Método y realidad en Descartes y SpinozaEmilio Garoz Bejarano [*] | ![]() |
Si
bien Descartes es el iniciador
del racionalismo y es considerado su figura fundamental, también lo es
que el
hecho de que es Spinoza el que lleva hasta sus últimas consecuencias
las
premisas del pensamiento continental del siglo XVII. Spinoza se va a
enfrentar
a Descartes en tres respectos: la concepción del método, analítico para
Descartes y Geométrico para Spinoza, y la consideración de la duda
metodológica;
la idea de Substancia, que causa graves problemas en la lógica interna
del
pensamiento cartesiano y que Spinoza critica y, por último, la
deficiente
explicación cartesiana de la relación entre cuerpo y alma, deficiencia
que
Spinoza supera aplicando el más estricto racionalismo
While
Descartes was the originator of
rationalism, and his figure is considered essential, so is the fact
that
Spinoza is that leading to the ultimate consequences of the premises of
the
seventeenth century continental thought. Spinoza will face Descartes in
three
respects: the design of the method, analytical and geometric Descartes
to
Spinoza, and the consideration of methodological questions, the idea of
substance, which causes serious problems in the internal logic of the
Cartesian
thought and Spinoza criticized and, finally, poor Cartesian explanation
of the
relationship between body and soul, that Spinoza deficiency exceeds
applying
strict rationalism
En el marco filosófico europeo del siglo XVII, y más concretamente dentro de la corriente continental que se ha dado en llamar racionalismo, tres figuras llaman poderosamente la atención. Tanto Descartes como Leibniz y Spinoza empezaron a marcar un nuevo rumbo en el pensamiento occidental, que tendría sus precedentes y sus reflejos más inmediatos en la nueva orientación que toma la ciencia de la mano de Galileo primero, y de Newton después, y que en siglo siguiente constituiría el germen intelectual de la Ilustración, la liberación del hombre gracias a la razón y que culminaría brillantemente en la figura de Inmanuel Kant.
A
pesar de la importancia radical de los tres personajes citados, la
figura de
Descartes se alza, sin embargo, por encima de las de Leibniz y Spinoza,
fundamentalmente a la hora de buscar, dentro de los estrechos márgenes
del
academicismo de escuela, un referente único de lo que intelectual y
socialmente
constituyó el pensamiento racionalista. Las razones de esta supremacía
cartesiana son varias y también, por qué no, perfectamente válidas y
asumibles:
la posición histórica de Descartes dentro del racionalismo, que le
sitúa
prácticamente como su iniciador; la adaptabilidad del sistema
cartesiano a las
ideas todavía imperantes y que marcaron el rumbo de la filosofía
renacentista,
fundamentalmente ideas religiosas[1],
y que si bien fue condenado y anatematizado como "ateo", también es
de justicia admitir que es un complejo intelectual mucho menos
"peligroso" para la ortodoxia renacentista que el sistema de Spinoza.
La razón de esta afirmación es a nuestros ojos bastante simple:
mientras que
para Descartes la figura de Dios sigue siendo garante de la existencia
del
resto de las substancias, en Spinoza, la unidad de la Substancia y su
despliegue en un conjunto de atributos y modos otorga a éstos una
entidad y un
peso ontológico del que carecen las substancias extensa y pensante
cartesianas.
¿Por qué?. Porque estando la esencia de la Substancia formando parte de
la
esencia de los modos, la necesidad de existir de la Substancia se
transmite a
los modos. Mientras que en Descartes Dos resulta insustituible y por lo
tanto
ineliminable, la inmanencia de la Substancia spinoziana hace que ésta
se
difumine hasta su práctica aniquilación[2].
Pero de estos remas trataremos con más extensión más adelante.
Por
otra parte, el sistema cartesiano es mucho más tranquilizador para la
propia
conciencia del ser humano, desde el momento en que otorga una cierta
autonomía
al hombre concebido como substancia pensante y, también, una cierta
libertad,
que el macizo sistema determinista de Spinoza, donde el hombre no es
más que un
modo de la Substancia mediado a través de los atributos, o la propia
monadología leibniziana. Se podrían argüir otras muchas razones que
hacen que
Descartes sea considerado como la figura predominante del racionalismo,
pero siendo
este un capítulo meramente recordatorio de la relación existente entre
los
pensamientos de Descartes y Spinoza, consideramos conveniente
conformarnos con
las dichas.
A
pesar de su preeminencia historiográfica, en lo que a cabeza del
racionalismo
se refiere[3],
nosotros consideramos a Spinoza como un racionalista más puro y más
coherente
que Descartes. La razón es bien sencilla: sólo Spinoza llevó hasta sus
últimas
consecuencias el predomino de la razón. El estricto método cartesiano
debería
haber llevado a su creador a la afirmación absoluta de la Razón por
encima de
Dios. Sin embargo, una vez descubierta la substancia pensante como base
de todo
el sistema, una vez que tiene en sus manos el poder absoluto de la
razón frente
a toda otra instancia ajena a ella, Descarte recula, da marcha atrás[4],
instaura una substancia infinita trascendente y a la vez dos
substancias
finitas. Spinoza da el paso que Descartes no se atreve a dar: sólo hay
una
Substancia, inmanente en el mundo y estricta y radicalmente racional.
El
hecho de que Spinoza considere el deseo como la esencia del ser humano
no resta
un ápice al estricto racionalismo de su pensamiento, más bien al
contrario, lo
remarca aún más. El punto fuerte de la idea de que el deseo es la
esencia del
hombre no habría que ponerlo en el deseo, sino precisamente en la
esencia. Si
el ser humano es capaz de concebir el deseo, con todo lo que de
infinitud y
sobre todo de eternidad de los modos conlleva, como esencia del hombre,
eso es
algo que se hace posible sólo gracias a la razón, puesto que sólo desde
la
razón el hombre es capaz de captar su esencia. Pero no sólo su esencia,
sino
fundamentalmente la relación de su esencia con la esencia de la
Substancia, una
relación que en ultima instancia es de identidad, de ahí que el deseo
como
esencia humana signifique la eternidad del hombre como modo en una
potencia
infinita de existir. Ahora bien, el deseo sólo cumple su función en el
entendimiento o la razón que es capaz de concebirlo en su esencia
primigenia.
El deseo es la esencia del hombre, es cierto, pero sólo por la razón el
hombre
es consciente de esa su propia esencia y sólo, por lo tanto, por la
razón, el
hombre puede desarrollar la eternidad que está implícita en esa esencia
como
potencia infinita de existir.
Sin embargo,
y a pesar de todas las discrepancias existentes entre ambos filósofos,
resulta evidente
que gran parte, por no decir la
totalidad, del aparato conceptual e incluso intelectual de
Spinoza procede del propio Descartes.
Nociones como las de substancia, tributo, modo, conatus, etc. aparecen
ya en la
obra de Descartes, fundamentalmente en los Principios
de Filosofía y las Meditaciones
metafísicas. Es de esta asimilación de Descartes por parte de
Spinoza y de
las diferentes significaciones que éste da a la obra de aquél de lo que
vamos a
intentar dar razón en este capítulo.
Es
sabido que
Spinoza escribió una
de sus obras, Principios de Filosofía de
Descartes, como un intento de explicar el pensamiento
cartesiano. En este
sentido Spinoza se limitaría a exponer el sistema de Descartes sin más,
sin
aportar nada nuevo o hacer ningún tipo de crítica. Esta opinión,
aceptada por
la mayoría de los comentaristas de Spinoza, e incluso explícitamente
enunciada
por Luis Meyer en el prefacio a la primera edición holandesa de la
obra, no es
del todo correcta. Es cierto que el plan de Spinoza era exponer el
pensamiento
de Descartes desde el método geométrico[5],
lo que ayudaría, según el propio Spinoza, a revelar determinados
axiomas y
argumentaciones que en los Principios de
la Filosofía de Descartes están oscuros o elididos. Si
embargo, Spinoza va
a discutir constantemente con Descartes a lo largo de todas las páginas
de la
obra, llegando esta discusión a su punto culminante al exponer la
Demostración
7, sobre la entidad del cuerpo y el alma. Pero sobre este tema
hablaremos más
detalladamente más adelante.
La
primera diferencia esencial que encontramos a la hora de comparar los
sistemas
de Descartes y Spinoza radica en su punto de partida mismo, es decir,
en el
método. Si nos fijamos en lo que Descartes dice en el Prefacio de los Principios de la Filosofía:
El
método analítico-deductivo de Descartes parte de un análisis de la
realidad
hasta que por intuición logra captar una primera idea clara y distinta:
la
substancia pensante. El método geométrico de Spinoza parte de la
definición de
una serie de axiomas sobre los que posteriormente será edificado el
resto del
sistema. Hasta aquí la diferencia es inapreciable, aunque en cierto
modo
importante, puesto que mientras para Spinoza nada hay de entidad
ontológica en
los axiomas, la substancia pensante de Descartes si que tiene una
realidad
existencial. Posiblemente, si Descartes se hubiera quedado aquí, sus
conclusiones no hubieran sido muy
distintas a las de Spinoza, pero hay dos
razones fundamentales que se lo impiden: la primera, de
carácter ontológico, es que necesita algún
apoyo para salvar el mundo, apoyo que la pura
existencia del pensamiento no le proporciona;
la segunda, de carácter puramente metodológico: a Descartes le falta el
segundo
pilar fundamental de su método, la deducción. Y es en la deducción
donde los
dos autores difieren definitivamente.
En
efecto, la deducción cartesiana, a partir de una substancia pensante ya
existente como clara y distinta, no puede llevar a Descartes más que al
descubrimiento
de dos substancias más, también ellas existentes como claras y
distintas. ¿por
qué?. Porque el no llegar al descubrimiento de una substancia infinita
le
hubiera supuesto a Descartes la necesidad de afirmar que la perfección
de lo
real se da en la substancia pensante, es decir, en el sujeto. Esta
afirmación
le hubiera supuesto negar a Dios (aparte de otros inconvenientes
"menores" como la hoguera). Y si hubiera englobado las tres
substancias en una, o sea, si hubiera afirmado que las substancias
pensante,
extensa e infinita se dan en una única substancia, ésta carecería del
carácter
fundamental de la distinción. Este problema no se da en Spinoza, porque
Spinoza
no parte de ninguna substancia existente real, sino de axiomas
que postulan la existencia de una substancia. Por eso
Spinoza puede afirmar la existencia de una única Substancia sin que
ésta pierda
un ápice de su perfección a favor de otras y sin que carezca de ningún
carácter
gnoseológico primordial.
Obviamente,
el proceso de conocimiento de las primeras causas no puede ser el
mismo. Así,
mientras en Descartes este proceso lo constituye el proceso mismo
deductivo que
nos lleva al descubrimiento de la substancia infinita, en Spinoza la
Substancia
única ya está postulada y su conocimiento se produce por medio de un
conocimiento intuitivo en el tercer género de conocimiento. Resumiendo,
podríamos decir que mientras para Descartes el método sería
un proceso
de inducción-deducción, para Spinoza
sería un proceso de deducción-inducción.
A
partir de esta discrepancia general en la concepción del método mismo,
es
evidente que
tienen que
existir una discrepancia en los
procedimientos concretos con los que se lleva a cabo el método. Y esta
discrepancia se va a dar en la base misma del método cartesiano, es
decir, en
la duda.
Uno
de los principales puntos de fricción entre la concepción del método de
Descartes y la de Spinoza es la que atañe precisamente al punto de
partida
metodológico del primero, es decir, a la duda. El elemento fundamental
de la crítica
spinoziana radica en la irrealidad o fingimiento de esa duda. Para
Spinoza, la
duda de Descartes no es real, es fingida. Descartes no dudaría
realmente,
simplemente diría que duda: su duda sería un juego de lenguaje. La
razón
fundamental de esa crítica es la siguiente: el punto de partida del
método
cartesiano centrado en la duda afecta y va directamente en contra del
punto de
partida del método spinoziano, a saber, que tenemos una idea clara y
distinta
en nuestro entendimiento de la que no nos es posible dudar. Las
diferencias
entre las concepciones metodológicas de Descartes y Spinoza se
situarían, pues,
en su mismo origen y necesariamente habrían de llevar a resultados
distintos.
Analicemos más a fondo este problema.
Descartes,
como es sabido, en el Artículo 2 de la Primera Parte de los Principios de la Filosofía comienza por
declarar que es necesario tomar como falsas todas aquellas cosas o
pensamientos
que puedan ofrecernos algún tipo de duda. Fijémonos bien en este
Artículo y
comparémoslo con la concepción de las ideas que tiene Spinoza. Para
Spinoza,
podríamos hablar de ideas falsas e ideas dudosas, siendo las ideas
falsas
aquellas en las cuales el pensamiento no se adecua con su objeto y las
dudosas
aquellas que no ofrecen claridad y distinción. Descartes ahora nos
afirma que
las ideas que nos ofrecen alguna duda no han de ser consideradas como
dudosas
(entre otras cosas porque Descartes no efectúa esta distinción entre
ideas
falsas e ideas dudosas), sino directamente
como falsas. Esto no es aceptable para la
concepción
spinoziana. En efecto, para Spinoza, una
idea falsa no puede ser una idea dudosa. No puede caber ninguna duda
sobre la
falsedad de una idea si se conoce esa idea y el objeto al que se
debería
adecuar. De ahí que Spinoza critique la duda cartesiana. Si Descartes
dudara
realmente de algo, lo calificaría de dudoso, pero nunca de falso, pues
de que
algo es falso no tenemos duda, lo mismo que no la tenemos de la idea
verdadera.
De ahí que, ya en la Introducción a la Primera Parte de los Principios de Filosofía de Descartes,
Spinoza afirme que:
El
mismo Descartes, de hecho, "duda de su duda", por así decirlo, y en
el Artículo siguiente va a afirmar que la duda sólo es aplicable al
pensamiento
y no a la conducta, lo que de alguna forma viene a reafirmar la idea de
que esa
duda no es real. En efecto, si la duda fuera real, no sólo sería
aplicable a
todos los aspectos del ser humano, -lo que Descartes en el fondo no
desmiente,
puesto que el hecho de no dudar en la conducta diaria parece seguir un
criterio
simplemente de utilidad- sino que sería deseable. Si la duda nos ha de
llevar a
la eliminación de error y a la consecución de la verdad en lo que atañe
al
pensamiento, también habría de llevarnos a la verdad en lo que atañe a
nuestro
comportamiento. Si no dudáramos a la hora de seguir una determinada
conducta, y
esa duda es real, correríamos el riesgo de equivocarnos y actuar de una
manera
incorrecta. Por lo tanto, o Descartes afirma que no importa que nos
equivoquemos en nuestra conducta -que hagamos el mal en lugar del bien-
o su
duda es tan sólo un recurso metodológico sin contacto alguno con la
realidad.
Una duda auténtica, es lo que queremos decir, ha de aplicarse también a
la
razón práctica. Si no, no es auténtica.
Posiblemente
uno de los puntos de más grande discusión entre los pensamientos de
Descartes y
Spinoza es el que hace referencia a la substancia. Resulta ocioso decir
que la
importancia ontológica que puede suponer la afirmación de que existan
una o
varias substancias hace de esta cuestión una de las claves de cualquier
estudio
-por somero y a vuelapluma que sea este- sobre la relación existente
entre los
dos filósofos. Como no podía ser de otra forma, ambos entienden lo
mismo por
"substancia", sin embargo, las diferencias surgen,
irreconciliables, a la hora de tratar el
desarrollo de la substancia en la realidad.
Para
Descartes substancia es lo
Se
podría argumentar que las substancias pensante y extensa son a su vez
infinitas
y perfectas y por lo tanto son capaces de existir por sí mismas. Pero
esto
significaría la afirmación de tres infinitos distintos, lo que sería lo
mismo
que afirmar que puede existir un infinito que a su vez sería limitado.
Si las
substancias pensante y extensa son infinitas, entonces tienen que estar
incluidas dentro del mismo infinito que conforma la substancia
infinita. Y si
las tres se encuadran dentro del mismo infinito las tres son una única
substancia. Es más, incluso si nosotros pudiéramos afirmar la
existencia de dos
substancias infinitas distintas eso supondría afirmar que, en la cadena
causal
óntica, habría dos principios o dos causas incondicionadas totalmente
independientes entre sí, lo cual, forzosamente, nos tendría que llevar
a
afirmar la existencia de dos realidades efectivas paralelas. Parece
que, se
mire por donde se mire, la coherencia ontológica de la definición
cartesiana de
substancia ha de llevar necesariamente a la afirmación de que sólo
existe una
substancia, que es la afirmación que mantiene Spinoza.
Manteniendo
Spinoza la idea de que sólo existe una substancia, lo que para
Descartes eran
substancia pensante y substancia extensa pasan a ser para el judío de
Amsterdam
atributos de esa Substancia. El concepto de "atributo" también es
utilizado por Descartes pero, en este caso sí, con una acepción
totalmente
distinta a la spinoziana.
En el
Artículo 53 de la Primera Parte de los Principios
de la Filosofía Descartes define a los atributos como las
cualidades que
constituyen la esencia de las substancias. En principio, y hasta aquí,
el
atributo sería lo mismo en Descartes y en Spinoza, teniendo en cuenta
la
diferencia fundamental de la unicidad de la Substancia spinoziana, con
lo cual,
mientras que para Spinoza pensamiento y extensión serían atributos de
una única
Substancia infinita y eterna, en Descartes, según este Artículo, el
pensamiento
sería el atributo de la Substancia pensante y la extensión sería el
atributo de
la substancia extensa. Ante esta consideración de los atributos nos
surgen dos
problemas: 1º) Si el pensamiento es el atributo de la substancia
pensante y la
extensión es el atributo de la substancia extensa, ¿cómo se
distinguirían los
atributos de las substancias. Este problema será tratado más adelante.
2º)
Substancia pensante y substancia extensa tienen sus atributos pero,
¿cuál es el
atributo de la substancia infinita?. Para empezar a tratar este
problema
tenemos que hacer dos consideraciones teniendo a la vista la concepción
de
Spinoza. Primera: en Spinoza pensamiento y extensión son dos atributos
de la
única Substancia infinita. Segunda: para Spinoza la Substancia consta
de
infinitos atributos, mientras que Descartes, en este Artículo, dice
explícitamente
que el atributo es "una propiedad principal de cada substancia, que
constituye su naturaleza y su esencia y de la cual dependen las demás".
Por lo tanto, en primer lugar, el atributo esencial sería único y
habremos de
buscar un solo atributo de la substancia infinita. En segundo lugar, el
atributo sería una cualidad de la que dependen todas las demás, es
decir, habrá
una jerarquización de los atributos, con un atributo o cualidad
principal y
otros atributos o cualidades que se derivan o dependen de él. Podríamos
aventurarnos entonces a firmar que el atributo de la substancia
infinita sería
la infinitud. Pero en este caso Descartes tendría que dar cuenta de
cómo la
infinitud puede no contener al pensamiento y a la extensión. Si los
incluye
como pensamiento y extensión infinitos nos encontraríamos en el caso de
Spinoza. Pensamiento y extensión serían atributos de la substancia
infinita y
por lo tanto cualidades esenciales de ésta, con lo cual no cabría
hablar de que
pensamiento y extensión fueran a su vez dos substancias, o más
exactamente que
conformaran la esencia de otras dos substancias distintas entre sí y
distintas
a su vez de la substancia infinita. Si los contiene, en cambio, como
cualidades
o atributos derivados de la infinitud tenemos que, puesto que ambos a
su vez
son esencias de sus respectivas substancias, éstas derivarían o
dependerían de
la substancia infinita, siendo a su vez la infinitud su esencia, con lo
cual
las substancias pensante y extensa tendrían necesidad de otra cosa para
existir,
a saber, la substancia infinita, con lo cual tampoco serían
substancias. Se
mire por donde se mire parece ser, de nuevo, que el problema en
Descartes no
tiene solución.
La
situación se aclara o se complica -nosotros creemos que se complica-
cuando en
el Artículo 56 de esta misma parte Descartes afirma:
Los
atributos, a su vez, serían llamados atributos por Descartes cuando
éstos
forman parte de la substancia. Los modos y los atributos, por lo tanto,
que
para Descartes son lo mismo, sólo se distinguen por el hecho -nada
baladí, por
cierto- de estar dentro o fuera de la substancia, lo que vuelve a
implicar la existencia
de más de un substancia, puesto que el atributo del pensamiento, por
ejemplo,
sería atributo visto desde la substancia pensante y modo visto desde la
substancia extensa. Y nos reaparece de nuevo el mismo problema, ya que
el
atributo de la infinitud sería atributo desde la substancia infinita y
modo
desde cualquiera de las otras dos substancias. Como modo, las afectaría
y las
variaría, y esta variación, puesto que de infinitud se trata, haría a
la vez de
esas substancias, substancias infinitas, con lo cual nos
encontraríamos, de
nuevo, con tres substancias infinitas distintas, lo cual no puede ser,
o con
una única substancia infinita, que una vez más es lo que afirma Spinoza
que, a
su vez una vez más, ofrece la única solución a los problemas que
plantea el
cartesianismo.
Parece,
pues, al menos, relativamente claro, después de lo expuesto, que un
análisis
profundo de las posibilidades ontológicas de la substancia ha de
conducirnos de
forma casi inevitable a la posición spinoziana, es decir, a la
afirmación de la
existencia de una única substancia. El mismo Descartes no parece estar
muy
seguro de su posición sobre las tres substancias, y así, en al menos
dos
momentos de los Principios de la
Filosofía encontramos lo que pueden parecer ciertas dudas o
matizaciones a
la idea de la existencia de tres substancias separadas. En el Artículo
11 de la
Primera Parte dirá Descartes:
Hay
aún otro pasaje de la obra de Descartes que consideramos más oscuro
desde el
punto de vista cartesiano, más clarificador para nuestra idea. En el
Artículo
18 de la Primera Parte de los Principios
de la Filosofía dice Descartes:
2º)
Por lo tanto, la substancia pensante depende de la existencia de la
substancia
infinita, que es la única que existe necesariamente (y por lo tanto
realmente).
Si la substancia pensante depende en su existencia de la substancia
infinita,
su existencia no será en sí y por sí, por lo tanto no será necesaria y
consecuentemente no será una substancia, existiendo tan sólo una
substancia
propiamente dicha, a saber, la substancia infinita. Descartes parece
afirmar la
existencia de una única substancia a la vez que niega esta idea y
afirma la
existencia de tres substancias distintas. En lo que nosotros hemos dado
en
llamar el "racionalismo coherente" de Spinoza, no se da este
problema, puesto que cuerpo y alma son dos modos de una misma
Substancia, como
pensamiento y extensión son atributos de esa misma única Substancia,
que es
existente necesariamente y por lo mismo también lo son el pensamiento y
la
extensión, el cuerpo y el alma.
Es hora ya
de tratar el problema que dejamos en suspenso más arriba, es decir, la
cuestión
de la distinción entre substancias, atributos y modos, puesto que,
según lo
visto, parece ser que en esta distinción estaría el centro neurálgico
de la doctrina
cartesiana de la substancia, desde el momento en que, como ya hemos
dejado
dicho, la dificultad fundamental de esta doctrina radica en distinguir,
primero, a las substancias entre sí y, segundo, a las substancias de
sus
atributos.
La
distinción entre substancias sería, en la terminología de Descartes,
una
distinción real. Distinción
real, según el Artículo 60 de la
Primera Parte de los Principios de
Filosofía es aquella que
Si
seguimos leyendo este Artículo, Descartes complica aún más la
situación.
Inmediatamente después de definir la distinción real, y en un intento
de
aclaración que creemos sinceramente que no aclara nada, sino todo lo
contrario,
dice este autor que "conociendo pues a Dios, estamos ciertos que puede
hacer todo aquello de lo que tenemos una idea clara y
distinta", con lo cual se reconoce
que todo aquello de lo cual tenemos una idea clara y distinta -y la
distinción
real se basa en tener una idea clara y distinta de una substancia con
respecto
a otra- es producido por Dios. Con lo cual no podemos pensar en las
substancias
pensante y extensa, que han de ser producidas por Dios para que podamos
tener
de ellas una idea clara y distinta, es decir, para que podamos
establecer una
distinción real entre ellas y la substancia infinita, sin pensar en la
substancia infinita, y así no podemos establecer esa
distinción real, puesto que la clave
de la distinción
real consiste en poder concebir de forma clara y distinta una
substancia sin
pensar en otra. Así, Descartes cae en un círculo vicioso: no se puede
distinguir nada de forma clara y distinta sin pensar en Dios, pero si
se piensa
en Dios no hay una distinción real, en cuanto clara y distinta.
Pero
la cosa se complica aún más unas líneas más abajo al afirmar Descartes
que
parece ser
que
se está dando a entender que la
distinción real no se produce ya entre las tres substancias conocidas,
sino que
se da entre todos los seres pensantes y corpóreos, con lo que
multiplica las
substancias ad infinitum. En
efecto,
si como dice él "podemos concluir también que uno cualquiera de
nosotros,
así considerado, es realmente distinto de toda otra substancia
pensante"
resulta que cada ser humano que ha existido, existe o existirá es en sí
mismo
una substancia pensante que se distingue realmente de cualquier otra
substancia, por lo que ya no cabe hablar de una sola substancia
pensante, sino
de muchas. Si además se distingue también de cualquier otra substancia
corpórea,
no sólo habría multitud de substancias corpóreas, tantas, al menos,
como
individuos, sino que además cada individuo será a su vez dos
substancias
distintas, a saber, una substancia pensante y una substancia corpórea,
puesto
que ambas, según Descartes, se distinguen realmente. Esta podría ser
una
conclusión coherente, aunque no demasiado lógica, de la doctrina
cartesiana de
la Substancia si no tuviéramos en cuenta que los atributos son la
esencia y la
naturaleza de la substancia, con lo que nos encontraríamos con que
tenemos
multitud de substancias pensantes con el mismo atributo: el
pensamiento, y
multitud de substancias extensas con el mismo atributo: la extensión.
Es decir,
tendríamos una multitud de substancias con la misma esencia y la misma
naturaleza,
que es lo mismo que decir que tendríamos multitud de substancias que
serían la
misma substancia, con lo cual no se puede establecer entre ellas
ninguna
distinción real, que es la misma conclusión a la que llega Spinoza en
la
Proposición V de la Primera Parte de la Ética
cuando afirma que:
La
distinción de razón sería la que se da entre dos substancias y sus
atributos o
entre dos atributos de la misma substancia. Esta distinción, por lo
tanto,
sería la que nos daría cuenta de la segunda de las cuestiones que nos
planteamos, a saber, cómo distinguir a una substancia de su atributo.
Según
Descartes:
En
cuanto al tercer tipo de distinción que establece Descartes, la
distinción
modal, también nos ofrece un pequeño problema, aunque no de tanta
envergadura
como los anteriores. En efecto, si, como dice Descartes.
Para
Spinoza, la concepción cartesiana de la unión entre el alma y el cuerpo
está
radicalmente equivocada, y todos los problemas del cartesianismo, o al
menos
los más importantes, surgen del hecho de que, al considerar como dos
substancias separadas y sin ningún contacto al alma y al cuerpo, se
pierde la
causa del alma, y es necesario recurrir a Dios, o la Sustancia
infinita, para
encontrar esa causa, con todos los problemas que esta idea supone.
Vamos a
extendernos algo más en este problema.
Descartes
declara de forma explícita y manifiesta la separación entre alma y
cuerpo en el
Artículo 8 de la Primera Parte de los Principios
de la Filosofía.
La segunda
afirmación, por tanto, que encontramos en este Articulo 8, a saber, que
la
noción del alma precede a la del cuerpo, puede ser rebatida desde la
concepción
spinoziana acudiendo al mismo argumento. En efecto, repetimos, afirma
Descartes, como consecuencia de su método que el alma precede al
cuerpo. Desde
el pensamiento de Spinoza esta posición es insostenible, ya que siendo
el alma
idea o esencia objetiva del cuerpo, no es posible que el alma se de con
anterioridad al cuerpo de que es idea. No es posible que la idea
preceda a su
objeto, o que la esencia objetiva preceda a la esencia formal. Podría
caber la
conclusión de que, para Spinoza, el cuerpo precediera al alma, sin
embargo, no
creemos que esta idea sea tampoco admisible en el sistema spinoziano,
puesto
que cuerpo y alma son modificaciones de dos atributos distintos de la
misma
Substancia y estos atributos de los que dependen, como esencia y
naturaleza de
la Substancia no se dan o no pueden darse uno antes que otro, ni
ontológicamente ni gnoseológicamente. Puesto que ambos constituyen la
Substancia, sólo cabría hablar de que se dan de forma simultánea en la
esencia
de esa Substancia.
Descartes
insiste sobre esta misma idea en el Artículo 11 de esta misma parte de
los Principios de la Filosofía.
Spinoza,
por lo tanto, no puede estar de acuerdo con Descartes cuando en este
mismo
Artículo afirma que
Podemos concluir
lo mismo de todas las demás cosas que
ocupan nuestro pensamiento [a saber, que nosotros, que las pensamos,
existimos,
aunque acaso ellas sean falsas o no existentes]."
El
mismo Spinoza, en la Definición 7 de la Primera Parte de los Principios de Filosofía de Descartes
-que están concebidos como una mera exposición geométrica del
pensamiento
cartesiano y que hasta aquí no han sido otra cosa- se desmarca de y se
enfrenta
de forma directa a Descartes al afirmar:
Esta idea
se cristaliza de un modo un poco más claro en el capítulo XII de la
Segunda
Parte de los Pensamientos Metafísicos:
Descartes, R:
Los principios de la Filosofía, Madrid,
Reus, 1925.
Negri, A: La
anomalía salvaje, Barcelona, Anthropos,
1978
Peña, V:
“Introducción” en B. Spinoza, Ética,
Barcelona, Orbis, 1984
Spinoza, B:
Ética demostrada según el orden
geométrico, Barcelona, Orbis, 1984
Spinoza, B:
Pensamientos Metafísicos, Madrid, Alianza
Editorial, Madrid, 1988
Spinoza, B.
Principios de Filosofía de Descartes,
Alianza Editorial, Madrid, 1988
[*] Emilio Garoz Bejarano es Doctor en Filosofía
[1].- Dentro de esta tendencia de la filosofía renacentista hay que excluir, naturalmente, a la figura de Giordano Bruno. La concepción del cosmos y la naturaleza de Bruno, su idea de un Dios infinito, cuya razón de su infinitud consiste en estar en todas las cosas formando parte de su esencia, le conduce al panteísmo y, por supuesto, a la hoguera.
[2].- En efecto, para Spinoza Dios no existe sino como mera hipótesis filosófica, o, más exactamente, la existencia de Dios es una existencia meramente filosófica. Algo muy distinto de la idea de Descartes, el cual, al llegar a l mera substancia infinita obtenida por deducción a partir del cogito (y hasta aquí la existencia de Dios también sería una existencia puramente filosófica), afirma inmediatamente después que ese Dios no es una simple deducción (lo cual hubiera sido lo racionalmente coherente), sino que es la base de la existencia del mundo, evidentemente no en un sentido mental o filosófico, sino real: sin Dios, (y además un Dios bueno, no engañador), no hay mundo ni posibilidad de conocerlo.
Nos dice Vidal Peña, en su introducción a la traducción castellana de la Ética de Editora nacional, refiriéndose a la denuncia que dos ciudadanos españoles de paso por Amsterdam habían presentado ante la Inquisición contra Juan de Prado y otros compatriotas residentes en aquella ciudad, y en la que se incluye al propio Spinoza, lo siguiente: "Pero es obvio que para el inquisidor la traducción mundana de Maltranilla -uno de los denunciantes- es del todo pertinente: decir que 'no hay Dios sino filosofalmente' significa que no hay Dios. Dios, como idea filosófica nada tiene que ver con la concepción religiosa de Dios, sea católica, protestante o judía. De esta forma el inquisidor podría muy bien haber coincidido con Orobio de Castro (que era su colega en versión judía) en afirmar que Prado -o Espinosa- pretendía 'encubrir su malicia' con 'la afectada confesión de Dios y la Ley de la Naturaleza'. Si eso es verdad de Prado no menos lo será de Espinosa, su amigo: Espinosa se pasará la vida hablando de Dios, pero ese Dios -como ha dicho deliciosamente un historiador analítico de la filosofía- 'no es el Dios del lenguaje ordinario'. Sin duda, es un Dios muy especial".
[3] .- Negri afirmaría a este respecto que la causa fundamental del desarrollo tan extenso del racionalismo de Descartes radicaría en el hecho de que este pensamiento racionalista estaría en el fondo reducido al mercantilismo y al capitalismo creciente en la sociedad del XVII: "Sobre la base de esta fuerza material, la filosofía de Spinoza se hace comprensible como potencia y como anomalía frente a todo el pensamiento del racionalismo moderno. Un racionalismo irremediablemente condicionado y constreñido dentro de los límites del desarrollo mercantilista. Como veremos, ciertamente también en este siglo XVII holandés, que no es siglo XVII, también en esta primera gran experiencia del essor capitalista y del espíritu burgués, descubrimos el momento de la crisis y la revelación de la esencia crítica del mercado. Pero la anomalía se prolonga también hasta el borde de la crisis del desarrollo: éste, en efecto, hasta tal punto se ha lanzado hacia delante, tanto ha desbordado el apogeo de la revolución los términos de la andadura cíclica -saltando la baja coyuntura de 1660-1680 y cruzando ambiguamente en 1672 la crisis de las formas políticas preabsolutistas-, que no han convertido la crisis, en Spinoza, en el pecado original de la filosofía racionalista (como Descartes o en la contemporánea cultura francesa); han determinado, por el contrario, por medio de la conciencia de la crisis, un injerto de una superior y absoluta consideración de la realidad". (A. Negri, La anomalía salvaje. Barcelona, 1993. Pág. 31).
[4] .- Las razones que se han ofrecido de esta marcha atrás de Descartes son muchas y variadas. Nosotros nos quedaremos con dos: una filosófica y la otra histórico-política. Filosóficamente Descartes, una vez alcanzada la substancia pensante, necesitaba salvar el mundo, y la única herramienta que también ese momento a manos era Dios. Estaba aún muy lejos el idealismo como para que Descartes pueda creer que es la propia substancia pensante la que sirve de base ontológica a la substancia extensa. Esta razón, sin embargo, no explica por qué una vez deducida la substancia infinita, pierde también importancia ontológica la substancia pensante.
La razón histórico política puede parecer más obvia, pero quizás sea más esclarecedora. Descartes está viendo el proceso a Galileo. La Inquisición ataca sin piedad todo lo que se salga un poco de la más estricta ortodoxia romana. Evidentemente, la afirmación del sujeto pensante por encima de Dios habría acabado con su obra y con el mismo Descartes en el fuego purificador. Resulta, pues, comprensible, que tuviera una necesidad de guardarse las espaldas.
[5] .- De hecho, la primera diferencia aparece ya en la declaración de intenciones. Explicar el sistema de Descartes desde el método geométrico es renunciar a uno de los pilares básicos de ese mismo sistema, que es el método analítico-deductivo cartesiano. De hecho, aunque la intención de Spinoza sea muy "pura" con respecto al sistema cartesiano, la utilización de un método distinto, propiamente spinoziano, indica ya un distanciamiento importante con respecto a la obra de Descartes
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