Cuaderno de Materiales
 ENSAYO
 

 

 

Epi y Blas ya no me educan
Teresa y Raúl

       "Esto es cerca, esto es lejos"; "sólo no puedes, con amigos sí"; "si no quieres ser como estos: lee". Pertenecemos a una generación educada a través de los medios audiovisuales y sinceramente no tengo muy claro cuanto les debemos. Lo que sí tengo claro es que viendo la televisión a día de hoy y los supuestos programas educativos y de entretenimiento de l@s más pequeñ@s, podemos considerarnos muy afortunados. Todos estos programas "de entretenimiento" cobran importancia cuando nos damos cuenta de que el neoliberalismo usa la televisión como medio de publicitarse y hacerse querer; Muchas veces, al observar las injusticias del sistema en el que nos hallamos inmersos, olvidamos que está sustentado por millones de personas que no son ni ricas ni poderosas, pero que creen firmemente en un sistema de valores que se ha articulado en torno a una forma de vida consumista y capitalista. Los valores del neoliberalismo se entretejen con los sueños a través de la televisión prometiéndonos felicidad, y cuando l@s niñ@s (y l@s no tan niñ@s) contemplan ensimismad@s el final feliz de una película, una serie o un anuncio, ya no saben si el secreto del éxito del protagonista es su descapotable o su marca de cigarrillos. Un libro, "Televisión y educación" de Joan Ferrés nos ayuda a desvelar la forma en que opera la televisión en nosotr@s, y propone algunas formas de romper el hechizo.El mundo de la televisión es hipnótico y seductor (1, nota a pie de página), y lo es por muchas razones. Entre otras cosas, la televisión causa un fuerte placer inmediato al privilegiar la gratificación sensorial, visual y auditiva. Es envolvente como la música y el cambio constante, casi instantáneo, del punto de vista y el caracter dinámico de los movimientos atrae e implica. La imagen potencia una implicación emotiva, a lo que se le une que el carácter fascinante del lenguaje y el ritmo rápido de los programas no dejan tiempo para la reflexión. La imagen favorece un pensamiento intuitivo, que tiende a burlar los controles e la racionalidad. El aprendizaje de conductas y valores por imitación se suele basar en este tipo de pensamiento. Otro elemento atractivo de la televisión es que nos permite vivir una gran cantidad de sensaciones, situaciones peligrosas, etc. sin correr el más mínimo riego, es en este sentido más perfecta y más cómoda que la realidad, y por eso la permitimos casi cualquier cosa con tal de que siga haciéndonos soñar. Desde Craled los miembros de la comisión de educación queríamos trabajar con los más pequeñ@s ya que son el sector de la población más vulnerable a los elementos negativos de la televisión, entre otras cosas porque son los que más tiempo dedican a este medio (ya en el 94, un 93% de niñ@s españoles entre 4 y 10 años veían la televisión cada día, el 93% la veía más de tres horas diarias y para el 56% representaba la única actividad en su tiempo libre). Ante esta terrible perspectiva de ocio, y como alternativa a una visualización de la pantalla aportando elementos de análisis surgió nuestra idea. Si los niños son especialmente vulnerables es porque, hasta edad avanzada, no distinguen claramente la fantasía y la realididad y además precisamente por su corta edad, no tienen experiencias vitales que puedan servirles para contraponer la realidad a lo visto en la pantalla. Hay que tener en cuenta que el ser humano aprende por experimentación, por observación y por imitación, y todo lo que no aprende de manera directa lo aprende por sumisión a la autoridad o por imitación a modelos atractivos. Por una parte , la televisión dificulta en principio la experiencia directa, es un medio de comunicación unidireccional que no permita la participación; ésto, unido a otros problemas de las grandes ciudades como la falta de espacios o de tiempo para ellos crea una serie de problemas que no podemos abordar ahora pero que también existen. Por otra parte, la televisión tiene autoridad y resulta atractiva y es un eficaz instrumento de penetración cultural. ¿ pero de qué cultura? Dice Carlos Castilla que la publicidad inteligente opera de tal manera que primero cambia los ideales de los sujetos alos que va dirigida, para después ofrecerles los productos adecuados a eso ideales" los niñ@s pequeños asumen inconscientemente los mensajes que le llegan, ¿que tipo de mensajes son estos? Nosotros como comisión hemos estado analizando series televisivas, anuncios, etc, en los que vemos implícitos muchos mensajes que no nos gustan y queremos mostrar desnudos, sin su bonita envoltura. De entre todos ellos, hemos elegido unos pocos para trabajar con los chavales, de forma que durante la actividad aprendan también una nueva forma de ver la televisión y comprenderla. De entre todos tenemos especiales ganas de trabajar y desenmascarar aquellos mensajes que fomentan el consumismo, el machismo, la violencia, la competitividad, o los cánones de belleza (este último tema se aleja un poco de los habituales tratados por el grupo, pero le hemos escogido por ser una de las formas más comunes de atacar la autoestima de las personas para convertirlas en consumidoras, y también por la cantidad de víctimas que causa en todas, todas las capas sociales). La actividad que estamos diseñando está dirigida a personas de 10 a 13 años. Nos gustaría poder llevar este trabajo a la población infantil, pero comprendemos que para que un trabajo de estas características dé sus frutos ha de ser muy constante y realizado con un seguimiento y temporalización en la cual no podemos implicarnos como colectivo; éste sería un trabajo a realizar con un mismo grupo durante mucho tiempo y los miembros del colectivo, como podeís observar por el resto del boletín, estamos bastante atareados. Aún así no nos resignamos y planteamos un objetivo: desenredar esa madeja de sueños y falsos ideales que nos quieren vender mezclados. También tenemos claro que queremos animar a l@s chaval@s a observar con atención, y acostumbrarles a desenredar ell@s mism@s y elegir y cuestionar las que parecen verdades inamovibles que nos llegan en forma de imágenes, y decirles que puede haber otras formas de juzgarse a un@ mism@ y el mundo, pudiendo no creer lo que dicen los medios audiovisuales. Con esto habremos conseguido suficiente ahora que a Epi y Blas ya no los quieren.

 


 

     

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