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Más Platón y menos Farmatón
Agustín Domingo Moratalla
Artículo publicado el 13/03/2008 en Las
Provincias.
A finales de los años noventa del pasado siglo apareció un
libro que llevaba por título Más Platón y
menos Prozac. Cuando Lou Marinoff le puso este sorprendente título no se
esperaba que se vendieran millones de ejemplares en todo el mundo y se
tradujera a más de treinta lenguas. Se mantuvo durante varios años entre los
libros más vendidos del mundo y en él encontraron consuelo personas que hasta
entonces no habían descubierto el vigor, la importancia y el valor de la
filosofía para la vida cotidiana.
En sociedades deshumanizadas donde los individuos son
reducidos a consumidores entarjetados, usuarios anónimos, pacientes numerados o
ciudadanos apátridas, cada vez es más necesario que nos recuerden que no somos
esclavos del mercado, del consumo al que nos lanza la publicidad, de las
burocracias despiadadas de los servicios públicos o de las sucesivas normas a
las que nos someten las diferentes administraciones locales, autonómicas,
nacionales, europeas y mundiales. El libro de Marinoff introducía aire fresco
en unos lectores que se sentían enfermos y víctimas de una neurosis global de
difícil diagnóstico. El libro reaccionaba ante lo que Karen Horney unos años
antes había llamado La personalidad
neurótica de nuestro tiempo, recordaba a los lectores que la mejor terapia
de sus dolencias físicas y anímicas no está en los fármacos, en las drogas o
los consuelos artificiales que nos ofrecen sociedades enfermizas.
La contraposición entre Platón, como símbolo de la
Filosofía, y Prozac, un medicamento que simboliza el remedio rápido e inmediato
al estrés y las múltiples neurosis, tenía dimensiones que superaban lo
comercial. No se trataba solo de contraponer a Platón como símbolo del
conocimiento y la sabiduría tradicional frente a un medicamento que simboliza
la dependencia cotidiana de brebajes, pócimas y fármacos que proporcionan la
salud inmediata. Se trataba de contraponer dos actitudes diferentes con las que
responder a los problemas relacionados con el sentido y valor de la vida.
Platón no era el símbolo de un sesudo saber especulativo y
esotérico al que sólo acceden unos pocos privilegiados. Tampoco era el símbolo
de una jerga de conceptos incomprensible para los mortales, como si la
tradición iniciada por Platón exigiera un lenguaje especialmente técnico e
incomprensible para la vida cotidiana de los individuos. Eligió a Platón y no
otros pensadores catalogados como filósofos por la importancia que en él tienen
la palabra verdadera, el diálogo, la verdad y la justicia. Platón marcó
distancias con los sofistas e hizo que la filosofía no fuera una jerga de
rufianes que se aprovechan del lenguaje para robar, engañar y enfrentar a los
ciudadanos.
El éxito de este libro de Marinoff es solo una muestra de
que la Filosofía de tradición socrática sigue siendo necesaria. Como en España
siempre somos diferentes, el Ministerio de Educación con el desarrollo de la
LOE está consiguiendo desterrar de las aulas cualquier resto de saber
filosófico con denominación de origen socrática.
Además se ha hecho de forma elegante y dulce porque los
profesionales de la docencia de la filosofía se han creído que con la nueva
materia de Educación para la Ciudadanía
consolidarían la presencia de esta tradición socrática. Sin embargo, a medida
que vamos conociendo los decretos que desarrollan la nueva Ley Orgánica de
Educación (LOE), vamos descubriendo que la presencia de la Filosofía será cada
vez menor. Y esto es solo el principio de una estrategia de acoso y derribo de
la que parecen despertarse los filósofos que ahora empiezan a manifestarse y
protestar por lo que llaman “invasión de la Ciudadanía”.
La reducción de horas que se anuncia para Bachillerato
(donde se pasa de tres a dos semanales), unida a la mínima expresión horaria en
la que ha quedado Educación para la ciudadanía y al desembarco de nuevos
licenciados en Derecho, Políticas o Sociología que podrán impartir las materias
que antes impartían los licenciados en Filosofía y Letras, está generando una
reacción importante.
Para la gran mayoría de los docentes, se trata de una
legítima reivindicación corporativa y gremial. Hasta ahora se mantenían al
margen de los debates filosóficos de fondo que impulsaron la LOGSE y la LOE,
creyéndose que con la transversalidad de los valores y la Ciudadanía tendrían
asegurada la presencia de la Filosofía. Ya se están dando cuenta de que con
estas últimas reformas educativas los estudiantes no acuden más a Platón sino
al Farmatón, al Optalidón y a todos aquellos sustitutos del Prozac que tienen a
mano.
A ver si en algún momento estos docentes se dan cuenta de
que no se trata de un problema de horas sino un problema de principios a los
que estas reformas educativas han dado la espalda. Mientras no reaccionemos al
psicologismo, el pragmatismo y el didactismo, de nada servirán las
reivindicaciones. Una reacción difícil donde además del pan nos jugamos la
vida. Conviene recordar el texto de Platón cuando narra que Sócrates se dirigía
a los jóvenes y los invitaba a buscar con pasión la verdad, la bondad y la
belleza. Con estas ideas, Sócrates “envenenaba las mentes de la juventud” y
precisamente esta fue su sentencia de muerte.
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