Capítulo III recoge una tradición milenaria y permite ver los mayores desarrollos y aproximaciones. Las afirmaciones diseminadas en el texto marcan la vocación filosófica natural del hombre que ejerce a-crítica y a-sistemáticamente la capacidad de pensar, en la formulación de las preguntas fundamentales y de la verdad definitiva:

·          “Todos los hombres desean saber, y la verdad es el objeto propio de este deseo. Incluso la vida diaria muestra cuán interesado está cada uno en descubrir cómo están(y son) verdaderamente las cosas. El hombre es el único ser en toda la creación visible que no sólo es capaz de saber sino que  sabe también que sabe y por eso se interesa por la verdad real de lo que se le presenta. Nadie puede permanecer sinceramente indiferente a la verdad de su saber. Si descubre que es falso, lo rechaza; en cambio, si puede confirmar su verdad, se siente satisfecho.”(RF:25)

·         “Existe un camino que el hombre, si quiere, puede recorrer; inicia con la capacidad de la razón de levantarse más allá de lo contingente para ir hacia lo infinito”. (FR:24)

·         “La verdad se presenta inicialmente al hombre como un interrogante(de carácter existencial): ¿Tiene sentido la vida? ¿Hacia dónde se dirige?(...)La experiencia diaria del sufrimiento, propio y ajeno, la vista de tantos hechos que a la luz de la razón parecen inexplicables, son suficientes para hacer ineludible la pregunta sobre el sentido. A esto se debe añadir que la primera verdad absolutamente cierta de nuestra existencia, además del hecho de que existimos, es lo inevitable de nuestra muerte. (...)No es en absoluto casual, pues, que los filósofos ante el hecho de la muerte se hayan planteado de nuevo este problema junto con el sentido de la vida y de la inmortalidad”- (FR:26)

2.3.         LA RAZON EN TODOS LOS HOMBRES.

La capacidad de pensar y la vigencia de los interrogantes existenciales no son  patrimonio exclusivo de la iglesia, ya que es connatural a toda la humanidad (FR:1) “El hombre tiene muchos medios para progresar en el conocimiento de la verdad. De modo que puede hacer cada vez más humana su propia existencia. Entre estos(medios)se destaca la filosofía que contribuye directamente a formular la pregunta sobre el sentido de la vida y a trazar la respuesta: ésta se configura como una de las tareas más nobles de la humanidad. (...) El interrogante sobre el por qué de las cosas es inherente a la razón del hombre, aunque las respuestas que se han ido dando se enmarcan en un horizonte que pone en evidencia la complementariedad de las diferentes culturas en las que vive el hombre”. (FR:3) La búsqueda de la verdad, la formulación de los interrogantes últimos es connatural a la naturaleza del hombre y las respuestas no son únicas porque tienen diversos contextos históricos y culturales en su conformación y formulación.

“Cada hombre es, en cierto modo,  filósofo y posee concepciones filosóficas propias con las cuales orienta su vida. De un modo u otro, se forma una visión global y una respuesta sobre el sentido de la propia existencia. Con esta luz interpreta sus vicisitudes personales y regula su comportamiento. “ La sed de verdad está radicada en el corazón del hombre y prescindir de ella implicaría comprometer su existencia. Además de las verdades propias de la vida diaria y de las verdades religiosas, el hombre encuentra las verdades de carácter filosófico, a las que llega con la capacidad especulativa de su intelecto. (FR:30)

“La razón posee su propio espacio característico que le permite indagar y comprender, sin ser limitada por otra cosa que su finitud ante el misterio infinito de Dios” (FR:14) “Se puede definir al hombre como aquel que busca la verdad”.(FR:28) Si la esencia misma del hombre consiste en esta búsqueda, “no se puede pensar que sea del todo inútil y vana (aunque no pueden desconocerse los condicionantes de esta humana búsqueda de la verdad); la capacidad misma de buscar y de plantear preguntas implica ya una primera respuesta. El hombre no comenzaría a buscar lo que desconociese del todo o considerase absolutamente inalcanzable”. (FR:29)

2.4.         BUSCAR LA VERDAD Y CREER:

 “El deseo de la verdad mueve a la razón a ir siempre más allá; queda incluso como abrumada al constatar que su capacidad es siempre mayor que lo que alcanza” (RF:42)

Pero “el hombre que busca la verdad, es también aquel que vive de creencias”. En la vida de un hombre son más las verdades creídas son más que las adquiridas por constatación personal.  Manejar el patrimonio histórico y cultural de la humanidad significa prestar fe y conformidad a todo lo que los otros han hecho por mí. “Cada uno, al creer, confía en los conocimientos adquiridos por otras personas”. Se puede percibir una tensión significativa: “por una parte el conocimiento a través de una creencia parece una forma imperfecta de conocimiento(...) pero por otra la creencia resulta más rica desde el punto de vista humano porque incluye una relación interpersonal y pone en juego no sólo las posibilidades cognoscitivas, sino también la capacidad más radical de confiar en otras personas”. (RF:30/31) En este sentido se abre un sentido mucho más amplio de la FE y se redimensiona el proceso mismo del enseñar y del aprender, de transmitir y de adquirir conocimiento.

2.5.         La filosofía actual

A partir de la modernidad, las diversas corrientes filosóficas se presentan como un fenómeno ambiguo:

·         por una parte se debe rescatar (1)el haber concentrado la atención en el hombre, (2)los deseos de conocer cada vez más y más profundamente, (3) la construcción de sistemas de pensamiento complejos que han producido sus frutos en los diversos ámbitos del saber, favoreciendo el desarrollo de la cultura y de la historia, (4) ha logrado situarse en el camino que hace a la reflexión filosófica acercarse a la existencia humana y a su modo de expresarse...

·         pero también se observa (1) el olvido de la verdad, (2) el desplazamiento de la cuestión del ser concentrando el esfuerzo en el tema del conocimiento, (3) formas variadas de agnosticismo, relativismo y escepticismo, (4) infravaloración de las verdades alcanzadas, (5) pluralismo indiferenciado de respuestas todas igualmente válidas, (6) desconfianza de poder acceder a la verdad o de su efectiva existencia, atendiendo preferentemente a los condicionamientos existenciales, hermenéuticos y lingüísticos. (RF:5)

03.          Una tradición de diálogo con el pensamiento

La encíclica insiste en marcar el carácter histórico de este diálogo abierto entre la filosofía y la fe.  Particularmente desde el nº 38 en adelante hay una detallada enumeración de representantes y caracteres de este balbuceante diálogo inicial que se transforma – con el paso del tiempo -  en discurso arrollador, mediatizando el mensaje a través de las categorías de la filosofía vigente. No siempre se trataba de cristianos totalmente convenidos de las bondades de la filosofía. Eran cristianos, hombres como nosotros enfrentados a un mundo culturalmente complejo, hombres reflexivos que buscan y encuentran en la filosofía la posibilidad de pensar su fe. “El encuentro del cristianismo con la filosofía no fue inmediato ni fácil. La práctica de la filosofía y la asistencia a sus escuelas eran para los primeros cristianos más un inconveniente que una ayuda”. (RF:38) Avanzan, retroceden, se equivocan, arriesgan... pero construyen un camino nuevo. Y ese camino del pensamiento se vuelve una aventura paradigmática en los primeros siglos de la cristiandad.

Diez siglos después, se produce la llegada de Santo Tomás. En un período complejo en el que los paradigmas de la filosofía vigente estaban amenazados por nuevos paradigmas. No era fácil “dialogar” con el Aristóteles descubierto, armar un nuevo discurso sobre otras estructuras de pensamiento. Uno cae en la tentación de jugar con una pregunta un tanto atrevida: ¿Tomás hubiera sido tomista? Es decir, ¿Tomás fue el obediente seguidor de algún cuerpo doctrinal establecido  o se aventuró a construir desde la fe y en el diálogo con las corrientes filosóficas vigentes, su filosofía, con un atrevimiento intelectual que podría escandalizar (y de hecho sucedió con sus contemporáneos) a muchos de sus más fieles seguidores? ¿No habrá dudado de sus intentos? ¿Qué es lo que la tradición convirtió en tomismo? ¿El contenido de su pensamiento o su espíritu de búsqueda y de diálogo? ¿Sus construcciones arquitectónicas o su proceder metodológico envidiable? Santo Tomas, ¿hubiera querido que lo repitieran, lo citaran incesantemente, lo plagiaran o hubiera preferido que lo imitaran en este dialogar con el contexto cultural, filosófico e interpelante que lo rodeaba?

Pero abandonemos estas tentaciones (que podrían llevarme por laberintos insospechados) y vayamos al texto de la Encíclica:

Ä                 “No cabe duda que santo Tomás poseyó en grado eximio audacia para la búsqueda de la verdad, libertad de espíritu para afrontar problemas nuevos y honradez intelectual propia de quien, no tolerando que el cristianismo se contamine con la filosofía pagana, sin embargo no rechaza a priori esta filosofía”. (FR:43)

Ä                 ”San Alberto Magno y Santo Tomás, aun manteniendo vínculo orgánico entre la teología y la filosofía, fueron los primeros que reconocieron la necesaria autonomía que la filosofía y la ciencia necesitan para dedicarse eficazmente a sus respectivos campos de investigación.”(FR:45)

Ä                 Por eso es natural afirmar que ”la iglesia no proponga una filosofía propia ni canoniza una filosofía en particular en menoscabo de otras. (...) De poca ayuda sería una filosofía que no procediese a la luz de la razón según sus propios principios y metodologías específicas”(FR:50) 

Ä                 Y aún al referirse al predominio de la teología (RF:78) señala que si bien el Magisterio ha elogiado repetidamente los méritos del pensamiento de santo Tomás y lo ha puesto como guía y modelo de los estudios teológico, “lo que interesaba no era tomar posiciones sobre cuestiones propiamente filosóficas, ni a imponer la adhesión a tesis particulares. La intención era de mostrar cómo Santo Tomás es un auténtico modelo para cuantos buscan la verdad.”

Ä                 Santo Tomás no solamente ha sido un modelo en el uso de la razón y en la utilización de nuevas categorías para la comprensión de la REVELACIÓN y la FE, sino que “aún señalando el carácter sobrenatural de la fe, no olvida el valor de su carácter racional; ha sabido profundizar y profundizar ese sentido. La fe es de algún modo ejercicio del pensamiento porque la razón del hombre no queda anulada ni se envilece dando asentimiento a los contenidos de la fe.”(FR:43)

Ä                 Si bien a partir del siglo pasado ha habido una revitalización del pensamiento de Tomás y de otros autores escolásticos, “la renovación tomista y neotomista  no ha sido el único signo de restablecimiento del pensamiento filosófico en la cultura de inspiración cristiana. Ya antes, y paralelamente a la propuesta de León XIII, habían surgido no pocos filósofos católicos que elaboraron obras filosóficas de gran influjo y de valor perdurable, enlazando con corrientes de pensamiento más recientes, de acuerdo con una metodología propia.”(RF:59) Y se mencionan:

(1)           Síntesis de alto nivel que son comparables a los grandes sistemas idealistas.

(2)           Bases epistemológicas para una nueva reflexión sobre la fe a la luz de una renovada comprensión de la conciencia moral.

(3)           Filosofías que partiendo del análisis de la inmanencia, abrían caminos hacia la trascendencia.

(4)           Filosofías que intentaron conjugar las exigencias de la fe en el horizonte de la metodología fenomenológica. (RF:59)

(5)           Los autores que pueden sumarse a nombres de la tradición filosófica de la iglesia: John Newman, Antonio Rosmini, Jacques Maritain, Etienne Gilson, Edith Stein, entre otros (FR:74)

El magisterio de la iglesia está llamando a la creatividad en el campo de las ideas, al atrevimiento en el diálogo con las filosofías más diversas, aun consciente de que ese mismo magisterio deberá advertir acerca de los riesgos, pero nunca prohibir la posibilidad de encontrar allí vestigios de un pensamiento que finalmente pueda dialogar con los problemas del hombre y, eventualmente, con la FE. 

“Históricamente (la elaboración de verdaderos sistemas de pensamiento) ha provocado a menudo la tentación de identificar una sólo corriente con todo el pensamiento filosófico. (...)En realidad, todo sistema filosófico, aun con respecto siempre de su integridad sin instrumentalizaciones, debe reconocer la prioridad del pensar filosófico, en el cual tiene su origen y al cual debe servir de forma coherente”. (FR:4)

No resulta extraño, por ejemplo, que se mencione críticamente algunas corrientes de la filosofía moderna, principalmente marcando el carácter instrumental de la razón(FR:47), o los atrevimientos especulativos de las construcciones idealistas que generaron como respuesta diferentes formas de humanismo ateo (FR:46) pero rescata  en todos los casos “preciosos gérmenes de pensamiento”: análisis profundo de (1) la percepción y la experiencia, (2) lo imaginario y el inconsciente; (3) la personalidad y la intersubjetividad; (4) la libertad y los valores; (5) el tiempo y la historia; (6) el tema de la muerte. (FR:48)

04.          Filosofía de hoy: ambiguA y necesariA

¿Tiene derecho la iglesia de limitar o cercenar la capacidad y la libertad del pensamiento? “La iglesia tiene el deber de indicar lo que un sistema filosófico puede ser incompatible con su fe. Ejerce con autoridad, a la luz de la fe su propio discernimiento crítico en relación con las filosofías y las afirmaciones que se contraponen a la doctrina cristiana”.(FR:50) Pero el discernimiento no debe entenderse de manera negativa. La iglesia no pretende eliminar o reducir cualquier tipo de mediación. “Sus intervenciones se dirigen a estimular, promover y animar el pensamiento filosófico”.

Si en el pasado la iglesia ha marcado numerosas condenas de doctrinas (averroísmo, racionalismo, ontologismo)  o teorías (preexistencia de las almas, esoterismo supersticioso) (FR:52) en el contexto de la filosofía contemporánea ha marcado las radicales diferencias, al señalar la orientación fenoménica, agnóstica e historicista del modernismo o las orientaciones del marxismo, de algunas corrientes existencialistas y acentuaciones evolucionistas.

Pero la iglesia no marca solamente el rechazo, ni se limita a la prohibición sino que invita a la lectura, al conocimiento y al examen crítico de tales problemas: “es menester que teólogos y filósofos católicos los conozcan a fondo (...) porque alguna vez en esos mismos falsos sistemas se esconde algo de verdad” (FR:54)  Al hablar de los teólogos de la liberación no prohíbe el diálogo y la búsqueda en las contribuciones del marxismo, sino “señala el peligro de asumir acríticamente sus tesis y sus metodologías” (FR:54)

Con respecto a las orientaciones de la filosofía actual, la encíclica se pronuncia con respecto a “corrientes de pensamiento muy difundidas que esconden peligro”: (1) Eclecticismo; (2) Historicismo; (3)Cientificismo; (4) Pragmatismo; (5)Nihilismo; (6) la ambigüedad de la postmodernidad.  (FR:86/91) , sin desconocer que en muchas de ellas hay ideas y gérmenes de pensamiento que deben rescatarse y merecen el adecuado desarrollo.

Pero a su vez, al caracterizar el estado y la práctica actual de la filosofía reconoce diversos trayectos del pensamiento:

1º) El ejercicio de la filosofía totalmente independiente de la revelación evangélica. No se trata de neutralizar el ejercicio autónomo de la filosofía y de las estructuras del pensamiento. Lo que se rechaza es la teoría de una filosofía “separada” de lo revelado. (FR:75)

2º) El ejercicio de una “filosofía cristiana” que no debe interpretarse como una filosofía oficial de la iglesia, sino “un modo de filosofar cristiano, una especulación filosófica concebida en unión vital con la fe”. (FR:76)

3º) El uso que de la filosofía hace la teología, afirmando la co-relación de ambas y la necesaria subordinación del pensamiento a lo Revelado. “Si el teólogo rechazase la ayuda de la filosofía, correría el riesgo de hacer filosofía sin darse cuenta y de encerrarse en estructuras de pensamiento poco adecuadas para la inteligencia de la fe.” (FR:77)

Y al tratar de marcar sus orientaciones fundamentales menciona para la filosofía presente y futura los siguientes caracteres:

(1) “Es necesario que la filosofía encuentre de nuevo su dimensión sapiencial de búsqueda del sentido último y global de la vida”( FR:81) abandonando una pluralidad de posiciones y respuestas que puedan conducir al escepticismo y a formas ambiguas de pensamiento.

(2) “Verificar la capacidad del hombre de llegar al conocimiento de la verdad, un conocimiento que alcance la verdad objetiva: una adecuado del intelecto a las cosas y una superación del mero fenómeno para alcanzar con verdadera certeza la realidad inteligible”. (FR: 82)

(3) “Es necesaria una filosofía auténticamente metafísica, capaz de trascender los datos empíricos para llegar, en su búsqueda de la verdad, a algo absoluto, último y fundamental”. (FR: 83)

Sin embargo al proponer estas exigencias y al mencionar la vigencia filosófica de corrientes como la “pluranimidad de búsquedas y respuestas”, “el carácter múltiple, fenoménico y aproximativo en el conocimiento de la realidad”, “el desarrollo de las ciencias hermenéuticas y los diversos análisis del lenguaje”, la Encíclica señala explícitamente que “estas exigencias puestas a la filosofía por la Palabra de Dios, pueden parecer arduas a muchos que afrontan la situación actual de la investigación filosófica”. (FR:85) El ejercicio del pensamiento, en el contexto de la producción del conocimiento de nuestros días, representa un auténtico desafío y un indiscutible compromiso intelectual y existencial.

05.          El orgullo de crear desde el contexto de la fe.

1º) “La iglesia, al insistir sobre la importancia y las verdaderas dimensiones del pensamiento filosófico, promueve a la vez la defensa de la dignidad del hombre como el anuncio del mensaje evangélico. (...)Lo más urgentes hoy es llevar a los hombres a descubrir su capacidad de conocer la verdad.” (RF:102)

2º)“La filosofía, además, es como el espejo en el que se refleja la cultura de los pueblos. Una filosofía que, impulsada por las exigencias de la teología, se desarrolla en coherencia con la fe, forma parte de la evangelización de la cultura.”(RF:103)

3º)“El movimiento filosófico contemporáneo exige el esfuerzo atento y competente de filósofos creyentes capaces de asumir las esperanzas, nuevas perspectivas y problemáticas de este momento histórico. El filósofo cristiano, al argumentar a la luz de la razón y según sus reglas, aunque guiado siempre por la inteligencia que le viene de la Palabra de Dios, puede desarrollar una reflexión que será comprensible y sensata incluso para quien no percibe aún la verdad plena que manifiesta la divina revelación”(RF:104)

4º)“Los filósofos y los profesores de filosofía deben tener la valentía de recuperar, siguiendo una tradición filosófica perennemente válida, la dimensiones de auténtica sabiduría y verdad, incluso metafísica, del pensamiento filosófico. (...) Es necesario alentar a los creyentes que trabajan en el campo de la filosofía, a fin de que iluminen los diversos ámbitos de la actividad humana con el ejercicio de una razón que es más segura y perspicaz por la ayuda que recibe de la fe-“(106)

5º) “Las asignaturas filosóficas – en quienes deben ser sacerdotes – deben ser enseñadas de tal manera que los alumnos lleguen, ante todo, a adquirir un conocimiento fundado y coherente del hombre, del mundo y de Dios, basados en el patrimonio filosófico válido para siempre, teniendo en cuenta también las investigaciones filosóficas de cada tiempo” (RF:60) [2]

06.          Construir nuevos discursos y mundo nuevos.

La lectura de la encíclica no representa un veto la razón, sino un verdadero desafío. No cierra caminos, sino que abre las puertas del pensamiento.”La reflexión filosófica puede contribuir a clarificar la relación entre verdad y vida, entre acontecimiento y verdad doctrinal y, sobre todo, la relación entre verdad trascendente y lenguaje humanamente inteligible” (FR:99) Gracias a la mediación de una filosofía que ha llegado a ser también verdadera sabiduría, el hombre contemporáneo llegará así a reconocer que será tanto más hombre cuanto, entregándose al Evangelio, más se abra a Cristo”. (FR:102) La filosofía no sólo no debe verse como una amenaza para la fe o un peligro para el anuncio de las verdades reveladas sino como un puente necesario y aconsejable para acceder a las verdades trascendentes. “No hay motivo de competitividad  alguna entre la razón y la fe: una está dentro de la otra, y cada una tiene su propio espacio de realización”.(FR:17) El pensamiento de la iglesia no se cierra sobre su propia tradición, sino que habla desde ella accediendo a las producciones actuales y alentando la elaboración de nuevos discursos.

La iglesia no renuncia a su función salvífica, pero se asoma respetuosa al territorio de la filosofía y lo hace con una historia de 2000 años de diálogo activo, fecundo, complejo, dialéctico con ella. La iglesia reconoce que también ella, culturalmente,  es el resultado de la tradición filosófica de occidente: que la mediación conceptual y la instrumentación categorial contribuyó a darle forma al mensaje original. Sabe que su teología es el resultado de un diálogo permanente desde la FE con la RAZON  y desde la RAZON  hacia la FE. El planteo agustiniano fortalecido metodológicamente por el juego de armonía y  distinción que efectúa Tomas marca un trayecto reflexivo que puede recuperarse y debe  imitarse.

Pero esta práctica filosófica constituye un desafío también como tarea, en un porvenir siempre abierto: el orgullo de producir desde la FE, desde la comunión con Iglesia, las innovaciones del saber. Ese es el otro desafío pendiente: la iglesia, los pastores y los creyentes deben aunar esfuerzo en el intento sincero – aunque no desprovisto de riesgos, desviaciones, claudicaciones – de generar pensamientos nuevos, renovados horizontes de verdades, nuevos campos del saber, mundos inéditos e ideas atrevidas e insospechadas.

Esta actitud es un verdadero respeto a la tradición. En esto también consiste en ser “tradicional”. Porque la historia de la Iglesia, del pensamiento de la Iglesia y de los que en la Iglesia han encontrado o han creado el ámbito para poder pensar es el diálogo  desde lo seguro y permanente con lo nuevo. Cada momento histórico generó su representante y muchos de ellos lo hicieron con clara conciencia de formar parte de un cuerpo común y de intentar entrometerse en el mundo contemporáneo para descifrar sus códigos y entender los nuevos mensajes.

Estos riesgos del pensamiento contribuyen al fortalecimiento no al debilitamiento de la Comunidad Universal. “Ante las filosofías, los Padres no tuvieron miedo, sin embargo, de reconocer tanto los elementos comunes como las diferencias que presentaban con la Revelación. Ser conscientes de las convergencias no ofuscaba en ellos el reconocimiento de las diferencias”. (FR:41) Cuando los intentos se hacen producción, cuando la aventura se hace conquista, cuando los períodos tormentos se convierten en tranquila navegación por los mares de la verdad se reinstauran todos los elementos. Pero para eso hay que reafirmar la posibilidad de arriesgar, intentar, navegar, naufragar, reponer la tributación y el navío, aventurarse...

El paradigma del pensador en el seno de la Iglesia debería ser el de un activo buscador (en serio) de la verdad. No es el que amarra su buque en un puerto seguro (aunque en el puerto efectúe la reconstrucción de su nave, el aprovisionamiento y se arme de tripulación confiable), licencia a sus colaboradores y disfruta de la tranquilidad del ancla y de las cuerdas que lo atan a la “tierra firme” de las verdades inamovibles. Este cristiano navegante inquieto es quien afronta los mares desconocidos, las tormentas inesperadas,  los asaltos de barcos piratas,  la progresiva disminución de las provisiones, la insubordinación de su tripulación, sus propias dudas y sus desánimos, la pérdida de naves compañeras que creía seguras... A  veces baja a la soledad de su camarote para revisar sus propias guías o a revisar sus decisiones, revisa las cartas, consulta la brújula y los instrumentos de navegación, se da confianza, sigue buscando... Finalmente avista la tierra prometida y deseada... Se acerca, la conquista, la convierte en patrimonio universal, constituye un nuevo puerto, le da nombres, la organiza... y luego – con esa inquietud que existencialmente lo caracteriza - se lanza nuevamente a la mar, a buscar nuevas tierras o tratar de reconquistar tierras conquistadas con otros. La metáfora[3] se presta para muchísimas otras puntualizaciones que dejo en manos de todos.

La historia de la filosofía está construida por vaivenes, intentos, producciones, prohibiciones, anticipos, intuiciones... pero sobre todo por la necesidad de pensar al hombre y pensar la realidad, entrever el futuro y anunciarlo en términos racionales.

Tiempo atrás proponía un rumbo necesario para esta filosofía de nuestros días demasiado embobada en describir lo que nos pasar, sin atreverse a insinuar y ayudar a crear el mundo del provenir[4]... allí mencionaba la necesidad de crear – no sin apelar a la utopía --  al menos tres situaciones nuevas: (1) ámbitos de consensos en el que se integren extemporáneas situaciones antagónicas; (2) acordar una actitud de reconciliación y perdón para asumir situaciones históricas que nos definen; (3) nueva definición del trabajo como una superación de la creciente realidad de desempleo... en todos los casos apelando a la necesidad de “crecer cualitativa y cuantitativamente en términos de humanidad”. El verdadero desafío del pensar en la Iglesia, desde ella o en comunión con ella es atreverse a afrontar el complejo mundo que nos rodea, ayudar a de-codificar sus mensajes y lanzar la búsqueda detrás de los signos, las huellas, los pasos de un futuro que cuanto más humano sea más responderá al mensaje evangélico.

07.          Conclusiones necesarias.

1º. La encíclica responde al espíritu de nuestro tiempo y sólo pudo ser escrita en el contexto de nuestra realidad. Seguramente sufrió los vaivenes de una redacción que no permaneció ajena a los debates actuales y que se enriqueció con múltiples discursos y perspectivas.

2º. En la revisión histórica se han puntualizado momentos relevantes del encuentro con la filosofía y  se han silenciado otros momentos en que la iglesia no jugó el mejor papel... porque postergó su diálogo, combatió las ideas, persiguió a sus creadores o divulgadores o porque equívocamente pretendió eliminar la presencia de determinados problemas o gérmenes de pensamiento que estaban clamando por emerger e instalarse. Forma parte del mismo pasado y habla desde un trayecto histórico de una institución que ha mostrado también perfiles de humana fragilidad: “las trágicas y recíprocas incomprensiones entre fe y pensamiento” [5] . Tal vez la apertura del pensamiento (y al pensamiento heterodoxo) deberían haber sido el camino para superar antinomias aparentemente irreconciliables.

3º. No cierra camino, abre las puertas del pensamiento, señala rumbos, proporciona  “indicadores satelitales” para no perderse en el desierto o en la selva de las ideas y de las elucubraciones del pensamiento o de las demandas de la realidad. No desconoce los riesgos pero anima a afrontarlos con la mezcla necesaria de audacia y humildad.

4º. Claramente identifica y valora en el hombre el natural espíritu de búsqueda de la verdad. Revisando su propia tradición y su historia valora la presencia y el trabajo de quienes se dedican a la filosofía y los alienta en el esfuerzo. Frente al divulgado predominio del denominado pensamiento débil insiste en la urgencia de generar el pensamiento fuerte: riguroso, crítico y sistemático, prolongación necesaria del patrimonio filosófico de occidente.

5º.  Aunque pondera el aporte sistemático y metodológico de las corrientes más tradicionales de la filosofía, considera y valora otros instrumentos de mediación o de categorización.

6º.  Abandonadas las antiguas prácticas de prohibiciones absolutas y de condenas de las personas, el documento  se encarga de marcar las corrientes filosóficas incompatibles con el mensaje de la FE,  pero señala  los gérmenes o simientes que pueden buscarse y encontrarse aún en las filosofías, en las obras o en los autores  más alejados de la ortodoxia.

7º. La fe no anula el ejercicio del pensamiento y de la razón. Por el contrario una y otra se alimentan de un esfuerzo común y compatible.

8º. Reafirma la necesidad de sumar al trabajo intelectual la necesaria humildad y sencillez de la búsqueda (que sabe reconocer límites y referencias, magisterio y prescripciones) y el sentido de pertenencia a la comunidad eclesial.

9º. No desconoce sino que propone aceptar, profundizar y estudiar el estallido de las ciencias y de los productos del pensamiento que han cambiado el escenario del mundo. Ese complejo universo cultural es el campo actual de la evangelización,  y sus nuevos códigos exigen renovar las mediaciones para reinstalar el diálogo “de cara a la comunicación de la fe y de su comprensión más profunda”. (FR:99)

10º. Interpela y moviliza, señala tareas, marca urgencias, delimita propuestas para que los miembros de la iglesia – cada uno en su función y en la medida de sus posibilidades – puedan crecer, aceptando estos DESAFIOS DE LA RAZON.

         En nuestras manos quedan las respuestas. Sin demoras o adormecimientos debemos emprender el camino. El atardecer anuncia noches tormentosas... pero en el crepúsculo mismo – en palabras de Hegel[6] --  emprende el vuelo la Lechuza de Minerva para crear mundos nuevos. Y habrá un amanecer pleno de sol. Para los que vivimos la gracia de la Fe esto tiene, además,  un profundo significado pascual.

“Vivimos en tierra de sombras: a lo lejos brilla el sol”.

 

Prof. Jorge Eduardo NORO
San Nicolás, octubre de 1999
norojor@cablenet.com.ar

 



[1] El texto originalmente fue presentado en la JORNADAS sobre la ENCÍCLICA “FIDES ET RATIO” realizadas en octubre de 1999 en el Seminario Diocesano de San Nicolás. A la exposición inicial de Mons. Mario MAULION (La encíclica en el contexto actual)¸ le siguieron las siguientes ponencias: Lic. José Carlos CAAMAÑO, Testimonio, plegaria y razón y fe. Lic. Leandro CHITARRONI, Otra lógica; Perspectiva latinoamericana. Lic. Omar ALBADO, Creo para entender y entiendo para creer.

[2] Hay una explícita recomendación para quienes tienen a su cargo la formación de sacerdotes, para quienes son responsables de la formación filosófica en los Seminarios y Facultades católicas para que presten particular atención a la preparación filosófica  y para que demuestren tener la conveniente preparación científica. (FR:105)  (RF:61/62)

[3] La encíclica utiliza  una metáfora similar en el nº 23: “La relación entre fe y filosofía encuentra en la predicación de Cristo crucificado y resucitado el escollo contra el cual puede naufragar,  pero por encima del cual puede  desembocar en el océano  sin límites de la verdad”. Y en el nro. 21 remite a la figura  bíblica del explorador, “cuya misión es no dejar nada sin probar a pesar del continuo chantaje de la duda”.

[4] cfr. FILOSOFIA:  RECUPERAR LA FUNCION PROFETICA A LAS PUERTAS DEL SIGLO XXI. Feria del Libro de 1998, Diversos cursos en San Nicolás y Villa Constitución en 1999 y Publicación en  CONSUDEC. Bs. As. 1999

[5] JUAN PABLO II. 1992.  Rehabilitación de Galileo Galilei.  Cfr. 1997 la Autocrítica de la Congregación para la doctrina de la FE (Cardenal Joseph Ratzinger) que pidió perdón por los herejes muertos en la hoguera. “La iglesia debe vigilar siempre para no caer en la intolerancia. No debe crear mártires, sino ser una iglesia de mártires”.

[6] “Cuando la filosofía pinta  gris sobre gris, muestra una forma de vida que se vuelve vieja, y mientras mantenga este gris sobre gris no puede rejuvenecer, solamente mantiene los saberes adquiridos; la Lechuza de Minerva  toma nuevo vuelo cuando el  crepúsculo está cerrándose." Hegel, " Filosofía del derecho “(Prefacio)

 

 


     

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