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AFRICA, ABOCADA AL SUICIDIO ECONÓMICO
Documento de estudio del Foro 50 años bastan contra el FMI, BM y GATT. Madrid, Octubre de 1994.

 

El fracaso de los planes del Banco Mundial no ha hecho sino agravar la pobreza de este continente.

Los proyectos destinados a mejorar la calidad de vida de los más pobres han incrementado el hambre, la desigualdad y han exacerbado los conflictos étnicos

Durante más de treinta años el Banco Mundial ha marcado las pautas del desarrollo económico en Africa, al principio mediante proyectos a gran escala y, en los últimos años, a través de los llamados Programas de Ajuste Estructural, planeados en colaboración con el Fondo Monetario Internacional.

Son de sobra conocidos los malos antecedentes del Banco Mundial en el apartado de medio ambiente, ya que los programas de este organismo han causado varios desastres ecológicos, pero más desastrosa aún ha sido su política económica, que no ha hecho sino agravar la pobreza en el continente dando lugar a una de las mayores catástrofes humanas.

A lo largo del continente más pobre del mundo se ven muestras del fracaso de aquellos ambiciosos proyectos de desarrollo del Banco Mundial que se proponían volver a lanzar la producción africana hacia el mercado mundial.

Es más de un país el cuerpo social ha experimentado cambios notables a causa de los nuevos asentamientos de población, la construcción de embalses y los planes agrícolas y de reforestación, proyectos concebidos por los cien mil expertos extranjeros cuyos servicios le cuestan a Africa grandes sumas de dinero todos los años.

En innumerables casos los proyectos del Banco Mundial, en teoría destinados a mejorar la calidad de vida de las poblaciones más pobres de Africa, no sólo han aumentado la desigualdad social y el hambre, sino que han exacerbado los conflictos étnicos.

Hutus y tutsis

Uno de estos programas ha tenido gran resonancia este verano: El Proyecto de Desarrollo Agropecuario de Ruanda Mutura. Un ambicioso plan cuyo objetivo era realojar a 9.000 familias en un terreno de 61.000 hectáreas. Sin embargo, según el antropólogo belga Rene Lemarchand, los encargados del proyecto pasaron por alto las importantes diferencias culturales que existen entre la población así como factores políticos fundamentales.

Así, al crear un sistema de prebendas que favorecía a la etnia dominante de los hutus, redujeron los recursos de los tutsis de la región, su número de cabezas de ganado y sus tierras de pastoreo. Las advertencias de Lemarchand sobre los riesgos que implicaban estas acciones fueron completamente ignoradas por las autoridades de esta entidad internacional.

Un año más tarde el Banco Mundial continuó por el mismo camino con un proyecto por valor de 21 millones de dólares (2.700 millones de pesetas) dirigido a fomentar la industria maderera y a organizar asentamientos agrícolas en una extensión de 37.000 acres, en la selva virgen de Gishwati. Abdullah An-Naim, director de la organización pro derechos humanos "Human Rights Watch/Africa", ha detectado problemas similares en el proyecto de construcción del embalse de Manantali, en el río Senegal.

Según un informe realizado por el Banco Mundial en 1992, alrededor del 60% de sus proyectos en el continente africano no ha conseguido generar beneficios.

Deuda exterior

Desde comienzos de los ochenta, se ha triplicado hasta alcanzar los más de 23,4 billones de pesetas, cifra superior a la suma de todos los PIB de estas naciones. Los pagos de la deuda suponen unos 9,2 billones de pesetas, cuatro veces más de lo que los gobiernos africanos gastan en asistencia sanitaria. Como los pagos por la deuda se realizan con mucho retraso, los intereses se acumulan a un ritmo alarmante. La inversión, ha caído, al igual que la participación de Africa en el comercio internacional, que ha pasado del 4 al 2%.

Política presupuestaria

Quedó en manos del FMI, que impuso estrictas medidas para reducir la inflación. Al mismo tiempo el Banco Mundial se aseguraba de que los mercados agrícolas se movieran hacia la desregularización y la liberalización del comercio.

Exportación

El objetivo declarado era encaminar al continente africano hacia la recuperación económica por vía de la exportación y combatir la pobreza de la población. El Banco también se propuso bajar los precios de los productos exportados, de ahí su insistencia para que los países de América Latina y de Asia compitieran con Africa en el mercado del cacao. Y ahora, después de los diez años que emplearon unos 30 países para modificar su economía según las indicaciones del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, el nivel de vida del continente africano ha descendido en un 2% anual, y todavía continúa bajando.

Desempleo

El desempleo se ha cuadruplicado hasta llegar a la cifra de más de 100 millones de parados. Y los salarios reales se han visto reducidos en un tercio.

Abdullah An-Naim asegura que las indicaciones que dieron los asesores del Banco a Mauritania en materia de privatización, fueron más tarde empleadas por el gobierno del país para justificar la expulsión de africanos negros, el sector más pobre de la población de Mauritania, de sus tierras en la frontera con Senegal, zona que se revalorizaría tras la construcción del embalse por las posibilidades de regadío.

Estas tierras han sido ocupadas posteriormente por los moros blancos vinculados a la clase dirigente del país. La explosión del conflicto étnico, cuando ocurrió, tuvo poca repercusión en el mundo exterior.

En cambio, no pudo pasar desapercibido el fracaso del proyecto de irrigación de Bure en el río Tana de Kenia. Por un valor de 110 millones de dólares (14.300 millones de pesetas), es uno de los proyectos de más envergadura llevados a cabo en Africa cuya puesta en marcha se basó en las tasaciones del Banco Mundial.

Los costes del plan inicial, que consistía en realojar a 5.000 familias en terrenos desaprovechados, se dispararon y se tuvo que reducir a 2.000 el número de familias que participaba en el proyecto. La producción de algodón fue menor de lo que el Banco predijo. Por otro lado, hubo serios problemas ambientales y muchos colonos abandonaron las tierras por enfermedad o endeudamiento.

Gestión financiera

El Banco mismo se retiró del proyecto y dejó a los demás socios la tarea de dar explicaciones por el escándalo. En Londres la Oficina Nacional de Cuentas (National Audit Office) informó al Parlamento que el proyecto de Bura había creado sólo el 40% de los puestos de trabajo que se había pensado crear, a la vez que se habían triplicado los costos previstos. La Oficina acusó al Banco Mundial de ocultar información cuando comenzó a darse a conocer la magnitud del desastre. Estas mismas acusaciones se escuchaban por todas partes.

A todo lo largo de Africa, los programas llevados a cabo con capital del Banco Mundial se han convertido en sinónimo de mala gestión financiera, de degradación del medio ambiente, de desplazamiento de poblaciones indefensas y de corrupción. Tómese el caso de Botswana, donde el Banco financió un proyecto de grandes dimensiones para ampliar la industria ganadera. Los beneficiados han sido unos 2.000 campesinos, muchos de ellos funcionarios del gobierno, que ahora exportan su producción a Europa.

Mientras tanto, a los Kung les han arrebatado sus tierras comunales y otras tierras de pastoreo han sido destruidas por el uso intensivo. Se trata de una historia conocida. En Kenia, una serie de programas para fomentar la ganadería han supuesto para muchos pastores Masai el tener que abandonar sus tierras, lo cual les ha llevado a la miseria.

AFRICA, LA DEUDA QUE AHOGA

Con los planes de ajuste, el mayor sacrificio ha recaído sobre los más pobres.

Sólo se romperá el círculo vicioso de declive económico de Africa, si las instituciones de Bretton Woods y los gobiernos del norte cambian el rumbo de su política

La aplastante carga de la deuda externa y el declive económico han convertido al continente africano en un Tercer Mundo dentro del Tercer Mundo. Basta dar un ejemplo: cada hombre, mujer o niño de Zambia y de Tanzania, debe a los acreedores de su país más del doble de sus ingresos anuales.

Es la única región geográfica donde la pobreza va en aumento y empeoran las indicadores de bienestar social, desde la mortandad infantil y maternal hasta el analfabetismo. Incluso según los planes más optimistas, las posibilidades de mejorar la situación son mínimas. El pasado marzo, en un amplio informe sobre los planes de ajuste económico, el Banco Mundial admitía que, tras

la inyección de unos 23 billones de pesetas en ayudas "la tasa de crecimiento económico de los países más desarrollados de Africa es aún demasiado baja como para poder reducir significativamente la pobreza, al menos en los próximos veinte o treinta años".

Reconocer los fracasos

Este reconocimiento a regañadientes del fracaso de sus actuaciones debió haber dado lugar a una revisión fundamental de los Programas de Ajuste Estructural (PAE) por parte de los gobiernos del Norte y de las instituciones de Bretton Woods. En lugar de esto, han respondido reafirmándose en sus ideas, insistiendo en que no existe otra alternativa que no sea el ajuste estructural.

Desde luego que, dada la dimensión de la crisis comercial y financiera del continente, la mayoría de los africanos afirmaría que el ajuste estructural era y es necesario. Sin embargo, las recetas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional han frustrado cualquier perspectiva de recuperación económica y de reducción de la pobreza.

Por ejemplo, los esfuerzos realizados por el Banco Mundial para promover la exportación de café, cacao y té han tenido un éxito considerable. El problema es que conforme los exportadores de estos productos intentan ampliar su cuota en un mercado regido por una demanda relativamente fija, los precios bajan; de hecho, en términos reales han alcanzado el nivel más bajo de los últimos noventa años.

Por esta razón países como Ghana y Costa de Marfil, que aumentaron sus exportaciones de café y de cacao en más de un 50% entre 1985 y 1990, sólo vieron una disminución en sus ingresos obtenidos por el comercio exterior, a causa de la caída de los precios. En la década de los ochenta Africa perdió 12.000 millones de dólares (alrededor de 1,5 billones de pesetas) anuales debido al descenso en el precio de sus productos de exportación.

Si los ambiciosos proyectos de exportación de los Programas de Ajuste Estructural presentan fallos, las restricciones al consumo impuestas por el Fondo Monetario Internacional, que suponen un plan de austeridad como solución a la pobreza crónica, han terminado siendo un programa que conduce a toda la región al suicidio económico.

El FMI con su control sobre la política presupuestaria de los gobiernos, ha metido a los países de todo el continente africano en una verdadera camisa de fuerza monetaria, sacrificando, de este modo, objetivos a largo plazo, como la creación de empleo y la lucha contra la pobreza, con el fin de eliminar la inflación. Reducciones drásticas de las inversiones públicas en infraestructuras, altas tasas de interés y una acelerada liberalización de las importaciones han acabado poco a poco con las inversiones y han destruido muchas industrias de trabajo intensivo, bases en las que se apoya la recuperación económica.

En países como Tanzania, Ghana y Zambia, industrias viables en potencia y que tenían todo a su favor se han derrumbado, lo cual ha traído consigo graves consecuencias. Este desastre, de todos modos, no le ha impedido al FMI presentar a Zambia como modelo y resaltar sus logros en la lucha contra la inflación, a pesar de que este país ha sufrido la pérdida de dos tercios de su industria textil.

En el sector rural, el Banco Mundial asegura que la devaluación y la eliminación de los organismos estatales que controlaban el comercio e imponían fuertes cargas contributivas a los pequeños productores agrícolas, ha contribuido al incremento de ingresos en el campo y a la reducción de la pobreza.

 

En realidad la mayoría de los beneficios a raíz de la subida de precios en países como Zambia, Tanzania y Mozambique, ha ido a parar a intermediarios del poderoso sector privado, que han demostrado ser tanto o más eficaces que los monopolios gubernamentales para explotar la debilidad de los pequeños productores agrícolas ante el mercado.

Falta de credibilidad

En otras áreas ocurre lo mismo, las declaraciones del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional de que en sus programas de ajuste se ha dado prioridad a la lucha contra la pobreza, carecen de toda credibilidad.

Estas instituciones no sólo han fracasado ante la cuestión crucial de la redistribución de las riquezas, sino que con sus planes de ajuste el mayor sacrificio económico ha recaído sobre los pobres.

En Zimbabwe, por ejemplo, el gasto público per cápita en asistencia sanitaria se ha reducido en un 33% desde 1990, con el objetivo de reducir el déficit mediante la vuelta al antiguo sistema de impuestos. El resultado es un descenso pronunciado en el número de mujeres que acuden a los centros de cuidado prenatal y un notable aumento de la mortandad infantil.

Sólo será posible romper el círculo vicioso de declive económico en que están atrapados estos países, si las instituciones de Bretton Wood y los gobiernos del norte que las controlan, cambian el rumbo de su política.

 

  Dar y no recibir

Desde mediados de la década de los ochenta los gobiernos africanos han pagado unos 260.000 millones de pesetas más al Fondo de los que han recibido en nuevos préstamos. Con ello se ha desviado hacia las arcas del FMI una gran cantidad de dinero que se necesita desesperadamente para fomentar el desarrollo económico y social de estos países.

Africa está pagando por la falta de visión de los gestores del Fondo, que han decidido taponar el déficit de la región con préstamos a alto interés. La alternativa es presionar al Fondo Monetario para que facilite la reducción de la deuda, bien sea vendiendo parte de sus reservas de oro o mediante una nueva emisión especial de obligaciones.

Para finales de esta década, alrededor de 300 millones de personas -la mitad de la población de Africa- vivirán probablemente bajo el nivel mínimo de subsistencia. Esto acarreará consecuencias desastrosas para la democracia y la estabilidad. Es difícil pensar que el resto del mundo podrá escapar a las consecuencias de esta terrible situación.

 

 

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