El intervencionismo de los noventa. Los ejércitos como gendarmes mundiales del capitalismo.
El “nuevo orden internacional” o la globalización del capitalismo. Por Luis González Reyes

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Cuaderno de Materiales

 

 

El intervencionismo de los noventa
Los ejércitos como gendarmes mundiales del capitalismo.
El “nuevo orden internacional” o la globalización del capitalismo.

Luis González Reyes

 

                Tras la caída del Muro de Berlín y el final de la Guerra Fría se produce un importante cambio en las relaciones de poder en el mundo. Se pasa de un sistema bipolar, basado en el enfrentamiento entre los bloques estadounidense y soviético, a otro monopolar, en el que ya sólo queda uno de los contendientes con supremacía total en el planeta. La victoria del bando capitalista se refleja en todas los campos: económico, político, cultural y, por supuesto, militar. Es verdad que existen discrepancias e intereses contrapuestos entre las potencias del Centro[1]; un ejemplo podrían ser Francia y EEUU en el norte de África (Argelia, por poner un caso) o en la región de los Grandes Lagos (Ruanda). Pero estos enfrentamientos están marcados por una mucho más amplia base de intereses comunes que se resumen en la defensa de un mismo sistema económico del que ambos sacan grandísimos beneficios. Además, dentro del Centro no existen varias potencias dominantes, sino una hegemónica, Estados Unidos. El comportamiento internacional de EEUU oscila entre la búsqueda de apoyos de otros estados cuando los gastos son muy altos (Guerra del Golfo por ejemplo), y las actuaciones unidireccionales cuando lo ven necesario. Esto último se puede ver por ejemplo en la negativa estadounidense de firmar acuerdos como el de Prohibición de Armas Nucleares, el de prohibición de fabricación de minas antipersonal, el de prohibición de reclutamiento de menores de edad para las fuerzas armadas o la de reconocer al Tribunal Internacional de La Haya más que cuando le interesa. Estos acuerdos, firmados por otros estados miembros de la Alianza Atlántica, EEUU puede permitirse el lujo de no suscribirlos sin que ninguno de sus socios mueva un dedo. Debe quedar claro que en los conflictos recientes en los que hemos visto actuar a soldados estadounidenses junto a militares de otros países la voz cantante claramente ha sido la del “amigo americano”.

                Hay que hacer notar que, en todo caso, todavía existe un cierto reparto de zonas a nivel militar (que no económico, ya que la presencia del capitalismo es casi universal), donde a Rusia le queda el territorio de la antigua URSS, como se ha podido comprobar en los conflictos de Georgia, Tadjikistán y Chechenia. La otra región del planeta que todavía escaparía al control estadounidense sería China.

                Otro cambio importante tras el final del “socialismo real” es que las potencias perdedoras de la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Japón, vuelven a ocupar lugares destacados, no sólo a nivel económico, sino, poco a poco, también militar.

                Lo que no ha cambiado respecto a la situación anterior a la Guerra Fría es la subordinación de los países de la Periferia respecto a los del Centro. Es más, esta situación se está agravando con la introducción de su economía en los grandes mercados mundiales. Además, estos mercados no están ya únicamente caracterizados por la “economía productiva”, sino que en ellos tiene una importancia fundamental la “economía financiera”, como se ha venido a demostrar en las recientes crisis rusa, brasileña o indonesa, que poco han tenido que ver en su origen con problemas relacionados con los procesos productivos. Todo esto está suponiendo que ahora estos estados no sean dependientes únicamente en el aspecto político o militar, sino que lo están siendo progresivamente más en lo económico y cultural.

                Así se ha entrado en la era de la globalización del capitalismo, ésta implica, no solamente que se esté creando un mercado cada vez más ajeno a fronteras nacionales y en cual estén integrados cada vez un mayor número de consumidores; sino que también está suponiendo una impresionante homogeneización cultural a nivel planetario. Las consecuencias de esta nueva época están caracterizándose, fundamentalmente, por un aumento de la desigualdad y de la degradación ambiental; que se expresan en distintos ámbitos: una mayor brecha entre ricos y pobres, un aumento sin precedentes de los niveles de residuos producidos y de la degradación de los ecosistemas, una mayor diferencia de capacidad militar entre unos países y otros, una menor autonomía de toma de decisiones por parte de la mayoría de estados y de las personas, una diferencia creciente en las capacidades tecnológicas, una mayor deshumanización y desarraigo de las personas, etc. Estas desigualdades y degradación ambiental están produciendo, obviamente, un descontento entre amplias capas sociales a lo largo y ancho de todo el planeta. Este descontento, a pesar de la gran capacidad del actual sistema para asimilarlo y acallarlo, sale a la luz periódicamente en forma de estallidos violentos. Ejemplos de esto los podríamos encontrar en los conflictos de Argelia, Somalia, Ruanda, Nigeria, Congo, las revueltas de Los Ángeles, Colombia o Chiapas. En ellos la única motivación del conflicto no se puede achacar a las consecuencias de la colonización económica, política y cultural del Centro[2], pero sí se puede considerar que es, si no la principal, sí una de las más importantes. Además se debe apuntar que todavía existen conflictos que para entenderlos debemos hacer referencia obligada a la Guerra Fría, como podrían ser los de Angola o Mozambique.

                Ante estas consecuencias perniciosas de la globalización desde el Centro se está respondiendo de distintos modos, el primer recurso están siendo los medios de comunicación y la educación que están cumpliendo una importante función adormecedora en amplias capas de la sociedad. Junto a estos está actuando una débil capacidad compensadora del Centro sobre la Periferia2, en muchas ocasiones llevada a cabo no por los estados sino por las ONGs. Esta función, en sus mayor parte, no está encaminada a un cambio de estructuras que liberen a la Periferia sino, fundamentalmente, a una labor asistencial. Sin embargo, como es evidente estos elementos no están siendo suficientes y se están complementando con los policiales para el control interno de los estados y los militares para conflictos internos muy graves o para los internacionales, que serán los que se traten en este texto.

                Desde los centros de poder se es plenamente consciente del papel imprescindible de los instrumentos de represión militares para que la globalización económica sea factible. Para asegurar que la industria armamentística y los ejércitos sean efectivos se les sigue dirigiendo desde el estado (vía organización y/o financiación) y se les deja exentos de las actuales corrientes liberalizadoras. El ejemplo más claro es que dentro de la OMC (Organización Mundial del Comercio) los países miembros tienen una cláusula por la cual pueden subvencionar todo lo que quieran a sus empresas armamentísticas (procesos que están o se han limitado o eliminado en el resto de las áreas económicas). Además, según el artículo XXI del GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio), todo estado es soberano para poder organizar su defensa (léase para garantizar su estabilidad y continuar estando dentro del mercado internacional) y por lo tanto no se le puede poner ninguna limitación a su adquisición de armamento. Es decir, que una de las labores del estado neoliberal seguirá siendo el garantizar las condiciones adecuadas para que el mercado internacional pueda seguir funcionando, por supuesto manteniendo la relación de poder Centro-Periferia.

                Estos procesos globalizadores, lejos de ir en retroceso, están siendo potenciados por el Centro. El ejemplo más claro y reciente podría ser el intento de, mediante la Ronda del Milenio, acometer un nuevo ciclo de liberalizaciones, bajando los aranceles aduaneros y levantando las trabas a la inversión. Esto se aplicaría en los estados miembros de la OMC, 134 entre los que están todos los del Centro. Así los conflictos consecuencia de la globalización seguirán produciéndose y, probablemente, vayan en aumento. La paz sólo se conseguirá mediante la “seguridad común” de todas las personas y naciones, la cual se alcanza universalizando una vivienda y alimentación adecuadas, una educación y salud básicas, una abolición de las jerarquías y un medio ambiente limpio. Pero, como ya he apuntado, la globalización está terminando con el aire limpio, la seguridad alimentaria, las inversiones en sanidad y educación, las leyes de protección ambiental e imponiendo dinámicas de dominación sobre lo social.

                No es que ya no existan ni vayan a existir conflictos marcados por el deseo de control de una región o de un pueblo por parte de un estado, como pudieron ser (sólo hasta cierto punto) el de Timor Oriental, la invasión de Kuwait por parte de Irak o el de Kosova (en lo referente al conflicto entre albanokosovares y serbios). Pero en éstos, como en los estallidos de descontento anteriores, ahora sólo existe una gran potencia de referencia. Cuando en ellos intervenga el Centro, como en los tres ejemplos citados (Timor Oriental, Kuwait y Kosova), la intervención ya no estará marcada por una lucha por controlar distintas áreas geoestratégicas por dos grandes potencias, lucha que se reflejaba en la implicación de las mismas en distintos conflictos locales. Actualmente se busca el control de esas mismas zonas para su explotación, hasta la extenuación, por parte de las grandes multinacionales, que revierten los beneficios al Centro. Este control podrá ser de recursos estratégicos como el petróleo (Guerra del Golfo) o simplemente de mercados.

                El fin que tienen estas intervenciones para el Centro no se restringe únicamente a la defensa de los intereses económicos del mismo (control de nuevos mercados o de recursos valiosos) sino que la guerra, por si misma, es ya un gran negocio. Conflictos como el reciente de Kosova han servido de escaparate para las últimas innovaciones tecnológicas. El comercio de armas también está cada vez más mundializado. Si en los años previos la exportación de tecnología militar estaba dirigida casi únicamente hacia los estados aliados por criterios de seguridad, estos criterios se están relajando y está apareciendo un floreciente comercio internacional de armamentos. A este hecho no es, ni mucho menos, ajena la caída del Muro de Berlín y el desmantelamiento de la industria militar de Europa del Este, producción que está asumiendo el bloque “ganador” en la Guerra Fría. Así no es extraño que las industrias militares están presentes en los grupos de presión junto a otras multinacionales (los lobbies) en reuniones tan importantes para el devenir del comercio mundial como la reciente cumbre de la OMC en Seattle[3]. En estas reuniones están haciendo presión en favor de un mundo más globalizado en el cual se puedan aprovechar de las leyes antiproteccionismo de la OMC, a la vez que pueden seguir disfrutando de las importante subvenciones estatales, como ya se comentó más arriba.

                Resumiendo, el hecho de que exista una única gran potencia supone que sea mucho más improbable que aparezca un conflicto que pueda hacer peligrar la vida en todo el planeta, es decir, una tercera guerra mundial de carácter atómico. Del mismo modo también lo es un enfrentamiento en el que se luche en amplias regiones, del tipo de una guerra mundial. Así, los conflictos se caracterizarán por estar localizados en un área concreta (Grandes Lagos, Congo, Guerra del Golfo) y crecientemente con un origen en forma de guerra interna dentro de un estado o con influencias de los limítrofes (Yugoslavia, Méjico, Colombia, Indonesia, Argelia, Albania). Sus motivaciones serán: o bien, en una parte importante, respuestas más o menos desorganizadas a las consecuencias de la globalización; o bien en acciones de los ejércitos del Centro encaminadas a continuar su dominación sobre la Periferia. Obviamente esta caracterización de las causas y de los tipos de conflictos es extremadamente generalista. Está fuera de la intención de este texto el hacer un estudio pormenorizado de las distintas motivaciones de cada conflicto, motivaciones que, por supuesto, presentarán multitud de matices y excepciones al comportamiento general que aquí defiendo.

                El control del Centro sobre la Periferia durante los años de la Guerra Fría[4] estuvo ejemplificado en la estructura, funcionamiento y objetivos (reales, no retóricos) de toda una amalgama de organismos internacionales. Entre ellos habría que destacar la Organización de Naciones Unidas (ONU) como elemento de control político; el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el GATT en el económico; y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y el Pacto de Varsovia en el militar; aunque habría que hacer notar que las funciones de los distintos órganos se han intercambiado en numerosas ocasiones. También han jugado un papel fundamental otras instituciones de carácter regional, entre las que ha destacado la Unión Europea (UE).

                Tras la transformación de las relaciones de poder en el mundo estos organismos también han cambiado, o lo están haciendo; aunque, eso sí, todos ellos siguen caracterizándose por ser un instrumento, más o menos efectivo, de control y explotación. Así se puede ver la transformación que se está llevando a cabo en la ONU, con la previsible entrada en el Consejo de Seguridad a las nuevas potencias a nivel nacional (Alemania y Japón)[5]; así como abriendo sus puertas a la empresa privada (financiación de la organización por multinacionales, que, por supuesto, consiguen influir en las decisiones de la misma a cambio). También se están dando nuevos pasos en el BM, el FMI y, especialmente, en el GATT, que dio luz a la OMC tras la Ronda de Uruguay, y que ahora intenta acometer una nueva liberalización de los mercados, como ya se ha comentado. Pero probablemente la organización que más haya cambiado sea la OTAN, tanto en su arquitectura interna, como en su forma de actuar hacia el exterior. Ella es, y seguirá siendo, la encargada de controlar que la relación de dominación no se termine, actuando en el plano militar si todas las demás vías de control han fallado. De todas formas hay que decir que no sólo es la OTAN la que se encarga del aspecto militar, también están los ejércitos nacionales del Centro (especialmente, claro está, el de EEUU), alianzas como la Unión Europea Occidental (UEO)[6] y los “cascos azules” de la ONU, que actúan en distintos escenarios.

 

El intervencionismo.

                La Alianza Atlántica se ha ido modificando progresivamente durante este último decenio. Este cambio se ha caracterizado por la transformación de un organismo teóricamente defensivo en otro marcadamente intervencionista, asumiendo el papel de gendarme mundial en el “Nuevo Orden Internacional” en defensa de los intereses, tanto económicos como geoestratégicos, del Centro y, especialmente, de EEUU. Pero esta nueva política intervencionista no sólo se está dando en este organismo, también se puede observar en la ONU en sus misiones militares, en la UEO o en la política de los países del Centro. También es importante decir que esta nueva OTAN intervencionista no sólo actúa a nivel militar, también lo está haciendo a nivel político. En estrecha colaboración con organismos como el Banco Mundial, el FMI o la Unión Europea, ha  enfocado sus miras hacia los países del Este de Europa persiguiendo su control político, económico y militar. Se busca reconvertirlos en “economías de mercado democráticas” aliadas de las potencias del Centro y, claro está, dependientes. No quiero decir que antes no existiese intervencionismo, sino que el de ahora está reflejado explícitamente en las  organizaciones militares y se vende al público, al igual que el de antes como una acción justa y necesaria moralmente, pero con distintos criterios.

               

                En los estados del Centro la democracia parlamentaria implica tener que mantener razonablemente satisfecha a una importante parte de la sociedad, con lo que las guerras en las que los gobernantes se embarquen deben ser asumibles de cara a la opinión pública. La sociedad actual no se compromete con la lucha contra la pobreza o la degradación ambiental, sin embargo sí ha adoptado como suyos principios de defensa de los derechos humanos, respeto al medio ambiente o justicia social. Es por ello que las actuales intervenciones de los estados del Centro no sean simplemente “intervenciones” sino “intervenciones humanitarias”, que en todos los casos estén recubiertas de un halo de “no nos ha quedado otro remedio que emplear la fuerza para imponer la justicia contra el gran demonio al que hemos atacado”. El mensaje que se transmite es absolutamente simplista: nosotros, los agresores, somos los buenos buenísmos y los agredidos son los malos malísimos. De este modo lo que en realidad sigue siendo colonialismo (en distintas facetas) se está justificando como “gestión de crisis”, “operaciones humanitarias” y/o “operaciones de mantenimiento de la paz”, tres conceptos que serán repetidos en numerosas ocasiones a lo largo del texto. Con esto no quiero calificar a los agredidos como víctimas inocentes; Milosevic o Sadam Husein están bastante lejos de ser gobernantes ejemplares, sino que, más bien, han sido y son potentes agresores, lo cual también debe ser condenado con dureza. Tras el final de la Guerra Fría ya no existe el enemigo comunista por el que hay que sacar las tropas a la calle para nuestra defensa; pero parece que sigue siendo imprescindible hacerlo, ahora es para que se respeten los derechos humanos.

                Muchas de las intervenciones a las que hemos asistido durante estos últimos años han sido fácilmente justificables de cara a la opinión pública. Es verdad que en Timor Oriental o en Kosova la población estaba siendo masacrada, el problema es que las motivaciones reales para la actuación del Centro en estos territorios estaba lejos de ser las esgrimidas oficialmente. Si éstas hubiesen sido sinceras ahora tendríamos tropas de la OTAN en Turquía para defender a los kurdos o en Marruecos para hacer lo propio con los saharauis. En Kosova no se buscaba salvar a los albanokosovares sino legitimar a la OTAN, intentar estabilizar los Balcanes, justificar la presencia de EEUU en Europa y responder a intereses económicos y geoestratégicos de las potencias europeas; así como disminuir el área de influencia rusa corriéndola más hacia el Este[7]. Debe quedar muy claro que el Centro es descaradamente parcial al escoger sus intervenciones y sigue únicamente sus intereses, las más de las veces económicos, pero también se encuentran motivaciones geoestratégicas o de cara a la política interna de los estados del Centro. La intervención militar por parte del Centro en la mayoría de los conflictos ha brillado por su ausencia (Congo, Chechenia, Sahara, Eritrea-Etiopía, Nigeria). Otras veces se ha limitado a la entrega de ayuda humanitaria (Afganistán, Azerbaiyán, Sudán). También hemos asistido a intervenciones en las cuales los ejércitos implicados tenían posibilidades muy reducidas de hacer uso de la fuerza (Angola, Bosnia-Hercegovina hasta agosto de 1995, Georgia, Liberia, Ruanda, Congo recientemente, al principio en Somalia, Tayikistán). Por último estarían las intervenciones militares acompañadas de un empleo ostensible de la fuerza, que han sido las menos (Irak, Kosova, Bosnia-Hercegovina, Somalia, Timor Oriental).

                Si realmente se quieren solucionar este tipo de conflictos hay que poner los medios con tiempo, no cuando la situación es insostenible. Los problemas en Kosova y en Timor Oriental llevaban muchos años ahí y desde la “comunidad internacional” no se intentó solucionarlos, sino, más bien, al contrario. Así hay que priorizar la aplicación de políticas encaminadas a conseguir la “seguridad común”, del tipo de las expuestas anteriormente. Sólo en el caso de que todas las vías pacíficas se hubiesen agotado se podría estudiar la posibilidad una intervención armada. De llevarse a cabo siempre debería ser por un ejército multinacional que no tuviese ningún tipo de intereses en la zona, que actuase interponiéndose entre los contendientes en lugar de adoptar una postura beligerante y que priorizase al máximo el respeto por los derechos humanos en sus actuaciones (dentro de la contradicción que es esto en una guerra).

                A modo de ejemplo podemos citar algunas de las últimas actuaciones militares en el planeta, que podrían tipificar este nuevo concepto de intervencionismo. Así se puede ver como la Guerra del Golfo se justificó como “gestión de crisis”; la operación Alfa-Kilo en la frontera Turco-Iraquí y la intervención en Somalia fueron “operaciones humanitarias”; o las más recientes de Bosnia-Hercegovina y Kosova han sido calificadas por los distintos organismos que las han llevado a cabo como “operaciones humanitarias” y “operaciones de imposición y mantenimiento de la paz”. Este discurso, con el que se justifica el envío de tropas nacionales más allá de las fronteras propias, se ha implantado, como ya se ha comentado, en distintos organismos desde principios de los noventa, así:

·    Cumbre de la OTAN de Roma (1991): En ella se comenzó a definir el Nuevo Concepto Estratégico de la Alianza, que se ratificaría posteriormente en la cumbre de Bruselas de 1994. En él se recogen las tres motivaciones anteriormente nombradas como justificaciones de intervenciones más allá de las fronteras de los países miembros de la OTAN. La última vuelta de tuerca fue la cumbre de Washington de 1999.

·    Agenda por la paz de Butros Gali (1992): Describe las misiones militares que deberá abordar la ONU y que serán también de “gestión de crisis”, “operaciones humanitarias” y “operaciones de mantenimiento de la paz”.

·    Reunión de Petersberg de la UEO (1992): El brazo europeo de la OTAN adoptó en dicha ciudad alemana como objetivo, no sólo la defensa de sus estados miembros, sino la posible intervención exterior bajo los motivos “humanitarios” ya nombrados.

·    Además este discurso también ha empapado las directivas de defensa nacional de la mayoría de estados. Por ejemplo, en 1993 se vieron reflejadas en el Plan Estratégico de EEUU, un año más tarde en los Libros Blancos de Defensa de Francia y Alemania y también están presentes en las Directivas de Defensa Nacional españolas de 1992 y 1996.

                La adopción de este discurso intervencionista disfrazado de buenas intenciones ha sido paulatina y ha venido acompañada de un cambio en la estructura y orientación de las distintas alianzas militares. El proceso, tras la caída del Muro de Berlín, en la OTAN, la UEO, los distintos ejércitos nacionales y los “cascos azules” sería el siguiente:

Cumbre de Roma de la OTAN de 1991.

                En ella se definió el Nuevo Concepto Estratégico como respuesta al final de la Guerra Fría. Las principales modificaciones que se introdujeron fueron el abandono de la “defensa avanzada” y la “respuesta flexible”, que se materializaron en la destrucción de parte de las armas nucleares tácticas de corto alcance situadas en Europa (se redujeron hasta en un 80%).

                Además se empieza a desarrollar la Identidad Europea de Seguridad y Defensa (ISDE), haciendo que la UEO se empiece a configurar como el brazo europeo de la OTAN. La principal motivación para comenzar a dar preponderancia a los europeos es el deseo de recortar gastos por parte de EEUU. Dentro de la misma línea se determina que la Brigada franco-alemana (que había nacido en 1988) tenga una relación de “complementariedad” con la Alianza; es decir, que pueda actuar también bajo mando Aliado. Este mayor reparto de responsabilidades, que como se expondrá irá en aumento en los años siguientes, no debe entenderse como una disminución del estatuto de potencia hegemónica que ostenta EEUU. La OTAN presenta una dependencia total a nivel tecnológico (satélites y aeronaves por ejemplo) del socio de Washington; dependencia que se ve reflejada, por ejemplo, en que el mando que controla el Mediterráneo esté controlado por un estadounidense y no por un europeo, como defendió con fuerza Francia.

                También se definen nuevas causas para la intervención que van más allá de los artículos 5 y 6 de la OTAN[8], así este tipo de actuaciones se vienen a denominar como “fuera de zona”. Las motivaciones serían la “gestión de crisis”, las “operaciones humanitarias”, las “operaciones de mantenimiento de la paz” y/o la “defensa de los intereses de los países miembros en el exterior”. En todo caso se matiza que las intervenciones más allá de los límites fronterizos de los estados miembros de la Alianza se realizarían siempre bajo el mandato de la ONU o de la OSCE[9]. Estas intervenciones podrían llevarse a cabo por tropas de la OTAN, la UEO o la Brigada franco-alemana.

                En todo caso, a pesar de los cambios que se estaban produciendo en el este europeo, la OTAN aun no acomete cambios de relieve, tal vez considerando que los procesos que se estaban dando en su enemigo serían únicamente superficiales. En este sentido hay que relativizar la destrucción de parte del arsenal de armas nucleares tácticas y explicar que cuando realmente se hizo efectivo fue cuando desapareció el “parachoques de seguridad” de la URSS (Polonia, Checoslovaquia, Hungría, etc.) y éstas dejaron de tener sentido. Es a partir de 1993 cuando se empiezan a producir cambios substanciales.

Plasmación del discurso y de los métodos necesarios para el nuevo intervencionismo.

                En 1992 la Brigada franco-alemana se ve engrosada con tropas de Bélgica, Luxemburgo y del Estado español, pasando a formar el Eurocuerpo. Su misión es la defensa de Europa y la actuación en operaciones de mantenimiento de la paz y humanitarias. Un año más tarde se fija la relación entre la OTAN y el Eurocuerpo, que al igual que con la Brigada franco-alemana, es de complementariedad.

                También en 1992 se producen modificaciones en la UEO. Ese año ingresa Grecia y se formalizan relaciones con Turquía, Noruega y Dinamarca. Además se crea la Célula de Planificación Militar, dependiente del Consejo Permanente de la OTAN, que se ve reflejada en el Tratado de Maastricht de la UE. En ese año es en el que se produce la reunión de Petersberg, con la adopción de misiones de “gestión de crisis”, “operaciones humanitarias” y “operaciones de mantenimiento de la paz”, como propias de la organización.

                Otro hecho relevante en 1992 es que en Japón se aprueba la ley que termina con la prohibición de enviar tropas al extranjero[10].

                El plan estratégico de EEUU de 1993 recoge la posibilidad de acciones militares más allá de las fronteras de este país para el “control de armas de destrucción masiva”, “regulación de inestabilidades”, “control de fuentes energéticas” y cuando los “intereses económicos estadounidenses se viesen amenazados”.

                La cumbre de la OTAN de Bruselas de 1994 vuelve a incidir en la necesidad de un mayor peso de la parte europea en la Alianza. Para ello se define el “doble gorro” entre las tropas de la OTAN y de la UEO; es decir, que los mismos ejércitos podrán intervenir bajo mando Aliado o Europeo, según convenga. Esto va acompañado de la reducción de militares de EEUU en suelo europeo, que se pone como máximo en 100.000. La disminución se puede explicar porque, tras la disolución del Pacto de Varsovia y el aumento de la componente tecnológica en las guerras, ya no se hace necesario un número tan alto de soldados. Además se configuran las Fuerzas Operativas Combinadas Conjuntas (FOCC), de las que posteriormente se hablará, y que se convertirán en la principal herramienta de actuación militar en conflictos. Se configura el Diálogo Mediterráneo, con el objetivo del control de esta importante zona estratégica, mediante la implicación de estados de la ribera en la “seguridad compartida” de la región[11]. Es también en esta cumbre en la que la Alianza abre el camino a su ampliación.

                En ese mismo año los Libros Blancos de Defensa de Francia y Alemania incorporan las motivaciones “humanitarias” en su intervenciones fuera de su territorio. Para Alemania este año es muy importante pues deroga la ley por la cual no podía mandar soldados al exterior.

                El Eurocuerpo se hace operativo en 1995 con las prácticas Pegasus’95. Además Francia inicia su regreso a la Estructura Militar Integrada de la OTAN.

                En 1996 se va perfilando lo que será el reparto de funciones entre la OTAN y la UEO. La primera se encargará de la defensa, mientras la segunda afrontarán las misiones definidas en Petersberg (operaciones de mantenimiento de la paz, de gestión de crisis y humanitarias). Un año después se formaliza la estructura de mandos de “doble gorro”.

                En la cumbre de Madrid de la Alianza de 1997 se aprueba la entrada de la República checa, Polonia y Hungría en la organización. Además se potencia el grupo de trabajo sobre el Mediterráneo, indicando el interés que tiene la organización por esa región. También se comienza la reestructuración de la estructura integrada de mandos, con la ordenación de los submandos subregionales, que responden, entre otras cosas, a la necesidad de tener ejércitos con mayor proyección exterior.

Cumbre de Washington de la OTAN de 1999 y desarrollo de la “identidad europea”.

                En Washington se definió el Nuevo Concepto Estratégico de la Alianza, el cual vino a plasmar todos los procesos que se habían ido gestando en los años previos. Más adelante se explicará con más detalle lo allí acordado.

                Ese mismo año, en al cumbre de Colonia, se aprueba la integración de la UEO en la UE. La relación entre la UEO y la UE se hace tan íntima que el secretario general de la alianza militar es el famoso “mister PESC”, el responsable de política exterior y de seguridad de la UE. También se crea el Cuerpo de Gestión de Crisis en la UEO, con clara vocación de actuar más allá de los territorios de los estados que conforman la alianza militar. Por otra parte se impulsa el Eurocuerpo como ejército de acción rápida. En éste último, probablemente, ingresen en breve el Reino Unido y Grecia.

                Además, a finales de 1999, la UE, en su cumbre de Helsinki, acuerda crear un “cuerpo militar permanente de paz” para el 2003. Este cuerpo se diseña como de rápido despliegue y realizará las misiones “tipo Petersberg” ya nombradas. El cuerpo se nutrirá de unos 50.000 soldados. La relación de este cuerpo será, previsiblemente, de complementariedad con la OTAN y se realizarán prácticas conjuntas con los estados europeos miembros de la Alianza pero que no pertenecen a la UE.

La evolución del papel de la ONU en la “resolución de conflictos”.

                A nivel de resolución de conflictos la ONU a pasado de tener un papel totalmente subalterno durante la Guerra Fría, en la cual las grandes potencias eran las que se encargaban de las intervenciones, a una considerable participación en los mismos mediante los “cascos azules”. En todo caso hay que hacer notar que estas tropas han estado integradas, en un alto porcentaje, por soldados de estados de la Periferia y, sólo en conflictos en los que las potencias estuviesen interesadas, soldados de éstas han participado[12]. Otra característica es que en muchas ocasiones las tropas desplazadas han defendido sus propios intereses[13]. En todo caso, el papel de los “cascos azules” se ha restringido a conflictos donde los intereses del Centro eran menores. Cuando realmente se ha querido intervenir no ha sido bajo su mando la actuación, como se pudo ejemplificar en Bosnia-Hercegovina y en Kosova. Por último hay que hacer notar que este papel de relativa referencia que ha asumido la ONU deja de ser tal a partir de la intervención de la OTAN  en Yugoslavia en 1999 y la cumbre de Washington de ese mismo año. Actualmente la ONU ocupa un lugar subalterno en la resolución de conflictos y se limitará a los que el Centro no muestra interés, sin ni siquiera ser un marco de referencia legitimador en las actuaciones de la OTAN.

¿Otro ejército multinacional más?

                Aunque la UEO es la alianza de estados del Centro más importante, excluyendo la OTAN por supuesto, también merece la pena comentar los recientes rumores sobre la creación de un ejército entre los países firmantes del Acuerdo de Libre Comercio (EEUU, Canadá y Méjico). Este ejército se encargaría de operaciones para el control del terrorismo, la insurgencia, los tratados de seguridad y el narcotráfico; todas ellas, como se puede ver claramente, relacionadas con consecuencias perniciosas del actual sistema económico. Nuevamente, aunque parece que la proyección de este ejército es interna se deja abierta la puerta a su actuación exterior.

 

Los nuevos enemigos.

                Tras el fin de la Guerra Fría la OTAN y la UEO necesitan de nuevos enemigos para justificar su existencia. Así, en paralelo al desarrollo de este discurso intervencionista, se ha ido buscando el sujeto del que “defenderse”. En contra de lo que había ocurrido con el Pacto de Varsovia ahora no se dibuja un enemigo concreto, sino difuso. Así, de lo que se habla es de “amenazas” y éstas abarcan desde el fundamentalismo islámico, a las dictaduras agresivas (o no sumisas) de la Periferia, pasando por el terrorismo internacional, los nacionalismos emergentes, el control nuclear y de fuentes de materias primas estratégicas o los flujos migratorios. Es decir, una indefinición que permite intervenir prácticamente donde y cuando se desee.

                Un ejemplo de estos “nuevos enemigos” y de la política que se les ha aplicado ha sido el Mundo Árabe, donde se ha alternado la cooperación (Egipto, Jordania, Arabia Saudí, Marruecos) con el machaque más absoluto (Irak, Libia). El objetivo ha sido principalmente el control de los gobiernos, los territorios y las poblaciones para garantizar el crudo barato y a precio estable. Para ello, mediante el Diálogo Mediterráneo de la OTAN, se ha vinculado a estados árabes como Egipto, Túnez, Marruecos, Mauritania o Jordania con la Alianza mediante la colaboración militar en prácticas y distintas intervenciones. Por otro lado, los estados díscolos han sufrido una fuerte presión militar y mediática que les ha relegado al ostracismo y a una derrota casi total. En todo caso, hay que hacer notar que Oriente Próximo, más que un campo de actuación de la OTAN, es un coto privado de EEUU, que actúa en muchos casos a través de su brazo en la zona, Israel.

 

El intervencionismo político de la OTAN.

                El intervencionismo político de la Alianza Atlántica ha ido encaminado hacia los países que conformaron el antiguo bloque soviético y, en menor medida, hacia los llamados estados neutrales europeos. Ha cubierto distintos aspectos y objetivos:

·    Poder llevar a cabo operaciones en las cuales intervengan estados no asociados en la OTAN; es decir, lo que se ha venido a denominar operaciones tipo FOCC, que más a delante se detallarán. En estas intervenciones se ha conseguido involucrar a los países de Europa del Este, los “neutrales” de Europa Occidental, así como otra serie de estados de otras partes del planeta.

·    Control militar de los países del Este para atajar posibles desestabilizaciones internas debidas a nacionalismos emergentes o problemas económicos, por poner un par de ejemplos.

·    Reconversión de estos estados en ”economías de mercado democráticas”. En concordancia con esto se ha practicado un intervencionismo en la política interna de esos países que ha supuesto una revisión de la relación entre el poder civil y el militar, cambios en los presupuestos de defensa, una reconversión de la industria militar en civil y una modernización del ejército. Estos dos últimos aspectos están suponiendo un gran negocio para las empresas armamentísticas del Centro.

               

El CCAN, la APP y el CE.

                Pero veamos ahora de que instrumentos se ha valido la OTAN en estos procesos. En la cumbre de Roma de 1991, de la que ya se ha hablado, se fundó el Consejo de Cooperación del Atlántico Norte (CCAN). Éste nació con la clara finalidad del control político, militar y económico de Europa del Este tras la reciente caída del Muro de Berlín; eso sí, intentando no chocar con Rusia. En principio también se utilizó como compensación para los estados del antiguo bloque soviético que deseaban una integración en la OTAN y, sobre todo, en la UE. Con esto se conseguía atraerlos a la esfera de influencia occidental sin producir confrontación con Rusia. Inicialmente se integran Hungría, Checoslovaquia, Polonia, Lituania, Estonia, Letonia, Bulgaria, Rumanía y la Comunidad de Estados Independientes (CEI), liderada por Rusia; junto a los estados de la OTAN.

                Posteriormente van ingresando más países. Así en 1992 ingresa Albania y Finlandia lo hace en calidad de observador. Las funciones del CCAN se definen como de “mantenimiento de la paz”, en las cuales los estados miembros pueden actuar junto a los de la OTAN (con lo que estos últimos intervendrían más allá del artículo 6). El área de actuación deja explícitamente fuera al territorio de la CEI.

                Un año después se crea el “Grupo Ad Hoc sobre Cooperación en el Mantenimiento de la Paz”, que se encarga de fijar la contribución de cada país, la interoperatividad de los equipos y de facilitar el intercambio de información. También se aprueba la Agenda de Paz de Butros Gali, ya nombrada con anterioridad. En este año ingresan Suecia, Austria e Irlanda[14]. Como se pude apreciar en el CCAN también entran estados tradicionalmente neutrales, con los cuales se pueden llegar a realizar operaciones militares.

                En ese mismo año en la ciudad de Traveermunde surge oficialmente la idea de lo que será la Asociación Para la Paz (APP), que nace formalmente en 1994 en la cumbre de la OTAN de Bruselas. Los objetivos de la APP son los mismos que los del CCAN, sólo que esta nueva organización permite una mayor profundización en las relaciones políticas y, especialmente, militares. En este caso la relación entre los estados miembros y la OTAN se hace de manera individual. Los países miembros firman un Documento Marco en el cual se comprometen a respetar la democracia y el derecho internacional, a aplicar criterios de transparencia en la elaboración de sus presupuestos de defensa, a mantener un predominio de lo político frente a lo militar, a tener un ejército bien equipado y preparado para abordar operaciones conjuntas y a estrechar lazos con la OTAN. Después de la firma de este Documento Marco se elabora un Programa de Asociación Individual, en el cual cada país puede evolucionar por separado en sus relaciones con la Alianza Atlántica. En la APP la OTAN no aplica al resto de estados su artículo 5, en el que cualquier agresión contra un país de la OTAN será entendida como si lo fuese contra todos.

                A la postre la APP se dibuja como uno de los ámbitos donde los candidatos a integrarse en al Alianza deben pasar su examen. Se puede observar el cambio en la postura de la OTAN, que pasa a promover la integración de nuevos estados aun con la oposición manifiesta de Rusia. Este nuevo comportamiento responde, fundamentalmente, a la debilidad rusa y a un intento de aprovechar la coyuntura favorable; además de suponer un jugoso negocio para las empresas armamentísticas del Centro.

                Al igual que en el CCAN, en esta alianza militar, ingresan estados tradicionalmente neutrales como Eslovenia, Suecia, Finlandia, Austria y Suiza. Con esto la OTAN no sólo está consiguiendo traer bajo su esfera de influencia a los estados del antiguo bloque comunista, sino que está involucrando en misiones claramente intervencionistas, y bajo su tutela, a países que habían permanecido aproximadamente neutrales durante este siglo. Estos estados (Eslovaquia, Finlandia, Suecia, Suiza y Malta) definen su ámbito de actuación en 1994 como “operaciones de mantenimiento de la paz”, “operaciones humanitarias” y de “protección del medio ambiente” (¿será incorporado este criterio también en el futuro para justificar el intervencionismo de la OTAN o de EEUU?).

                En 1994 se fusiona el Grupo Ad Hoc sobre Cooperación en el Mantenimiento de la Paz del CCAN con el Comité Político-Militar de la APP.

                El Consejo Euroatlántico (CE) se crea en 1997 y supone una vuelta de tuerca más en la formalización de relaciones entre los estados de al APP. Lo integran los 16 miembros de la OTAN; todos los países de Europa del Este excepto Croacia, Bosnia-Hercegovina y Yugoslavia; los antiguos estados de la URSS, excepto Tadjikistan; y Austria, Finlandia, Suecia y Suiza; junto a la UEO y la OSCE. La diferencia fundamental de este organismo respecto a la APP es que presenta una mayor frecuencia de reuniones. Su creación se formaliza en la cumbre de Washington de 1999.

La ampliación de la OTAN.

                En la cumbre de Madrid de 1997 se da un paso más en los procesos de control de Europa del Este, con la admisión de la República checa, Polonia y Hungría. La elección de estos candidatos se realiza imponiendo el criterio de EEUU, como es norma, sobre el de países europeos como Francia e Italia, que preferían la entrada de cinco estados. Los méritos que se valoraron para el ingreso de estos tres países fueron los que encabezaron la disolución del Pacto de Varsovia, que estrecharon los vínculos más que otros estados con la OTAN en el CCAN y la APP y que estaban en fases muy avanzadas de reconversión en “economías democráticas de mercado”. Los criterios oficiales de los que habla la Alianza de cara a nuevas incorporaciones son que los nuevos países contribuyan a la seguridad común, que protejan los derechos humanos y de las minorías y que tengan economías de mercado.

                El coste económico de esta ampliación es de unos 2000 millones de dólares, de los cuales sólo será financiado el 50 % por la OTAN. Además, la obligada modernización de los ejércitos de los nuevos miembros será costeada íntegramente por sus arcas nacionales, sirviendo de negocio para las empresas armamentísticas occidentales[15].

                Como se puede observar la relación entre lo militar y lo económico es estrecha y la OTAN no sólo está sirviendo a fines puramente militares, sino que lo está haciendo también a los económicos, en estrecha relación con otros organismos como la UE. Así no es casual que los estados mejor situados para ingresar en la UE actualmente sean Polonia y Hungría en un primer plano, y la República checa y Eslovenia en un segundo.

La relación con Rusia.

                La política de la OTAN con Rusia durante esta década se ha caracterizado por concesiones sin paliativos en lo que se refiere a su, ahora más reducida, área de influencia, que ha quedado restringida a los estados de la antigua URSS, como ya se comentó anteriormente. Así se ha podido observar como en los conflictos de Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Moldavia, Tayikistán o Chechenia se ha dejado y deja hacer a Moscú. Pero, por otra parte, fuera de esta región se ha tratado a Rusia con dureza, como atestiguan la ampliación de la OTAN y su marginación en el conflicto de Kosova. Pero en cualquier caso la OTAN durante esta década ha intentado mantener relaciones cordiales con Moscú. Este proceso ha sido muy complejo, ya que a los éxitos para la Alianza como el de 1997, en el que se firmó el Acta Fundacional Rusia-OTAN, ha seguido una pérdida de relaciones tras el bombardeo de la OTAN de Yugoslavia y Kosova, recientemente recuperadas. El Acta Fundacional de 1997 tiene como uno de los  puntos principales el no convertir a la República checa, Hungría y Polonia (los, por aquel entonces, nuevos miembros de la OTAN) en potencias nucleares. Además articula la cooperación en “operaciones de mantenimiento de la paz” mediante la creación de un Consejo Conjunto permanente que sirva de foro de consulta en caso de crisis. También se fortalece la cooperación en el control de armamentos y la prevención de conflictos.

                Con Ucrania se ha seguido un proceso parecido con la firma, también en 1997, de una Carta de Relación Especial Ucrania-OTAN. Con este estado también se ha enfriado la relación, hecho que se puede ejemplificar en que el país eslavo ha renunciado a su desnuclearización.

Los instrumentos.

                Las guerras en las que han intervenido los países de la OTAN se han caracterizado por presentar un poderío militar de éstos sobre sus enemigos aplastante, poderío que ha hecho innecesario en muchos casos la intervención terrestre (Bosnia-Hercegovina, Kosova) o ha conseguido que ésta fuese casi un paseo (Guerra del Golfo). Así se ha llegado a decir que una intervención como la de la OTAN en Yugoslavia de 1999 se debería haber denominado, más que guerra, masacre, por los numerosos muertos y daños materiales y ambientales que ha tenido uno de los bandos, mientras el otro no ha perdido ni a un soldado, ¡ni a uno!. Además una característica fundamental es hacer notar, como ya se ha dicho, que la alta tecnología militar (satélites, aeronaves, etc.) está, fundamentalmente, en manos de EEUU, lo cual le da un lugar de mayor dominio sobre el resto de miembros de la Alianza, si cabe.

                Por otra parte una segunda característica de estos enfrentamientos ha sido la utilización de los medios de comunicación, no sólo para justificar la intervención de cara a la opinión pública interna de los países agresores, sino también como arma propagandística contra los agredidos. Se ha abusado del monopolio informativo de los países de Centro y del control que de éste ejercen los estados, así no ha habido rubor en callar datos, tergiversarlos o exaltar las atrocidades (que la mayoría de las veces han sido muchas) de los “enemigos”. No hay que menospreciar el papel de los medios de comunicación en las actuales intervenciones; sin el moderno armamento éstas sería  impensables, pero sin una opinión pública interna que las apoye o se calle tampoco se podrían realizar. Los ejércitos son conscientes de la importancia de los mass media y cuidan mucho esta faceta en los tiempos de paz y, especialmente, en los de guerra. Ejemplos de esto, desgraciadamente los hemos tenido en cada conflicto, pero tal vez el que marca un punto de inflexión fue el de la Guerra del Golfo. En ella la única fuente de noticias para todo el mundo fue la CNN, que en sus crónicas defendió los intereses de EEUU. Pero eso no fue lo peor, se manipuló la información creando imágenes falsas de aves manchadas de petróleo o de guarderías masacradas para demonizar a Sadam Hussein y conseguir con ello vender una guerra en Estados Unidos con la que, en principio, no estaba de acuerdo la población.

Las FOCC, los nuevos ejércitos multinacionales.

                Como consecuencia del cambio de enfoque de la OTAN se ha formalizado una nueva configuración de los ejércitos multinacionales, plasmada en las Fuerzas Operativas Combinadas Conjuntas (FOCC). Estas suponen que no todos los miembros de la OTAN tengan que intervenir a un mismo tiempo en las operaciones que surjan, sino que lo pueden hacer sólo los estados que lo deseen. Pero además se permite la creación de ejércitos en los que participen soldados de otros países ajenos a la Alianza, en concreto de la Asociación para la Paz y de otros estados aliados, como los miembros del Diálogo Mediterráneo. Las motivaciones para la creación de las FOCC fueron:

·    Reparto de los gastos entre los EEUU y el resto, con la consiguiente disminución de los mismos para el primero.

·    Mayor legitimación de las intervenciones al estar participando en ellas países de la zona o estados “neutrales”.

·    Posibilitar la intervención más allá de los artículos 5 y 6 de la Alianza, antes de que la OTAN se legitimase a si misma para hacerlo.

·    Plasmación de la política de “doble gorro” entre la UEO y la OTAN.

                Las FOCC responden al concepto de “fuerzas separables pero no separadas” y exigen cuarteles generales flexibles, móviles y proyectables fuera de zona, ejemplificados en la nueva arquitectura de submandos subregionales diseñada por la OTAN. El ejército debe ser ágil, con un alto grado de profesionalización y de tecnificación; así como de rápida proyección. Además debe ser complementario con los de otros estado aliados. A este fin han estado encaminadas las reformas de los ejércitos del Centro, así como las prácticas militares internacionales en estos últimos años.

                 Ejemplos claros de actuaciones de este tipo pudieron ser el ensayo de FOCC que supuso la Guerra del Golfo, donde participaron estados árabes como Arabia Saudí; o la misión IFOR de 1995 en Bosnia-Hercegovina, con la colaboración de Austria, Suecia, Hungría, la República Checa, Finlandia o Rusia, junto a tropas de la OTAN. Pero probablemente el mejor ejemplo es la actual intervención de la OTAN en Kosova, donde bajo su mando actúan tropas de estados no miembros de la Alianza (Emiratos Árabes), mientras alguno de los aliados, como Portugal, no manda tropas.

                Otro aspecto importante es la capacitación de los mandos para mantener dos conflictos al mismo tiempo. Un ejemplo de esto ha sido el bombardeo continuado de Irak durante la guerra en Yugoslavia de 1999. Este aspecto es de suma importancia en el nuevo escenario internacional en el que, como se ha señalado, los conflictos se caracterizan por estar localizados en áreas más o menos concretas y surgir periódicamente.

La privatización de los ejércitos.

                Mención a parte merece la creciente participación de ejércitos de mercenarios con sede en el Centro en numerosos conflictos, especialmente en labores de entrenamiento de las tropas locales. Lo primero que hay que aclarar es que, por el momento, su acción se ha reducido a regiones de bajo interés y que en las de alto son las tropas estatales las que intervienen, que son las que tienen el armamento necesario. Pero es previsible que su utilización aumente en breve. Por un lado suponen un grado de disociación de los gobiernos respecto a sus políticas exteriores que las hacen más opacas al gran público y, por lo tanto, menos sujetas a molestos problemas morales. Además las pérdidas humanas de mercenarios significan, para a la opinión pública, menos que las de soldados estatales, con lo cual hay menos problemas para justificar sus actuaciones. Por otra parte estamos inmersos en una fiebre privatizadora que también está alcanzando a las acciones militares con el argumento de que son “más eficaces”.

                Uno de los ejemplos más significativos sería el de la Iniciativa de Repuesta a Crisis en África (ACRI) del Departamento de Estado de EEUU, llevada a cabo por los mercenarios de “Military Professional Resourses Inc” (MPRI). El objetivo del ACRI es la creación de una “fuerza de paz africana”. Las tropas entrenadas por el ACRI en Uganda y Senegal se encuentran involucradas actualmente en conflictos locales. Por otra parte los mercenarios del ACRI participan en colaboración con las tropas estatales como es el caso de Somalia en 1992 o Angola en 1997. MPRI también colaboró en el entrenamiento de las milicias croatas que posteriormente realizaron la limpieza étnica de los serbios de Krajina. Otra empresa importante del sector es DynCorp que, entre otras actuaciones, ha estado en Somalia en 1992 y apoya a los “cascos azules” en Angola desde 1997. En la actualidad También está involucrada en la lucha contra el narcotráfico en Colombia al servicio de EEUU o, dicho de otra forma, en la lucha contrainsurgente de ese país.

                Por último también están actuando mercenarios contratados por multinacionales en la defensa de sus intereses; nuevamente su escenario principal es África. Un ejemplo serían las más que probables conexiones de la Shell con grupos paramilitares en Nigeria.

La cumbre de Washington de la OTAN de 1999.

                El Nuevo Concepto Estratégico de la Alianza, el cual plasma todos los procesos que se habían ido gestando en los años previos, se aprobó allí. La importancia de esta cumbre es crucial, ya que deja fijados los métodos y el discurso intervencionista, terminando esta etapa de remodelación del papel de los ejércitos en el mundo. Los puntos básicos del mismo son:

·    Se definen las funciones de la OTAN como: Garantizar la seguridad y la defensa de sus estados miembros (lo que estaría reflejado en los artículos 5 y 6 de la OTAN), así como servir de foro de consulta. También se encargaría de “gestionar crisis” y promover la asociación de nuevos estados.

·    Los riesgos a los que dice tener que enfrentarse son, entre otros: las rivalidades étnicas o religiosas, disputas territoriales, la insuficiencia o el fracaso de los esfuerzos reformistas, las violaciones de los derechos humanos, la disolución de Estados, actos de terrorismo, sabotaje y crimen organizados, problemas de abastecimiento de recursos vitales o el movimiento incontrolado de grupos muy numerosos de población. Es decir, una tipificación tan amplia y ambigua que permite intervenir cuando se desee allí donde estén los intereses del Centro.

·    Se fortalece la Identidad Europea de Seguridad y Defensa a través de la UEO y del Eurocuerpo, continuando con la política de dar mayor peso a los socios europeos, sin que ello suponga un descenso en el poder de EEUU. También se da un espaldarazo a la Asociación para la Paz como instrumento de intervencionismo político en el Este. Además se impulsa el Diálogo Mediterráneo, indicando la especial importancia que para la OTAN sigue teniendo esa región.

·    El ámbito de actuación pasa a ser algo tan indeterminado como el “entorno euroatlántico”, con especial interés en el Mediterráneo. Es decir, casi el planeta si se quiere dar una lectura amplia de ese “entorno”. Curiosamente se deja explícitamente fuera Oriente Próximo, que es campo privado de EEUU.

·    Por último, para actuar la alianza no necesita ya el consentimiento de la ONU ni de la OSCE, aunque, eso sí, dice que no irá contra “su espíritu”.

El Estado español.

Plasmación del discurso y los métodos intervencionistas.

                En el Estado español el concepto de intervencionismo y los métodos para llevarlo a cabo se empiezan a desarrollar en 1991 en el Proyecto 2000. En él se habla de la necesidad de tener un ejército menor, pero que esté más tecnificado, que sea mixto (no en cuanto a género sino en cuando al grado de profesionalización) y que esté integrado en la OTAN, la OSCE y la UEO.

                En 1992 la Directiva de Defensa Nacional habla de la necesidad estratégica de tener capacidad de realizar actuaciones más allá de los límites del Estado, para lo cual se necesita un ejército con características similares a las descritas en el Proyecto 2000. También se hace hincapié en la necesidad de mejorar la relación entre el ejército y la sociedad.

                El Nuevo Concepto Estratégico español de 1994 habla ya de la participación más allá del territorio nacional, en concreto en “operaciones de mantenimiento de la paz” y en acciones en el Magreb y el Mediterráneo, como áreas posibles de conflicto. Para ello se reestructura el ejército en el Plan Norte:

·    Éste se caracteriza por reducir el número de soldados (las divisiones pasan a ser brigadas), con lo que su movilidad se hace más fácil.

·    Aumenta la preparación de las tropas para intervenciones en el exterior. Para ello las operaciones en las que ha participado el ejército español, como la Alfa-Kilo, la Ifor, la de Albania o la Kfor, han sido fundamentales. También se ha creado una fuerza especial, la Maniobra, para este tipo de acciones.

·    Redistribución de los cuarteles de cara a dotarles de mayor flexibilidad.

·    Mayor grado de tecnificación.

                En 1995 se anuncia que para el 2003 el ejército será totalmente profesional.

                La Directiva de Defensa Nacional de 1996 pide la presencia en la Estructura Militar Integrada de la OTAN (lo que se llevaría a cabo un año más tarde) y celebra el anuncio de la próxima profesionalización. Además habla de la importancia de la participación española en las ya tan nombradas “operaciones de mantenimiento de la paz”, “operaciones humanitarias” y de “gestión de crisis”. También vuelve a insistir en la necesaria mejora de la relación entre el ejército y la sociedad.

                Por último en el 2000 se presenta el Libro Blanco de la defensa, que no aporta grandes variantes respecto a lo que ya estaba dicho en documentos anteriores pero viene a plasmarlo todo. En él se definen como “intereses estratégicos” la estabilidad en el Mediterráneo Occidental, el norte de África y el estrecho de Gibraltar y sus accesos; además de la necesidad de tener asegurado el suministro de recursos básicos. También se nombran misiones de “imposición y mantenimiento de la paz” como acciones a llevar por las tropas del estado. Además, aunque afirma que es deseable el beneplácito de la ONU antes de actuar militarmente fuera del territorio del estado, no lo considera necesario. Es decir, que el documento tiene, como sus homólogos occidentales, un marcado tiente intervencionista.

               

El cuartel de la OTAN en el Estado español y la base de Rota.

                Tras la entrada en la Estructura Militar Integrada de la OTAN al Estado español se le asigna un Cuartel Subregional del Conjunto Suroccidental, que se sitúa, por el momento, en el antiguo acuartelamiento de Retamares, cerca de Madrid. El cuartel tiene capacidad de mando y control, y es dependiente del de Nápoles. Podrá desplegar hasta 50.000 soldados, preferentemente por mar y aire. Está conformado por el grueso del ejército español y algunas brigadas de los países aliados. Por último, su campo de actuación fundamental es lo que se denomina el “flanco débil de la OTAN”, es decir, el norte de África (Marruecos, Argelia y Túnez).

                Por otra parte la base de Rota quiere ser convertida por EEUU en su principal base del sur de Europa y ser utilizada como puente aéreo para sus intervenciones “fuera de zona” en Oriente Próximo, África y el territorio europeo. Desde Rota se transportarían, en el menor tiempo posible y de la manera menos costosa, los contingentes masivos de tropas y armamento que se necesitasen. Junto con la base de Ramstein (Alemania) sería el centro principal de operaciones estadounidenses en Europa. Para ello EEUU ha planteado una ampliación con un presupuesto inicial de más de 18000 millones de pesetas. Las reformas consisten, principalmente, en una ampliación del muelle y en un alargamiento y mejora de la pavimentación de la pista de aterrizaje. Todo ello encaminado a que puedan atracar un mayor número de barcos, y aterrizar los grandes aviones de transporte de tropas y material, así como las aeronaves nodriza para reabastecimiento en vuelo y los superbombarderos B-52. También se harían nuevos hangares para el estacionamiento de cazabombarderos. La base sería usada por tropas del Estado español, de Estados Unidos, así como de la OTAN. Entre ellos se repartirán los gastos de la, más que segura, ampliación.

El Estado español en los ejércitos europeos.

                En 1984 renace la actividad en la UEO, después del letargo en el que había caído tras su integración en la OTAN y cuatro años después ingresan Portugal y el Estado español. Ese mismo año la UEO participa en la guerra entre Irán e Irak y después en la del Golfo. Desde su integración el Estado español ha tenido una presencia activa en la organización.

                Además, muy brevemente, el ejército español está formando, junto al de Francia, Portugal e Italia el Euroejército del Sur[16], que, aunque no pertenece a la UEO, si se le puede adscribir. Éste está compuesto de la Fuerza Operativa Rápida (EUROFOR) y de la Fuerza Marítima Europea (EUROMARFOR). Además está, junto a Francia, Alemania, Bélgica y Luxemburgo en el Eurocuerpo, al que aporta una división. Actualmente el comandante de esta fuerza es español. El Eurocuerpo, como el Euroejército del Sur, pueden actuar bajo mandato de la UEO y de la OTAN; de hecho actualmente tienen el mando de las tropas de la OTAN en la misión de la misma en Kosova, la Kfor. Todavía está por determinar cual será su contribución al cuerpo de la UE fundado en la cumbre europea de diciembre de 1999.

Y ante todo esto ¿qué?

                Lo primero que uno piensa cuando ve como está el mundo, que fuerzas son las que lo están dirigiendo y los mecanismos establecidos que tenemos para influir en ellas: lo mejor es dejarse llevar porque no vamos a poder hacer nada. Pero sin embargo esto no es cierto. Los movimientos sociales han conseguido recientes éxitos en oposición a los intereses de las grandes multinacionales y los gobiernos del Centro. Los más significativos han sido la impresionante respuesta ciudadana a la apertura de una nueva ronda de negociaciones en el seno de la OMC, la Ronda del Milenio y la paralización de las negociaciones sobre el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI). Un tercer caso, aunque mucho más discutible en cuanto a la instrumentación que “el poder” ha podido realizar de ellas, han sido las movilizaciones para pedir una intervención en Timor Oriental en Australia y Portugal. No estoy defendiendo que fuese bueno el reclamar que hubiese una intervención en la antigua colonia portuguesa. Lo que sí tienen de positivo estas movilizaciones es que pusieron el énfasis en que ésta fuese sin ningún tipo de contrapartida a cambio por parte del pueblo timorés y que consiguieron presionar, especialmente en Australia, para realizar una intervención militar que iba en contra de muchos de los intereses económicos australianos en la zona, al suponer un enfrentamiento con uno de sus socios más importantes, Indonesia. Está fuera de la intención de este texto entrar en detalles de como ha transcurrido la intervención en Timor Oriental y si Australia o Portugal no van a obtener contrapartidas a cambio, cosa harto probable[17]; lo que sí es importante resaltar es que mediante la presión popular se ha conseguido influir en procesos que parecen muy lejanos a nosotros.

                De estos ejemplos creo que se pueden sacar al menos tres conclusiones generales. La primera sería que para cambiar la configuración general del actual sistema los cauces de participación que están establecidos no sirven. Simplemente están valiendo para que desde los centros de poder se de una imagen de democracia que legitime los procesos, además de para la introducción de cambios menores. La segunda conclusión es que, influir en las decisiones que se están adoptando a nivel mundial sí es posible, siempre que se consiga articular una respuesta social lo suficientemente potente. La última reflexión sería que es, ahora más que nunca, imprescindible la articulación de redes de movimientos sociales a escala, no ya nacional o estatal, sino supraestatal.

                Otra característica importante que se debe señalar es que el tipo de acciones que se lleven a cabo desde los grupos sociales deben estar acorde con las reibindicaciones que se planteen. Vamos, que si se está hablando del rechazo a las guerras la única forma coherente de actuación es la no violenta. Además no se debe caer en el error de simplificar los problemas; los conflictos se caracterizan por tener multitud de actores y sería un fallo imperdonable el satanizar a unos y glorificar acríticamente a los otros. Por poner un ejemplo, la crítica a la intervención de la OTAN de 1999 en Yugoslavia no debe ser impedimento para no hacer lo propio con un régimen como el de Milosevic, que reprimió fuertemente a la población albanokosovar y a su movimiento de lucha no violenta.

                Desde Ecologistas en Acción hemos intentado tener todo esto siempre en cuenta y así nuestra acción se ha caracterizado por el intento de ser en coordinación con la mayoría de grupos posibles, siempre desde un quehacer no violento e intentando no cegarnos en la crítica de un sólo aspecto del conflicto, sino pretendiendo abarcar todas sus facetas. Respecto a la solución de los conflictos consideramos que se debe adoptar, como paso prioritario, el que las políticas que se sigan vayan encaminadas hacia la creación de lo que anteriormente se ha definido como “seguridad común”, es decir, unas condiciones ambientales y sociales que permitan a las personas y al resto de seres vivos habitar dignamente en este planeta. Sólo en este caso se podrán evitar las futuras guerras. En los conflictos existentes planteamos, como norma general, que la paz sólo puede llegar como consecuencia de un proceso de negociación entre todas las partes implicadas y en las cuales se depuren responsabilidades, siendo los derechos fundamentales de las personas lo prioritario. Espero no sorprender a nadie diciendo que alcanzar todo esto está todavía lejos, por eso es fundamental seguir trabajando en este terreno, creado redes cada vez más amplias y con análisis más acertados de la realidad, en definitiva; trabajando por la educación de nuestras sociedades.

Luis González Reyes

Comisión Internacional

Ecologistas en Acción de Madrid

Marzo de 2000

Este artículo está basado, en gran parte, en el trabajo realizado por la antigua Plataforma anti-OTAN de Madrid. Siento no incluir la bibliografía pero no lo hice al principio y la pereza de volver marcha atrás sobre cada cita que he metido me ha superado. Básicamente he usado fuentes tan poco sospechosas de ser antisistema como los diarios El País y El Mundo, la Revista Española de Defensa y las publicaciones oficiales  de la OTAN.


APÉNDICE: La estructura de la OTAN.

                Los estados que conforman la alianza son: Alemania, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estado español, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Grecia, Holanda, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Portugal y Turquía. Los organismos de los que está compuesto son:

·    Consejo del Atlántico Norte: Es el máximo órgano de decisión. Tiene reuniones semanales entre los embajadores, semestrales entre los ministros de asuntos exteriores de los estados miembros y, cuando se vea necesario, de los jefes de estado.

·    Comité de planes de defensa.

·    Comité de planes nucleares.

·    Comité militar: Es dependiente del Comité de planes de defensa y del de planes nucleares. Lo conforman los jefes de estado mayor de los países miembros.

·    Estructura Militar Integrada: Es la encargada de dar estructura organizativa a las fuerzas militares.

               

                El ejército se organiza en:

·    Mando Aliado de Europa: Tiene tres Submandos Subordinados Principales y 22 Submandos Subregionales. Los primeros son:

*    Europa Noroccidental: Abarca Noruega y Gran Bretaña. Su máximo responsable es un británico.

*    Europa Central: Va desde el flanco sur del mando de Europa Noroccidental hasta la frontera sur de Alemania. Está mandado por un alemán.

*    Europa Meridional: Integra a Italia, Grecia, Turquía, el Estado español, el Mediterráneo, el mar del Mármara y el mar Negro. Lo dirige un militar estadounidense.

·    Mando del Atlántico: Abarca desde el Polo Norte hasta el trópico de Cáncer y el océano Atlántico, incluyendo Portugal. Está formado por:

*    Mando Atlántico Occidental.

*    Mando Atlántico Oriental.

*    Mando de la Flota de Ataque del Atlántico.

*    Mando Aliado de Submarinos del Atlántico.

*    Mando Ibérico-Atlántico.

*    Fuerza Naval Permanente del Atlántico.

 



Notas a pie de página

 

[1] Como Centro me refiero a los países “desarrollados”,  “sobredesarrollados”, del “primer mundo” o del “norte”; en definitiva la sede de las multinacionales y del poder económico y político. Cuando hablo de Periferia estoy denominando los estados “en vías de desarrollo”, los “subdesarrollados”, los “empobrecidos”, el “tercer y segundo mundo” o el “sur” y el “este”. De todas formas esta definición sufrirá algunas excepciones a lo largo del texto que ya iré reseñando.

[2] Entendido muchas veces como no como un estado sino como el grupo social que ostenta el poder.

[3] Allí, por ejemplo, Boeing hizo una fuerte presión para que la OMC aceptase en su seno a la China. Si así ocurriese, la empresa norteamericana ya no tendría tantos problemas para vender armamento al país asiático.

[4] En esta época en el Centro se podían considerar integrados los estados correspondientes al “bloque comunista”.

[5] Además también se está planteando la entrada como miembros permanentes del Consejo de Seguridad a las potencias regionales. Serían, en principio, Brasil o Argentina en Sudamérica, Nigeria en África y la India en Asia.

[6] Esta organización está compuesta por: Portugal, el Estado español, Francia, Reino Unido, Italia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Alemania, Grecia y Dinamarca.

[7] Esta sería una descripción muy somera de los motivos, una exposición detallada de los mismos escapa a este texto.

[8]El artículo 5 se refiere a la defensa de cualquier estado miembro en caso de que fuese atacado. El artículo 6, en consonancia con el anterior, dice que el ámbito de actuación de la Alianza es el territorio nacional de sus estados miembros (la zona del Atlántico Norte).

[9] Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa.

[10] El hecho de incluir a Japón en este texto es para hacer notar que el proceso también alcanza al gigante económico asiático. Auque habría que señalar que el área en el que se centraría será, fundamentalmente, el este asiático. En este sentido en 1999 Japón a comenzado la construcción de aeronaves militares para repostaje aéreo, claramente encaminadas a intervenciones más allá de su territorio.

[11] En él, además de los miembros de la OTAN, participan Mauritania, Marruecos, Túnez, Egipto y Jordania; junto con Israel.

[12] Un ejemplo es la presencia de “cascos azules” rusos en Georgia y Tayiquistán o los estadounidenses en Haití.

[13] En la guerra de Bosnia-Hercegovina los “cascos azules” rusos se decantaron por los serbobosnios, mientras los turcos lo hicieron de la Armija, por ejemplo.

[14]En la actualidad el CCAN lo componen los 16 estados miembros de la OTAN y todos los que componían el Pacto de Varsovia, incluidos los estados englobados en la antigua URSS; además Finlandia, Eslovenia y Suecia tienen estatuto de observador y, junto con Austria e Irlanda, están en los trabajos del Grupo Ad Hoc del CCAN sobre Cooperación en el Mantenimiento de la Paz.

[15] Las empresas armamentísticas del Centro han sido conscientes de esto desde el principio. Un ejemplo ha sido Boeing-McDonnel Douglas que se ha gastado 1’3 billones de dólares en una campaña en el congreso estadounidense para apoyar la ampliación de la OTAN. Ha cambio ha conseguido 7’8 billones en contratos.

[16] El Euroejército del Sur nació en 1995.

[17] En el caso de Australia ya está viéndose como está cogiendo tajada de las explotaciones petrolíferas timoresas.

 

 


     

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