Cuaderno de Materiales

 

 

Filosofía, Educación y Mercado.
En respuesta a la entrevista de JB Fuentes
(nº11 Cuaderno de Materiales)

María Jesús Santiago Freijó

         

 

            Voy a tocar tres puntos, entre los muchos que me han sugerido preguntas: la Verdad, la Efectividad y el Lugar.

            LA VERDAD

Leo el texto con detenimiento, y lo primero que llama mi atención, es la ausencia total de referencias al concepto de verdad,  concepto este que se me presenta indisolublemente unido a cualquier proyecto de  construcción  de una “verdadera filosofía”. Ni una sola mención aparece en todo el artículo.

Resumo brevemente el hilo de su argumentación, para posteriormente presentar mis dudas y objeciones.

El origen de las Sociedades Históricas, y por tanto políticas se apoyaría en el desarrollo de una “economía excedentaria”. La generalización y recurrencia del hecho excedentario acarrearía ciertas transformaciones en el campo antropológico como la formación de  grupos normativos, tanto técnicos como sociales, relativamente autónomos, siquiera en parte mutuamente irreductibles, y susceptibles de formar, por sus eventuales convergencias, o bien esferas categorialmente cerradas –en el campo de las ciencias físico-naturales-, o bien algo parecido, a dichas esferas en el campo de la “ciencias humanas”.

Sería en este caldo de cultivo, es decir, una vez establecida una sociedad política, urbana, y civilizada,  dotada  de una  estructura dinámica característica, que es la de la  destrucción y reconstrucción incesante de sus diversos sectores sociales mutuamente enfrentados, donde podría surgir la Filosofía.

            Este tipo de sociedades históricas, debido a su dinámica de  destrucción/reconstrucción,  producirían necesariamente cosmovisiones ideológicas,  que tendrían  la forma de representaciones totalizadoras, prácticas y monistas,  ofreciendo visiones universales o globales del conjunto de las relaciones sociales de la sociedad de referencia.

 Estas totalizaciones tendrían carácter ideológico, aunque sólo fuera porque siempre  ofrecerían algún principio monista de resolución de los enfrentamientos sociales, de tal forma que aparentemente los cancelaría definitivamente, pero por supuesto en beneficio de alguno de los distintos sectores sociales en pugna en cualquier sociedad histórica.

Esto daría lugar a una pluralidad de cosmovisiones en lucha, de ideologías en suma, y todas ellas tratarían de cancelar definitivamente (de forma monista) las relaciones conflictivas que mantendrían con el resto de los grupos sociales. 

             Entre medias de estas cosmovisiones ideológicas, y a la vista del escándalo lógico que inevitablemente acarrean, surgiría la crítica filosófica, la dialéctica.

            La dialéctica, a la que hemos de asociar la filosofía crítica, surgiría como una inter-crítica de las múltiples resoluciones universales cerradas del mundo, cosmovisiones metafísicas e ideológicas. Por lo tanto la filosofía se movería, se alimentaría, crecería entre las ideologías.

 La función que desempeñaría sería la de realizar una rectificación múltiple e incesante entre ese magma de las ideologías. G. Bueno en la obra Symploké, en la página 32 utiliza el término “vigilancia epistemológica”, para referirse a la tarea desempeñada por la Filosofía.

Hasta aquí su planteamiento.

Quiero entender, que si la filosofía realiza una “rectificación múltiple e incesante de semejantes resoluciones terminantes, definitivas, cerradas” (CM11, p.17)[1], ideológicas en suma,  ella misma no podrá ser una ideología más.

En este sentido G. Bueno es explícito: “La Filosofía académica aspira, sobre todo, a ser una “Geometría de las Ideas”, para ofrecer un entramado ideal, que, por sí mismo, es ya una realidad cultural, cualquiera que sea el alcance que pueda tener en el conjunto de las realidades culturales. En tanto que las Ideas sólo pueden brotar del ser mismo social e histórico del hombre, el material filosófico procede íntegramente del estado cultural en que vive, pero siempre que no se olvide que la tradición histórica es un componente esencial de este estado cultural. Ello no significa que la Filosofía sea una Ideología: las Ideologías ambientes son, tanto como el caudal de verdades científicas y técnicas coetáneas, materiales para la reflexión filosófica”[2] (la negrita es mía).

Sin embargo en su exposición no veo una distinción  clara entre filosofía e ideología: “El Estado  no puede dejar de estar objetivamente interesado en el mantenimiento de la filosofía , tanto universitaria como secundaria, en la medida misma en que está interesado en la reproducción de una determinada atmósfera ideológica  que sólo puede cobrar forma a través de semejantes filosofías, por muy menores y degradantes que ellas sean....” (CM11, p.31), “tanto en el ámbito universitario como en el de la secundaria, caben márgenes para otras corrientes filosóficas distintas de estos dos tipos que he señalado, en las que el Estado puede no tener en principio un interés tan directo en fomentar, pero que tampoco suponen una crítica sustantiva de la atmósfera ideológica que al Estado le interesa reproducir a través de aquellas dos. Me refiero, sobre todo, a la nebulosa formada por los diversos despojos del estructuralismo (o postestructuralismo) francés y a las corrientes que se autoidentifican como postmodernas.”(CM11, p.32) ”...y debido asimismo a la importancia que la enseñanza secundaria sigue teniendo en la formación de la conciencia ciudadana, las ideologías deberán seguirse reproduciendo, inevitablemente, y de un modo muy determinado, en el contexto de la enseñanza secundaria; y como quiera que, por último, dichas formas ideológicas no pueden sino seguir adoptando, en una sociedad de la complejidad y el espesor históricos de las nuestras, formatos filosóficos, por atenuados que estos puedan ser en determinados momentos....” (CM11, p.35).

Utiliza el término filosofía para referirse tanto a las “minusfilosofías”, como a las “filosofías aparentemente críticas” pero que en fondo no lo son (estructuralismo y postmodernidad), e incluso afirma  que las “formas ideológicas” adoptan “formatos filosóficos”; y en medio de todo este batiburrillo se abriría paso como el ave fenix, la filosofía crítica, como representante de la “verdadera filosofía”, supongo.

Una vez asumido entonces, que entre las distintas formas y formatos que adoptan, tanto la filosofía, como la ideología (que incluso se presenta en formatos filosóficos, en un intento de darnos “gato por liebre” ), sería la filosofía crítica, la más capacitada para ejercer esa incesante tarea de “rectificación múltiple”, me pregunto entonces cuál sería la relación entre esta filosofía crítica o “verdadera filosofía”, y la verdad. 

Porque si aceptamos que la filosofía, o al menos la filosofía crítica, no es ella misma ideología, sino que esta, sería el material del que se alimenta; del proceso de trituración de este material tendría que obtenerse algún tipo de conocimiento, por mínimo o negativo que este fuera (“un conocimiento negativo, no es la negación del conocimiento”[3]), y por tanto, cierto grado de “verdad”, o de “franjas de verdad”: “El oficio filosófico no tiene por objeto, sin embargo, trastornar las “verdades” ofrecidas por cada ciencia particular, por cada técnica, por una praxis especializada, cualquiera que sea. En principio, cada ciencia, cada técnica, lleva acoplada su propia crítica categorial a los resultados que establece. En este sentido, podría incluso decirse que la Filosofía, como especialidad, no tiene una categoría de verdades para su explotación especializada –la “Verdad filosófica” tiene otro sentido-. Pero esto no significa que la Filosofía no se interese por las verdades “[4] (el subrayado es mío).

 ¿Qué tipo de relación existiría entre la crítica filosófica y la verdad? ¿qué tipo de conocimientos se alcanzarían a través de esa incesante tarea de rectificación? ¿Es esa crítica incesante, ciega? Si la filosofía como saber, desarrolla una actividad totalizadora, al igual que las cosmovisiones ideológicas,  pero el material sobre el que ejerce dicha actividad, son las Ideas que atraviesan los distintos círculos categoriales, ¿qué tipo de totalización, si es que consigue alguna,  alcanza la filosofía, y cuál es la diferencia existente en relación a las totalizaciones metafísicas o ideológicas? Sospecho que la respuesta a todos estos interrogantes pasaría necesariamente por la construcción de una concreta Teoría de la Verdad y en su exposición echo en falta alguna referencia a esta cuestión. Incluso parece usted preconizar una tarea de la filosofía “incesantemente negativa”, un poco al modo de la filosofía del “no”, que de forma sistemática practica Agustín García Calvo. Pero el problema de este tipo de práxis filosófica, (sin negar su importancia), es que realiza el regressus, pero cierra el progressus, porque acaba desmayando en el momento constructivo de la dialéctica filosófica, con lo cual terminan convirtiéndose en el fondo en una suerte de nihilismo débil, y por tanto abortando el momento más potente de la actividad filosófica: “Los límites del pensamiento filosófico son, por tanto, el Cosmos (el Mundo) y la Nada: son los límites a los cuales el pensamiento filosófico debe constantemente llegar, como metafísica y como nihilismo (escepticismo), para, en su reflujo, encontrarse en su propio curso el materialismo”[5].

LA EFECTIVIDAD

  “Pero la única garantía de efectividad de la crítica dialéctica tiene lugar, no ya sólo, desde luego, entre medias de la acción política, sino entre medias de aquella acción política que estuviese alzándose como vencedora entre poderes hasta el momento dominantes. Sólo en ese preciso “momento” en el que se logra revertir algún poder dominante mediante algún otro contrapoder en acción, puede decirse que la filosofía a través de la cual se exprese y realice dicho contrapoder tiene alguna eficacia crítica dialéctica.” (CM11, p.21).

El planteamiento no deja de parecerme un tanto utilitarista, porque cifra el valor de la crítica dialéctica  únicamente en su efectividad, supongo que porque el valor verdad, como anteriormente he afirmado, no aparece en su exposición.

 Pero, ¿la crítica dialéctica que suponía el ateísmo al teísmo en el siglo XII, por ejemplo, cuando no era “efectiva” para romper la “matriz mítica” de la conciencia social, por ser esta tan compacta, que era imposible perforarla (revertirla) en aquel preciso “momento” histórico, no servía para nada? ¿No valía nada? ¿No era al menos algo racional? ¿La crítica dialéctica, tiene que estar asociada únicamente a la efectividad,  y no a la verdad?

EL LUGAR

Sostiene que el lugar donde la filosofía puede cumplir su tarea de rectificación incesante sería aquel en el que se reproducen las ideologías: “Si la crítica filosófica puede surgir en algún sitio, ese sitio será aquél en donde la pugna filosófica este políticamente instituida -¿dónde si no?-; por tanto en la Universidad” (CM11,p.24), “Así pues, en el filo de semejante franja de posibilidad crítica, nunca definitivamente asfixiada por escasa que ella pueda ser bajo ciertas circunstancias, puede y debe moverse la crítica filosófica en la actualidad en nuestras sociedades, una crítica que en todo caso, y esto es lo que sobre todo quiero subrayar, no podrá dejar de surgir sino en aquellos lugares en los que  objetivamente debe seguir interesada las propia sociedad política en reproducir sus ideologías, bajo una forma inevitablemente filosófica, por atenuada que esta forma sea, y ya hemos visto que la enseñanza secundaria de la filosofía, reciclada por la universitaria, no deja de seguir siendo el principal de estos lugares” (CM11,p.35).

Reconoce de todos modos,  que hay otros ámbitos donde las ideologías se reproducen, “y de estos creo que sobre todo hay que destacar los medios de comunicación de masas –y entre ellos muy particularmente diversas formas de periodismo” (CM11,p.35), pero sin embargo afirma que en estos medios existe un dispositivo “cuya lógica objetiva consiste en el bloqueo del verdadero diálogo de las opiniones y en su sustitución por su re-presentación escenográfico-mediática” (CM11.p.38), invitando al profesor de filosofía a retirarse de estos medios y  recluirse en su “Jardin”: la Universidad, o el Instituto, donde supuestamente, dichos bloqueos no se producen. Tesis esta última que me resulta totalmente gratuita, especialmente en lo que toca a la  Universidad, donde la lógica  objetiva de la “filosofía universitaria”[6], consiste en el bloqueo sistemático del verdadero diálogo de las opiniones, y en su sustitución por un amaneramiento académico difícilmente soportable, una relamida pedantería, y un empacho doxográfico al que resulta casi imposible sobrevivir.

En este caso creo que G. Bueno en su opúsculo ¿Qué es filosofía?[7], cuando pone en duda que lo que se hace y  enseña en las actuales Facultades de Filosofía sea verdadera filosofía en algún sentido, esta intentando implantar en los profesores de filosofía, a los que ese texto va dirigido, las distancias y las prevenciones imprescindibles respecto de los omnipresentes y multiparlantes filósofos-burócratas que dominan la filosofía universitaria: “Lo esencial es tener en cuenta que el concepto de “saber académico” es, ante todo, un concepto histórico (la tradición platónica) y no político administrativo, burocrático (la Universidad o el Instituto Superior); y que la institucionalización de la filosofía da principio a una dialéctica degenerativa. En virtud de esa dialéctica la filosofía académico-burocrática (“universitaria”, principalmente) tiende a convertirse en filología, en análisis histórico de doctrinas ya dadas o en análisis filológico-lingüísticos inofensivos y amanerados (en rigor, su función de hecho, se reduce a suministrar criterios de selección para el reclutamiento orientado a la reproducción del gremio)”[8]; al igual que usted sostiene que “un verdadero profesor de filosofía, el profesor de secundaria, y luego el de universitaria, deberá intentar implantar en sus alumnos las distancias y prevenciones imprescindibles respecto de los omnipresentes y multiparlantes medios de información y de opinión”(CM11,p.38).

Una cosa es que lugar donde uno puede aprender filosofía, sea en los centros educativos, bien en el Instituto o la Universidad; y otra muy distinta es que la crítica filosófica genuina se desarrolle de forma privilegiada en ese ámbito. G.Bueno al contrario que usted, desubica y amplia, el lugar dónde la crítica filosófica puede desplegarse, dispersándola, entre los distintos sectores sociales: “No se trata, por tanto, de trazarse el objetivo utópico de lograr que todos los ciudadanos de nuestra sociedad hayan de alcanzar el desarrollo de un “juicio filosófico” tal que sea capaz de admitir sentencias bien fundadas en cada momento; pero mucho más indeseable es pretender que ese “Tribunal Supremo” se circunscriba a los límites de un cuerpo profesional de “especialistas”, de un gremio, dado que la filosofía tiende a desbordar todo gremio. Rechazadas estas alternativas, la única que se mantendría como alternativa plausible sería la que propusiera como objetivo lograr que un conjunto “disperso” de ciudadanos, de profesiones múltiples, no vinculados entre sí gremial o institucionalmente, y con una “masa crítica” (¿medio millón?, para España, ¿un millón?) suficiente, pueda ejercer una influencia social efectiva”[9].

Desde luego en mi caso, cuento con una determinada formación filosófica que por supuesto, adquirí en los Centros Educativos del Estado, pero le aseguro que la práxis filosófica, la he desarrollado mucho más, tanto en la organización sindical en la que participo, como en mi lugar de trabajo, que no es ningún Instituto de Secundaria, ni ninguna Universidad, donde vaya a despertar  conciencias dormidas, sino sencillamente  la cabina de pasajeros de un avión, en la que tenemos que convivir, casi siempre en medio del conflicto, 256 pasajeros y 10 tripulantes, hasta 14 horas seguidas. Y en esa privilegiada “caja de Skinner”, hay más crítica filosófica, que en muchos de los múltiples Cursos de Doctorado que he realizado en esta Universidad.

 

    



[1] Citaré como CM11, las referencias a la revista Cuaderno de Materiales. Filosofía y Ciencias Humanas: Filosofía, Educación y Mercado. Febrero-Marzo del 2000; Entrevista a Juan Bautista Fuentes:<<La educación en filosofía>> (Noviembre de 1999).

[2] El papel de la filosofía, en el conjunto del saber. Gustavo Bueno Martínez, Editorial Ciencia Nueva, Madrid 1970.

[3] G. Bueno Martínez. Ensayos Materialistas, Editorial Taurus, Madrid, 1972, pág. 60 “..pero este conocimiento negativo no es, en modo alguno, la negación de un conocimiento”.

[4] G. Bueno Martínez, 1970, pág. 16.

[5] G. Bueno Martínez, 1972 , pág. 21.

[6] En este sentido G. Bueno distingue entre filosofía universitaria y filosofía académica : “se trata de elegir, auxiliados desde luego por las ciencias históricas y politológicas, entre hacer filosofía “vulgar” (mundana), casi siempre ingenua y mala (como suele serlo la llamada “filosofía espontánea de los científicos), o hacer filosofía “académica”, no por ello necesariamente excelente (y entendemos aquí por filosofía académica no ya tanto a la filosofía universitaria, cuanto a la filosofía dialéctica, cuyos métodos fueron ejercidos y representados por primera vez en la Academia de Platón)” . España frente a Europa, Alba Editorial, Barcelona 1999, p.10.

[7] G. Bueno Martínez, ¿Qué es filosofía?, Pentalfa Ediciones, Oviedo 1995.

[8] Op. Cit. p.75.

[9] Op.Cit.p.78.


 

     

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