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Estabilización y Ajuste Estructural en Hungría
Apuntes sobre la historia política de un endeudamiento de 20 años

por LASZLO ANDOR
Universidad de Ciencias Económicas de Budapest, Departamento de Ciencias Políticas

 

Introducción

Los investigadores de la crisis de la deuda siempre se han mostrado reacios a incluir Europa del Este en sus estudios, dadas las tremendas particularidades políticas de la región si se la compara con América Latina o el Africa Subsahariana,que han sido los grupos típicos de países afectados por el endeudamiento crítico. "Falta casi por completo un estudio serio de la crisis de la deuda de la Europa del Este", escribió Buiter (1988: 615) hace seis años, y este ha sido más o menos el caso desde entonces. De forma similar, los investigadores de la Europa del Este siempre se han mostrado reacios a incluir la crisis de la deuda en sus análisis, porque a menudo ello habría interferido con sus teorías favoritas sobre Comunismo/Socialismo de Estado/Estalinismo/Capitalismo de Estado/Sociedad Transicional, etc...

En este ensayo intentamos iniciar un análisis en estéreo examinando el caso de Hungría. Se ha estudiado en profundidad este país por sus reformas económicas, y se le ha considerado desde finales de los 70 como uno de los países más endeudados de Europa, pero raramente se ha mostrado la relación entre entre los dos factores.El ensayo trata de establecer cómo las características del país proporcionaron condiciones especiales para la gestión de su deuda y, por otra parte, cómo el problema de la deuda contribuyó a cambios políticos de diferentes magnitudes en ciertos periodos. Deuda y reformas antes de 1989: Veamos primero cómo emergió la crisis de la deuda en Hungría, y luego cómo la crisis financiera desencadenó cada vez más cambios, y cada vez más profundos, en el ámbito de la política. Contraer deudas: Las precondición para el endeudamiento de Hungría en los mercados de capital occidentales fue una lenta pero existente apertura de la economía hacia la economía capitalista. Esto tuvo lugar tras las reformas de finales de los 60; la motivación de las autoridades fue el procurar una mejora en los niveles de consumo de la población. Sin embargo, ya a comienzos de los 70, esto es, antes de la primera gran subida de los precios del petróleo, resultó que mantener equilibrada la cuenta corriente no iba a ser tan fácil si se quería mantener la afluencia de mercancías occidentales.

El impacto de la primera crisis del petróleo fue mitigada significativamente por el mecanismo de precios de CMEA, y los asesores de los líderes sugirieron que la disponibilidad barata de préstamos extranjeros permitiría al gobierno avanzar hacia el crecimiento. Esta decisión dió como resultado la más grande explosión de inversión en la historia de Hungría.

Pero en 1978, los economistas del Banco Nacional conmocionaron a los líderes con un reporte acerca de la escala y consecuencias del endeudamiento extranjero, lo cual dió como resultado una resolución del Comité Central del HSWP a finales del año para reducir el crecimiento, y tratar de balancear la cuenta corriente, mientras solamente se mantenían los estándares de vida existentes de la población. Los líderes políticos opuestos a esta "Nueva vía de crecimiento" fueron reemplazados. Ya que el cambio en la política económica fue demorado, y la segunda crisis del petróleo así como el choque del índice de interés se dió poco después, al final de 1981 tomó forma una seria crisis de liquidez. La situación condujo al CC a decidir la unión del FMI y el BM, mientras algunos políticos (supuestamente Imre Pozsgay, el Ministro de Educación) presentaron sus dudas acerca de la necesidad y consecuencias de esta etapa.

Los rápidos acuerdos financieros con el FMI y el BIS ayudaron al país a sobrevivir el crítico año de 1982. "Los préstamos a Hungría reflejaron una tradicional conexión BIS, y fueron cruciales para mantener la liquidez del país. Hungría perdió aproximadamente 1200 millones de reservas entre diciembre de 1981 y marzo de 1982, con una caída de 1.6 billones de dólares a 460 millones de dólares, y se piensa que fue el resultado de la salida de fondos del país por parte de la Unión Soviética y otros. La rápida acción del BIS, referida a la ligera como la reencarnación del imperio austro-húngaro dado el soporte de Austria, así como de Suiza y Alemania, fue excepcionalmente útil para Hungría en esta situación" (Lomax, 1986:94).

De la crisis financiera a la política

  Hungría unió el Banco y el Fondo en 1982, en la mitad de una virtual insolvencia. Esto fue un período de una nueva ronda de la guerra fría, y una gradual reorientación de la política extranjera en Hungría. En esta situación, el FMI no prescribió un programa convencional de estabilización con duros requisitos acerca de la contracción de la demanda, y la puesta en marcha de una segunda fase de las reformas institucionales fue suficiente para ganar soporte y confianza. El hecho es que la presión de la deuda disminuyó en los siguientes dos años como resultado de la gestión de intercambio extranjero fuertemente centralizada ("manual"). Un acuerdo comercial favorable con la USSR, lo cual permitió a Hungría ganar dólares para su superávit en el convenio "carne y trigo por petróleo", también contribuyó a la relativamente exitosa consolidación. Finalmente, fueron estimulados fuertes ingresos de divisas con el incremento del "comercio de mercancías en tránsito", cuando petróleo, cemento y otros bienes importados del Oriente fueron simplemente revendidos en los mercados Occidentales.

Pero después de 1985, debido a un intento mal concebido para retornar al crecimiento después de siete años de estancamiento, y parcialmente a cambios adversos en los índices de intercambio, el monto de la deuda bruta se duplicó una vez más en un espacio de tres años. La única inventiva en el cambio estructural de los 80's, el desarrollo del turismo occidental dió como resultado un incremento del relativamente fuerte ingreso de divisas de 180 millones de dólares en 1980 a 540 millones de dólares en 1987 (Zon,1991:60), pero ésto estuvo lejos de ser suficiente para contra-balancear el enorme déficit comercial. Hungría permaneció en el grupo de "países de medianos ingresos fuertemente endeudados", y tenía la deuda per cápita más alta de Europa Oriental en la segunda mitad de los años 80. El país se movió hacia los límites de su capacidad de manejo de la deuda, y el problema se hizo más agudo con la disminución de la solvencia de Hungría para obtener créditos en los mercados financieros internacionales.

En otoño de 1986, un panfleto de los economistas neo-liberales ("Cambio y Reforma") sacudió a los círculos políticos e intelectuales. Poco después, una resolución del Comité Central trataba de forma alarmante acerca de la necesidad del ajuste estructural, pero no contaba explícitamente cual era el problema fundamental. Al final del año los ministros económicos (Presidente de la Oficina de Planeación Nacional y el Ministro de Finanzas) fueron reemplazados aparentemente como chivos expiatorios. Pero el próximo verano, el endeudamiento continuo y creciente derribó a György Lázár, quien había sido Primer Ministro desde 1975. El ambicioso burócrata del partido Károly Grósz tomó lugar como PM con la imagen de un devoto reformista. En septiembre de 1987, poco después de que él anunciara su programa de gobierno diseñado al gusto del FMI, se formó la primera organización opositora, El Foro Democrático Húngaro. La proclamación del FDH, dominado por lemas nacionalistas y populistas, fue publicado en un periódico de tiraje diario con la ayuda de Imre Pozsgay, el presidente del Frente Popular (una institución "paraguas" para organizaciones no gubernamentales y responsable de las elecciones parlamentarias cada cinco años).

 

Además de una mayor reorganización, Grósz introdujo cambios en el sistema de gobierno en 1987. Hizo el proceso político más rápido y eficiente. Lo irónico de la situación fue que el régimen comunista unipartidista incluyó demasiadas negociaciones consociasionales, relaciones de negocios y articulación de intereses para el gusto del BM y el FMI. De acuerdo con Henderson, "la dependencia del sistema consociacional en la formación de consenso basado en la compensación frustró la presión del FMI de un ajuste rápido" (Henderson,1992:251). Las políticas de ajuste fueron a menudo denegadas, no sólo porque los programas originales estuvieran algunas veces perdidos en el interminable proceso de negociación, sino también porque los promotores de las políticas de ajuste habían tenido cuidado de la imagen de Hungría como "el país más exitoso en reformas de mercado" ante los ojos del resto del bloque soviético.

Bajo Grósz, los economistas de "Cambio y Reforma" se convirtieron en asesores influyentes para el gobierno, y se prepararon las mayores medidas de reforma del mercado, incluyendo un nuevo sistema de impuestos (VAT y PIT), eliminación de subsidios, y una liberación masiva de mercado extranjero. Se inició el camino de la privatización y un papel creciente de la política monetaria. Habiendo ganado la confianza y apoyo del partido y el aparato del estado para reformas fundamentales, Grósz tomó el liderazgo del partido después de János Kádár en mayo de 1988, cuando más de la mitad del Poliburó y el CC fueron también reemplazados en una conferencia nacional del partido. Por coincidencia, un acuerdo stand-by fue firmado con el FMI también en mayo, lo cual fue seguido por un cambio del personal directivo del Banco Nacional.

Pero, ya que la comercialización aumentó rápidamente el poder del grupo de negocios, un año más tarde Grósz fue clasificado ya como conservador, aunque en su gira por USA, él había dicho por ejemplo, que él no objetaría hasta un 25% de la propiedad extranjera en Hungría. La falta de confianza popular en estas reformas vitales supuestamente obstruídas, fue desplazado por una fuga de capital de tres días en abril de 1989, cuando familias húngaras dejaron miles de millones de dólares en los centros comerciales de Viena, en intercambio de equipos de video y televisión, frigoríficos y coches. Como un resultado de estos hechos, el joven PM Miklos Nemeth, quien reemplazó a Grósz en noviembre de 1988, cambió su estilo y política. Con el fin de recuperar la confianza de los acreedores, comenzó a hablar acerca de la necesidad de una "economía de mercado sin adjetivos, opuesta a una "economía de mercado socialista". Todos estos desarrollos indican, que el liderazgo húngaro no tenía el poder intelectual y político para lograr la estabilización y renovación económica dentro de una base socialista. El colapso del HSWP en octubre de 1989 fue un resultado lógico de este proceso, aún sin la agitación popular de la escala de la Revolución de Velvet.

En un programa escolar sobre la transformación de Hungría, el Canal 4 británico puntualizó las relaciones cruciales entre el endeudamiento y la crisis política con la siguiente frase "En 1989, acosado por la deuda, el gobierno húngaro simplemente colapsó" (Channel 4, 1992). Además, la evolución de la crisis de la deuda en Hungría aceleró la erosión de la norma comunista unipartidista, y despejó el camino para una transformación política fundamental en 1989, seguida por las primeras elecciones multi-partidistas en 1990 después de 43 años. Sinembargo, varios factores indican que la principal preocupación de las instituciones financieras no fue necesariamente la democratización sino ayudar a estas fuerzas dentro del poder lo cual tenía menos reservas contra sus políticas neo-liberales.

Transición y ajuste desde 1990

El espectacular colapso de los partidos y estados comunistas de Europa Oriental representó realmente el final de la historia entre grandes círculos de la inteligencia y los políticos en Hungría. Un programa de transición completa a un sistema financiero, legal y contable capitalista, con privatización en masa de activos estatales en el fondo, encontró consenso entre los mayores partidos políticos los cuales formaron el nuevo parlamento en mayo de 1990. Pero, precisamente la experiencia de austeridad producto de la exposición a finanzas extranjeras, y los enormes beneficios aportados a las compañías multinacionales por el gobierno de Nemeth estuvieron entre las circunstancias cruciales que alienaron ciertos sectores del electorado de los partidos liberales, y ayudaron a una coalición nacionalista dirigida por el FDH. Ellos, sinembargo aumentaron los problemas para los círculos financieros occidentales casi tanto como los gobiernos comunistas anteriores.

Ajustándose al ajuste

  Los partidos que formaron el gobierno en mayo de 1990 habían expresado puntos de vista seriamente diferentes de los del FMI, por ejemplo el perdón de la deuda. Estas actitudes nacionalistas causaron una fuga inmediata de capital cuando se publicaron los resultados electorales. El gobierno dirigido por Jozsef Antall, un experto en la Historia de Hungría del siglo XIX, se vió forzado a ajustar sus políticas, y recuperar la confianza de los acreedores e inversores extranjeros. La principal garantía para ésto fue el nombramiento de György Surányi, un antiguo empleado del FMI, como nuevo Presidente del Banco Nacional de Hungría. A finales del año, es decir solamente medio año después, Antall reemplazó su Ministro de Finanzas por Mihaly Kupa, quien había sido un artífice de los esquemas del VAT y el PIT pocos años antes, y venía del mismo círculo monetario de economistas como Surányi. Las intenciones de los políticos nacionalistas, y algunos oficiales del gobierno, de alcanzar alguna clase de desgravación de la deuda no desapareció, sino que permaneció bien oculta. El nuevo Embajador Húngaro asignado en Washington,D.C., Peter Zwack, fue también reemplazado antes del primer aniversario de su nombramiento, porque él inició negociaciones independientes relacionadas con una posible desgravación de la deuda para Hungría.

Cuando el gobierno prestó juramento, las reservas de intercambio extranjeras de Hungría estaban en un desastroso bajo nivel, es decir bajo 1 billón USD. Para evitar un colapso inmediato de las finanzas estatales, el gobierno no tenía otra opción que seguir adelante con las políticas ofrecidas por el FMI y el BM. Habiendo tenido algunos préstamos stand-by del Fondo durante los años anteriores, Hungría firmó dos Programas Estructurales de Ajuste con el Banco, en 1990 y 1991. El contenido de estos contratos no fue publicado, de acuerdo con la práctica usual del BM, y el efecto de estos acuerdos no fue nunca interpretado públicamente como un cambio de políticas. Las medidas acordadas en los PAE fueron sintetizadas en un programa de gobierno de transición bajo el nombre de Kupa, y se convirtió en un documento ampliamente publicitado, y discutido repetidamente. El final de los cuatro años de programa estuvo marcado por la convertibilidad completa del Forint, la realización de una reestructuración mayor de los ingresos y gastos del gobierno, y un cambio global en el sistema de las leyes económicas, y el establecimiento del predominio de la propiedad privada.

La evaluación del programa de Kupa no es fácil, ya que es usualmente difícil distinguir entre las consecuencias de los problemas originales para los cuales los programas eran una respuesta, los propios programas, y la falta de sus ejecuciones completas y oportunas. La primera cosa a ser señalada acerca del programa es que, comparado con Polonia por ejemplo, el ritmo planeado de cambio fue muy lento. Esto se debió sólo parcialmente a la inclinación del Primer Ministro hacia los prudentes reformistas de la Aristocracia Húngara del siglo XIX (Count Szechenyi,primeramente) en oposición a los grupos revolucionarios de la nobleza (eminentemente Lajos Kossuth). Más importante aún, el gobierno se fue dando cuenta paulatinamente que la transición negociada de Hungría no aportaba suficiente apoyo social y político para un suicidio industrial rápido en la escala del programa de Balcerovicz.

Esta expectativa fue justificada por el derroche de combustible de octubre de 1990. Bajo la doble presión de la profunda Crisis del Golfo y los trastornos en el abastecimiento de petróleo desde la Unión Soviética, el gobierno anunció un incremento masivo de los precios del combustible, a pesar de las promesas anteriores de que tales cosas no pasarían nunca. Este anuncio tuvo lugar sólo unas pocas semanas después de las primeras elecciones municipales libres, y sólo unos días después de que el entusiasta gobierno celebrara el aniversario del levantamiento de 1956. El enorme malestar popular provocado por la decisión y el modo como fue hecho, conmocionó en efecto al gobierno. La cuestión de la sustentabilidad política del programa de ajuste fue creciendo más y más cuando las uniones comerciales presentaron demandas de una manera cada vez más ruidosa - aunque nunca fueron más allá de una huelga de advertencia de dos horas.

A pesar del acuerdo entre los grupos políticos de la élite acerca de las cuestiones fundamentales de la transición, la formación de una alianza social alrededor del programa de ajuste fue bastante difícil. En la primavera de 1991, el parlamento aprobó eventualmente un acta de compensación a los propietarios expropiados después de 1945 mediante bonos que podían usarse para comprar activos durante la privatización en curso. Unos pocos meses después, en intercambio por la revocación de una huelga nacional de un día anunciada para mayo, el gobierno prometió también aprobar un acta acerca del programa de adquisición de acciones por los empleados. En julio, como resultado de una propuesta tri-partidista, el parlamento aprobó dos leyes anti-unión, que paralizaron a las uniones comerciantes y las llevaron a una larga disputa de dos años acerca de su status financiero y legal.

Dada la apatía emergente, ya no tenía una importancia seria, que cuando los pronósticos gubernamentales acerca del futuro cercano fueran publicados, las gráficas subestimaran la carga que el pueblo debería enfrentar. Las gráficas de pronóstico del crecimiento del GDP o del desempleo se habían mostrado siempre moderadamente optimistas no más que un año después que ellas sirvieran como argumento para que el gobierno justificara la austeridad. Uno puede maravillarse si fue la incompetencia de los políticos y asesores lo que hizo la diferencia, o su temor a la oposición popular de que los programas fueron entregados. Pero, sinembargo, cautelosa y gradualmente, los programas empezaron a funcionar, y la transición siguió adelante.

Transformación económica y social

  En Hungría, los PAE de 1990 y 1991 simplemente continuaron el proceso de reforma de lo planeado con respecto a la economía del mercado iniciado con las reformas de 1968, cuando los líderes consideraron por primera vez de forma real unir el FMI y el BM. Este proceso acelerado en la segunda mitad de 1980, con la introducción de los VAT y PIT, así como un sistema bancario en dos etapas, liberación de comercio extranjero, y eliminación de la mayoría de subsidios alimenticios. Las recomendaciones del Banco/Fondo, parcialmente vinculadas a préstamos stand-by, aparecieron como una guía para los políticos en este período. Pero los PAE vinieron propiamente como una respuesta al colapso de la integración económica de Europa Oriental, con la promesa de redirigir la economía hacia mercados occidentales, y regenerar el crecimiento después de un corto período de difícil pero necesario ajuste.

Habiendo realizado la liberación del mercado extranjero en un 90 % en 1990, el gobierno del FDH se quedó con una política de índice de intercambio y una política monetaria para frenar las importaciones. La devaluación más significativa del Forint (15 %) tuvo lugar en enero de 1991, lo cual también aportó términos mejores para compradores extranjeros potenciales de bienes del estado. Los índices de préstamo alcanzaron alrededor del 40% en el período de la más severa austeridad, ejerciendo un efecto masivo stagflacionario. Sinembargo, la inflación fue reprimida por el gobierno manteniendo un impuesto severamente penalizado en los aumentos de salarios, entonces el CPI alcanzó su tope en 1991 justo por debajo del 40%. Por otra parte, la contracción de la producción fue contrabalanceada por un inmenso incremento del crédito comercial entre compañías, lo cual dió como resultado la acumulación de deudas. El problema "de acumulación" emergente fue manejado más tarde por el gobierno con un programa de "consolidación de crédito" a finales de 1992.

Un flujo de entrada masivo de capital extranjero (la mitad de todas de inversiones extranjeras llegadas a Europa Oriental llegaron a Hungría), y una baja en el incremento del precio de consumo (caída de un 20%) son quizás los elementos del éxito relativo de los cuatro años de gobierno del FDH. Pero aún este extraordinario flujo de entrada de capital fue incapaz de contrabalancear el declive en inversiones y crecimiento. En lugar del 2-3% de crecimiento en GDP, que fue pronosticado en el acuerdo SAL del verano de 1991 para 1992, fue en realidad del 6-7%, y el crecimiento permaneció como una promesa también para 1993. Como un "muy desafortunado, pero realmente necesario, y temporalmente esperanzador efecto colateral", el desempleo creció del 3% al 15% entre 1990 y 1993. Nunca antes, debido al flujo de entrada de capital y el agresivo manejo de exportación en particular, la cantidad total de la deuda no aumentó en el período 1990-92, y la relación del servicio de la deuda disminuyó significativamente. El Forint, devaluado muchas veces durante 1980 y apreciablemente en 1992-93, llegó cerca de la convertibilidad total.

Los dos PAE siguientes, con la demanda de privatización rápida, coincidiendo con los esfuerzos de los partidos políticos líderes, llevaron hacia un cambio cualitativo en las relaciones sociales. La privatización del comercio mayorista en un país donde la propiedad privada ha sido abrumadoramente dominante requiere la creación de una clase capitalista completamente nueva. En un período de depresión duradera, la emergencia de tal clase sólo es posible a expensas de la mayoría asalariada, lo cual es, aparte de algunas ganancias en derechos civiles, indudablemente una pérdida de la transformación actual. Mientras el precio de los alimentos y la ropa al por menor han alcanzado prácticamente los niveles de Europa Occidental, los salarios permanecen seis u ocho veces por debajo comparados con Europa Occidental. Esto lleva inevitablemente hacia una enorme empobrecimiento de grandes sectores de la sociedad. Los cambios del sistema universal de los servicios sociales a las aseguradoras que implican esquemas de prueba también impactan a quien aún tiene algo que perder.

Grandeza y decadencia del populismo nacionalista

  Ya que la transición a la economía de mercado falló en ofrecer el aumento en estándares de vida y otras promesas, se incrementó la tensión política alrededor de la línea prevalente de la filosofía económica y la política. Irónicamente, no fue la oposición política primero que todas, quien clamó por la sobre-exposición a acreedores occidentales, sino algunos políticos moderados y de extrema derecha y asesores dentro de los partidos de coalición del gobierno. Por supuesto, los partidos de izquierda, como el Partido de los Trabajadores Socialistas Húngaros (no sólo Partido de los Trabajadores), así como la plataforma de izquierda del Partido Socialista formularon sus políticas incluyendo la demanda de auxilio de la deuda, usualmente a escala global.

Aparte de los políticos de la oposición más influyentes, Imre Pozsgay, el antiguo miembro del Poliburó y aspirante presidencial en 1989, quien en 1992 tomó el liderazgo de la Alianza Democrática Nacional, habló públicamente acerca de la necesidad de una estrategia de la gestión de la deuda radicalmente diferente. Para hablar claro de este asunto, aprovechó la ocasión durante una conferencia de expertos internacionales sobre la crisis de la deuda en Budapest, Marzo de 1992, cuando todos los otros políticos en un panel que incluía representantes de todo el gobierno y los principales partidos opositores expresaron su lealtad a la gestión convencional de la deuda y al FMI. La conferencia propiamente dicha tuvo éxito para dar una amplia publicidad a la adversidad de la clase dirigente, así como a la necesidad y posibilidad de otras nuevas, pero fue rechazada por los círculos científicos oficiales y de las corrientes principales diciendo que la deuda no era un problema para Hungría, y que si así lo fuera, nadie más que el Banco Nacional debería resolverlo.

Sin embargo, unos pocos meses anteriores, los vientos de cambio arrastraron con György Surányi, quien era Presidente del Banco Nacional desde el verano de 1990, y fue rápidamente reemplazado por Peter Akos Bod, el Ministro de Industria y Comercio, parcialmente leal al FDH. Aunque el Primer Ministro justificó el reemplazo por la firma de Surányi en la Carta Democrática - un documento liberal para salvaguardar la democracia - aparentemente la discrepancia fundamental entre Surányi y Antall fue acerca de las relaciones de Hungría con los acreedores y sus representantes. Esto fue más tarde revelado en una conferencia pública del Secretario de Estado con el Ministro de Exteriores, Tamas Katona.

Diálogos como éste revelaron que la era de las ilusiones del mercado libre había pasado, y como en ninguna otra parte de la región, se fue desarrollando un enfoque realista en los medios internacionales. En el transcurso del año la cortesía y el encanto de la clase dirigente de Katona fueron reemplazados por un panfleto sediento de sangre del vice-presidente del FDH y el editor del semanario político del partido. En este manifiesto en agosto de 1992, Istvan Csurka comparaba al FMI con las comisiones supervisoras de los Aliados después de la Segunda Guerra Mundial, y analizaba las relaciones entre Hungría y los acreedores dentro del contexto de una conspiración Judía a nivel mundial, y culpaba a los liberales de la oposición y a comunistas ocultos del declive constante.

Tales tendencias fueron alimentadas por la desilusión con la transición del mercado, y especialmente por la falta de asistencia del Occidente. Otro caso para las repercusiones nacionalistas han sido las barreras de comercio sobrevivientes, que fueron reforzadas cuando la recesión en la zona alemana se hizo más fuerte a principios de 1993. Pero el poder de negociación del gobierno se incrementó realmente a mediano plazo. Asistido por el enorme flujo de entrada de capital, y el aumento simultáneo en reservas monetarias, desde el verano de 1992 el gobierno húngaro estuvo en condiciones de no utilizar los préstamos stand-by del FMI, y permanecer en conflicto con el Fondo sobre el tamaño del déficit de presupuesto (PSBR) y el ritmo de las reformas. Con muchas de las tareas de ajuste terminadas, y un desempleo a un nivel récord desconocido para la población activa, Kupa fue reemplazado a comienzos de 1993 por Ivan Szabo, entonces Ministro de Industria y Comercio, parcialmente leal al FDH.

Szabo era el político que escuchaba a personas tales como György Szakolczay, un economista senior de la Academia de Ciencias, quien había sido un asesor del Partido Demócrata-Cristiano, y un crítico devoto de la línea de Kupa. En un artículo, él señaló la enorme brecha entre las promesas y los logros del programa de Kupa (ver Figura 1) e hizo un llamamiento para un cambio radical en las principales bases de la política económica. El nombramiento de Szabo reflejó la esperanza del gobierno en el crecimiento revivido, y concedió algunas mejoras en los estándares de vida para algunos estratos de la sociedad al precio de un endeudamiento adicional, antes de que el gobierno se enfrentara con las elecciones generales en la primavera de 1994. La extravagancia financiera fue repentinamente interrumpida en mayo de 1993, cuando la posición del comercio extranjero empeorando y la disminución en el flujo de entrada de capital forzó a Szabo a complacer al FMI con nuevas medidas de austeridad (primeramente aumento de VAT y recortes del gasto gubernamental) con el fin de invertir el incremento en PSBR. "Solamente reduciendo el déficit puede Hungría lograr un proyecto de acuerdo de crédito de 18 meses con el FMI lo cual devolvería al país su respetabilidad financiera", comentó el Financial Times (Denton,1993:3).

Sin embargo, las elecciones venideras fueron más importantes para el FDH que la respetabilidad financiera. El incremento de pagos y varias formas de moneda fácil fueron dirigidos a todos los diferentes estratos de la sociedad donde el gobierno esperaba algunos votos. En los 18 meses previos a julio de 1994, crearon un récord nunca visto en déficit comercial y presupuestal. No obstante, a pesar de este corto populismo, perdieron por mucho las elecciones parlamentarias en 1994. Ellos dejaron atrás una deuda externa de 25 billones de dólares en lugar de los 20 millones que ellos habían recibido 4 años antes.

Sin embargo, una amplia evaluación de la caída del gobierno y la persistencia de la crisis alegaba que el principal problema fue que el gobierno no cumplió completamente con los acuerdos del FMI, y optó por el crecimiento prematuramente. Mientras que los políticos del HDF estuvieron combatiendo para anunciar el gran logro del crecimiento del 1% pronosticado para 1994 - recuerde el enorme deterioro en el balance de pagos - los liberales de la oposición y los socialistas pidieron con insistencia más "medidas necesarias aunque impopulares" y prometer al electorado una privatización más rápida, una reforma del presupuesto más consecuente, y mejores relaciones con el FMI. No fue una sorpresa, después de todo, que el primer paso del gobierno formado por socialistas y liberales en julio de 1994 fuera llamar a la delegación del FMI, demostrar alguna medidas de austeridad para la estabilización, y estar de acuerdo sobre un convenio de tres años con el Fondo.

Sin embargo, la novedad en el estilo de política de los socialistas es que ellos quieren legitimizar la inevitable política de austeridad mediante un pacto social con las uniones comerciales y los empleados a ser realizado antes de que el presupuesto del año 1995 vaya ante el parlamento. Tales cambios son buenos en la medida en que muchos de los agentes sociales no se dan cuenta del carácter real de los programas de estabilización del tipo FMI, pero pueden volverse paulatinamente difíciles cuando los representantes del trabajo se den cuenta que la promesa de recuperación a largo plazo después de la austeridad necesaria no es más que una fanfarronada. Algunos analistas políticos claman que una pérdida de confianza popular en la coalición social-liberal puede crear fácilmente un terreno fértil para la extrema derecha que ya ha demostrado algunas intenciones y fuerza en el período del FDH.

Entonces, no puede decirse que los cinco años de transición y ajuste han dado como resultado una sólida situación económica y política para los países de la mitad Oriental de Europa. Los costos sociales de las reformas parecen inmensas, y los logros continúan frágiles. Sin un cambio global en las instituciones internacionales y las políticas, es difícil imaginar una consolidación y una recuperación duradera. Aún los expertos liberales han expresado sus preocupaciones y desacuerdos. Jeffrey Sachs, un profesor de Harvard y asesor de muchos gobiernos en quiebra, incluyendo Polonia y Rusia, por ejemplo, cree que Europa Oriental puede aproximarse a la condición de América Latina rodeado por dos abismos : "la versión Pinochet de la política económica - introducción forzada de un mercado libre junto con suspensión autoritaria de libertad política - por un lado, y la versión Perón por el otro". (Milenkovitch, 1991:3). Aunque no se puede esperar la adaptación de los mismos patrones y argumentos, tales como en América Latina, las tendencias son claras aquí.

Conclusiones

El pragmatismo y el gradualismo han sido un factor común de la gestión de la deuda y las reformas en los períodos pre-1989 y pos-1989. Esto es quizás la principal especificidad de Hungría comparado con otros países de la región, si se toman en cuenta los pasados veinte años en conjunto. Como es usual, el ajuste estructural no ha conducido y no parece conducir a la restauración del crecimiento de la pre-crisis en Hungría, aunque el brillante manejo de la gestión macro-económica ha evitado la crisis financiera abierta que surgió en otros países altamente endeudados. La incorporación de acuerdos con las instituciones multilaterales dentro de programas domésticos ha hecho políticamente aceptables los programas de transición y ajuste antes y después de 1989. Sinembargo, en los períodos más severos del ajuste, es decir 1991-1992, una parte crucial de este manejo fue la rotura de la resistencia laboral a la austeridad fiscal, cierre de plantas y despidos. Aunque la relación del servicio de la deuda ha aumentado significativamente, y las reservas monetarias aumentaron en 1993, el retraso del flujo de capital extranjero, y el alarmante deterioro de la balanza comercial sugiere que el gravamen de la deuda, así como la invisible mano de FMI, permanecerán con nosotros en los años 90.

 

 

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